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altarcatolico

la masoneria

LA MASONERIA

SU FILOSOFIA





Contenido

[5] Prólogo
[7] Carta Encíclica Humanum Genus del Papa León XIII
[45] Introducción
[45] 1. El número masónico “33″ en las antiguas religiones paganas
[47] 2. El número “33″ en la Masonería
[51] 3. El número “11″ de la Kabala judía
[52] 4. El número “11″ en las insignias masónicas
[55] 5. La Kabala judía, base dogmática de la Masonería
[56] 6. El paganismo incorporado a la Kabala judía
[57] 7. Satán en el paganismo
[58] 8. Los judíos en la Orden abolida de los Templarios
[60] 9. Encadenamiento de los misterios y odios de la Masonería
[63] LIBRO PRIMERO. LA DOGMÁTICA MASÓNICA
[64] CAPÍTULO PRIMERO. EL ENSOPH KABALÍSTICO. La Primera Causa Masónica. 1. Los dogmas de la Masonería ocultos tras de sus insignias y emblemas
[66] 2. El Triángulo y los Tres Puntos, símbolo del Gran Arquitecto del Universo y del hombre
[67] 3. Los libros sagrados de los judíos y su conocimiento de la Santísima Trinidad
[72] 4. La tradición general de los paganos y el conocimiento primitivo de la Santísima Trinidad
[76] 5. Los libros sagrados de los antiguos persas y el conocimiento de la Santísima Trinidad
[78] 6. La sustancia infinita, olvidada por los antiguos persas
[83] 7. El Ser infinito en los pueblos antiguos
[90] 8. El Ensoph de la Kabala judía; la esencia infinita y la Causa Primera de la Masonería
[94] 9. Transición fraudulenta del Ensoph a la Corona Kabalística
[97] 10. Error fundamental de todo panteísmo
[101] 11. Meta del panteísmo
[102] 12. Verdadera idea del Infinito
[103] 13. Emanación de la Corona Kabalística
[105] 14. La doctrina de la Creación ex-hihilo única razonable y verdadera
[108] 15. El error Kabalístico reavivado en el panteísmo moderno
[116] 16. El Ensoph como Vacío o Nada absoluta
[120] 17. El Ensoph como plenitud absoluta del Ser
[123] 18. El Ensoph en los emblemas masónicos
[125] CAPÍTULO SEGUNDO. LOS SEPHIROT, SUPERIORES A LA SANTÍSIMA TRINIDAD. 1. Emanación de los diez Sephirot
[132] 2. Los diez Sephirot en los emblemas masónicos
[134] 3. Anomalías en los Sephirot superiores
[136] 4. La verdad sobre la Santísima Trinidad
[141] 5. El Gran Arquitecto del Universo
[143] 6. El Gran Arquitecto del Universo, totalmente distinto del Creador del Cielo y de la tierra
[153] CAPÍTULO TERCERO. EL KETHER-MALKHUTH, CORONA DEL REINO. 1. Origen de los Sephirot: CORONA y REINO
[155] 2. Aplicación política del Kether-Malkhuth
[161] CAPÍTULO CUARTO. LOS SEPHIROT, INFERIORES A LOS SIETE ÁNGELES. 1. Los siete Ameschaspentas o Arcángeles de los persas
[164] 2. El Arcángel Ahumramazda y la Corona Kabalística
[165] 3. Una revolución en el cielo kabalístico y la caída de los ángeles
[167] 4. Los siete Sephiroth en las insignias masónicas
[169] 5. Los siete ángeles en las Sagradas Escrituras
[171] 6. Los siete ángeles y el número Once en el Brahmanismo
[173] 7. El número once y los siete ángeles en el budismo
[177] 8. El número once y los siete ángeles de los Asirios-Babilonios
[180] CAPÍTULO QUINTO. LOS CUATRO MUNDOS DE LA KABALA. 1. El mundo de las emanaciones
[182] 2. El mundo de la creación
[184] 3. El mundo de la formación
[186] 4. El mundo de la fabricación
[189] 5. Los cuatro mundos en los emblemas masónicos
[192] CAPÍTULO SEXTO. EL HOMBRE TERRESTRE. 1. El Hombre kabalístico, emancipación de los Sephiroth
[194] 2. Deificación del hombre en la Masonería
[196] 3. Apreciación de la deificación del hombre
[200] 4. Fin práctico y político de la Kabala
[202] 5. El judío, Hombre por excelencia
[204] CAPÍTULO SÉPTIMO. ORIGEN PSICOLÓGICO DE LA KABALA. 1. El mejor mundo posible
[208] 2. Las mejores criaturas posibles y su caída
[209] 3. El verdadero Hombre-Dios, arquetipo de los hombres deificados
[211] 4. El verdadero pueblo de Dios
[213] 5. La idea judía del pueblo elegido de Dios
[217] 6. Naturalización por los judíos del Hombre y el pueblo elegidos de Dios
[222] 7. La idea del hombre y el pueblo elegidos en la Masonería
[225] CAPÍTULO OCTAVO. HERMES TRISMEGISTO Y LA KABALA JUDÍA. 1. Origen judío de la filosofía hermética
[227] 2. La Unidad hermética y el Ensoph kabalístico
[229] 3. El número once y el Hombre primordial en la filosofía hermética
[230] 4. Apreciación de la filosofía de Hermes Trismegisto
[232] 5. El hermetismo y la Masonería
[233] 6. El autor oculto de la doctrina hermética
[237] 7. La deificación del hombre, meta de la gnosis hermética
[241] CAPÍTULO NOVENO. EL GNOSTICISMO Y LA KABALA JUDÍA. 1. Los números once y treinta y tres en el gnosticismo
[243] 2. El <Bythos> gnóstico y el Ensoph kabalístico
[244] 3.El <Nos> gnóstico y el <Kether> kabalístico
[245] 4. El Gnosticismo y la Santísima Trinidad
[247] 5. La revolución en el cielo gnóstico
[251] 6. La Khokhma kabalística y el Akhamoth gnóstico
[257] 8. El Gnosticismo en las insignias masónicas
[259] CAPÍTULO DÉCIMO. LOS OFITAS Y LA KABALA JUDÍA. 1. Origen judío de la secta de los ofitas
[261] 2. El número treinta y tres en la doctrina de los ofitas
[268] 3. La demonolatría de los Ophitas e las Masonería
[274] 4. Apreciación de las doctrinas ofito-masónicas
[279] CAPÍTULO UNDÉCIMO. EL MANIQUEÍSMO Y LA KABALA. 1. Origen judío del maniqueísmo. El número once
[285] 2. Las cinco regiones celestes de los maniqueos y la estrella flamígera de los masones
[292] 3. Ormazd y Ahriman; la serpiente de bronce, y el Adonai de los masones
[301] 4. La Virgen de la Luz de los maniqueos y el Matrimonio de los masones
[308] 5. Últimos despliegues de las sectas kabalísticas
[314] 6. Los judíos en todas las sectas kabalísticas
[324] LIBRO SEGUNDO. LOS CABALLEROS DE LOS JUDÍOS KABALÍSTICOS
[325] CAPÍTULO PRIMERO. LOS TEMPLARIOS ABOLIDOS. 1. La Logia Kilwinning y el Cero Kabalístico
[328] 2. El Baphomet de los templarios y masones
[336] 3. La culpabilidad de los Templarios
[341] 4. Los Caballeros Templarios y los Kadosch masónicos
[347] CAPÍTULO SEGUNDO. LOS OTROS CABALLEROS MASÓNICOS. 2. Los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta
[350] 2. Los Caballeros de Oriente, o de la Espada, y los Príncipes de Jerusalén
[351] 3. Los Caballeros de Oriente y Occidente
[353] 4. Los Caballeros elegidos de los Nueve, de los Quince, y los Sublimes Caballeros Elegidos
[354] 5. Los Caballeros Rosa-Cruz
[362] 6. Los Caballeros Prusianos o Noáquitas
[363] LIBRO TERCERO. LOS JUDÍOS EN LA MASONERÍA.
[364] CAPÍTULO PRIMERO. 1. Enseñanzas judías en las logias
[366] 2. Los judíos dirigen la Masonería
[369] 3. Tipos de leyes, en pro y en contra de los judíos
[373] 4. Los Macabeos, últimos verdaderos Caballeros Judíos
[374] 5. Los judíos en decadencia por el deicidio
[376] 6. Los masones trabajan para los judíos decaídos
[380] 7. Corrupción de la idea del Mesías por los judíos
[385] 8. Influencia de los judíos en las logias masónicas
[389] 9. Quejas de los masones sobre la preponderancia judía en las logias
[400] 10. Los Presidentes del Consejo Supremo del grado 33 no son los verdaderos jefes
[402] 11. La supuesta Divina Trinidad, conjunto de los jefes desconocidos
[405] 12. Residencia de los Jefes desconocidos de la Masonería
[411] 13. Residencia de los jefes supremos de la Masonería
[414] LIBRO CUARTO. LUCIFER EN LA MASONERÍA.
[415] LUCIFER EN LA MASONERÍA. 1. La Kabala, fuente principal de la magia negra
[419] 2. La Kabala conduce a los masones directamente a la demonolatría
[428] 3. Apariciones de Satán en las logias
[444] 4. La Kabala judía y el espiritismo moderno
[449] FIGURAS
i. Kabala
ii. Zoroastrismo
iii. Brahmismo
iv. Budhismo
v. Asirios y Babilonios. Candelabro de los Siete Brazos del Tabernáculo (Éxodo XXV, 31-37). Hermes Trismegisto
viii. Gnosticismo (Sistema de Valentín)
ix. Gran Círculo
x. Ofitismo
xi. Maniquismo
xii. Masonería
xv. Masonería (Interpretación Filosófica)
xviii. Masonería (Interpretación oficial masónica política y religiosa)
xix. Interpretación judáica de la Masonería
xx. Interpretación Luciferina
xxi. Teogonía de los Egipcios





SU SIMBOLOGIA






El Gobierno Mundial y La Contra Iglesia by jakary




La masoneria dentro de la iglesia

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Título: La Masonería dentro de la Iglesia. Misterium Iniquitatis
Autor: Pierre Virión
Cruz y Fierro Editores, 1968; Buenos Aires, Argentina; Prólogo del R. P. Julio Meinvielle










 

Contenido

[6] Prólogo
[16] Prefacio
[26] Primera Parte. La Sinarquía -1880-1920-
[27] Capítulo Primero. Saint-Yves d’Alveydre -1842-1909-
[27] La Iglesia Católica en el sistema sinárquico
[29] Las Iglesias Nacionales
[33] Dos consecuencias
[35] Acercamiento de la Iglesia y de la Masonería
[42] Capítulo II. Stanislas de Guaita
[50] Capítulo III. El caso del abate Roca -1830-1893-
[57] “Mi Cristo no es el del Vaticano”
[64] El sentido de la Historia y la Evolución / La Iglesia-El Papado
[69] “¿Quiénes serán esos nuevos curas?” / “Los progresistas”
[72] Sacramentos y la liturgia
[76] La sotana
[77] Matrimono de los sacerdotes
[80] Curas agremiados y comunistas
[82] Que el mundo se “desclerice”
[83] El Concilio
[88] Un complot. De las amenazas
[90] Capítulo IV. Las infiltraciones, la crisis modernista
[92] Los ocultistas “católicos”
[99] El doctor Alta
[102] Figura 1 (ampliación disponible)
[103] Figura 2 (ampliación disponible)
[118] Segunda Parte. La Iglesia en el Plan Sinárquico. Las tentativas de acercamiento Iglesia-Masonería -1920-1963-
[119] Capítulo V. Las conversaciones de Aix-la-Chapelle. Nacimiento del movimiento sinárquico
[127] Figura 3 (ampliación disponible)
[128] Figura 4 (ampliación disponible)
[129] “La Masonería es un mito”
[134] Las conversaciones de Aix-la- Chapelle
[143] Capítulo VI. El Pacto Sinárquico
[147] La “Demo-Ideocracia”
[157] Capítulo VII. La carta al Sumo Pontífice
[177] ¿Qué clase de espiritualismo?
[179] De los representantes de la Iglesia secular y regular
[188] Capítulo VIII. De Laval a Haití
[191] Con destino a los católicos
[198] Se perfecciona el método
[203] El Padre Riquet en la Logia Volney
[214] Esos masones que están de acuerdo con la Iglesia
[218] Esos clérigos que están de acuerdo con los masones
[220] Figura 5 (ampliación disponible)
[221] Figura 6 (ampliación disponible)
[233] Tercera Parte. “A pesar de Roma, contra Roma”
[234] Capítulo IX. El cepo
[236] ¿Candidatura al Concilio?
[239] Operación política y religiosa de envergadura
[246] Figura 7 (ampliación disponible)
[247] Figura 8 (ampliación disponible)
[248] Figura 9 (ampliación disponible)
[254] Capítulo X. Crear una nueva religión / “Mi Cristo no es el del Vaticano”
[260] Panteísmo
[261] Religión cósmica integrando el catolicismo
[264] El Hombre
[267] Presencia en el mundo
[271] Capítulo XI. El Cristianismo tiende a realizarse en el orden económico y social
[275] Rusia
[281] No más Paraíso – No más cielo
[285] La ciencia sustituye a la Fe
[287] “Los teólogos del futuro”
[293] Capítulo XII. El torno al Concilio
[293] Colegialidad
[297] La libertad religiosa
[298] Ecumenismo
[303] El protestantismo. La Gran Logia de Inglatera
[307] Libertad. Igualdad de las religiones
[309] Evicción de Jesucristo
[312] El Magisterio Masónico
[318] Capítulo XIII. La cumbre del Misterio de Iniquidad
[319] La Eucaristía
[325] La Santa Virgen María
[331] Capítulo XIV. La Nueva Iglesia
[333] El Triunfalismo
[336] La Democracia
[338] La Caridad
[339] El Orden Nuevo
[342] La Nueva Iglesia
[348] Amenazas
[349] El Cisma
[352] Otras amenazas
[363] Capítulo XV. Ante Paschale Lumen
[371] Apéndices
[372] Apéndice I. Los dos grandes símbolos del Misterio de iniquidad
[374] Hexagrama o estrella de seis puntas
[382] La estrella de cinco puntas o pentagrama
[384] Apéndice II. Despúes del Concilio: De una ortodoxia… “cristiana”  al ecumenismo masónico
[400] Apéndice III. La Jamaa ¿una mística nueva?
[404] “María”
[406] Vividas ya en espíritu
[413] Esoterismo. Erotismo
[418] La Kundalini
[421] ¿Se dice “si” en la Jamaa?
[426] Más sobre ocultistas “católicos”
[439] Apéndice IV. La Iglesia de la “divina sinarquía”
[455] Hacia “la Iglesia del siglo XXI”
[467] Llamamiento a María



¿En Qué Quedamos? ¿Son o No Son Deicidas los Judíos?

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Título: ¿En Qué Quedamos? ¿Son o No Son Deicidas los Judíos?
Autor: R. P. Dr. David Núñez
Editorial Presencia en el Mundo, Buenos Aires, Argentina, 1967

 





Contenido

[5] Prólogo
[7] Capítulo I. ALGO SOBRE EL ANTISEMITISMO
[29] Capítulo II. ¿SON O NO SON DEICIDAS?
[77] Capítulo III. ¿EXCUSA A LOS JUDÍOS DEL CRIMEN DE DEICIDIO SU IGNORANCIA?
[112] Capítulo IV. ¿QUÉ CULPABILIDAD TIENE EL PUEBLO JUDÍO EN EL DEICIDIO DE CRISTO?
[201] Apéndice. ARTÍCULO DE JOSEPH RODDY PUBLICADO EN LA REVISTA “LOOK” EL 25 DE ENERO DE 1966 SOBRE LAS INTRIGAS LLEVADAS AL CABO EN EL CONCILIO PARA ARRANCARLE LA FAMOSA “DECLARACIÓN DE LOS JUDÍOS”
[206] DOS PALABRAS DE INTRODUCCIÓN
[211] LOS DOS ÚLTIMOS ESQUEMAS CONCILIARES DE LA DECLARACIÓN, PUBLICADOS POR LA REVISTA “LOOK”
[215] CÓMO LOS JUDÍOS CAMBIARON EL PENSAMIENTO CATÓLICO. POR: JOSEPH RODDY. REVISTA “LOOK”. 25 DE ENERO DE 1966


FRANCMASONES

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Título: Francmasonería: Lo que Son, Lo Que Hacen, Lo Que Quieren
Autor: Mons. de Segur
Cuarta Edición, Librería y Tipografía Católica, S. A., Barcelona, España, 1933











Contenido [4] Introducción
[7] Del nombre de francmasón
[11] Que hay dos clases de francmasones
[16] Secreto del reclutamiento habitual de la Francmasonería
[22] Ceremonial para la admisión en la Francmasonería
[29] Primera y terrible prueba del Aprendiz-Masón
[35] Los tres viajes: segunda prueba del Aprendiz-Masón
[38] Últimas pruebas
[42] El juramento
[50] Del grado de compañero
[53] Del grado de Maestro-Masón
[67] De los altos grados de la Francmasonería
[72] Del alto grado de Juez-Filósofo Gran-Comendador-Desconocido
[75] Del alto grado de Caballero-Kadosh
[79] Del alto grado de Rosa-Cruz
[85] De la verdadera Francmasonería
[93] Horribles excesos a que se entregan los francmasones de las traslogias
[100] Lo que los Hemanos de las traslogias piensan, dicen y se proponen hacer de sus queridos Hermanos externos
[102] Cómo los francmasones de las traslogias explotan a los príncipes y nobles que entran en la Francmasonería
[111] Organización pública de la Francmasonería exterior
[117] Si la Francmasonería ama a los pobres, como pretende
[121] Que la Francmasonería es un poder temible
[126] La Francmasonería, por más que diga, es esencialmente impía, anticristiana y atea
[132] Cómo la Francmasonería se consuela de sus penas rindiendo culto al sol
[137] La prensa masónica
[142] Que la Francmasonería comienza a apoderarse de la infancia por medio de la instrucción y de la educación
[149] Que la Francmasonería extiende su acción hasta sobre las jóvenes
[153] De la Francmasonería de Adopción, o Francmasonería de señoras
[164] Un banquete de Hermanas-Masonas
[168] Si la Francmasonería femenina se limita a banquetes y diversiones
[171] Que la Iglesia ha anatematizado con plena justicia y sin restricción alguna a la Francamasonería entera
[177] Condenaciones formales que los Papas has formulado contra la Francmasonería
[184] Qué debemos hacer en vista de la gran conspiración anticiristiana





La masoneria en la argentina y en el mundo

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‘La Masonería en la Argentina y en el mundo’
por el R. P. Aníbal Atilio Rottjer. Buenos Aires Argentina, 1973.

 

Contenido:

 

 


CAPÍTULO I. ORIGEN Y EXPANSIÓN
1. PRETENSIONES DE ANTIGÜEDAD MILENARIA.
2. CONEXIONES CON LOS TEMPLARIOS Y GREMIOS MEDIEVALES.
3. MASONES PROFESIONALES Y MASONES AFICIONADOS.
4. CONCOMITANCIAS JUDAICAS.
5. FUNDACIÓN DE LA MASONERÍA MODERNA.
6. REGLAMENTOS ANTIGUO Y MODERNO.

7. PERIODO DE TRANSICIÓN.
8. LA MASONERÍA EN INGLATERRA Y SUS FILIALES EN EL MUNDO.
9. EVOLUCIÓN DE LA MASONERÍA EN FRANCIA.
10. SE ORGANIZA LA GRAN REVOLUCIÓN.
11. GOBIERNOS MASÓNICOS EN FRANCIA.
12. NUEVAS REVOLUCIONES MASÓNICAS Y SOCIALISTAS.
13. LA REPÚBLICA EN FRANCIA ES LA MASONERÍA EN DESCUBIERTO.
14. LA COMUNA EN PARÍS.
15. DESARROLLO DE LA MASONERÍA EN ESPAÑA.
16. LOGIAS MASÓNICAS Y LÓGIAS PATRIÓTICAS.
17. ESPAÑA BAJO TUTELA DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA.
18. EL CONTUBERNIO MASÓNICO-COMUNISTA Y LA CRUZADA DE LA LIBERACIÓN.
19. EXPANSIÓN MASÓNICA EN EL RESTO DE EUROPA Y AMÉRICA


ORIGEN Y EXPANSIÓN 1. Pretensiones de antigüedad milenaria En la historia de la masonería debemos distinguir dos épocas: la anterior a 1717 y la posterior a ella. A pesar de las diferencias fundamentales existentes en la organización y en los fines de las masonerías – antigua y moderna – no pueden, sin embargo, desconocerse sus relaciones históricas. Con respecto a la masonería antigua, reina gran oscuridad; lo que dio lugar a la invención de numerosas hipótesis, muchas de ellas inverosímiles, absurdas y ridículas; como las que, por ejemplo, la hacen remontar a nuestro primer padre Adán, iniciado en la Orden del Paraíso Terrenal por el Eterno Padre; a Lamec, el matador del fraticida Caín; a Zoroastro, jefe supremo de los magos y fundador del mazdeísmo (religión de los persas contenida en los libros sagrados del Zendavesta); a Confucio, fundador de la religión de los chinos; y a Pitágoras, filósofo y matemático griego, fundador de la secta de los pitagóricos. Tales mitos obedecen a la pretensión de la masonería de haber existido siempre; “respondiendo – según el masón Osvaldo Wirth – a una necesidad del espíritu humano” [1]. James Oliver, en su libro “Antigüedad de la Masonería”, llegó a sostener que se practicaba en otros sistemas planetarios antes de la formación de la Tierra; y no faltó quien dijera que Jesucristo se inició en una logia de Tebas en Egipto, presentó su programa masónico en el Sermón de la Montaña, y ejerció la maestría de la Logia “Esenia”, de la cual San Pedro fue el primer Vigilante y San Pablo el elocuente Orador(!). También se la relaciona con la Kábala – tradición oral entre los judíos de la explicación secreta del sentido de los pasajes bíblicos – y que, según el patriarca del ocultismo moderno, Elifaz Leví, constituye el dogma de la Alta Magia (la ciencia de las artes diabólicas); con los alquimistas, cultores de la ciencia oculta, hermética y esotérica, que buscaban la piedra filosofal y la panacea universal; y con el proceso de los caballeros templarios o del Temple – la más antigua de las Ordenes Militares – cuyos miembros residieron en el solar del templo salomónico de Jerusalén durante las Cruzadas, y que – doscientos años más tarde, o sea en 1310 – fueron condenados, a pesar de su inocencia. Además, cuanta reunión clandestina de alguna celebridad hubo en el mundo, que conspirase contra la Religión y el Estado, sirvió de argumento para ser considerada, por muchos, como fuente inicial de la masonería. Entre ellas se enumeran los “Misterios” de la antigüedad (de Eleusis, de Mitra, de Isis y Osiris, etc.), característicos de las religiones orientales, egipcias, caldeas, sirias, judaicas, etiópicas, persas, griegas e indo brahmánicas; la secta de los gnósticos con sus teorías panteístas, su divinización de la razón humana y su moral independiente – y que no es otra cosa que el cristianismo kabalizado o la Kábala disfrazada para destruir el cristianismo naciente -, la de los maniqueos, del judío Manés, que es la prolongación del gnosticismo con agregados del dualismo persa, del budismo y de múltiples herejías; la de los esenios, judaizantes de Palestina; la de los cátaros o albigenses, verdadera secta de anarquistas religiosos y civiles de doctrinas panteístas y materialistas y prácticas infames, obscenas y criminales; las sectas árabes, formadas dentro del islamismo musulmán, como la de los terribles “ashishiin” (de donde proviene la palabra castellanizada “asesino”) cuyo jefe era el “Viejo de la Montaña”; y, en fin, cuanta rebelión del espíritu humano se suscitó contra Dios y su Iglesia: como fueron el protestantismo en sus diversas manifestaciones y sobre todo el deísmo inglés del siglo XVIII Teniendo en cuenta sus simbolismos arquitectónicos se buscaron sus orígenes en la época faraónica de las Pirámides de Egipto, en la construcción del Templo de Salomón; en la fundación de los Colegios de Constructores del imperio romano, que tenían maestros, guardianes o decuriones, compañeros y aprendices; en las corporaciones gremiales de la Edad Media, y en las primeras asociaciones de albañiles llamados “masones”, que se organizaron en Francia e Inglaterra. El masón Rebold afirma que la masonería “proviene de una antigua y célebre corporación de artes y oficios, fundada en Roma, el año 716 antes de Cristo, por su segundo rey, el legendario Numa Pompilio, sucesor de Rómulo; y que en Gran Bretaña fueron sus Grandes Maestros: reyes, obispos y santos como San Dunstan, arzobispo de Cantorbery en el año 960. [2] IR A CONTENIDO . . 2. Conexiones con los templarios y gremios medievales Como la mitad de los grados masónicos son de carácter caballeresco, y las ceremonias de tales grados imitan los actos que determinaron la abolición de los degenerados templarios que tenían como misión específica defender la Tierra Santa y acompañar a los peregrinos y que residían en el antiguo Templo de Salomón,”podemos considerar la opinión del origen templario como una de las probables. Los caballeros templarios dispersos, se habrían reunido en Escocia para vengarse de la supresión de la orden constituyendo un nuevo “Temple”, en Kilwinning y luego en York, con el nombre de Heredom, que quiere decir “casa santa”. Allí continúan con su doctrina del primitivo gnosticismo, según Rosen; con el culto al ídolo Bafomet: imagen satánica del naturalismo según Taxil; y con la reminiscencia de los turbios manejos de los maniqueos. Luego cambiarán su nombre por el de “Rosacruces” para escapar a las persecuciones, y finalmente se refundirán con las últimas logias de los masones constructores. Barruel, apostrofando a los masones, les dirá: “Todas vuestras logias proceden de los templarios”. Tras la extinción de vuestra orden cierto número de caballeros culpables se reunieron para la continuación de sus afrentosos misterios. Al código de su impiedad unieron el voto de vengarse de los reyes y pontífices que han destruido la orden, y de la religión que ha anatematizado sus dogmas. Se han hecho con adeptos que transmiten de generación en generación el mismo odio al Dios de los cristianos y a sus sacerdotes” [3] La segunda opinión, probable también, hace entroncar a la actual masonería, por su origen material y externo, con las organizaciones libres de los trabajadores manuales que constituían los gremios y corporaciones medievales, y que fueron utilizados, como elementos populares de lucha, contra la prepotencia de los señores feudales “de horca y cuchilla”, amparados por la anarquía de la época. Dice el masón español, marqués de Puga, – Secretario General del Gran Oriente en 1895 – que “de los años 1100 a 1200, los monjes eran los que principalmente practicaban el arte de construir; y que, junto a los monjes arquitectos, fueron apareciendo los arquitectos laicos. La construcción de grandes edificios como las famosas catedrales, abadías, monasterios y suntuosos palacios públicos y privados, hicieron convivir, por largo tiempo, a numerosos obreros y artistas; estableciéndose entre ellos estrechas relaciones, que dieron origen a las corporaciones, en las que existía una verdadera jerarquía de aprendices, oficiales y maestros, subordinados entre sí. En su organización utilizaron como modelo los “collegia opíficum” de los romanos (colegios de constructores) y las asociaciones similares de los germanos. En el siglo XIII, los maestros de obra alemanes, al descubrir el sistema gótico, procuraron conservar el secreto de la construcción, enseñándolo solo a ciertos obreros en sus talleres o “logias”, erigidos en forma de barracas junto a los edificios en construcción. Cuando el clero no se dedicó ya a tales construcciones, las logias poco a poco se fueron separando de los conventos. Más tarde los canteros, picapedreros y talladores alemanes formaron un cuerpo orgánico que debía mantener en secreto los principios y reglas del arte de edificar góticamente, para lo cual se servían de símbolos secretos, reconociéndose entre ellos, también por medio de signos y señales especiales” [4] Al concedérseles a los artesanos o “masones” la libertad, civil y la exención de los tributos que debían pagar a sus señores, se antepuso a su nombre el apelativo de “franc” o “libre”; y así resultaron los vocablos: “francmasón” en castellano, “francmaçon” en francés, “freemason” en inglés y “freimaurer” en alemán; que quieren decir “obrero-libre”. Tanto los canteros alemanes, talladores y escultores en piedra, llamados “lathomi” (vocablo de origen griego), como los arquitectos ingleses y de otras nacionalidades, constituyeron sus cofradías, compañías o “ghildas” para construir los edificios; y sus reuniones las tenían en los días de sus respectivos santos patronos; siendo sus especiales protectores San Juan Bautista en primer lugar, cuya fiesta se celebra el 24 de junio, y luego San Juan Evangelista, que se recuerda el 27 de diciembre. Fueron célebres, entre otras, las logias que se formaron para construir las catedrales de Berna, Estrasburgo, Viena y Colonia. Sus consocios, hasta el año 1440, se llamaron “Hermanos de San Juan”. En 1459 se confederaron y constituyeron la sociedad general de los francmasones de Alemania, y al director de la obra de la catedral de Estrasburgo le confirieron el título de Gran Maestre. La reforma protestante dispersó a todos sus miembros. En Suiza se prohibieron sus reuniones en 1522, y en Francia, el rey Francisco I les quitó sus privilegios en 1539. IR A CONTENIDO . . 3. Masones profesionales y masones aficionados En Inglaterra, en 1380, el Parlamento fijó el salario de los obreros, incluso de los canteros, llamados “free-stone-masons”; y en 1425 fueron prohibidas sus reuniones. Ya en 1500 admitían en su compañía a personajes ilustres, aunque no fueran artesanos; eran los masones aceptados (the accepted masons), especie de miembros honorarios. De aquí proviene la distinción entre los auténticos profesionales y los simples “aficionados al arte”, pero con finalidades totalmente diversas. El rey Jacobo I (1603-1625) los favoreció, pero luego decayeron por la cesación de las construcciones de iglesias y conventos, tras la victoria del protestantismo. Ya en el año 926 el hijo del rey era el Gran Maestre en York. En 1670 la logia de Aberdeen agrupaba a su alrededor solo una cuarta parte de masones profesionales contra tres de “aceptados”; por lo demás, en tal época, las logias de Inglaterra y Escocia contaban con muchos nobles. Existieron, sobre todo en Escocia, logias católicas en su totalidad y favorables a los Estuardos. Sus partidarios se habían afiliado a la masonería desde la ejecución de Carlos I en 1648. Frente a tales logias, que contaban en su seno a los príncipes Carlos y Jacobo, hijos del difunto rey y de Enriqueta de Francia, encontraremos más tarde las logias protestantes y orangistas y después hannoverianas, que se desarrollaron a partir del segundo exilio de los Estuardos, proscriptos en 1688 en la persona de Jacobo II. En ese año los emigrados ingleses fundaron logias en Alemania, Italia y Francia – o sea, sociedades secretas a imitación de las ghildas – para trabajar por la restauración de los Estuardos en el trono. En 1714 existían en Inglaterra solo cuatro logias, las cuales se reunían en sendas tabernas londinenses; a saber: la San Pablo en la posada del Ganso, y las otras tres en las posadas del Manzano, de la Corona y de los Romanos. Para subsistir, acordaron admitir en su seno a cualquier persona y fusionarse en una sola; lo que se realizó – según refiere el masón Mackey – en la Taberna del Diablo; y según otros, en la de la Corona o del Manzano, el día de su santo patrono San Juan Bautista, el 24 de junio de 1717; y eligieron como Gran Maestre a Antonio Saber [5]. En 1718 le sucede el anticuario Jorge Payne, y en 1719, Teófilo Désaguliers. Guillermo III, estatúder de Holanda y rey de Inglaterra (1689-1702), había presidido varias reuniones logiales; y en 1694 se redactaron, por orden real, los antiguos deberes y estatutos de la Institución. Tales estatutos, modificados y aumentados, sirvieron de base a la actual masonería. Son los llamados “the old charges and ancient landmarks”, que deben respetar todos los masones del mundo y que se hallan consignados en la célebre constitución masónica de 1723. Estos principios o reglas de gobierno masónico, que contienen lo esencial de la Institución y que proviene. de tiempos remotos, se tienen por inviolables. No obstante, aún en esto no están de acuerdo los masones y reina entre ellos gran confusión con respecto a su interpretación y a su número que – según Enrique Lecerff – es de veintinueve; pues, tales “antiguos limites” no todos han sido escritos, y muchos de ellos, además son secretos. Esta es la opinión sobre el origen de la secta que ha logrado más crédito hasta la fecha, a saber: la masonería actual – llamada técnicamente francmasonería – se remonta, en sus formas materiales y externas, a la organización de las antiguas corporaciones de arquitectos y constructores, las cuales permitieron luego el ingreso a miembros más ilustrados. Tal circunstancia dio lugar a discusiones especulativas que transformaron substancialmente la institución, convirtiéndola en la masonería filos6fica o moderna [6]. IR A CONTENIDO . . 4. Concomitancias judaicas La tercera opinión coloca el origen de la masonería en el judaísmo, enemigo mortal del cristianismo a partir de la divina institución de la Iglesia Católica, que vino a suplantar a la antigua sinagoga. Se fundan sus sostenedores en que las ceremonias y enseñanzas masónicas reproducen detalladamente, y con notoria constancia, la historia y el espíritu judaicos; mostrando, como aspiración de la secta, la reivindicación de la nacionalidad del pueblo hebreo, su reinstalación en la Palestina y su dominación universal; previa derrota del cristianismo, de cuyos ataques, cismas y persecuciones se gozan satánicamente. “Examinemos las doctrinas y la alta dirección de la Orden – dice monseñor Meurin – y en todas partes encontraremos a los judíos. Los emblemas y enseñanzas de las logias muestran, sin lugar a dudas, que la Kábala es la doctrina, el alma, la base y la fuerza oculta de la masonería” [7]. El masón convertido, Mariano Tirado y Rojas, hace notar estas circunstancias en cada uno de los grados masónicos; y afirma que la Orden fue fundada después de la “diáspora” o dispersión de los judíos, al ser destruida Jerusalén por los romanos en el año 70; que siempre subsistió oculta y perseguida por los cristianos, que aprovechó para sus fines las asociaciones de artesanos constructores medievales; y que logró conquistar adeptos aún entre los caballeros cruzados de Tierra Santa. Nicolás Serra y Caussa afirma que “el inventor, fundador o introductor del sistema masónico, si no fue judío por la circuncisión, tan judío era de corazón como los mejores circuncidados; pues la masonería respira judaísmo por los cuatro costados”. Luego cita las palabras del judío (converso) José Lehmann, sacerdote católico, que escribió lo siguiente: “El origen de la francmasonería debe atribuirse al judaísmo; no ciertamente al judaísmo en pleno, pero, por lo menos a un judaísmo pervertido” [8] El rabino Isaac Wise dijo en 1855: “La masonería es una institución judía, cuya historia, grados, cargos, señales y explicaciones son de carácter judío desde el principio hasta el fin”. El historiador judío Bernard Lazare escribió: “Es evidente que solo hubo judíos, y judíos cabalistas, en la cuna de la masonería” [9]. El ya citado monseñor León Meurin – sabio jesuita, arzobispo de Port Louis en Madagascar – sustenta con variados argumentos la hipótesis que “la kábala judía es la base filosófica y la clave de la masonería”. La kábala es una colección de doctrinas ocultas del judaísmo, mezcla de neoplatonismo, gnosticismo, ocultismo, teosofismo, falso misticismo y hermetismo (del dios Hermes o Mercurio, dios del fuego). “La doctrina kabalística – dice Meurin – no es en el fondo más que el paganismo en forma rabínica; y la doctrina masónica, esencialmente kabalística, no es otra cosa que el antiguo paganismo reavivado, oculto bajo una capa rabínica y puesto al servicio de la nación judía”. O sea, culto y deificación de la humanidad no redimida. “La doctrina del Talmud es para el judío la teología moral, como la kábala es la teología dogmática” [10]. Existen numerosas concomitancias entre el judaísmo y la masonería, cuyos detalles pueden leerse en las obras escritas ex profeso para demostrarlo. Teodoro Herzl, fundador del sionismo, dijo en Suiza en 1897: “Las logias masónicas establecidas en todo el mundo se prestarán a ayudarnos en lograr nuestra independencia. Es que aquellos cerdos, de los masones no judíos. no comprenderán jamás el objeto final de la masonería”. Por otra parte, la misma obscuridad de sus orígenes es táctica que emplean los masones para dificultar la averiguación de sus fines últimos. Sin embargo, a pesar de que históricamente no se ha podido demostrar tal origen, es un hecho que, tanto el judío como sucede también con el protestante, fácilmente se acomodan a los propósitos de la masonería; porque el judaísmo moderno padece la misma crisis en sus creencias religiosas que el protestantismo; y porque todo lo que se dirige directamente contra el cristianismo, favorece de igual manera al judaísmo [11]. Si bien, en un principio, los judíos no eran recibidos en las logias, la historia de la masonería comprueba que, a medida que los protestantes se aliaban con los masones, éstos se reconciliaban con los judíos. El filósofo alemán Fischer escribía en 1848: “La gran mayoría de la orden masónica no admite el cristianismo, sino que lo combate a punta de cuchillo; y la prueba de ello la tenemos en la admisión de los judíos en las logias”. Napoleón fue quien franqueó oficialmente la entrada a los judíos en las logias. Desde entonces inicia su enorme actividad y poderío formidable, ejercido sobre el mundo occidental hasta nuestros días. De esta manera la masonería fue el instrumento de la política judía [12]. Le asiste, pues, sobrada razón al bien informado ocultista y masón convertido M. J. Doinel, miembro del Gran Oriente de Francia, cuando escribe: “Los masones se lamentan de la dominación que los judíos ejercen en las logias, en los Grandes Orientes, en todos los “puntos del triángulo”, en todas las naciones, en toda la extensión de la tierra. Su tiranía se impone en el terreno político y financiero. Desde la Revolución Francesa han invadido las logias y actualmente la invasión es total. Así como la masonería es un Estado dentro del Estado, así los judíos forman una masonería dentro de la masonería. El espíritu judío reina en los “talleres” con la metafísica de Lucifer, y guía la acción masónica, totalmente dirigida contra la Iglesia Católica, contra su jefe visible, el Papa, y contra su jefe invisible, Jesucristo; repitiendo el grito deicida “¡Crucifícalo!” La Sinagoga en el pensamiento de Satanás tiene una parte preponderante, inmensa. Satanás cuenta con los judíos para gobernar la masonería como cuenta con la masonería para destruir la Iglesia” [13] De la enciclopedia judía (Jewish Encyclopedia) extraemos este dato: “Los judíos, desde la Revolución Francesa, han sido los más conspicuos colaboradores de Francia”. En conclusión podemos afirmar que al odio del demonio y del judío se une el del apóstata del cristianismo en sus múltiples variedades laicistas, protestantes, marxistas, liberales y racionalistas. El Infierno, la Sinagoga y la Apostasía coaligadas contra Dios y su Cristo: he aquí los enemigos siempre unidos en la historia del mundo; “el triple lazo que difícilmente se rompe”, según la frase bíblica (Eccl. 4, 12), conspirando continuamente para la destrucción de la civilización cristiana. IR A CONTENIDO . . 5. Fundación de la masonería moderna La masonería, desde el 24 de junio de 1717, y más aún, desde la redacción de su primera constitución de 1723, tomó un carácter totalmente distinto al de las asociaciones de los obreros constructores; dando así origen a la moderna francmasonería. Sin embargo, no son pocos los autores que afirman que, en su carácter sectario – como hoy se la conoce – ya existía en 1350, infiltrada en las corporaciones, después de la supresión de los templarios, según hemos indicado más arriba. Afirman que se la nombra oficialmente en la constitución redactada por los “maestros elegidos” del congreso de Colonia de 1535; que actuó en la secta de los socinianos del fin del siglo XVI, propalando, con teorías racionalistas y de libre pensamiento, la negación de la divinidad de Cristo y de toda su doctrina; que aparece también en 1641 con los “Hermanos Bohemios o Moravos”; y que fue anunciada en 1638 – antes de su fundación explícita y definitiva de 1717 – cuando los “masones aceptados”, numerosos ya dentro de las logias, congregan la gran asamblea de Londres, imponiendo a sus adeptos el más riguroso secreto. Más tarde se desprendería de ellos el grupo de masones que capitaneó Guillermo Penn, el cual, al emigrar a América, fundó en 1681, la colonia de Pensilvania con la capital Filadelfia, que quiere decir: “Amor de Hermanos” [14] La masonería anterior al siglo XVIII se llama también operativa, constructiva o corporativa. Estaba integrada por los gremios de operarios, talladores, canteros y constructores auténticos con infiltraciones póstumas de “masones aceptados”. La actual, en cambio, se llama masonería moderna, doctrinaria, filosófica o especulativa, y fue fundada formalmente con la constitución de 1723 (Book of constitutions), ampliada en 1738 y 1746. “Con respecto al origen de la masonería – se lee en el Diccionario Enciclopédico editado en Buenos Aires en 1947 – nada, absolutamente nada concreto e indisputable puede afirmarse con anterioridad a la transformación y evolución del año 1717, que es el verdadero origen racional y demostrable de la Orden” [15]. En el diccionario enciclopédico abreviado de la masonería se afirma que “la reforma radical de la antigua masonería se operó en 1641. En tal fecha deja su objeto material y primitivo y toma el carácter teórico y científico en lugar del manual y práctico, recibiendo a los francmasones “aceptados”. El alquimista Elías Ashmole es uno de ellos, admitido en 1646 en la logia de Edimburgo” [16]. IR A CONTENIDO . . 6. Reglamentos antiguo y moderno En los reglamentos de la antigua masonería leemos en el capitulo de los “deberes para con Dios y la Religión”: “Tu primer deber, como masón, es ser fiel a Dios y a la Iglesia y guardarte de la herejía y los errores”. El artículo 1º de la constitución de 1350 – que se conserva en el museo británico de Douder – dice: “Los que conocen el arte y lo ejercen deben honrar a Dios y a la Iglesia y al maestro a cuyo servicio están”. Y termina así: “Roguemos a Dios Todopoderoso y a su Madre, la Dulce Virgen María, que nos ayuden a observar estos artículos” [17] Los estatutos de 1419 de los canteros alemanes comienzan con la siguiente invocación: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y de la gloriosa Madre María y a la memoria eterna de los Cuatro Santos Coronados (patronos de los francmasones)”. En el mismo capítulo de la constitución de 1723, y bajo el mismo rubro que el de las anteriores, se observa esta variante fundamental: “El masón, por su profesión, está obligado a obedecer a la ley moral, y – si es perito en su “arte” no será un ateo estúpido ni un libertino irreligioso. No obstante se cree oportuno obligarlo solamente a la religión en la cual todos los hombres están de acuerdo; debiendo los masones ser hombres probos y de honor, buenos y veraces (good men and true). De esta manera la masonería resulta ser el centro de unión y el medio de constituir una verdadera amistad entre los hombres que, sin ella, se verían forzados a permanecer en perpetua lucha los unos contra los otros” [18] Más adelante explicaremos, con testimonios de masones, en qué consisten la religión, la moral y el patriotismo masónicos. Por tal definición oficial, la masonería deja de ser cristiana; impulsando a sus adeptos a las más radicales revoluciones por las oblicuas sendas del agnosticismo, del laicismo y de la total secularización de la vida del hombre. Jaime Anderson, pastor presbiteriano escocés, fue el redactor de la constitución, elaborada por teorizadores de la Royal Society, fundada en Londres en 1662. Dejando de lado el catolicismo, establece el deísmo de la escuela inglesa de Hobbes, Locke, Toland, Collins, Tyndall, Bolingbroke, etc., o sea, de los deístas y librepensadores contemporáneos. Sus autores se esmeraron en presentar a la actual masonería, como continuadora de las antiguas corporaciones de las cuales conservaron la terminología profesional y ciertas reglamentaciones; pero de hecho no hubo tal continuidad, sino más bien una insidiosa sustitución. En ella, en efecto, se trata tan solo de los intereses de la nueva Orden, de la disciplina oculta de los “iniciados” y del triunfo de sus teorías filosóficas y sociales, panteístas y naturalistas, liberales y racionalistas. Totalmente despreocupados de la religión y de la nacionalidad, buscan más bien su destrucción. Nacida en tierras de apostasía, al calor del protestantismo inglés, enraíza en aquella sociedad en pugna con la fe católica, establece en sus constituciones un programa completo de descristianización y de secularización absoluta de las leyes, del régimen administrativo, de la educación, de la universidad y de toda la economía social. Secularización que implica la ruptura con el principio divino, y promueve el cultivo y la propagación del naturalismo, el cual, haciendo abstracción de la revelación, pretende que las solas fuerzas de la razón y de la naturaleza basten para conducir al hombre y la sociedad hacia la perfección. Este “poder oculto”, fundado con tales principios revolucionarios, constituye, en el seno de la sociedad moderna, desde hace 260 años, la más formidable conjuración antisocial que se pueda imaginar: verdadero ejército silencioso que trabaja en el subsuelo de la historia. El movimiento que se inicia a principios del siglo XVIII agita las inteligencias contra los dogmas religiosos y los fundamentos de las sociedades, se manifiesta en la literatura lo mismo que en la vida política, y prepara así la explosión revolucionaria del fin del siglo: labor subterránea realizada por las logias. IR A CONTENIDO . . 7. Periodo de transición Entre ambas masonerías – diametralmente opuestas en su espíritu – cabe ubicar el período de gestación de la actual, en que se acentúa progresivamente una doble influencia política y filosófica. Ya sea en las elecciones de los emperadores de Alemania, como durante las guerras de religión que ensangrentaron a Europa; ya en las tentativas de Luis XI de Francia para conquistar a Flandes, como en la lucha entre el Parlamento inglés y los Estuardos, o de éstos con las casas de los príncipes de Orange y de Hannover en Inglaterra para reconquistar el trono; los partidos políticos buscaron el apoyo de las populares, ricas y poderosas ghildas o corporaciones y contaron con la ayuda de sus socios – los francmasones – para provocar o simular manifestaciones partidarias y nacionalistas. En este período de transición, el “Arte Real” o Ciencia Masónica, consistía, ora en el “estudio supremo de la Naturaleza”, ora en el restablecimiento de la dinastía derrocada” [19]. Tal organización masónica se introdujo también en el ejército para formar partidos políticos; en donde la jerarquía de los grados de la secta privó sobre la jerarquía de los grados militares. Los oficiales debían ejecutar las órdenes impartidas por los jefes masónicos, ciegos instrumentos del poder director oculto, como sucedió con los regimientos de escoceses e irlandeses desembarcados en Francia en 1689. Además, a raíz del héroe Cristián Rosa Cruz de la novela satírica “Las bodas químicas de Rosenkreutz” del pastor protestante alemán Juan Valentín Andrea, escrita en 1625 – para burlarse de los opúsculos anónimos aparecidos en 1615 sobre la Nueva Orden Hermética de los Rosacruces – y que presenta a su personaje como el “descubridor del secreto para obtener la felicidad de la humanidad y como el fundador de una logia secreta que tenía por fin la beneficencia, el internacionalismo y el establecimiento de la genuina moral y la religión verdadera”, se fundaron en Alemania e Inglaterra logias de “Rosacruces”, cuyos miembros tomaron en serio las pamplinas escritas en tales novelas y de las cuales se burlaba el mismo autor. El rosacrucismo sería una alquimia más elevada en vez de la simple búsqueda de la piedra filosofal; o sea, un conato superior de profundizar la verdadera sabiduría. Parece que el nombre proviene – según Schreider – del escudo familiar del autor de la novela donde se hallan las cuatro rosas formando una cruz. Hoy existen rosacruces que dicen derivar de la secta que ellos han bautizado como Antigua y Mística Orden Rosa Cruz (A. M. O. R. C.), con actual sede en San José de California, y cuyas enseñanzas no son otra cosa que un crudo panteísmo y racionalismo. A éstos se añaden sus homónimos del grado 18 de la masonería escocesa, mucho más avanzados en sus doctrinas, pues constituyen uno de los grados más importantes de todas las masonerías [20]. En 1650, las logias rosacruces se hallaban sólidamente organizadas en Londres, y sus adeptos se reunían en los mismos locales francmasónicos. Su jefe principal era Elías Ashmole, alquimista y astrólogo, fundador de una sociedad que tenía por fin “construir el templo de Salomón, templo ideal de las ciencias”. Estos, a su vez, se hallaban emparentados con los “Hermanos Bohemios”. Bajo la influencia de Ashmole se idearon las ceremonias iniciáticas de los grados masónicos actuales, y los secretos de su secta se utilizaron para elaborar las leyendas de la masonería especulativa. En 1640, 1648 y 1649 escribió los rituales de los tres primeros grados utilizados en la actual masonería simbólica. A medida que se iba operando la compenetración de las dos masonerías, a través de su compleja fase intermedia, los elementos profesionales primitivos fueron poco a poco eliminados; y cuando en 1715 fueron vencidos definitivamente los Estuardos, se efectuó la fusión de las últimas cuatro logias de profesionales con el grupo de “masones aceptados”, fundándose, en 1717 – bajo la protección del rey Jorge II y la presidencia del médico calvinista refugiado francés Teófilo Désaguliers, predicador de la Corte y antipapista “enragé” – la Gran Logia de Inglaterra, madre de la masonería exclusivamente especulativa. Anteriormente el rey calvinista Guillermo III había modificados los estatutos, y luego en 1720 se destruyeron todos los documentos de la masonería estuardista, con el fin de eliminar todo lo católico y todo vestigio de romanismo, que hasta entonces había sido lo preponderante en la Orden. Se asegura que tal ceremonia se realizó en un auto de fe político y religioso. “Ambas masonerías – escribe Juan Caprile – son, por lo tanto, dos organismos diversos, nada afines en sus objetos, si bien análogos en sus reglamentos y en su organización” [21]. IR A CONTENIDO . . 8. La masonería en Inglaterra y sus filiales en el mundo Establecida la Gran Logia de Inglaterra en Londres, se inscribieron en ella muchos miembros de la nobleza; y como los grandes personajes le prestaban sus nombres, el afiliarse a las nuevas logias, era “señal de distinción y respetabilidad”. Felipe, duque de Wharton, célebre por su impiedad y libertinaje, fue elegido gran maestre en 1722. Bajo sus auspicios actuaron Anderson y Désaguliers [22]. En 1723 eran veinticinco las logias fundadas; en 1725 ya llegaban a cincuenta, y en 1737 el príncipe de Gales pertenecía a la nueva Orden. La Gran Logia de Inglaterra creó sus filiales en Irlanda, Escocia, Francia, España, Portugal, Bélgica, Alemania, Holanda, Suiza, Dinamarca, Suecia, Rusia, Polonia, Italia, Estados Unidos, India y África. La Cámara de los Comunes le otorgó reconocimiento oficial no así la de los Lores que, en 1771, no accedió a su solicitud, basándose cabalmente en su doctrina. La indiferencia religiosa que promovía, provocó fundadas sospechas que produjeron el cisma masónico consumado en 1753, cuando se estableció la Gran Logia de los “Antiguos Masones” – que pretendían ser los continuadores de las antiguas corporaciones -; y la Gran Logia de los “Modernos Masones” que, para no perder adeptos, fueron haciendo concesiones sucesivas hasta llegar, en 1813, a un acuerdo completo entre ambas, constituyéndose la Gran Logia Unida de Inglaterra integrada por 660 logias. Desde tal fecha se convirtió en el arma secreta más peligrosa y eficaz del imperialismo anglo-judío. Los llamados “antiguos” masones al ser “aceptados” por los “modernos” dan su nombre a la comunidad masónica de los actuales “antiguos y aceptados” masones. Durante la presidencia del judío D’Israeli en el Consejo de Ministros de Inglaterra quedó establecida la simbiosis de la plutocracia internacional anglo-judías. “Los judíos eran particularmente poderosos en Inglaterra – escribió el gran historiador inglés Hilaire Belloc [23] – y se sirvieron de la masonería que habían instituido para establecer una especie de puente entre ellos y los ingleses que les brindaron hospitalidad”. Actualmente las tres Grandes Logias de Inglaterra, Escocia e Irlanda, tienen por protector al soberano, e ilustres personajes figuran en ellas. La masonería es en Inglaterra como la Tercera Orden de la Iglesia Anglicana y como la columna vertebral del Imperio Británico. Tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos es de práctica antigua que los gobernantes, los funcionarios públicos, los altos jefes de las fuerzas armadas y gran número de pastores y obispos protestantes pertenezcan a la masonería. Durante la época de la independencia las logias fueron preferentemente políticas, y sus miembros, militares. Masones fueron una buena parte de los presidentes de Norteamérica. Últimamente lo fueron Teodoro y Franklin Delano Roosevelt; Truman, grado 33 – que fue Gran Maestre de la Gran Logia de Mísuri y cuyo verdadero nombre es Harry Salomón Schipp -, aparece con todas sus insignias masónicas en un retrato a todo color publicado por la revista “Life” del 28 de marzo de 1949; y la señora del Presidente Roosevelt, masona activísima, es la que patrocina el grupo de los sectarios anticatólicos de Estados Unidos [24]. De los 50 gobernadores de los Estados Unidos 40 son masones, y de los 96 senadores, 68 pertenecen a la secta; además de la mitad de la cámara de diputados. De los ocho miembros de la Suprema Corte siete son masones, con su presidente Earl Warren, que fue gobernador de California v Gran Maestre de su Gran Logia. IR A CONTENIDO . . 9. Evolución de la masonería en Francia La masonería de los Estuardos – derrocados en 1715 – siguió funcionando, sobre todo en Francia; por tal razón, casi todas las logias del ejército francés tuvieron como origen y modelo las organizadas en los regimientos escoceses e irlandeses. El progreso de tal masonería antibritánica preocupaba a la Gran Logia de Londres, la cual envió sus propagandistas al continente para incrementar las logias contrarias a la política estuardista. Las condenas de la masonería decretadas en 1737 y 1744 por el rey Luis XV y la actuación antifrancesas de las logias a favor de Inglaterra, motivó una serie de escisiones en su seno. Con todo, a pesar de la corrupción y luchas intestinas que aniquilaron a la masonería francesa, su dogma igualitarista y libertario y sus principios naturalistas habían sembrado ya demasiados gérmenes funestos, que determinaron el triunfo del mal. En la corriente de la incredulidad oficial se abrevaron la Enciclopedia y la Filosofía de Voltaire y de Rousseau, que constituyen otras tantas manifestaciones francesas de la masonería. La sociedad francesa impregnada de cosmopolitismo, se destruy6 a sí misma; y la, secta resurgió vigorosa, amparada por la lenidad del monarca y por la invasión de los masones extranjeros. Sin embargo, disimulaba tan bien sus ocultos fines, que el mismo piadoso rey Luis XVI le dio su nombre en 1775, y altos dignatarios del ejército y del gobierno, miembros de la familia real y aun del clero, fueron masones “protectores”; de tal manera que – según escribió Bord – “Versalles se transformó en una gran logia”. Al conquistar a la aristocracia destruyó toda la armadura política y social de la nación; y cuando estalló la Revolución, el derrumbamiento se operó por sí mismo; y los “iluminados” franceses – dice Gustavo Gautherot – “habiendo cometido la necedad de entregar sus almas a las doctrinas de muerte, levantaron, con sus propias manos, el patíbulo donde serían ajusticiados” [25]. La Gran Logia de Francia o de París, se había establecido en 1743 y se independizó de Inglaterra en 1756. En Francia había quinientas logias en 1767, pero faltaba un centro rector que polarizara todas las fuerzas revolucionarias, pues ese año se había clausurado la Gran Logia que presidía el Conde Luis de Borbón-Condé. Para este fin se fundó, en 1771, el Gran Oriente de rito escocés o Estado Mayor Masónico, con el nombre de Nueva Gran Logia Nacional de Francia Este supremo comando, integrado por 81 miembros, con su doctrina directamente contraria a las ideas e intereses de los franceses y a la verdad católica, se instaló en la casa de noviciado de los jesuitas expulsos. Su primer Gran Maestre fue el duque de Orléans, Luis Felipe, que tomó el nombre de “Felipe Igualdad”. Su nombramiento se efectuó el día de San Juan Evangelista, 27 de diciembre; luego se eligió la comisión que redactaría el nuevo reglamento de la Gran Logia, el cual fue aprobado en 1773. En 1774 se admitieron en las logias a las damas de la aristocracia, creándose para ellas las logias femeninas o de “adopción”. En 1777 se elaboró el rito francés, que consta de siete grados, distribuidos en cuatro series distintas. En este año se inicia la edad de oro de la masonería – según Roger Prioret – la cual se prolongará hasta 1786. En 1778 pertenecían a la misma logia: Voltaire, Helvecio, el norteamericano Benjamín Franklin, Condorcet, Desmoulins, La Fayette, Dantón y Guillotín (inventor de la guillotina); y a la de “Los amigos reunidos”: Mirabeau, Robespierre, Sièyes y Marat. Al ingresar Voltaire a la logia el venerable le dijo: “Mi muy estimado hermano, vos erais ya masón antes de recibir tal título y habéis cumplido los deberes antes de haber contraído las obligaciones de nuestras manos”. Y el historiador de la logia escribió que “nunca nadie como Voltaire profesó con mayor brillantez los principios tan queridos a la institución” [26]. La masonería – verdadera conspiración de los librepensadores ingleses – se desparramó por doquier, organizando la campaña antirreligiosa. Voltaire, de ellos recibe su baño masónico, y vuelve de Inglaterra hecho un discípulo superior a sus maestros. Los enciclopedistas franceses trabajaban intensamente y en estrecha alianza con los librepensadores ingleses. Voltaire, Rousseau y los Enciclopedistas fueron los verdaderos padres ideológicos de la Revolución, hija primogénita de la masonería. “Voltaire es el maravilloso obrero de la destrucción, el patriarca de la incredulidad moderna con su odio más fanático contra el cristianismo. Manejando con arte infernal el arma envenenada del sarcasmo y de la ironía desplegó, en su guerra a muerte contra Cristo, un odio satánico contra su obra, la Iglesia Católica. Fue el misionero del diablo entre los hombres de su tiempo. El es el príncipe de la canalla de todos los siglos, un masón engreído y presuntuoso que, por otra parte, pagó tributo desde temprano a todas las torpezas y a todos los vicios” [27]. Desde 1760 no se refiere a la Iglesia sino como a la “Infame”. “Más envejezco – escribe – y más implacable me vuelvo contra la Infame”. Al masón Diderot, su compinche, le decía: “Os recomiendo a la Infame. Es menester destruirla, es necesario aplastarla (Écrasez l’Infame). ¡Ah!, los bárbaros perros cristianos, ¡ Cuánto los detesto ¡” El siglo XVIII, idólatra de la razón, imbuido de cientificismo, pervertido por la masonería, hostil a la Iglesia, sensual y libertino, halló en Voltaire el mejor espejo de sí mismo; por eso decretó su endiosamiento. Con respecto al misántropo Rousseau, plebeyo resentido y mal educado, romántico nebuloso y utópico, dice Jacques Maritain que es un “irresponsable, enfermo y perdido de neurosis, un asténico, un campo cerrado de contrastes hereditarios agobiantes. En el orden especulativo todo esfuerzo de construcción lógica y coherente es para él un suplicio, y en el orden práctico la voluntad, como facultad racional, le falta por completo. Mucho menos vil y despreciable que Voltaire es en realidad más dañino que él, pues ha ofrecido a los hombres no sólo una negación sino una religión fuera de la indivisible Verdad. Ha conducido el pensamiento moderno a una parodia infernal del cristianismo y a todos las aberraciones y apostasías que de aquí se derivan” [28]. Su Contrato Social fue llamado “Evangelio Revolucionario” y su autor proclamado el “Dios de la Revolución” y el “Preceptor del Género Humano”. Rousseau, con su teoría de que “la voluntad general es siempre justa y siempre tendiente a la utilidad pública”, estableció el estatismo más absolutista y el positivismo jurídico. Por lo que, a pesar de sus declamaciones contra el despotismo y ser llamado el “Apóstol de la Libertad”, nos ha entregado atados de pies y manos al amo más terrible y despiadado, cual es la “mayoría” apasionada e irresponsable. Habla de la libertad de conciencia, pero impone, con drásticas sanciones, una religión de Estado; patrocina el césaro-papismo, legitima las persecuciones de los emperadores romanos y pondera el absolutismo de Mahoma y sus califas. Más adelante dice en su libro: “El Estado podrá desterrar al que no crea en los dogmas deístas que él establezca en su religión; pero a aquél que creyere y luego se comportara como incrédulo debe castigársele con la pena capital” [29] Los montones de cadáveres inmolados y los ríos de sangre vertidos, obedeciendo a la “voluntad general” y al “pueblo soberano”, son el monumento que mejor representa las utopías ingenuas, pero criminales, del anárquico y despótico Rousseau: padre de nuestros demoliberales laicistas, enamorados de la democracia y de la libertad. En 1789 había en Francia 620 logias: 60 en París, 450 en las provincias, 40 en las colonias y 70 en el ejército con un total de 30.000 inscriptos. En ese mismo año el célebre conde Cagliostro – brillante embaucador, visionario y charlatán, nacido en Palermo de Sicilia y cuyo nombre era José Bálsamo – había introducido también su masonería egipcíaca en las logias juveniles de la Academia de Francia. Decía Cagliostro que los sacerdotes egipcios habían recibido sus revelaciones del patriarca Enoc y del profeta Elías y que él hablaba directamente con los ángeles y los profetas. Este farsante con sus recetas y mixturas y con su espiritismo e hipnotismo engañó a media Europa. IR A CONTENIDO . . 10. Se organiza la “Gran” Revolución El Congreso Masónico de Wilhelmsbad (Alemania) convocado en 1782, por el duque de Brunswich, reunió representantes de todas las logias de Europa. Allí se decretó “la fusión de todos los sistemas masónicos”, y se adoptó, como predominante, la doctrina del Iluminismo – secta de fanáticos anticatólicos de tendencias protestantes y racionalistas – cuyo fundador, el jesuita apóstata Adán Weishaupt – profesor de derecho de la Universidad de Ingolstad en Baviera – había escrito en 1779: “Llegará un tiempo en que los hombree no tendrán otra ley que el libro de la Naturaleza. Esta revolución será obra de las sociedades secretas. Todos los esfuerzos de los soberanos, para impedir nuestros proyectos, serán inútiles. Esta chispa puede todavía quedar cubierta largo tiempo bajo las cenizas, pero el día del incendio llegará”. Toda la documentación de los “iluminados” de Baviera y sus conexiones con la revolución francesa fueron publicadas en 1785 y se hallan en el archivo público de Munich. Esta documentación puede consultarse, transcripta en parte, en las obras de Barruel y de Robison donde se hallan estas normas para los iluminados masones: “Buscar a los que se distinguen por su poder, su riqueza y su saber. No rehusar su ayuda, pero guardarse de hacerlos participes de nuestros secretos. Buscar la dirección de la educación, de las cátedras y del gobierno de la Iglesia. Entusiasmarlos por la humanidad y hacerlos indiferentes por la familia y la nación. Esforzarse para fiscalizar las revistas y los diarios y ganar a las editoriales para nuestras ideas” [30]. Propagaban en Francia sus doctrinas iluministas de sectarismo y teosofismo ocultista el portugués Martines de Pascually y Luis Claudio Saint Martín, fundadores del iluminismo francés o martinismo. Desde el Congreso de 1782 el iluminismo se constituyó en el Estado Mayor de la masonería universal. El representante de Francia, conde de Virieu, al volver del congreso, declaró: “La conspiración que se maquina está tan bien urdida, que será imposible, a la monarquía y a la Iglesia, escapar de ella” [31]. El senador José de Maistre, antiguo afiliado al iluminismo, escribía en su oncena conversación de las Veladas de San Petesburgo, desde Rusia en 1816,que los iluministas se habían propuesto “la extinción total del cristianismo y de la monarquía, planeando y organizando la más criminal asociación que imaginar se pueda”. La tendencia irreligiosa y anárquica del iluminismo negaba a Dios y propiciaba la abolición de toda autoridad civil. Sus miembros juraban guardar el secreto de sus planes, y ejercían sus jefes el derecho de vida o muerte sobre sus afiliados [32]. Los congresos masónicos de París, convocados en 1785 y en 1787, acabaron de concentrar en Francia todas las fuerzas revolucionarias. Allí se decretó la Revolución, que luego se debía extender por toda Europa. Fue el primero y el más formidable ensayo de revolución masónica cosmopolita. Mirabeau y otros agitadores se encargaron de depurar las logias de todos los elementos adictos a las instituciones tradicionales y cristianas, introduciendo en ellas gentes de mal vivir y del hampa, truhanes y malandrines [33]. En 1789 se creó el Club de Propaganda, destinado a “derrumbar todos los gobiernos actualmente establecidos”. Tal club pagaba – con los dineros de Felipe Igualdad – “los panfletos incendiarios y los viajes proselitistas de los nuevos apóstoles-misioneros”. Los nombres de los “hermanos o amigos”, integrantes de tales logias masónicas, se encontrarían luego en todas las asambleas, en todos los clubes y en todas las jornadas revolucionarias, desde 1789 hasta 1795. El 70% de los diputados del Tercer Estado en los Estados Generales de 1789 eran masones [34]. El Club de los Jacobinos – organizado por los masones de la Asamblea Constituyente – tenía para los correligionarios, sus reuniones públicas en los comités de toda Francia; pero, las sesiones secretas, eran sólo para los “iniciados”. La masonería francesa influyó así, poderosamente, en las ideas del siglo XVIII, y tomó parte activísima y principal en la revolución de 1789. “Los Jacobinos – afirmó Juan Bon en 1921 en el Gran Oriente de Francia – no eran otra cosa que la cara externa de la logia masónica”. En el discurso de clausura del “convento” masónico realizado en Francia en 1909 se reconoció esta verdad histórica, al afirmarse categóricamente que “de las logias partió el formidable movimiento que hizo la Revolución y puso las bases de una república igualitaria y fraternal”. Las logias, en efecto, por sus doctrinas igualitarias y de librepensamiento y finalmente anarquistas, gestaron la Revolución; y ésta, por el juego de sus leyes, sacrificó inmediatamente a los que la prepararon. Tal historia revolucionaria, pletórica de trágicas sorpresas, resaltó un drama sangriento de infernal maquiavelismo, cuyos autores fueron desapareciendo, por riguroso turno de lista, bajo el filo de la guillotina, Su “gran obra” se cumplió; y Francia “regenerada” masónicamente, fue un inmenso “taller” [35]. En 1790 las logias enviaron a la Asamblea Constituyente, integrada por 300 masones, el siguiente mensaje: “Nuestra moral se conforma con vuestra legislación, y el edificio constitucional que vosotros construís, sigue las reglas de nuestra “arquitectura”. En nuestra vasta república de hermanos una señal puede hacernos escuchar de uno a otro polo, y nuestras conexiones pueden producir los conductores de esta electricidad cívica, que debe establecer el equilibrio de la felicidad en la máquina del mundo” [36]. Más adelante avalaremos, con hechos históricos de inconcebible salvajismo, la moral predicada por los “apóstoles de la libertad”. La Revolución pretendió ser la abolición del absolutismo, la liberación y el reinado del individuo, la destrucción del dogma y del prejuicio y sólo consiguió crear otro absolutismo, sojuzgar a la persona humana y engendrar nuevos dogmas y nuevos prejuicios. Al absolutismo personal de los reyes sucedió el despotismo de la Convención Nacional, a la aristocracia de los privilegiados siguió primero la oligarquía de los ideólogos y luego el predominio de los burgueses, y al culto de la religión tradicional, avalada por los siglos, la persecución religiosa y el ensayo efímero de una religión nacional. Lo que pretendía ser el reino de la libertad se trocó en el imperio de la intolerancia más sangrienta. En 1793, Felipe Igualdad (primo del rey, de quien votó la muerte y a quien luego siguió al cadalso) dijo al renunciar a la masonería: “Me inscribí en ella porque me pareció que ofrecía señales de “igualdad”; como acepté ser miembro del Parlamento porque prometía darnos la “libertad”. Después cambié el disfraz por la realidad. Como no conozco la forma de organización y composición del Gran Oriente (a pesar de ser el Gran Maestre) y como, por otra parte, juzgo que no debe hacerse ningún misterio en las instituciones y no debe existir ninguna asamblea secreta en una república; no veo la necesidad de mezclarme en los asuntos del Gran Oriente ni en las asambleas de los masones” [37]. Su carta renuncia apareció en el “Journal Officiel” de París del 23 de febrero, y al leerse el 13 de mayo en la Asamblea de los masones, se le destituye de su cargo. El presidente de la Asamblea tomó la espada de la Logia, la rompió contra su rodilla, y arrojó los fragmentos en medio de la sala. La “tenida” epilogó con una “batería” fúnebre. La reina de Francia, María Antonieta, antes de ser ajusticiada en 1793, escribía a su hermano el emperador Leopoldo II de Austria: “Adiós, querido hermano:… cuidaos de toda confraternidad masónica; por este camino todas las fieras de aquí hacen tentativas en todos los países para llegar a un mismo y único fin…” [38]. IR A CONTENIDO . . 11. Gobiernos masónicos en Francia La masonería, sin ningún escrúpulo, hizo muy buenas migas con todos los regímenes que se sucedieron en Francia; adhiriendo no tanto a las cambiantes formas de gobierno, cuanto a los principios rectores de su acción. La “Anti-Iglesia” o “Contra-Iglesia” o “Iglesia de la herejía” – como se llama a sí misma la masonería – aduló a los soberanos, a condición de que éstos favorecieran su obra de destrucción, y para obtener su objetivo adoptará, todas las formas del colaboracionismo con los poderes públicos. “Apréndase a incensar y adorar a tiempo al coloso que nos aplasta – reza la consigna masónica – para lograr luego derribarle más a mansalva”. Por eso, Napoleón Bonaparte, hijo de la Revolución, gozó de sus simpatías. El Gran Oriente le rindió público homenaje, en 1801, proclamándolo “el ídolo del día” en el “convento” de los quinientos representantes de las logias de Francia; y él correspondió, favoreciendo sus avances, y permitiendo la reestructuración de la mayoría de las logias en sus regimientos victoriosos. Estos fundaban logias militares en Alemania, Italia, España y por toda Europa, dejando en cada guarnición un foco de propaganda de las doctrinas masónicas de la Revolución. En 1804, siendo emperador, autorizó a su hermano José (rey de Nápoles en 1806 y de España en 1808-1813) para ser el Gran Maestre de la Orden por el período 1804-1814. Lo secundaron, en tal gobierno masónico, Joaquín Murat (cuñado de Napoleón y rey de Nápoles en 1808-1814) y Juan Cambacerés, duque de Parma y canciller del imperio, que también fue Soberano Gran Comendador del Consejo Supremo de la Gran Logia del Rito Escocés. El día 27 de diciembre de 1805, fiesta de San Juan Evangelista, patrono de la Orden, el Gran Oriente ofreció al emperador una gran fiesta para celebrar sus triunfos, a la cual concurrió él con sus ministros, senadores y tribunos del pueblo. “Esta fue la época más brillante de la masonería – escribe Bazot, secretario del Gran Oriente. Existían – dice – cerca de doscientas logias en el imperio francés: en París, en las provincias, en las colonias, en los distintos países y en el ejército. Los altos funcionarios del Estado, los mariscales, los generales, una multitud de oficiales de toda graduación, jueces, sabios, artistas, industriales y comerciantes: todos fraternizaban masónicamente en Francia. Era como una iniciación general. La masonería se dejó avasallar por el despotismo – añade – con tal de llegar a ser soberana” [39]. El Gran Oriente de Francia de 100 logias en 1802 llegó a contar 300 en 1804, 800 en 1810 y 1.000 en 1814. En los informes masónicos de la época nos hallamos con las oraciones dirigidas a los bustos de Napoleón mandados esculpir para presidir las logias junto al Gran Arquitecto del Universo. Una de ellas dice: “¿Salve, salve, imagen fiel del que adoramos!”. Al caer Napoleón, la masonería giró en redondo, “jurando morir por la defensa del mantenimiento de la familia de los Borbones”; y virando estratégicamente, exoneró de sus cargos supremos a José Bonaparte, Murat y Cambacerés. La masonería tendrá dos nuevos cambios de frente al volver Napoleón de la isla de Elba y al ser derrotado luego en Waterloo. Cuando en la prisión de Santa Elena se preguntó a Napoleón si alguna vez había apoyado a los masones, respondió: “Sí, porque estaban contra el Papa. Ellos, durante la revolución y en estos últimos tiempos, han contribuido eficazmente a disminuir la influencia del clero y cercenar el poderío del pontífice de Roma” [40]. IR A CONTENIDO . . 12. Nuevas revoluciones masónicas y socialistas El rey Luis XVIII (1814-1824) – que había sido masón – favoreció la secta, quizá para contar con su apoyo, y se rodeó de ministros masones; y la nueva constitución de Francia – dice el masón Bazot – “permitió a la masonería retomar su natural impulso”, actuando con entera libertad; sobre todo a partir de 1821. Carlos X (1824-1830) creyó ser medida de buen gobierno continuar en tal línea de conducta, y las logias prepararon, a la luz del día, la revolución de 1830, que le pagó sus buenos oficios derrocándolo. El Gran Oriente y el Supremo Consejo de los masones ofreció luego una gran fiesta al general victorioso, el ilustre masón La Fayette, contando con la presencia de los masones miembros del gobierno. La Fayette era el Gran Maestre del Consejo Filosófico de los caballeros Kadosh de la logia “Parfait silence”. Los ministros del “rey ciudadano”, Luis Felipe (1830-1848) – hijo de Felipe Igualdad -, imbuidos de prejuicios antirreligiosos, extraídos de las logias, establecieron, entre otras cosas, el monopolio de la enseñanza, en contra de lo expresado en la proclama de la revolución; y se implantó, para las nuevas generaciones, la educación basada en los principios racionalistas y naturalistas, que son la esencia misma de la masonería. Mientras tanto, los elementos “avanzados” de la secta – que se reunían secretamente desde años atrás en sus “ventas de carbonarios” – iban preparando el camino al socialismo. La monarquía tenía ya firmada su sentencia de muerte. La masonería, que se desarrollaba en los medios incrédulos, de ahora en adelante se adhiere, en forma especial, a la tendencia anticatólica, tendencia en que permanecerá y prosperará en lo sucesivo. En 1845 el ministro de Guerra prohibió a los militares afiliarse a las logias, pero en vano. La revolución quedó decretada en el Congreso General Masónico reunido en Estrasburgo en 1847. El movimiento debía abarcar toda la Europa central. En el espacio de quince días – del 18 al 30 de marzo de 1848 – espantosas conmociones sociales se produjeron desde los Pirineos hasta el Vistula: en Berlín, Milán, Parma, Venecia, Nápoles, Florencia y Roma. El poeta Alfonso Lamartine y los socialistas masones Ledru-Rollin, Luis Blanc, Pedro Proudhon y otros, fueron los delegados que envió Francia al mencionado congreso. Estos mismos personajes aparecerán luego como miembros del gobierno de la Segunda República, ocupando Lamartine la presidencia provisional. La revolución derrocó al rey y estableció la república, el 24 de febrero de 1848. El Supremo Consejo Masónico felicitó al nuevo gobierno, y Lamartine contestó el 10 de marzo: “Estoy convencido que las “sublimes” explosiones de 1789 y 1848 han emanado del fondo de las logias” [41]. Y el masón Garnier Pagés, ministro de la República, declaró abiertamente: “La revolución francesa de 1848 constituye el triunfo de los principios de la liga masónica”. El Gran Maestre Bertrand, presidente de la delegación del Gran Oriente. ante el gobierno, dijo en su discurso: “Los masones saludan el triunfo de sus principios y se felicitan de poder afirmar que la patria entera ha recibido, por medio de vosotros, su consagración masónica. Cuarenta mil masones, repartidos en más de quinientos talleres, os prometen su cooperación, para consumar la obra de “regeneración” tan gloriosamente iniciada” [42] El judío Isaac Crémieux – rodeado de funcionarios, vestidos todos con las insignias masónicas – respondió en nombre del gobierno, siendo ministro de Justicia – él, que había ocupado el sitial del Gran Maestre del Gran Oriente: “La República está dentro de la masonería. Sobre toda la superficie de la tierra la masonería ha tendido una mano fraternal a todos los masones. Esta señal es conocida por todos los pueblos. La República hará lo que hace la Masonería” [43]. En 1849 el Gran Oriente hizo la revisión de su Constitución, considerando que “los nuevos principios que hoy rigen en Francia exigen una renovación de la masonería”. Su sanción, sometida al veredicto de los representantes de todas las logias, inauguró el llamado “convento anual”, que es una especie de senado masónico de permanente fiscalización de sus actuaciones. La Orden, así centralizada, adquirió toda su potencialidad. Luis Napoleón Bonaparte, futuro emperador y antiguo carbonario, fue el candidato oficial de las logias para la presidencia de la República. El sobrino del “árbitro de Europa”, dueño del poder nacional, estableció la dictadura en 1851 y encarceló a todos sus opositores por consejo de la masonería, que juzgó prematura la república para Francia. Por otra parte, el 15 de octubre, la secta solicita para Luis Napoleón, la corona imperial y en 1852 es proclamado emperador. A Luciano Murat, su sobrino – hijo del ex rey de Nápoles -, el Gran Oriente lo eligió Gran Maestre para el período 1852-1861; pero, cuando en 1861 en el senado francés se opuso a la expropiaciónde los estados pontificios, fue exonerado de su cargo, pues ese “crimen” los masones no se lo podían perdonar. Su sucesor – impuesto por Napoleón III – fue el mariscal Bernardo Magnan, el cual afirmó no conocer el abecé de la masonería; pero al que, contra su voluntad y por orden del Emperador, se le confirieron los 33 grados en una mañana, y a la noche fue el Gran Maestre hasta su muerte en 1865. EI general Mellinet, Gran Maestre desde 1865 hasta 1870, secundó la política exterior de Napoleón III en la unificación de Italia y Alemania y en la destrucción del poder temporal de los papas; “dirigiendo, con sus tropas masónicas, el asalto a la civilización cristiana.”. En el interior, el mismo Emperador se encargó de precipitar el desastre de su patria, facilitando en ella la obra desquiciadora y disolvente de la masonería. La activa propaganda masónica durante su imperio “liberal” preparó la Tercera República junto con sus futuros líderes de su política anticlerical que por este tiempo se van inscribiendo en las logias. La principal máquina de guerra montada contra el catolicismo fue la Liga de la Enseñanza fundada en 1866 por el masón Juan Macé: institución masónica que contó con el apoyo oficial del Ministerio de Instrucción Pública y que en lo sucesivo ha de desempeñar un papel decisivo en los debates escolares. IR A CONTENIDO . . 13. La República en Francia es la Masonería en descubierto Así quedó virtualmente fundada la república “radical”, de cuyo funcionamiento dijo muy bien el masón Gadand en el convento anual de 1894: “La masonería es la República encubierta, así como la República es la masonería en descubierto. La República tiene su corazón palpitante en la masonería, y en la logia: su escuela normal”. Estas palabras sintetizan el papel preponderante de las logias en Francia desde el último cuarto del siglo pasado, pues la mayor parte de los actos importantes del gobierno fueron determinados por las influencias masónicas. El 4 de setiembre de 1870 el Gran Oriente se apresuró a aclamar a la República, entrando a formar parte, ampliamente, del Gobierno Provisional. En 1895 nueve de los once ministros eran masones. En este asombroso equipo ministerial, el ilustre masón Emilio Combes, era ministro de Culto. Se trata, pues, del Estado masónico en todo su esplendor, coronado con un presidente de la república y un presidente de la cámara que pertenecen a la misma “profesión”. Desde 1870, la masonería ha intervenido notablemente en la política nacional hasta nuestros días; y se ha declarado francamente anticatólica. El masón Ernesto Renán realiza una insidiosa campaña de descrédito del catolicismo; el masón León Gambetta, desde el Parlamento, en 1877, desafía abiertamente a los católicos con su célebre frase: “El clericalismo, he ahí el enemigo”; y los masones Ferry, Bit, Combes y Briand inician nuevamente la serie de leyes antieclesiásticas. Emilio Littré – digno continuador de Voltaire – y Julio Ferry – padre del laicismo escolar – se afiliaron a la logia “Clémente Amitié” del Gran Oriente de Francia, el 8 de julio de 1875, en presencia de Gambetta y Luis Blanc. En tal ocasión dijo Gambetta: “Debemos librar el combate de la ciencia contra el oscurantismo, de la libertad contra la opresión, de la tolerancia contra el fanatismo”. Y respondió Carlos Cousin, venerable maestro de la logia, con esta palabras: “Un azote más horrible que la guerra, más devastador que la inundación amenaza hoy el corazón mismo y el cerebro de Francia. Es la inundación clerical. Si no la detenemos en su marcha, sus estragos serán irreparables” [44]. El ministro Pablo Bert atacó con una rudeza inconcebible a la Iglesia y a la moral cristiana y nadie como el ministro Julio Ferry contribuyó a fines del siglo pasado, a colocar a la masonería a la vanguardia del ejército anticlerical. Las leyes de 1833 y 1850 concedían a la religión un importante lugar. Se rezaba en las escuelas, se enseñaba el catecismo y los niños asistían a la misa vigilados por los maestros; pero, una vez puesto en marcha, en 1879, el dispositivo de lucha, se desencadenaron la Liga de la Enseñanza, la Masonería y la Prensa. A partir de 1880 el clero se vio excluido del Consejo Superior de Instrucción Pública y de los Consejos Académicos. El decreto del 19 de marzo de ese año daba a la Compañía de Jesús un plazo de tres meses para disolverse, como así también las congregaciones religiosas para solicitar su autorización. Se proscribe el clero castrense el 8 de julio de 1881, se secularizan los cementerios el 15 de noviembre de 1881 y también los hospitales; se quitan los crucifijos de los tribunales, se establece el divorcio el 27 de julio de 1884 por obra del masón Naquet, el servicio militar para los seminaristas, etc,… En diciembre de 1880 se crean los liceos para niñas con el propósito – confesado por el masón Camilo Sée – de arrebatar a la Iglesia la educación femenina; luego se sanciona la enseñanza gratuita el 16 de junio de 1881 y obligatoria y laica el 28 de marzo de 1882 y, finalmente, el 30 de octubre de 1886 la laicidad del personal docente para las escuelas públicas. En 1880 se clausuran 400 casas religiosas y, en 1881, se prohíbe enseñar a los religiosos y a los clérigos. Desde 1901 la persecución de la República masonizante reviste aspectos de enconada violencia y se expulsan miles de religiosos y sacerdotes, en conformidad con la llamada Ley de Asociaciones del mes de julio de ese año. Esta famosa ley, en manos del ministro Combes – ex seminarista – fue un brutal instrumento de proscripción general. Por ley del 7 de julio de 1904 se cierran 14.000 colegios católicos, y el 9 de diciembre de 1905 se separa el Estado de la Iglesia y el gobierno se incauta de todos sus bienes; produciéndose, posteriormente, una serie de medidas arbitrarias contra el clero y los fieles católicos. La Tercera República llegó a clausurar 20.000 escuelas católicas y expulsó del país a 60.000 religiosos y sacerdotes [45]. En 1904 la logia Estrella de Oriente de la Masonería Argentina, enviaba al “hermano” Combes – jefe del Gobierno de Francia – su calurosa felicitación “por la enérgica actitud asumida contra la orgullosa y absorbente intransigencia del Vaticano. Bueno seria continúa la Revista Masónica de Buenos Aires en su número de junio-julio de ese año – que las demás logias imitaran este ejemplo, expresando así la vinculación y solidaridad en los fines comunes que perseguimos con los liberales de Francia y de todo el mundo”. En la asamblea del Gran Oriente, reunida en 1902, su presidente, el masón Blatin, brindó a la salud del gobierno de Combes asegurando “que es y siempre ha sido un masón perfecto y fiel; masón animoso, decidido a aplicar las ideas de nuestra Orden y a hacer prevalecer todas nuestras aspiraciones. Es menester ante todo, hermanos míos, que el Gobierno recuerde que de entre todos los que lo sostienen la masonería es, en verdad, su más firme y sólido apoyo; pero también es necesario que recuerde que, para avanzar con provecho por el camino que se ha trazado, debe ir hasta el fin. Mientras no hayamos acabado de una manera completa con las congregaciones religiosas, mientras no hayamos roto con Roma y establecido, de una manera definitiva, la enseñanza laica en toda la superficie del país, no habremos hecho aún nada”. El ilustre académico y librepensador francés Julio Lemaitre les salió al paso a los anticlericales masones de su patria, escribiendo lo siguiente: “En Francia la coalición de tres minorías (judíos, protestantes y masones) conserva el poder directa o indirectamente desde hace más de veinte años… Hay una “iglesia” a la cual el Estado está presentemente esclavizado, y no es precisamente la Iglesia Católica; una iglesia oculta, que tiene su credo y su anticredo y su liturgia; una iglesia maravillosamente organizada para la dominación y el botín. Esta iglesia es la masonería… El peligro viene hoy de la masonería; de esta iglesia oculta y perseguidora, de actuación oficial, al mismo tiempo que de existencia ilegal, lo que es verdaderamente monstruoso. ¡La masonería: he ahí el enemigo !” [46]. Escribió Gautherot: “Bien se sabe que la soberanía nacional, representada en el Parlamento, no es más que una ilusión. No es la voluntad del pueblo la que mueve a sus representantes para votar tal o cual ley, como no fue la voluntad de Francia lo que dirigió a los Constituyentes y Convencionales de la Revolución, sino el “poder oculto”. Todo esto se prueba con documentos irrefutables – termina el autor – porque no hay apenas secretos para los que quieren estudiar la acción masónica en el gobierno y en las cámaras de Francia” [47]. Monseñor Gouthessoulard, enjuiciando al gobierno francés de fin de siglo, podrá decir con verdad: “Ya no estamos más en república sino en masonería”; pues la mayoría de los parlamentarios de Francia eran masones, y – puestos al servicio de las logias – emprendieron la obra de la destrucción social, de la cual el primer punto del programa era “guerra al catolicismo”, hipócritamente llamado clericalismo; ya que el mismo Julio Simón haba dicho en el senado, el 8 de diciembre de 1879: “Cuando decís clericalismo entendéis catolicismo, y también catolicismo entendemos nosotros” [48]. IR A CONTENIDO . . 14. La Comuna de París Durante los espantosos desmanes y sacrílegos atentados que se perpetraron en el criminal movimiento de la Comuna de París de 1871, la masonería tuvo una actitud destacada al ponerse de parte de los comunistas. Luego – según datos del Journal Officiel – 10.000 masones, revestidos con sus insignias, fueron a cumplimentar a las autoridades gubernamentales de la insurrección. Su orador, el masón Tirifocque, dijo: “La Comuna es la más grande revolución que el mundo ha contemplado. Ella es el nuevo templo de Salomón que los masones tienen el deber de defender”. El masón Le Français, miembro del gobierno, contestó: “El fin de la masonería es el mismo de la Comuna, a saber: la regeneración social”. En su nombre, durante las sangrientas jornadas de mayo de ese año, se quemaron iglesias y conventos, y se asesinaron millares de sacerdotes y ciudadanos y al arzobispo de París, monseñor Darboy. Se incendiaron y destrozaron los monumentos, el palacio de las Tullerías, los bancos, los comercios y numerosos edificios históricos; se fusiló a militares, se despojó de sus haberes a los particulares y se allanaron los claustros, que fueron testigos de abominables excesos y horribles carnicerías. Y cuando el ejército nacional sitió la ciudad intimándole rendición, los “hijos de la viuda”, defensores de la “patria universal”, lanzaron su proclama: “¡Masones de todos los ritos y de todos los grados!, la Comuna, defensora de vuestros sagrados principios, os llama en torno de ella. La instrucción que hemos recibido en nuestros talleres nos dictará a cada uno de nosotros el deber sagrado a cumplir”. En el fondo, pues, de tales hechos históricos y de tales pruebas documentales, la doctrina masónica se manifiesta en un todo conforme con el socialismo, con el comunismo marxista y con el extremismo anarquista: último intento de su tan decantada “regeneración social”. Desde 1881 hasta la fecha, la masonería es la verdadera dueña de la República Francesa. Tal ascendiente se robusteció en el ministerio de Herriot, en 1924, durante el cual todas las sugerencias de la masonería tuvieron sanción legal en las cámaras legislativas. Esas leyes se proponían la destrucción sistemática del catolicismo y el establecimiento del socialismo universal [49]. Los historiadores no trepidan en sostener que “las resoluciones de la asamblea masónica precedían en un año a las del Congreso y éstas eran inmediatas al Consejo de ministros determinando sus decisiones”. En cuanto al Ejército, está probado que el general André, ministro de Guerra de Waldeck Rousseau y luego con el gabinete Combes, reglamentaba la lista de ascensos de los oficiales según las calificaciones que le proporcionaba la masonería sobre las ideas políticas y religiosas de cada uno de ellos. Los agentes más importantes de esta operación fueron el capitán Mollin, colaborador directo del ministro, y el masón Vadécard, secretario general del Gran Oriente. La masonería suministraba al gobierno y al parlamento, proyectos y planes, los incitaba, por medio de sus imperativos y llamadas al orden y les proporcionaba mayorías dóciles, haciendo triunfar a sus adeptos en las reelecciones periódicas, a pesar de la caída de los ministerios. En la Cámara de 1885 había 200 diputados masones y en la de 1928, doscientos cincuenta, además de 160 senadores. Tanto, que uno de sus integrantes pudo afirmar: “Hemos organizado en el mismo seno del Parlamento, un verdadero sindicato de la masonería”. Los gobiernos posteriores, masónicos y socialistas, de León Blum y Camilo Chautemps, como los de Faure, Cot, Auriel, Daladier, etc., estaban, también ellos, integrados por personajes reclutados en las logias. Chautemps, en dramáticas circunstancias para la masonería de Francia, confesó paladinamente: “Toda mi formación intelectual la debo a las logias”. En 1936, al constituirse en Francia el Frente Popular, se vio desfilar por las calles de París, al lado de las turbas comunistas, a los masones con su Gran Maestre a la cabeza, revestidos de sus mandiles y ornados con sus bandas, collares e insignias. En 1941 el mariscal Pétain, antimasón por antonomasia, suprimió la masonería que, encastillada en el gobierno, había sido con “el judaísmo” la principal culpable de la tragedia francesa. La documentación incautada a las logias, después de la derrota de 1940, se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia; pero este conjunto de repositorios y textos ofrece muchas lagunas: faltan documentos de suma importancia, otros fueron destruidos intencionalmente durante la revolución francesa, después de ella y sobre todo en 1940. Finalmente, otras órdenes de la masonería jamás han sido escritas [50]. El 7 de septiembre de 1945, León Mauvais, secretario del Partido Comunista, comunicaba al Gran Oriente que los masones podían ingresar en el partido; y el presidente del Consejo de la Orden, señor Francisco Viau, anunció a los masones en 1947, que “no había inconveniente alguno para la adhesión de los francmasones al partido comunista, con el compromiso de observar y guardar las disposiciones reglamentarias de dicho partido. Tanto más que un masón puede aceptar enteramente las ideas filosóficas del marxismo”. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Pétain es condenado por traidor a la patria; ni muerto lo han querido recibir. Odio eterno a quien oficialmente los puso en descubierto; y los masones vuelven a gobernar en Francia. Así se cumple lo que se dijo en el Gran Oriente de París en 1919: “Por encima de todos los gobiernos que pasan, la masonería – que es el armazón de la República – permanece” [51]. IR A CONTENIDO . . 15. Desarrollo de la masonería en España En España se abrió la logia filial de Inglaterra en 1728. La figura más saliente de la masonería española fue el conde de Aranda, ministro del rey Carlos III y agente principal de la expulsión de los jesuitas en combinación con el marqués de Pombal, primer ministro y Gran Maestre de la masonería en Portugal. El masón D’Alembert había dicho: “Los jesuitas son la tropa de línea bien disciplinada que, bajo el estandarte de la “superstición”, forman la falange macedónica, cuyo exterminio importa sobremanera”. Voltaire, comentando la expulsión, escribía: “Bendigamos al conde de Aranda porque ha limado los dientes y cortado las uñas del monstruo”. En Francia los había expulsado, en 1782, en número de 4.000, el primer ministro de Luis XV, el duque de Choiseul, venerable de la logia “Enfants de la gloire”. Pombal los había desterrado de Portugal en 1759, en número de 1.100; descuartizando, además, a cinco y dejando morir en la cárcel un centenar. Los reinos borbónicos de Nápoles, Sicilia y Parma harán otro tanto en 1768, siguiendo el ejemplo de Aranda, que había expulsado, en 1767, a 7.000 de España y América, por las burdas calumnias y ridículas fábulas que configuraron el complot urdido por el duque de Alba [52]. Sus mismos autores, antes de morir, confesaron su perfidia; y la historia se ha encargado de demostrar hasta la evidencia la falsedad de sus acusaciones. El cerebro de esta conjura satánica era Pombal, principal “punto” del triángulo masónico: Pombal-Aranda-Choiseul. Los masones aseguran que con tal expulsión y supresión de los jesuitas ganaron la principal batalla del siglo, pues ellos eran los que más se oponían a su penetración. Los llamaban jenízaros del Papa y granaderos del fanatismo y la intolerancia. El ministro de Gracia y Justicia, Manuel de Roda, escribía a Choiseul, el 17 de diciembre de 1767: “Hemos matado al hijo; ya no nos queda más que hacer otro tanto con la madre, Nuestra Santa Iglesia Romana”. Aranda cambió el rito inglés por el escocés filosófico-primitivo y fundó, en 1760, con el ministro Campomanes, la primera Gran Logia Española de la que fue Gran Maestre. El 24 de junio de 1780 fundó el Gran Oriente Español, que dependió de Francia. El apóstata y traidor Juan Antonio Llorente, secretario del Tribunal del Santo Oficio, se trasladó a Francia y allí escribió a pedido de la masonería, que pagó sus trabajos, la “Historia de la Inquisición”, a fin de denigrar a España y a la Iglesia. Usó, según dice él, los archivos de la institución, los cuales cuidó muy bien de hacer desaparecer para que nadie comprobara sus aseveraciones. Ese libro ha sido el tintero adonde todos los sectarios han ido a mojar su pluma para calumniar a España y a la Iglesia. En 1809 existían en España tres grupos masónicos: el Gran Oriente Español Independiente y los dos Supremos Consejos, dependiente uno de Francia y otro de Inglaterra. El rey José Bonaparte era el Gran Maestre del Gran Oriente Español. Durante su reinado suprimió en España los institutos religiosos y declaró bienes nacionales sus propiedades, cuyas ventas decretó. La traición del masón Godoy, ministro del reino y agente de la masonería francesa, entregó España a Napoleón. El masón Miguel de Albania, elegido por Napoleón presidente de las Cortes de Bayona, y que fue Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de la masonería española, sancionó la entrega y redactó el proyecto de constitución, conforme a las líneas generales que le suministró el emperador [53]. Más tarde, en 1812, bajo la égida de la masonería inglesa, se dictará la constitución liberal de Cádiz, origen de un sinnúmero de motines y de revoluciones. Además se organizaron logias militares denominadas “trincheras”, cuyas actas se llamaron “salvas”. A ellas se afiliaron oficiales encumbrados del ejército español. Tales logias quebrantaron la disciplina y originaron multitud de pronunciamientos, como el de 1820 del general Rafael Riego, Gran Maestre del Oriente. IR A CONTENIDO . . 16. Logias masónicas y logias patrióticas En muchas de estas logias – que eran exclusivamente de carácter político – hubo también sacerdotes que lucharon por la independencia de España en la invasión napoleónica; y patriotas criollos civiles, militares y clérigos – que bregaban por la independencia de la dominación española en la América del Sur. Terminadas las guerras de la independencia se disolvieron estas logias, quedando tan sólo las nacionales masónicas [54]. Las filiales españolas de los carbonarios recibieron también el nombre de “ventas”, o sea, mesones o posadas de leñadores y carboneros. En 1824 – después de la siniestra experiencia del gobierno masónico de 1820-1823 del Gran Maestre Agustín Argüelles y de Evaristo San Miguel, presidente de la “República Coronada”, en que se cometieron toda clase de asesinatos, saqueos, atropellos e incendios y se votaron leyes inicuas contra las órdenes religiosas – el rey Fernando VII decretó la disolución de todas las logias y exigió la declaración jurada a todos sus súbditos de que no pertenecían a la masonería; pues, el ser masón, era delito de lesa majestad. Los masones españoles emigraron entonces a Londres y París, como actualmente lo han hecho bajo el régimen de Franco. Al morir Fernando VII, en 1833, se organizaron nuevamente las logias; provocando, en 1834 y 1835, las históricas matanzas de sacerdotes y frailes, e incendios de iglesias y conventos, donde se profanaron las tumbas y se aventaron las cenizas del Cid Campeador, de los condes de Barcelona y de los reyes de Aragón. De 1840 a 1854 las logias españolas sufren la triple influencia masónica de Inglaterra, Francia y Portugal. A sus sicarios se debió el atentado de la reina Isabel II, que había clausurado las logias, y el conjunto de leyes antirreligiosas del primer ministro judío y masón Juan Mendizábal – testaferro de los Rotschild – y empresario de la masonería inglesa, que en 1836 suprimió los colegios religiosos y las congregaciones, incautándose de sus bienes. La venta de más de 900 instituciones religiosas y de caridad le proporcionó magnífica ocasión para incrementar fabulosamente su fortuna personal y las de sus amigos, los judíos, produciendo un terrible aumento en la deuda nacional Su querida llegó a ostentar sacrílegamente un espléndido collar, ornamento de la imagen de la Virgen María, venerada en Madrid. Después de la revolución de 1868, los masones se organizaron nuevamente y tomaron incremento extraordinario, tras un paréntesis de veinte años de relativa inactividad. En 1870 tramaron y ejecutaron, bajo la inspiración de Sagasta, el asesinato del ministro Juan Prim, que quiso restaurar la monarquía. Sagasta le sucedió luego en el gobierno y será también el Gran Maestre de la masonería. El ilustre general “levantó el trono para Amadeo de Saboya y se abrió para sí el sepulcro”, el mismo día que entró el nuevo rey de España. Masón en buena fe, creyó que el masonismo y el patriotismo eran compatibles y tal error le costó la vida. Por traidor a los traidores de España, debió morir. El general masón, Francisco Serrano, jefe provisional del Estado Español, presentó en 1869, su programa de gobierno, el cual es la fiel copia de las catorce proposiciones contenidas en el manifiesto masónico que le entregara el Supremo Consejo de la Orden, a saber: “Libertad de cultos, supresión de las órdenes religiosas y de las asociaciones de caridad a ellas anexas, secularización de los cementerios, incautación de los bienes eclesiásticos, servicio militar obligatorio para los clérigos, reducción del número de los templos, confiscación de los restantes, abolición del celibato eclesiástico, matrimonio únicamente civil y… otros “avances liberales” por el estilo. El monarca Amadeo de Saboya, rodeado de masones en su gabinete, presidió una “república masónica con rey”, hasta que debió renunciar en 1873. Los masones gozaron de gran prosperidad durante las presidencias de Emilio Castelar, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón al inaugurarse la primera república española; reanudándose la persecución religiosa con incendios de templos y asesinatos de sacerdotes en 1874 y 1875. Bajo el régimen del ilustre masón, Gran Maestre del Gran Oriente Español desde 1875, Práxedes Mateo Sagasta, eminente jefe del partido liberal, continúa la política de persecución a la Iglesia y del laicismo más persistente, hasta principios del siglo. Él fue el inspirador de tal política durante la regencia de María Cristina, madre de Alfonso XIII. El soberano Gran Comendador en Chárleston, Alberto Pike, en su informe de 1882, manifiesta su complacencia porque la masonería en España “emitía sus doctrinas por boca de Emilio Castelar en las Cortes y las llevaba a la práctica por el gobierno y la administración de Sagasta” [55]. IR A CONTENIDO . . 17. España bajo la tutela del Gran Oriente de Francia Desde 1873, con la Primera República, el “trabajo” masónico se lleva a cabo en España bajo la tutela del Gran Oriente de Francia, siendo su más conspicuo Gran Maestre Miguel Morayta, Soberano Gran Comendador de 1889 a 1906. En 1891 el Gran Oriente de París felicitará a Morayta por su idea de suplantar la educación religiosa por la educación cívica y moral. Nosotros diríamos hoy, por la “educación democrática”. “Solamente esta educación – dice el documento – procedente de una educación racional y no prestando más sus reglas a la superstición de las fuerzas sobrenaturales, podrá poner término a la dominación esterilizante de esos fanáticos (jesuitas). Estos deben ser nuestros esfuerzos en el sentido de la creación de escuelas laicas, que decidirá la victoria verdadera y definitiva Además tratad de obtener la laicización por etapas con la creación de un personal de educadores, que preparará la derrota de los que querían eternizar la ignorancia y la superstición entre los hombres” [56]. La “Semana Trágica” de Barcelona, de Julio de 1909, tuvo, como aglutinante de la gran traición, a la masonería, la cual convirtió en mártir del librepensamiento a su principal responsable, el masón y ácrata Francisco Ferrer Guardia, agente del Gran Oriente de Francia que incendió un centenar de edificios, de los cuales 40 eran iglesias, conventos y casas de beneficencia; asesinó a más de 100 personas, hirió a más de 300 inocentes y – entre otras atrocidades inauditas – desenterró a más de 40 cadáveres de monjas, desparramando sus huesos por las calles [57]. Al recordarse el 22º aniversario de su muerte, el 18 de octubre de 1931, el gobierno de los marxistas masones de Barcelona acordó erigirle un monumento en el lugar de su ejecución”57′. Con el fusilamiento del cabecilla se ganó en España la batalla contra la masonería; mientras se perdía en Portugal con la instauración de la República masonizada de 1910. En 1922 se crean las Grandes Logias Regionales que dependen del Gran Consejo Federal Simbólico, presidido por Diego Martínez Barrio, y del Supremo Consejo del Grado 33, que capitanea Augusto Barcia Trelles, fallecido en Buenos Aires. A la caída de la monarquía con Alfonso XIII, en 1931, los masones Manuel Azaña, Niceto Alcalá Zamora, Juan Negrín, Diego Martínez Barrio (ex Gran Maestre, de la masonería española y luego ministro de Comunicaciones y presidente de las Cortes en 1936 y hoy presidente de la república española en el exilio), Marcelino Domingo, Casares Quiroga, Álvaro de Albornoz, Alejandro Lerroux, Fernando de los Ríos (socialista y judío), Largo Caballero (el Lenín español), Indalecio Prieto, etc., integran el Comité Revolucionario; por eso el Gran Oriente Español pudo anunciar en su Boletín Oficial: “La República es nuestro patrimonio”. En el convento anual de Francia el delegado español afirmó: “El Vaticano ha perdido la última trinchera que tenía en el mundo”; mientras Azaña, como presidente del Consejo, exclamaba: “España ha dejado de ser católica”. Jorge Máximo Rhode, diplomático argentino, en su libro Diario de en testigo de la guerra, afirma que, en enero de 194l, el ex rey Alfonso XIII – fallecido el 28 de febrero de ese año – le dijo: “Si yo hubiera sido masón, continuaría en el trono de España”; y que, cuando el Gran Maestre de la masonería, doctor Simarro, le sugirió que “debía entrar en la masonería para su ventura personal y la estabilidad de la dinastía”, él contestó: “Yo soy ante todo y sobre todo católico” [57]. En las Cortes Constitucionales de 1931 había 150 masones, sin contar los ministros, viceministros y gobernadores civiles de diversas provincias, como Emilio Palomo de Madrid, etc. [58] En ellas se decretó la expulsión de los jesuitas, la confiscación de sus bienes, la ley de divorcio, la enseñanza laica y la supresión del presupuesto de culto; se prohibieron las procesiones, se molestó de mil maneras al clero y a los religiosos y se llevó a cabo la primera quema de iglesias y conventos. En junio de 1932 la logia “Renacimiento” de México felicitaba a la Revolución Española por la obra de Azaña con estas palabras: “Esta logia os envía la felicitación más sincera por el paso trascendental que acaba de dar el gobierno de la República al lanzar y poner en vigor la ley sobre las congregaciones religiosas: ley que llena las aspiraciones de la Augusta Institución Masónica, pues viene a echar por tierra las maquinaciones del clero católico romano. Debemos sentirnos orgullosos todos los masones del mundo”. También la Gran Logia Nacional Argentina, después de haber manifestado “las cordiales relaciones existentes con los Grandes Orientes de España y de Francia” y haber extendido a su Gran Maestre saliente, Luis Salessi, en la asamblea general de 1928, “poderes para entablar negociaciones con Diego Martínez Barrio, Grado 33″; manifestó en 1931 su “fraternal alegría” por los sucesos peninsulares. En efecto, el 24 de junio de ese año, su Gran Maestre Eugenio Troise, leyó en su mensaje a las logias estas determinaciones tomadas por la masonería argentina: “La Gran Logia Nacional Argentina, reunida en asamblea resuelve: lº Enviar un voto de aplauso a la masonería española por la proclamación de la República, y 2º Incitarla para que por todos los medios mantenga bien alto el sagrado lema de libertad, igualdad y fraternidad. Además es una satisfacción para nosotros el saber que nuestro Garante de Amistad (Diego Martínez Barrio) ante aquel oriente es también miembro del actual gobierno provisional” [59]. Este ilustre señor es el mismo que, el 10 de julio de 1959, agasajó en París a nuestro ex presidente provisional, general Pedro Eugenio Aramburu, durante su viaje por Europa e Israel. En febrero de 1932 la Asamblea General de las logias españolas recuerda a los masones, que se hallan en el Gobierno, que “sobre las diferencias políticas deben privar los ideales masónicos en el orden religioso, político y social”. IR A CONTENIDO . . 18. El contubernio masónico-comunista y la Cruzada de la liberación Previendo los futuros acontecimientos, Gil Robles dio el grito de alarma en 1936: “Si la francmasonería se hace dueña. de nuestro ejército, no quedará nada que hacer para contener la revolución”, y señaló al presidente Alcalá Zamora, como un títere manejado por las logias. El ejército, por designios masónicos, había sido completamente desmontado y reducido a la impotencia. Salazar Alonso en 1935 decía en su libro “Bajo el signo de la Revolución”: “Es la masonería una organización aristocrática. Muévanse millares de ciudadanos no sólo sin conocimiento de muchas de sus decisiones sino sin el derecho de tener la menor noticia de ellas. Y esas decisiones muchas veces no se adoptan en nuestro país (España), sino que vienen de las reuniones internacionales”. El contubernio masónico secundará y amparará, sin escrúpulos de ninguna clase, la demagogia comunista. Se planea en las logias y luego se ejecuta el asesinato del gran estadista y parlamentario José Calvo Sotelo, jefe del bloque nacional, que trataba de contener la revolución que se avecinaba. Y la revolución se desencadenó con su avenida de sangre, sus centenares de miles de victimas, sus destrucciones, profanaciones y sacrilegios. Doce obispos y 7.000 sacerdotes y religiosos asesinados; y más de mil templos incendiados en el solo bienio 1931-1933. Las masacres y los incendios se multiplicaron en 1934 y desde 1936 en adelante [60]. Los marinos masones arrojaban por la borda, en un solo día, a setecientos jefes de las unidades navales, los aviadores masones lanzaban sus bombas sobre el Pilar de Zaragoza, y los militares masones – como Riquelme, Miaja, Rojo, Ortega y otros – cumplían sumisamente las órdenes de Moscú y del Poder tri-punteado. El Gran Maestre de la masonería española, Ceferino González; escribía en 1937 a uno de los primates de la masonería francesa, Feliciano Court: “Al presente, el ejército popular español es casi enteramente mandado por masones” [61]. Liberada España en 1939 del flagelo masónico-comunista, los rabadanes de las logias emigran al extranjero; primeramente a París y luego a Bruselas, sentando definitivamente sus reales en México – el campamento masónico de América latina – con su jefe el socialista Lucio Martínez Gil, Gran Maestre del Gran Oriente Español en el exilio y su actual soberano Gran Comendador del Supremo Consejo, Julio Hernández Ibáñez, actualmente en Buenos Aires. Al morir en México Martínez Gil, el 13 de abril de 1957, le sucede en la Gran Maestría Juan Grediaga Villa. El caudillo Francisco Franco proscribió de España a la masonería el 1º de marzo de 1940. IR A CONTENIDO . . 19. Expansión masónica en el resto de Europa y América En Alemania, el rey de Prusia, Federico el Grande, fue partidario entusiasta del librepensamiento: llamó a su corte al impío masón Voltaire, y protegió a la masonería, en la cual se inició en 1738; fundando, luego en 1740, la Logia del Rey. Ingresaron más tarde en la Orden los principales representantes de la literatura alemana, como Goethe, Herder y Lessing, y los filósofos Fichte y Schelling, los cuales patrocinaban el movimiento llamado “de las luces”, pero, años mas tarde, estos literatos declararon que “estaban cruelmente desengañados por lo que vieron y experimentaron en su vida de logia”. Si en algún momento le dieron sus nombres fue porque pensaron que la masonería les podría facilitar la verificación de sus ideas filosóficas y atraídos, además, por su constante aspiración a la sabiduría, si bien mostraron muy poco interés en sus reuniones [62]. La masonería alemana se separó del Gran Oriente de Francia cuando éste suprimió, en 1877, su creencia en el Gran Arquitecto del Universo; pero luego, al año siguiente, proclamó también ella, como doctrina suya, el ateísmo. Se establecieron de esta manera la Gran Logia-Madre Nacional de los Tres Globos y la Gran Logia Nacional de los francmasones de Alemania. Tanto la actual masonería alemana como la británica viven en buenas relaciones con el protestantismo; y si bien su carácter preponderante – para los profanos – es la beneficencia y la mutualidad, sin embargo no dejan de intervenir en política y combatir a la Iglesia Católica. En Bélgica se constituyó, en 1721, la filial masónica dependiente de Inglaterra. El Gran Oriente Belga se estableció en 1833, después de la independencia nacional declarada en 1830. La masonería en Bélgica tiene el mismo espíritu y las mismas tendencias que la francesa, a la cual utilizó como modelo. Hoy se encuentra totalmente masonizada en la política, en la prensa, en la justicia, en la enseñanza y en la radio. En 1808, siendo Murat rey de Nápoles, se fundó el primer Gran Oriente de las Dos Sicilias. En 1805 ya existía el Gran Oriente en Milán; y en 1856 se estableció la Gran Logia Nacional de Italia, con sede en Nápoles, de la cual fue Gran Maestre Garibaldi en 1861. En ese año se constituyeron también la Gran Logia de Turín en el Piamonte y en otras capitales de Italia. Todas las logias se unirán luego en el Gran Oriente y Supremo Consejo de Italia con la sede central en Roma desde 1886. Hugo Walther escribió que todas las tentativas y agitaciones revolucionarias de que fue teatro Italia, a partir de 1821, han sido obras de la masonería [63]. Según los masones, los Grandes Maestres Mazzini y Garibaldi han sido “las dos más potentes estrellas de la masonería italiana” [64]. “Si no a la masonería como ente orgánico, ciertamente al espíritu masónico que siempre ha emanado de ella – dice la Revista Masónica Italiana – se debe todo lo que desde 1859 hasta hoy ha sucedido en Italia para quebrantar el yugo político de los extranjeros y el yugo moral del Vaticano” [65]. Mussolini la prohibió en 1923. Luego fueron saqueadas las logias y sus archivos. En Holanda se fundó en 1734 la Gran Logia de las Provincias Unidas como filial masónica de Inglaterra. Los Estados Generales la prohíben a perpetuidad en 1735. El Gran Oriente de Holanda tuvo origen en 1756 al independizarse de Inglaterra. El rey de Holanda, Luis Bonaparte, hermano de Napoleón y padre del futuro emperador de los franceses, fue el Gran Maestre de la masonería holandesa durante su reinado, desde 1806 hasta 1810. Tanto en Holanda como en Suecia, Dinamarca y Noruega, la masonería goza actualmente de la protección del gobierno. En Suecia el rey Gustavo Adolfo VI es su Gran Maestre. En 1736 se fundó en Portugal la filial masónica bajo los auspicios de Inglaterra. La reina Isabel cerró sus logias en 1792. En 1805 ya existía el Gran Oriente de Portugal. La masonería portuguesa se desarrolló extraordinariamente, y sus miembros gozaron de gran influencia en la política; apareciendo ostensiblemente en el gobierno nacional. Luego, bajo el régimen de Oliveira Salazar, restaurador de Portugal, y su sucesor actual la acción de las logias es casi nula; pues son asociaciones ilícitas como en España. En Polonia fue prohibida en 1739 por el rey Augusto II; en Rusia, en 1797, por Pablo I; en Austria por Metternich y en 1745 fue proscripta de varios cantones suizos. La emperatriz María Teresa la prohibió en Austria en 1764, y los turcos destruyen sus logias en 1748. Idénticas medidas se tomarán también en Génova en 1803, en Baviera en 1814 y en Rusia en 1822. En los Estados Unidos se fundó la filial masónica en 1730, y en 1783 se estableció la Gran Logia de Massachussets, en el “valle” de Boston. En 1775 se creó la Gran Logia de Pensilvania, independiente de Inglaterra. Estados Unidos es el país en el cual la masonería ha alcanzado mayor desarrollo; y su “templo” en Washington es el más suntuoso del mundo. El rito escocés de los 33 grados tiene dos jurisdicciones; la septentrional y la meridional, y el rito de York “americano” cuenta con 13 grados. En ambos los tres primeros grados son comunes y constituyen la “Logia Azul”, color característico de la masonería. Tiene más de 4 millones de afiliados, los dos tercios de los gobernadores y de los senadores y la mitad de los diputados de la República. En América latina los alista principalmente en México, Perú, Chile, Uruguay, Colombia, Cuba, Venezuela, Brasil y Argentina, donde cuenta con los Grandes Orientes Nacionales de Rito Escocés Antiguo y Aceptado, cuyos supremos consejos fueron instalándose en Perú en 1830, en Cuba, México y Santo Domingo en 1860; en casi todas las demás naciones sudamericanas en 1870, como también en América Central con asiento en San José de Costa Rica, que se trasladó a Guatemala en 1887. El libertador Simón Bolívar suprimió, por decreto del 8 de diciembre de 1828, todas las sociedades secretas y masónicas de sus estados. En su juventud él se había iniciado en una logia de París, lo cual “me bastó – dice – para juzgar lo ridículo de aquella asociación. Allí encontré muchos embusteros y muchos más tontos burlados; sin embargo, los políticos y los intrigantes pueden sacar gran partido de ella”. En el decreto mencionado decía Bolívar: “Habiendo acreditado la experiencia, tanto en Colombia como en otras naciones, que las sociedades secretas sirven para preparar los trastornos políticos turbando la tranquilidad pública; que ocultando todas sus operaciones con el velo del misterio hacen presumir fundadamente que no son buenas ni útiles a la sociedad… decreto: Artículo lº – Se prohíbe en Colombia todas las asociaciones y confraternidades secretas sea cual fuere la denominación de cada una…” [66]. La masonería jamás perdonó a Bolívar este decreto de muerte para la secta 66′. En Canadá el arzobispo protestante William Wright es actualmente el Gran Maestre de la masonería de la provincia de Ontario. Muchos presidentes de las repúblicas de Centro América y de América del Sur han sido y son masones. En la novísima edición del Diccionario Enciclopédico de la Masonería y en los últimos aleros de la revista masónica “Símbolo”, puede leerse algunos nombres. Así, por ejemplo, en Chile figuran como masones, grado 33, los últimos presidentes Arturo Alessandri, Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos, Gabriel González Videla, Carlos Ibáñez del Campo y el actual marxista y conspicuo masón Salvador Allende; en México, después de Benito Juárez y Porfirio Díaz – Gran Maestre en 1887 – fueron masones Carranza, Plutarco Calles, Alvaro Obregón, Manuel Avila Camacho y Miguel Alemán; en Ecuador, José Narra Velasco Ibarra; en El Salvador el actual presidente José María Lemus; en Nicaragua, Anastasio Somoza; en Costa Rica, José María Castro, y otros varios en Venezuela, Uruguay. Honduras, Panamá, etc., etc. Tanto las naciones católicas como las protestantes, cismáticas e infieles, tanto los gobiernos absolutos y despóticos como los constitucionales y republicanos, condenaron a la masonería como perniciosa para la felicidad y buen gobierno de los pueblos. Pero si luego no continuaron en masa tales condenas, es precisamente porque los masones se posesionaron astutamente de los gobiernos, influyendo en la redacción de sus constituciones y en el régimen interno de las naciones [67]. . NOTAS: [1] Rebold, Manuel. Historia de las grandes logias de Francia, pp.681 y 697. Año 1864 [2] Rebold, Manuel. Historia de las grandes logias de Francia, pp.68 1 y 697. Año 1864. [3] Rosen, Paul. Satán, Pág. 84; Taxil, Leo. Los misterios de la Francmasonería, Pág. 858. Barcelona, 1887; Meurin, monseñor León. Filosofía de la Masonería, Pág. 184; Simbolismo de la Masonería, Pág.393. Traducción de M. C. B., Madrid, 1957 [4] Espasa Calpe, Enciclopedia Universal, Tomo 33, sub voce “masonería”, pp. 718 y ss. [5] Caro, op. cit., Pág. 243; Ledre, Carlos. La Franc-Maconnerie, Pág. 15. Versión española, Andorra, 1958. [6] Gautherot, Gustavo. En Dictionnaire Apologétique de La Foi Catholique, sub voce “franc-maçonnerie”, tomo II, pp. 95 y ss. [7] Meurin, op. cit., Pág. 201. (Filosofía…). [8] Serra y Caussa, Nicolás. El Judaísmo y la Masonería, pp. 67 y 71. [9] Pacifico, Justo. El Gobierno Universal, Pág. 23.; Lazare, Bernard. L’Antisémitisme, son histoire et ses causses. París 1894 [10] Meurin, op. cit., pp., 34, 50 y 90. (Filosofía…). [11] Carlavilla, Mauricio. Masonería Española, Pág. 43. Madrid, 1956. [12] Revue Maçonnique, enero de 1848; Degreff, Wálter. Judiadas, pp. 60 y 64, Buenos Aires, 1936 [13] Barbier, Emanuel. Les infiltrations maçonniques dans L’Eglise, Pág. 121. [14] Meurin, op. cit., Pág. 37; Serra y Caussa, Nicolás. La Masonería al derecho y al revés, tomo l, Pág. 26. [15] Diccionario Encicl. de la Masonería – Barcelona 1891 y Bs. As. 1947 – Editorial Kier. [16] Ídem. [17] Findel, J. Gabriel. Historia General de la Masonería, Leipzig, 1861. Pág. 33 del Tomo III del Dic. Encicl. de la Mas. (Bs. As., 1947). [18] Gautherot, Gustavo, op. cit., Íbidem. [19] Gautherot, Gustavo, op. cit., Íbidem. [ 20] Gauhterot, Gustavo, op. cit., Íbidem; Schreiber, Hermann. Mistagogos, Masones y Mormones, Pág. 218. Versión del alemán, Barcelona, 1958; Llorca, Bernardino. Historia de la Iglesia Católica, pp.326 y ss., tomo IV, Año 1953; Findel, op. cit., pág. 133; Ledre, Carlos, op. cit., pág. 18 [21] Caprile, Juan. En revista Civiltá Cattolica, 1957 y 1958. [22] Gould, Roberto F. History of Freemasonry, Pág. 203. Años 1886/7. [23] Belloc, Hillaire. The Jews, Pág. 21 [24] Boor., J. Masonería, Pág. 74. Madrid, 1952; Pacífico, Justo. Masonería. Comunismo, Bomba Atómica, Pág. 10. Bs. As. 1950. [25] Gautherot, Gustavo. Op. cit., Íbidem. [26] Ledre, Carlos. Op. cit., Pág. 68. [27] Kurth, Godofredo. La Iglesia en las encrucijadas de la historia, Pág. 170, Santiago de Chile, 1942 Citado por Tomás Barutta en su libro “La Inquisición”, Editorial “Apis”, Rosario, 1958. [28] Maritain, Jacques. Tres reformadores, pp. 122 a 126 y 187. Editorial Sta. Catalina, Bs. As., 1933. [29] Rousseau, Jean Jacques. Contrato Social, libro IV, cap. VIII [30] Barruel, Agustín. Memoires pour servir a L’Histoire du Jacobinisme, tomo IV, pp. 23 y 134. Año 1797; Robison, Juan. Pruebas de una conspiración contra los reyes y las religiones, pp. 39 y 191. Año 1798. [31] Talmeyr, Mauricio. La Francmasonería y la Revolución Francesa, Pág. 22. [32] Cahill, E. Freemasonry and the Antichristian Movement, pág.12, Dublin, 1952, cuarta edición. [33] Barruel, Agustín, op. cit., tomo V, Pág. 97. [34] Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 41. [35] Gautherot, Gustavo, op. cit., Íbidem. [36] Archivo Nacional de Francia, 123/398. [37] Rebold, Manuel, op. cit., pp. 82, 89, 123 y 213. Dic.. Enc de la Mas. Bs. As. (1947), op. cit., tomo I, pág. 284. [38] Maximovich, Nicolás. Israel triunfante, Pág. 102. Año 1934. [39] Bazot, M. Precis historique de la Francmaçonnerie, Pág. 183. Año 1829; Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 93. [40] Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 95. [41] Nys, Ernesto. Ideas Modernas, Derecho Internacional y Francmasonería, Pág. 113; Meurin, Mons. León, op. cit. (Filosofía de…),Pág. 214. [42] Gautherot, Gustavo, op. cit. Íbidem. [43] Serra y Caussa, op. cit,. (la masonería… ), tomo I, Pág. 137. [44] Receta Masónica Americana, Nº 16 del 30 set. 1875. [45] Llorca, Bernardino, op. cit. (Historia de la I. C.), tomo IV, Pág. 514; Ledre, Carlos, op. cit., pp. 112 y ss.; Marx y Ruiz Amado. Compendio de la Historia de la Iglesia, Pág. 680. Año 1941. [46] En Revista Eclesiástica de Bs. As. Año 1905. [47] Gautherot, Gustavo, op. cit., Íbidem. [48] Wirth, Osvaldo, op. cit., Pág. 75; Chaine D’Union, julio de 1880, Pág. 199. [49] Fassi, Dante. Influencia de un poder oculto en la Seudodoctrina Peronista, pp. 39 y ss. citando a Michel. Año 1955; Poncins, León de. Las fuerzas secretas de la Revolución, Pág. 47. Año 1932; Ledre, Carlos, op. cit., pp. 117 y 122. En 1957, Eduardo Herriot, iluminado por la gracia divina, muere en el seno de la Iglesia Católica, asistido espiritualmente por el cardenal Pedro Gerlier, arzobispo de Lyón, quien recibe la abjuración de sus pasados errores. [50] Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 44. [51] Duque de la Victoria. Israel manda, Pág. 124. Año 1935; Ledre, Carlos, op. cit., pp. 106 y 131. [52] Colinon, M. L’Eglise en face de la Francmaçonerie, Pág. 141. París, 1954; Berteloot, J. Jesuite et Francmaçon, Pág. 119. París, 1952; Boor, J. Op. cit., Pág. 315. [53] Carlavilla, Mauricio, op. cit., pp. 76 y 85 (Mas. Esp.). [54] Ducos, Luis. Historia cierta de la Secta de los Francmasones, pássim. 1813. [55] Carlavilla, Mauricio. Asesinos de España, pp. 28 a 57; Comin Colomer, Eduardo. Lo que España debe a la Masonería, pp. 17, 40 y 113. Año 1956; Meurin, Mons. León, op. cit. (Filosofía… ) Pág. 215. [56] Carlavilla, Mauricio. Op. cit. (Mas. Esp.), Pág. 30; Comin, Colomer, Eduardo, op. cit., Pág. 105. [57] Catholyc Encyclopedia, volumen XI, pág. 753. 57′ Enciclopedia Espasa Calpe. Sub voce ‘Ferrer’. 57” Rhode, Jorge Máximo. Diario de un testigo de la guerra, pp. 185 y 188. Año 1947. [58] Dic.. Enc. Mas. (Año 1947), tomo 3º, Pág. 467. [59] Inspección General de justicia de la Rep. Arg. (Archivo, carpeta 981). [60] Llorca, Bernardino, op. cit., Pág. 635; Comin Colomer, Eduardo, op. cit., pp. 79 y 161. [61] Boor, J., op. cit., pág. 201. [62] Schreiber, Hermann, op. cit… pág. 254. [63] Walther, Hugo. Contribución a la historia de las sociedades secretas, pássim. Año 1910. [64] Revista de la Masonería Italiana, Pág. 149. Año 1891. [65] Revista de la Masonería Italiana, Pág. 114. Año 1886. [66] Citado en el diario El Pueblo de Bs. As., 9 junio 1959. [66] El Libertador, como buen católico, hizo llamar, días antes de morir, al obispo de Santa Marta, quien le administró los sacramentos ayudado por el párroco del lugar y en presencia de su médico, el doctor Alejandro Révérend. [67] Caro, José, op. cit., pp. 243 a 265.





 

CAPÍTULO II. ORGANIZACIÓN Y PROSELITISMO

1. CARACTERES DE LA MASONERÍA.
2. RITOS Y GRADOS MASÓNICOS.
3. LOGIAS Y POTENCIAS MASÓNICAS.
4. EL MUNDO MASÓNICO.
5. LA PIRÁMIDE MASÓNICA.
6. EL LOCAL DE UNA LOGIA.
7. LOS SÍMBOLOS.
8. INICIACIÓN Y COLACIÓN DE GRADOS.
9. A LA CONQUISTA DE PROSÉLITOS.
10. LA LEYENDA MASÓNICA DE HIRAM-ABÍ.
11. ADOCTRINAMIENTO PROGRESIVO.
12. LOS GRADOS DE LA MASONERÍA FEMENINA


ORGANIZACIÓN Y PROSELITISMO 1. Caracteres de la masonería De los conceptos que encierran las definiciones de la masonería y de las enseñanzas que se imparten en los diversos grados masónicos, se pueden deducir los siguientes caracteres que distinguen a la institución: 1º – Constituir una sociedad secreta en la cual cada masón se obligue a guardar el secreto de todo cuanto ocurra, vea y oiga en la logia o en los organismos superiores. “Quien obra el mal aborrece la luz -dijo Jesucristo – y no quiere comparecer ante ella para no ver condenadas sus obras. Qui male agit odit lucem, et non venit ad lucem ut non arguantur opera eius” [1]. 2º – Fundar una sociedad que aspire a la universalidad, borrando toda diferencia de nacionalidad. El francmasón es siempre un “hermano” y se reconoce por el “signo de destreza” ante el cual deben protegerse y salvarse recíprocamente. 3º – Organizar un frente político de lucha contra todas las instituciones que se opongan al “progreso” y a la “libertad”, entendidos en el sentido masónico. A este respecto leemos en la Constitución de 1809 del Gran Oriente Español: “La masonería no es un partido político; pero, todo partido que procure traducir en leyes y decretos los principios de la masonería, tendrá el apoyo de ésta para ello. Esta misma institución procurará influir en el mundo “profano” por la prensa, la reunión pública y la cátedra: como también auxiliar a los “hermanos” para que puedan ocupar puestos en los concejos municipales, en las legislaturas provinciales y en las cámaras nacionales”. 4º – Exigir a sus miembros absoluta obediencia a las órdenes impartidas por la superioridad, masónica. 5º – Establecer, en el orden religioso, la religión de la “humanidad”, que es la religión del masón; canonizando, con tal equívoco, cualquier forma de convicciones religiosas, desde el politeísmo hasta el ateísmo, con todos los géneros del deísmo profesado hoy en día por los ateos vergonzantes [2]. IR A CONTENIDO . . 2. Ritos y grados masónicos La instrucción masónica no se recibe toda de una vez, sino que se va adquiriendo gradualmente, en conformidad con la “conducta masónica” del candidato; de tal manera que el sujeto inspire suficiente confianza para la revelación de los secretos de la secta. El número de grados varía según los sistemas o ritos, que son más de cincuenta, totalizando en su conjunto cerca de 1500 grados diversos. “Los diferentes ritos – según escribe Onclair en la Civilitá Cattolica – son frutos de una misma semilla, troncos de una misma raíz, ramas vivificadas por una misma savia”. “Un francmasón, cualquiera sea su rito, es hermano de todos los francmasones del mundo”, dice la resolución del 22 de septiembre de 1875 del Congreso de Supremos Conejos reunido en Lausana. Los grados de cada rito se dividen en series u órdenes, y las series en clases. Los grados tradicionales – que constituyen la base o esencia de la masonería – los tienen todos los ritos. Estos son los tres primeros, llamados grados simbólicos o fundamentales, a saber: el aprendiz, albañil u obrero; el compañero, camarada, oficial o constructor; y el maestro, patrón o arquitecto; los cuales corresponderían a las tres etapas de los “misterios” o iniciaciones de la antigüedad, a los tres grados pitagóricos de oyente, competente y fiel, a las tres vías del ascetismo cristiano (purgativa, iluminativa y unitiva) o a los tres grados de los maniqueos y de sus epígonos: los albigenses (creyentes, elegidos y perfectos). “Los tres grados simbólicos – continúa Onclair – encierran en germen toda la fuerza y vitalidad masónicas”. El protestante escocés Miguel Ramsay es el creador del sistema súper masónico de los altos grados, incorporado al tradicional y primitivo simbolismo del rito inglés. Él trató de implantar estos nuevos grados en Francia y Alemania en 1730 y 1740. Casi todos los ritos llevan el apelativo de “escocés” en atención a la nacionalidad del autor que, por lo demás, casi toda su vida la pasó en Francia, donde murió en l743. El rito sueco tiene ocho grados, el francés siete y el ingles conserva los tres primitivos. El rito francés – que también se llama “moderno o azul” – se practica en el Gran Oriente de Francia y en las logias mundiales que lo adoptaron con sus grados de aprendiz, compañero, maestro, elegido secreto, escocés, caballero de Oriente o de la espada y soberano príncipe rosacruz. Luego se añadió el octavo de kadosch, perfecto iniciado. El rito inglés sufrió también añadiduras “escocesas” en 1813 adoptando el rito de York o del Real Arco; de tal manera que el cuarto grado del “masón del Real Arco”, sería un desdoblamiento del tercer grado. En América existe el rito “americano”, impropiamente llamado rito de York, con variantes regionales; y además la masonería del Real Arco o “científica”. La masonería del Real Arco o del Arco Real o de la Real Arca tiene como lema: “Nulla salus extra”, a saber: Fuera de ella no hay salvación; a imagen del Arca de Noé, tipo de la Iglesia Católica. El rito de York, fundado en 1777, recibió tal nombre porque esa ciudad fue la capital de los antiguo francmasones ingleses en la Edad Media. A los tres grados primitivos añadió el de maestro examinado (past master), maestro de marca (mark máster), excelentísimo masón (súper éxcellent mason) y Santo Real Arco (Holy Royal Arch). Este último grado es el adoptado por el rito inglés. El rito escocés en su variedad de “escocés antiguo y aceptado” – que es el más generalizado – consta de treinta y tres grados y tuvo origen en 1801 en América, en la ciudad estadounidense de Chárleston de Carolina del Sur, a los “33 grados de latitud norte”. No faltan quienes lo atribuyen a Federico II de Prusia, el cual habría creado los nuevos grados en 1786. En 1751 el banquero judío Esteban Morin recibió del conde de Choiseul, en París, carta patente para propagar el Rito de Perfección o “escocés primitivo”, que contiene veinticinco grados, y que se diferencia del “escocés filosófico” que solo tiene dieciocho. Morín fundó el Supremo Consejo de Chárleston y luego, en 1778 – secundado por cinco judíos – añadió ocho grados mas al rito primitivo, dando a luz el Rito Escocés Antiguo y Aceptado de treinta y tres grados, generalizado en 1801. Más tarde se confirieron cartas patentes a otros Supremos Consejos subordinados al americano. Una de ellas fue la concedida a favor del Supremo Consejo de España en 1804, que contiene claras consignas anticatólicas y antipatrióticas, como las que pasamos a transcribir: “El fanatismo y la superstición – dice el documento – han hallado esta unidad en un organismo común al que denominan Iglesia Católica o universal, y necesario es que a esta organización del poder obscurantista responda otra organización del pensamiento emancipado, si éste ha de librar a la humanidad de las cadenas que la esclavizan y avasallan. A unificar, pues, los trabajos masónicos, encaminándolos al mismo objetivo, se dirigen los esfuerzos de este Supremo Consejo (matriz de Chárleston)…”. Y luego proponía: “Urge que en cada nación existan delegados, que no pueden ser otros que los miembros de nuestra Orden, los cuales estén dispuestos a sacrificar por ella las accidentales diferencias (de las nacionalidades)… y reciban las inspiraciones de un centro único que dirija la evolución salvadora (hacia la República Universal Masónica)…”. En esta Acta de Bautismo de la masonería española todo respira traición a la Patria y a las tradiciones católicas del país. En 1859 era Soberano Gran Comendador en Chárleston el general Alberto Pike y. Secretario General el doctor Alberto Mackey, considerados ambos hoy día, como los dos grandes pontífices de la masonería norteamericana [3]. En el rito de Misraím, egipcio o judaico, los grados alcanzan a noventa (33 simbólicos, 33 filosóficos, 11 místicos y 13 kabalísticos), y en el oriental o de Menfis totalizan noventa y cinco. En el rito de York, americano, suman trece, siendo los tres últimos: el Rosacruz, el Caballero de Malta y el Caballero Templario. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado los tres primeros grados se llaman “simbólicos, dogmáticos o fundamentales” y constituyen la masonería “azul”. Los grados “capitulares” abarcan del cuatro al dieciocho y constituyen la masonería “roja”. Los grados “filosóficos o concejiles” comprenden del diecinueve al treinta y forman la masonería “negra”. Los tres últimos grados, llamados “sublimes, consistoriales o administrativos”, agrupan a los jefes supremos de la secta, los cuales integran la masonería “blanca”. Suelen conferirse solamente los siguientes grados: Uno, dos y tres (simbólicos); dieciocho (último de los capitulares); ‘treinta (último de los filosóficos); treinta y uno, treinta y dos y treinta y tres (sublimes). El grado de maestro último de los simbólicos – confiere al “iniciado” la plenitud de los derechos masónicos. La “gran obra” se condensa, por lo tanto – según leemos en la Cadena de Unión -, en el aprendizaje, oficialía y maestría; y en ningún rito faltan los tres grados “esenciales” de Maestro (último de los simbólicos), Rosacruz (último de los capitulares) y Kadosch (último de los filosóficos y grado terminal de las tres primeras series de cada rito) sin los cuales no se concibe masonería verdadera. Los nombres de los grados capitulares son los siguientes: Maestro secreto (4); Maestro perfecto (5); Secretario íntimo (6); Preboste y Juez (7); Intendente de los edificios o Maestro de Israel (8); Maestro Elegido de los Nueve (9); Ilustre Elegido de los Quince (10); Sublime Caballero Elegido (11); Gran Maestro Arquitecto (12); Real Arco (13); Gran Elegido Perfecto o de la Bóveda Sagrada y Sublime Masón o Gran Escocés (14); Caballero de Oriente o de la Espada (15); Príncipe de Jerusalén (16); Caballero de Oriente y Occidente (17); y Soberano Príncipe ROSA CRUZ o Caballero ROSA CRUZ (18). Los nombres de los grados filosóficos son los siguientes: Sublime Escocés o Gran Pontífice de la Jerusalén Celeste (19); Venerable Gran Maestre de las logias regulares, Soberano Príncipe de la Masonería o Maestro ad Vitam (20); Caballero prusiano o Patriarca noaquita (21); Príncipe del Líbano o Caballero Real Hacha (22); Jefe del Tabernáculo (23); Príncipe del Tabernáculo (24); Caballero de Airaín o de la Serpiente de Bronce (25); Príncipe de la Merced o Escocés Trinitario (26); Gran Comendador del Templo (27); Caballero del Sol (28); Gran Escocés de San Andrés (29), y Gran Elegido Caballero KADOSCH o del Águila Blanca y Negra (30). Los nombres de los grados sublimes son los siguientes: Gran Inspector Inquisidor Comendador (31); Sublime y Valiente Príncipe del Real Secreto (32); y Soberano Gran Inspector General (33). IR A CONTENIDO . . 3. Logias y Potencias masónicas Los masones se reúnen en grupos que toman el nombre de “talleres”. El taller se llama “logia” o “logia azul” cuando agrupa a los adeptos de los grados simbólicos; si bien el nombre de logia se ha hecho extensivo a todos los talleres. El reglamento general para la masonería simbólica en la República Argentina dice así: “Art. 1º Llamase logia el lugar en que los masones se reúnen para trabajar. Art. 3º El local de una logia simbólica se compone por lo menos de cuatro departamentos a saber: el gabinete, el cuarto de reflexiones, el vestíbulo o sala de pasos perdidos y el templo o cámara del medio”. Logia es una palabra de origen sánscrito que quiere decir “mundo”, pues el emblema de la masonería es el universo. El local donde se reúnen los masones recibe indistintamente las denominaciones de “taller”, “escuela”, “logia”, “templo”, y sus sesiones se llaman “tenidas”. Son “tenidas blancas” cuando se admiten profanos. Al principio y al fin de la tenida se pasa el “tronco”, que es el cepillo o alcancía donde se depositan las propuestas que se leerán y discutirán y los aportes pecuniarios – llamados “medallas” o “ladrillos” – que se ofrecen como contribución para el sostenimiento de la institución. Todos los “trabajos” (asuntos que se tratan en las tenidas), se abren, se continúan y se cierran al son de los golpes de los “tres malletes”, manejados por el venerable y los dos vigilantes. Las logias de la “Carbonería o Francarbonería” – que fue auténtica masonería – se llamaban “ventas”. Para las ventas locales, eran secretas las centrales; y para éstas lo era la Alta Venta o Venta Suprema. Sus afiliados se llamaban “buenos primos”. La Carbonería, nacida en Francia y propagada sobre todo en Italia y también en España, es una rama o forma de la masonería. Se llama masonería “selvática o montaraz” y a sus afiliados se los denomina también “leñadores” y “carbonarios” y a las mujeres, “jardineras”. Las logias masónicas fueron la cuna de esta célebre sociedad. Masones y carbonarios formaron, desde 1806, una misma entidad secreta y revolucionaria. La masonería fue la que orientó sus pasos hacía la acción política eficaz, que constituyó uno de sus principales objetos. Los tres primeros grados, instituidos para el vulgo o “tropa social”, eran: el aprendiz, el maestro y el elegido; los otros cuatro. en cambio, se reservaban para la “traslogia”; pero solo al séptimo – o sea, al Príncipe Sumo Patriarca – se revelaba el “secreto”. Antes debía “jurar la ruina de toda religión y de todo gobierno” con la profunda convicción de que “todos los medios son lícitos para la ejecución de tales propósitos”. Para el carbonario internacional Juan Witt, el fin de la, sociedad secreta era “jurar odio implacable a todo gobierno y trabajar por su aniquilamiento”. Sus afiliados eran, en otras palabras, pura y esencialmente anarquistas. La carbonería (carbonarios), la comunería (comuneros) y la masonería (masones) constituían en España la “Car-Co-Ma” de la Nación, como lo indican las primeras sílabas de cada una de dichas palabras. Los masones predicaban la doctrina, los comuneros organizaban el plan y los carbonarios lo ejecutaban. Los talleres o logias de los masones de graduación capitular se llaman “capítulos”; los de graduación filosófica, “consejos, cámaras o areópagos” y los de los grados administrativos, “tribunal soberano”, “consistorio”, “consejo supremo” o “gran campamento”. Los masones se saludan entre sí con el nombre de “hermano”. Las felicitaciones o condolencias colectivas se manifiestan por medio de aplausos o choques de brazos que llaman “baterías” de júbilo o dolor. A las reuniones de los compañeros no pueden asistir los aprendices, y a las de los maestros no pueden concurrir ni los aprendices ni los compañeros. Tampoco pueden asistir a las sesiones de masones de graduación superior los de graduación inferior. La fiscalización, en este punto, es rigurosa; examinándose a los visitantes de otras logias por medio de las “palabras, señales de destreza y toques” convenidos. Estas funciones las desempeña el experto o tejador. Existen, además, logias para jóvenes, sobre todo universitarios; y logias-escuelas para niños e hijos de masones, a los cuales llaman “lobeznos o lobetones”. El masón cubano Fernando Suárez fundó en 1929, para muchachos de 14 a 21 años, el grupo masónico del “ajefismo” (asociación juventud esperanza de la federación) y creó para ellos la primera logia juvenil en 1936. La profesión de fe del adolescente y joven masón reza así: “Soy “ajef” para combatir a toda clase de intolerancia y fanatismo, para sentir hondamente con la firmeza del convencido, los principios y las enseñanzas de la masonería y para decir con orgullo en su día: soy masón”. “En los jóvenes – dice el masón MacKeller – hallaremos un elemento valioso e indispensable para que en el porvenir se perpetúe nuestra finalidad; por eso, además de los lobetones, se halla el grupo juventud esperanza de la federación o ajefista” [4]. Las logias para mujeres constituyen la masonería femenina, de damas o de “adopción”, Estas logias generalmente resultan mixtas, o sea de hombres y mujeres, y entonces se llaman “andróginas”. Donde son pocos los masones se funda un “triángulo” masónico, el cual depende directamente de una logia. Las simples logias o logias azules son independientes entre sí, pero se subordinan a las logias capitulares y a las llamadas “Grandes Logias” provinciales o regionales, las cuales dependen de los altos cuerpos masónicos denominados “Grandes Orientes o Grandes Logias Nacionales”, que gobiernan masónicamente a los diversos países, siendo independientes entre si. Todos estos organismos superiores constituyen las “Potencias, Poderes y Obediencias” masónicas de la circunscripción, “distrito o valle” sobre el cual ejercen su jurisdicción. Las Grandes Logias agrupan solo logias simbólicas; en cambio, los Grandes Orientes abarcan logias de diversos ritos. Los Supremos Consejos son los organismos superiores de cada uno de los ritos. IR A CONTENIDO . . 4. El mundo masónico En Francia, por ejemplo, existen dos potencias masónicas principales: la Gran Logia Simbólica Escocesa y el Gran Oriente, separados desde 1881. Últimamente, se creó una tercera potencia de obediencia inglesa: la Gran Logia Independiente o Nacional. La Gran Logia de Francia se rige por la Constitución de 1785, reformada en 1875 por el convento universal de los supremos consejos reunidos en Lausana (Suiza). Cuenta con más de 200 logias y unos 7.500 socios. El Gran Oriente francés – ateo y anticlerical sectario – está constituido por el Consejo de la Orden que preside la dirección de la masonería; el Gran Colegio de los Ritos, que preside el culto de las tradiciones y mantiene las doctrinas masónicas y el Tribunal de Casación, que es la suprema corte de justicia de los masones. El Consejo – que consta de treinta y tres miembros – es el puente entre la masonería y el poder civil; y, “por su intervención – según dijo el masón Lucipia en 1895 – se rige la política del gobierno, ya que la masonería y la República son una misma cosa” [5]. La Gran Logia Nacional de Francia es deísta al igual que las logias británicas, y es la única reconocida por Inglaterra desde 1920. El Gran Oriente cuenta con mayor número de logias y miembros, y figura como el centro principal de la actividad masónica de la nación. La Gran Logia de Francia tiene menor importancia que el Gran Oriente. Finalmente, El Derecho Humano (Le Droit Humain) es una masonería compuesta por logias mixtas de hombres y mujeres y tiene sus filiales también en la Argentina. Gran parte de las Grandes Logias y de los Grandes Orientes, o sea, las Potencias masónicas de los diversos países, en un total de 160, se hallaban confederados en la Asociación Masónica Internacional (A. M. I;), con sede en Ginebra (Suiza), desde 1921, creada para tender un puente entre las logias latinas y anglosajonas; pero en 1950 debió disolverse a raíz de que la Gran Logia Unida de Inglaterra no le prestaba su apoyo [6]. Allí funcionó la Oficina Internacional de Relaciones Masónicas desde 1903. Quartier-la-Tente, al hacerse cargo de la dirección de esta oficina internacional, dijo: “Nuestro deseo es efectuar la unión de todas las fuerzas masónicas del mundo para llegar así al triunfo de nuestras ideas y a la implantación de la República Universal”. Las Grandes Logias de Latino-América se hallan confederadas en la Confederación Masónica Interamericana (C. M. I.) con sede en Chile desde 1949. Sus últimas reuniones plenarias las han tenido en México en 1952, en La Habana, Cuba, en 1955 y en Santiago de Chile en 1958. Actualmente, el organismo central de la masonería – el Gran Oriente Universal (G. O. U.) – se halla radicado probablemente en la ciudad de Chicago de los Estados Unidos o en Londres, o en París, o en Holanda con representaciones acreditadas ante las Naciones Unidas (U. N.) en Nueva York. Cada Gran Oriente o Gran Logia tiene su propio estatuto o constitución, a la cual deben acomodarse los reglamentos de las logias que de él o de ella dependen; de lo contrario la logia se llama “irregular” en contraposición a las denominadas logias “regulares”. Existen también las “clandestinas” y “espurias”. En el año 1920 funcionaban en todo el mundo 30.000 logias regulares con 2.500.000 afiliados; sin contar las 1.000 sociedades pro masónicas, filo masónicas, cripto-masónicas y para-masónicas que pululan sobre todo en América, y que arrojan la suma de 10.000.000 de socios. Hoy, solamente en Gran Bretaña – según datos masónicos – son 2.000.000 los masones (300.000 según Lebré) y a las 15 mil logias de Norteamérica concurren 3.500.000 “hermanos”. En Francia son 350.000 (60.000 según el diario La Croix). En Canadá 250.000, en Brasil 110.000, en Venezuela 15.000, en Cuba 3.000, en México 10.000, etcétera [7]. El presidente de cada logia se llama “venerable”. Lo acompañan dos “vigilantes”, dos “expertos”, dos “guardias” (el interior y el exterior), el “maestro de ceremonia”, el “orador”, el “tesorero”, el “hospitalario”, el “guardasellos” y el “secretario”. El venerable y los dos vigilantes son las tres columnas o las tres luces de la logia. Todas las autoridades, o por lo menos tres de ellas, deben ser maestros (artículos 23, 25. 65 y 89 del Reglam. Gen. de la Mas. Arg.). Estos cargos varían, en número y nombre, según los ritos y las categorías de logias. IR A CONTENIDO . . 5. La pirámide masónica Anualmente el Gran Maestre, en nombre del Consejo Supremo, convoca a la Asamblea General masónica, la cual se halla integrada por los miembros del Gran Consejo y un delegado de cada logia. En los actuales estatutos de la masonería argentina, aprobados en la asamblea extraordinaria del 6 de mayo de 1955, leemos: “Articulo 10.- El Gobierno de la Gran Logia lo ejercen: la Asamblea de la Gran Logia, el Consejo de la Orden y el Gran Maestre. Artículo 11.- La Asamblea la constituyen: Los venerables Maestres y delegados de las logias, el Gran Maestre, el Pro Gran Maestre, los ex Grandes Maestres y el Gran Secretario. Articulo 17.- El Consejo de la Orden lo integran: el Gran Maestre (presidente), el Pro Gran Maestre (primer vicepresidente), los ex Grandes Maestres, el Gran Primer Vigilante (segundo vicepresidente), el Gran Orador (fiscal), el Gran Secretario, el Gran Tesorero, el Gran Hospitalario (tesoro de la beneficencia) y los cinco Grandes Consejeros (vocales). Artículo 19.- El Gran Maestre es la más alta autoridad de la Gran Logia elegido por la Asamblea cada tres años. Artículo 36. – Cada logia se divide en tres cámaras. A la de primer grado pertenecen los aprendices, compañeros y maestros; a la de segundo grado, los compañeros y maestros y a la de tercer grado, los maestros. Artículo 61. – Para ser iniciado aprendiz masón se requiere la edad de veintidós años, y para los hijos de masones, dieciocho. Articulo 12. – La Asamblea se reúne el 24 de junio de cada año”. Esta asamblea, en sus sesiones llamadas “conventos”, legisla para todas las “obediencias” que de ella dependen; así como en los “conventos” de la masonería internacional se legisla para todas las “potencias” u “obediencias” de todo el mundo masónico. Todos obedecen, a su vez, a la cabeza única o “Patriarca”, jefe de la “Orden o Directorio Interior”, a quien asesoran comisiones legislativas y ejecutivas, cuyos integrantes son los únicos que saben quien es aquél [8]. De allí descienden las “consignas” a las Potencias masónicas y de éstas sucesivamente a los areópagos, capítulos y logias primarias; pues en cada “taller”, bajo la capa de simple maestro, se esconde un Rosacruz, en cada capitulo, bajo la cubierta de Rosacruz, mangonea un Kadosch; y en el areópago, con el disfraz de kadosch, maneja los dados un iniciado en los grados “sublimes”. Ingeniosísima pirámide masónica la llama el masón y escritor Roca Cruz convertido, Copin Albancelli, quien nos advierte en su libro que, tras de este mundo masónico secreto, pero visible, existe un mundo masónico más secreto e invisible todavía Gougenot de Mousseaux en su libro sobre el judaísmo dice: “Los jefes reales de esta inmensa asociación masónica, que no deben confundirse con los dirigentes nominales, son principalmente judíos que viven en íntima alianza con los miembros militantes del judaísmo y que a su vez son los jefes del kabalismo. Los que forman esta elite masónica, conocidos por pocos, aún de los iniciados, y que por otra parte se los conoce bajo nombres ficticios o de “combate”, desarrollan sus actividades en secreta dependencia de los judíos kabalistas” [9]. Aunque en estos últimos años se hayan producido conatos separatistas entre los diversos ritos y grupos de “Obediencia”, con motivo de las diferencias surgidas a raíz del uso de la Biblia como “Volumen de la Ley Sagrada o Moral”, que debe presidir o no los “trabajos” de la logia, y de la invocación u omisión del “Gran Arquitecto del Universo” en los actos logiales; como asimismo, distanciamientos originados por razones políticas, ya sea de la masonería continental europea con la inglesa, por una parte, de las latinoamericanas con la de Norte América o el Gran Oriente de Francia o la Gran Logia Unida de Inglaterra por otra; o finalmente de la masonería norteamericana con la inglesa, en ocasión de la última guerra mundial; sin embargo, estos roces, rupturas y problemas – que aún esperan solución – no dejan de ser rencillas y escisiones puramente externas, que en nada afectan a los fines “reales” de la masonería, la cual podría continuar afirmando por sus autorizados voceros: “Yo lo domino todo desde las elevadas esferas en que me cierno” [10]. Pruebas de estas desavenencias se advierten, por ejemplo, en la carta que el 12 de agosto de 1955 le escribía el masón mejicano Ramón Espadas al masón argentino Virgilio Lasca y que dice así: “Nuestra lucha es la de abandonar el escocesismo por la testarudez de sus dirigentes que no quieren renovarse; pues nuestra doctrina materialista no se aviene con las metafísicas del R. E. A. A. (Rito Escocés Antiguo y Aceptado). Hemos constituido en 1953 la Alianza de los Supremos Consejos de la Francmasonería Liberal Progresista, y así participamos en la Alianza de Potencias Masónicas en París, que respeta la absoluta libertad de conciencia, que se opone al Rito Escocés” [11]. Y también se evidencian en la famosa polémica entablada, en 1947, entre la Gran Logia Unida de Inglaterra y la Gran Logia Simbólica del Uruguay, en ocasión del Congreso Masónico Interamericano reunido en Montevideo, por haber votado la supresión de la Biblia y la invocación del G. A. D. U. Como consecuencia del conflicto, la Gran Logia Unida de Inglaterra anatematizó a la Gran Logia del Uruguay por resolución del 6 de septiembre de 1950. Aún se halla en pie el cisma internacional entre las potencias de influencia inglesa, que obligan al uso de la Biblia, y las del grupo latino, polarizadas por el Gran Oriente de Francia que, o lo hace facultativo o lo rechaza por completo. El Gran Oriente de Francia coloca en el altar de los juramentos, en lugar de la Biblia, las constituciones de Anderson con la escuadra y el compás sobre la espada, el Gran Oriente. de Bélgica, el Gran Oriente Federal Argentino y la Gran Logia del Uruguay colocan las constituciones masónicas de su obediencia o el código moral masónico. Así se determinó en Montevideo en 1947 al establecerse que el Volumen de la Ley Sagrada o moral podía ser la Biblia completa, o solo el Antiguo Testamento, o el Corán, o el Zendavesta, o los Vedas, o la Constitución de Anderson, o la constitución masónica de cada obediencia o su código moral. “Son soluciones intermedias – dice Virgilio Lasca – entre la Biblia completa y un libro en blanco” [12]. Finalmente, el actual gran secretario de la Gran Logia Argentina, Alcibíades Lappas, en la carta que les escribe a los masones mejicanos, del 31 de agosto de 1956, después de tratar sobre choques habidos entre los masones de México y Estados Unidos, termina diciendo: “Sobre todas las cosas se impone la unidad de propósitos y acción, máxime ahora que la masonería estadounidense empieza a sentir en carne propia el problema de la iglesia vaticana”. Alude el remitente a la campaña contra la Iglesia Católica dirigida por el general de brigada Herbert Holdridge, iniciada el 4 de junio de 1955 con la nota que cursó al presidente Eisenhower, a la Suprema Corte y al Congreso de la Nación, acusando al catolicismo como “enemigo declarado de la Nación” y calificando a los miembros de la jerarquía vaticana como “agentes subversivos de la Constitución de los Estados Unidos” y como un “grave peligro para la República y sus instituciones liberales”. La revista masónica de la Argentina, “Símbolo”, en su entrega de enero-abril de 1956 reprodujo in extenso – ocupando cuatro páginas a dos columnas, cuerpo seis – sendas notas de marras, con toda su retahíla, ya conocida, de calumnias y denuestos [13]. IR A CONTENIDO . . 6. El local de una logia El masón John Thruth describe así el local de una logia: “La sala forma un paralelogramo cuyos cuatro lados llevan los nombres de los cuatro puntos cardinales. La puerta de entrada da al Occidente, y al frente se halla el Oriente, donde se encuentra un estrado, con tres escalones, separado por la balaustrada. En el centro de la tarima, sobre cuatro escalones más, se ubica la mesa y el sillón del Venerable. Un dosel azul-celeste o carmesí cubre el “oriente” o pared. En el fondo del pabellón se coloca el “delta” o triángulo resplandeciente que lleva escrito en caracteres hebreos, el nombre de Dios o Jehová,. A la izquierda está el disco del sol y a la derecha el de la luna. Cerca de la balaustrada se observan las mesas triangulares y los sitiales del orador, del secretario, del tesorero, del hospitalario y del maestro de ceremonias. Junto a la puerta se hallan dos columnas: la de la izquierda con la letra “B” (Boaz) y la de la derecha con la letra “J” (Jakín); y los sitiales para los vigilantes, expertos y guardias. Las paredes están tapizadas de azul o carmesí y del mismo color son las alfombras. Sobre la mesa del Venerable se deposita un compás, una escuadra, una espada flamígera de hoja ondulada y un ejemplar de la constitución general de la orden. A un lado se levanta un gran candelero con una larga vela y a ambos costados de la sala se ubican los asientos para los demás “hermanos”, formando dos hileras que se llaman: la columna del Norte y la columna del Sur o del Mediodía”. En las logias capitulares se observan colgaduras negras, un altar con tapete rojo y sobre él un puñal. En general, la ornamentación del “oriente” sufre las variantes que aconsejan los símbolos y signos de los diversos grados simbólicos, capitulares, consejiles y consistoriales. IR A CONTENIDO . . 7. Los símbolos La masonería posee algo fijo y tradicional, y es su simbolismo. El sentido de los símbolos y signos masónicos lo explican los masones a sus adeptos en las sucesivas iniciaciones de los distintos grados. El simbolismo masónico se emplea tan solo como medio de adoctrinamiento y como sistema de alegorías, destinado a ilustrar e inculcar los principios y las aspiraciones de la masonería moderna. Por ejemplo, el “plano que debe trazar” simboliza la tarea del masón perfecto, la cual consiste en construir el “edificio” masónico social del porvenir, que abraza toda la evolución de la humanidad. Todos los simbolismos tienen este carácter común, según la asevera el masón Wirth, cuando escribe que “en sí no son nada, sino tan sólo un medio de arrancar por la fuerza al iniciado, de la “civilización” que lo tiene aprisionado con mil lazos” [14]. Estos mismos signos, símbolos, señales, toques, palabras sagradas y semestrales; pases y marchas sirven para reconocerse entre ellos. Los signos, por otra parte, varían según las logias y según los países. Los artículos 362 y 363 del Código de la masonería argentina, aprobado en 1902 con la firma del Gran Maestre Emilio Gouchón y del Gran Secretario General y Gran Canciller, José B. Casás, dicen: “Las palabras de semestre son remitidas en sobre lacrado. Una vez comunicada en secreto la palabra semestral, el papel que la contiene será quemado. La palabra semestral será pedida a la entrada del templo a todos los masones que se presenten”. Esta palabra semestral es el santo y seña para los masones “activos” [14]. Los artículos 332, 333 y 337 de la Constitución General de la Masonería del Rito Argentino, aprobada en 1905, dice: “En los diez primeros días de junio y de diciembre de cada año, el Gran Consejo dará una palabra de orden o reconocimiento en sesión extraordinaria secreta… Esta palabra será trasmitida a cada logia y exigida a la entrada del templo… La entrada será negada a los que no la pronuncien”. Los símbolos más comunes son: el triángulo, el cincel o escoplo, la plomada, la llana (símbolo del maestro e insignia del presidente del capítulo de los rosacruces), la barreta, la piedra chica tosca y labrada o pulida (según sea novicio o perfecto masón), la estrella resplandeciente o flamígera de cinco puntas (estrellas de Belén, de David o de Judá y también el Dios del maniquismo como fuerza cósmica en medio de los cinco elementos: luz, aire, fuego, agua y viento), el sello de Salomón con los dos triángulos entrecruzados (seis puntas), el águila de dos cabezas (distintivo de los altos grados y emblema del caballero kadosch y del grado 33), el tetragrama del nombre de Dios (el Jehová o Yahvé de los hebreos), la Biblia o volumen de la ley sagrada, el mallete (mazo o martillo), el nivel, el compás y la escuadra entrelazados con la letra “G” en el medio (que tal ver, sea la inicial de “Generación” o principio de vida, o también la palabra “God”, que inglés significa “Dios”), las dos columnas y la rama de acacia. El misterio de la “G” radiante, en el centro de la Estrella flamígera o del Triángulo, simboliza para muchos, el Dios-Naturaleza o gnosis, que en griego quiere decir ciencia o verdadera sabiduría; y los tres lados del triángulo, los tres reinos: mineral, vegetal y animal, a los cuales da la vida en sus tres tiempos: pasado, presente y futuro; o también la trinidad hindú de Brahma, Siva y Visnú, con sus interpretaciones panteístas y sus derivaciones eróticas, relacionadas con las bacanales y saturnales de los misterios eleusinos. Para otros, los tres puntos son los tres grados fundamentales de la masonería, a saber: el aprendiz, el compañero y el maestro. En otras interpretaciones, “G” representa al fuego – el Dios de los masones – causa primera de los seres, gran motor y principio de la “generación, destrucción y regeneración”, que son los tres puntos o vértices del triángulo. Por eso utilizan como símbolos el sol, la luna, la estrella, la luz, el oriente, el delta luminoso, el puñal radiante y la zarza ardiente, como signos distintivos del rey y del fuego o sea Satanás. El martillo y el cincel representan en su simbolismo, al hombre independiente; el compás y la regla: el aprovechamiento alcanzado; la barreta: el razonamiento en contra del “fanatismo” y la “superstición”; la escuadra: la igualdad, y la piedra chica labrada es la piedra angular del edificio inmaterial alzado a la filosofía. Las dos columnas significan los dos principios genéticos y también “Fuerza y Sabiduría” que se traducen: “Violencia y Astucia”. Tales símbolos han sido tomados de la Biblia, del cristianismo, de los misterios de la antigüedad y de las antiguas corporaciones constructivas de la Edad Media. Los símbolos que varían según los grados y los ritos consisten, generalmente, en el mandil o delantal usado por los sacerdotes antiguos para los sacrificios con la banda terciada en forma de tahalí, sosteniendo en su extremo la espada o puñal. El mandil lleva grabados los signos masónicos. Las iniciales B y J de las columnas del templo, además de Boas y Jakín, significan las dos tribus guerreras de Benjamín y Judá, que reconquistaran el reino judío; y M es la inicial de Maestro o de Molay, el Gran Maestre de la orden templaria, ajusticiado en 1314, a quien los masones han jurado vengar. El águila bicéfala es portadora de la doble corona del imperio político y religioso, o sea, la masonería, que pretende coronar a su jefe como emperador del mundo en lo material y como patriarca del mundo en lo espiritual. En un escudo o emblema masónico hemos podido leer: “Audi, vide, tace” (oye, mira y calla) que es la consigna masónica del secreto absoluto. Su divisa es el trigrama: “Libertad, Igualdad y Fraternidad” explicado en el sentido masónico, a saber: “la libertad como destrucción de toda autoridad civil, eclesiástica y doméstica; la igualdad como destrucción de toda dignidad real, sacerdotal y nobiliaria; y la fraternidad como destrucción de todo vínculo de patria, familia y propiedad. En sus actas y escritos, llamados “planchas” y “balaustres”, se suelen abreviar las palabras o colocar tan solo las letras iniciales, seguidas de tres puntos, dispuestos en forma de triángulo, y que representan el triángulo masónico, distintivo de la secta [15]. En los diccionarios masónicos leemos que el compás es emblema de la justicia; la escuadra, de la rectitud; la estrella, de la divinidad; y el nivel, de la igualdad. Las tres grandes lumbreras de la masonería son: la Biblia, que simboliza la divinidad o “luz sobre nosotros”; la escuadra, que simboliza la conciencia o “luz en nosotros”; y el compás, que simboliza la humanidad o “luz alrededor de nosotros”. Estos instrumentos se llaman también “joyas” de la logia, al igual que las insignias y distintivos personales de los masones. Además se habla del “agua tofana”, que es la célebre bebida destinada a los traidores a la secta, cuyo uso estuvo tan en boga en el siglo pasado y al principio de este siglo. La “cadena de unión” la forman los masones al despedirse, asidos de la mano, después de sus reuniones; y la “bóveda de acero”, con sus espadas desenvainadas, es el arco triunfal bajo el cual pasan los dignatarios y oficiales de la Orden u otros personajes en las “tenidas” solemnes. IR A CONTENIDO . . 8. Iniciación y colación de grados La multiplicidad de los grados tiene por fin facilitar las sucesivas eliminaciones de los afiliados dejando en los grados inferiores a aquellos de los cuales la secta se promete recabar insignificantes servicios; encumbrando en cambio – con “aumento de salario”, o sea, con la promoción al grado superior – a los más inteligentes y a los más capacitados para la acción masónica. Además, dentro de la pluralidad de los masones, se fijará la atención únicamente en los llamados “elegidos”; pues, los que pertenecen a los grados inferiores – y que son la gran mayoría – desconocen en realidad lo que es la masonería; siendo “profanos”, no sólo los ajenos a la secta, sino también los de grado inferior con respecto a los de grado superior. A la masonería no le conviene que entren todos los que quieran, ni que permanezcan todos los que entran, ni que asciendan todos los que permanecen. No sólo masones distinguidos sino también logias enteras pueden ser engañadas y servir de instrumento a otras sociedades secretas, por lo menos en los grados inferiores. No se les da a conocer ni el verdadero secreto de la masonería, ni sus medios, ni aún a sus jefes ocultos. Por el secreto, que es halago de la vanidad y del amor propio, creen cooperar a algo misterioso que solo conocen dos o tres íntimos amigos. La luz sería su muerte. En su mensaje a las Cámaras subordinadas al supremo Consejo de la masonería argentina decía, el 15 de julio de 1958, el Soberano Comendador Fabián Onsari: “Es en la maestría donde los hermanos deben demostrar fervor masónico, espíritu masónico; si no, están demás en nuestros cuerpos; serán elementos nocivos, o cuando mejor, apáticos e indiferentes para los altos fines que perseguimos” [16]. “En la logia – escribió Nicolás Deschamps, Arzobispo de Malinas – se camina siempre entre sombras, tinieblas, disimulo, mentiras e hipocresías”. Los artículos 18 y 19 de los Estatutos Generales de la Masonería Escocesa establecen al respecto: “El masón debe guardarse de revelar a los profanos el menor de los trabajos, secretos o misterios del Instituto. La misma cautela debe usar para con los hermanos no iniciados en el mismo grado”. “En los ritos y en la colación de los grados – continúa Deschamps – siempre tropiezan entre sí las interpretaciones contrapuestas, las contradicciones, los equívocos y las alegorías encubridoras” [17]. El doctor masón Mackey – Gran Secretario General de la jurisdicción Sud de la masonería de los Estados Unidos en 1844 – dice: “En los grados de la masonería azul, que son el pórtico del templo, se explican al iniciado parte de los símbolos; pero es intencionalmente extraviado con falsas interpretaciones. No se pretende que él los entienda. Su verdadera explicación se reserva para los príncipes de la masonería. Los grados simbólicos son el texto y los altos grados son el comentario” [18]. Y el general Alberto Pike – Soberano Gran Comendador de la masonería de Norteamérica de 1859 a 1891, considerado como “el papa de los masones” – añade: “La masonería oculta sus secretos a todos, menos a los “elegidos”; y usa explicaciones falsas de sus símbolos para engañar a los que merecen ser engañados” [19]. “En cambio, para los verdaderos iniciados – apunta Javier Gautrelet – la colación de los grados sirve para evaluar sus merecimientos, medir la altura de sus conocimientos, estimar la profundidad de su iniciación, ponderar la fuerza de sus compromisos, aquilatar la firmeza de su voluntad, mostrar la confianza de la secta y atestiguar la formación, más o menos completa, de los individuos” [20]. El barón Adolfo de Knigge – el más activo masón de los “iluminados”, discípulos de Weishaupt – escribió: “Los socios iniciados en la masonería no están todos al tanto de las perversas intenciones que se disfrazan a menudo con las mil hermosas apariencias. Solo los espíritus mediocres se dejan prender en esa trampa, Es cosa indigna de un hombre inteligente y de corazón, cooperar a la ejecución de un plan que le es desconocido siendo desconocidos también sus jefes” [21]. Y concluye el erudito Gautrelet: “El masón ignora más de lo que sabe, porque la masonería sabe más de lo que dice. La mayoría de los masones son simples peones inconscientes. Ignoran, sobre todo, el objeto final de la secta, cuya revelación al mundo no es todavía capaz de soportar”. Esta última frase se halla en el manifiesto de la Gran Logia de Alemania, que en 1794 expresaba textualmente: “El fin de la Orden debe ser su principal secreto; el mundo no es lo bastante robusto para soportar su revelación”. Decía en 1852 el alto masón Dreseke, Venerable de la logia de Bremen en Alemania: “Hay masones que no llegan a comprender nunca nuestro secreto, ni aún en la logia, ni con todos sus grados. Estos tales son profanos por más que ocupen el sitial del Oriente del templo masónico y ostenten las condecoraciones de Gran Maestre” [22]. Vaya como ejemplo el caso curioso sucedido al Gran Maestre belga Stassart, quien al protestar, ante la junta masónica, por no haber sido invitado para discutir la designación de los candidatos a diputados para el congreso nacional, recibió como única respuesta el tratamiento de “tonto y retrógrado”, pues nada entendía de masonería. Como consecuencia de su ignorancia y “atrevimiento” debió renunciar en 1841. Dice Claudio Jannet: “La masonería es una inmensa asociación cuyos contados “iniciados”, es decir, cuyos jefes reales – muy diversos de los jefes nominales – viven en estrecha e íntima alianza con los miembros militantes de la judería, príncipes de la “sublime cábala”. Estos jefes reales, a quienes tan pocos iniciados conocen – y si los conocen es siempre bajo nombres supuestos -, funcionan sometidos a la oculta superioridad de los cabalistas de Israel”. En la mayoría de las logias sus miembros desconocen a sus verdaderos jefes, ya que los titulares sólo ejercen una autoridad aparente. La autoridad efectiva radica en individuos oscuros de la misma logia que relacionan a ésta con otra superior, a la cual informan y de la cual reciben las consignas y trasmiten las noticias, verdaderas o falsas, que interesa propalar. “El vulgo de los masones – escribe el bien informado Pablo Benoit – ignora totalmente quiénes son, dónde paran y cuántos son los verdaderos dirigentes” [23]. El masón Didler, en su libro “Memorial sobre la masonería”, dice: “Los masones quieren apropiarse del poder gubernativo… La masonería posee un lado exterior para los “no iniciados”; pero, para los “hermanos” familiarizados con ella, o sea, los de los grados superiores, cuentan con un lado interior estrictamente oculto. Para conseguir la dominación de la “Alta Política” sólo se trata en un reducido círculo de los grados supremos en los domicilios de los interesados” [24]. Los genuinos masones se guardan muy bien de revelar cuál es el fin último de la masonería. Aún en la “Instrucción” hecha por el venerable al futuro maestro se le advierte que “ningún grado conocido enseña ni descubre la verdad. No hace más que aclarar un poco el enigma, descorriendo un tanto el velo. Los grados practicados hasta ahora hacen masones pero no iniciados”. Juan Ragón – doctor masónico, gran teólogo y autor sagrado de la Orden – confirma, y lamenta al mismo tiempo esta situación, al escribir lo que sigue: “En cuanto a los misterios ocultos más allá de la maestría, no puedo revelároslos todavía. Día llegará en que los penetraréis, y bendeciréis entonces esta saludable oscuridad. La ignorancia es, para muchos masones, el velo que les oculta a la masonería. Ella es la Luz; pero, aún entre sus principales jefes existe la ignorancia, causa de los males que la abruman” [25]. Por eso podemos definir a la masonería como una sociedad compuesta de dos clases de miembros. Unos pocos que engañan y explotan a los demás y por medio de ellos al mundo entero; y otros, la gran mayoría, que son engañados y explotados por los primeros y les sirven de instrumento para toda clase de fines, aún los más perversos, y para trabajar en contra de sus propias ideas y convicciones religiosas, políticas, patrióticas y sociales. IR A CONTENIDO . . 9. A la conquista de prosélitos La masonería alista preferentemente en sus filas, a partir del siglo XVIII, a los príncipes y grandes personajes, lores, generales, diplomáticos, reyes y emperadores a los primeros mandatarios, presidentes y ministros sin contar la pléyade de nobles, filósofos, potentados, literatos, publicistas, funcionarios públicos y oficiales de las fuerzas armadas. A estos grandes del mundo, a quienes – halagando su vanidad – nombra “protectores” de las logias y concede elevados grados masónicos – a fin de que se crean influyentes en las mismas -, la secta los mantiene en la más absoluta ignorancia de sus secretos y designios últimos; valiéndose de mil artimañas, que prueban su habilidad para el engaño y la mentira. Los auténticos masones se mofan de ellos y los apodan “fantasmones, muñecos y bausanes”, embaucados con vanas apariencias de mando. Sigue luego el reclutamiento entre los maestros de escuela, profesores de colegios, catedráticos de universidades, abogados, jueces, dirigentes políticos y periodistas, o sea, a los artífices y directores de la opinión pública, pues la prensa – para los masones – es el “sacerdocio del librepensamiento”. El código del iluminismo asegura que: “quien logra conquistar a los ministros y consejeros de los gobiernos, hizo más que si hubiera conquistado al mismo rey”. Dice a este respecto el masón Rosen: “Nuestros jefes, deseando asegurarse si no la protección, al menos la tolerancia de los poderosos de este mundo, les dejaron tomar parte en las obras masónicas, de las cuales no se les dio a conocer sino lo que no había inconveniente que supiesen. Y a estos poderosos de la tierra, que creyeron tener en sus manos el gobierno de nuestra Orden convertida en una sociedad benéfica y de caridad, les dejaron declarar que la política y la religión eran completamente extrañas a la masonería” [26]. Porque el masón tiene una doble personalidad. La primera es la que se manifiesta a través de los rituales, las revistas, las reuniones y los calendarios masónicos: es lo exterior, lo popular, lo exotérico; la segunda comprende lo interior, lo filosófico, lo esotérico, que es el centro real y alma de la Orden, esencialmente irreligiosa, anárquica y subversiva. La externa predica la tolerancia, el liberalismo en religión y el humanitarismo; allí afluyen la multitud de masones atraídos por las ventajas comerciales o sociales que les procura su afiliación, sirviendo a su vez a la institución como figuras decorativas por su riqueza o influencia, pero permanecen en una total ignorancia de lo que se fragua en los círculos internos de la Orden. En su afán proselitista la Circular de la Alta Venta apuntó a la juventud, como rica y ambiciosa presa, cuando recomienda: “Es menester dirigirse a la juventud, seducirla y arrastrarla bajo nuestra bandera, sin que lo sienta”. Y en la Instrucción Secreta dirigida a Volpe por Nubius, jefe de los carbonarios, no tuvo éste reparo en penetrar en el mismo santuario de Cristo cuando exhorta a sus “buenos primos”: “Tended vuestras redes aún en el interior de las sacristías, de los seminarios y de los conventos. Que el clero y los católicos crean marchar bajo la bandera de sus jefes, marchando bajo nuestro estandarte” [27]. Para conquistar prosélitos la masonería trata de insinuarse indirectamente, manifestando que es una “institución benéfica, filosófica y progresista, donde desaparecen todas las diferencias de nacimiento, posición social, fortuna, opiniones y creencias, para vivir todos los socios bajo un nivel de perfecta igualdad”; y que, en todas partes del mundo encontrará “hermanos” dispuestos a ayudarle. Se le propone luego el ingreso en la logia, se realizan las “pesquisas” del caso sobre la “conducta” del candidato y se procede a su votación. Si la votación le favorece, el “profano” sufrirá una serie de interrogatorios y pruebas, llamadas los “tres viajes”, y luego prestará el juramento de absoluto silencio y de fidelidad incondicional a las constituciones y prescripciones de la secta. A continuación se le enseñan las “palabras, toques y señales” del grado de aprendiz, se le inculca el desprecio por el “fanatismo religioso”, y se le explican algunos símbolos y atributos masónicos. Esta tarea de adoctrinamiento continúa en el grado de compañero hasta formar la mentalidad masónica del individuo que, si da pruebas de fidelidad en el propósito apetecido, no tarda en ser promovido a la maestría masónica. “El primer grado señala el paso de la barbarie a la civilización – según escribió Ragón en su ritual del aprendiz -, y el tercero es el coronamiento de la masonería”, dice su ritual del maestro. “Por la iniciación – escribió el masón Wirth – el aprendiz se liberta de las esclavitudes y cegueras del mundo profano, recibe la verdadera luz y tiene acceso a la libertad, a la dignidad y a la grandeza. Por medio de este desbrozamiento intelectual y moral, el masón resulta un pensador y un sabio. Luego, por el pasaje entre las dos columnas de Boaz y Jakín, y por el estudio asiduo de las ciencias y de las artes liberales, el compañero prepara su divinización: su terminación masónica en la humanidad pura. Recibe como recompensa natural la superioridad sobre todos los profanos y la serenidad del estado perfecto, simbolizado en la piedra cúbica. Finalmente, por la elevación o transfiguración, se completa la divinización del maestro que – muerto místicamente – se despoja de los prejuicios y vicios del mundo profano, renaciendo a una nueva vida totalmente masónica. En la lucha contra las potencias enemigas, que son la “superstición, el fanatismo y el despotismo”, estará preparado para cualquier sacrificio, aún de su posición y de su propia vida” [28]. IR A CONTENIDO . . 10. La leyenda masónica de Hiram-Abí Los rituales masónicos nos suministran abundante material en alegorías y ceremonias iniciáticas; pero aquí expondremos tan sólo lo fundamental y más característico, remitiendo a los interesados, a los numerosos libros de consulta. En el tomo 3º del Diccionario Enciclopédico de la Masonería en más de trescientas páginas a dos columnas, hallará el lector la nómina de los diversos grados de los diferentes ritos con la indicación, en cada, uno de ellos, de la decoración que corresponde a la logia, los dignatarios y oficiales que la presiden, las joyas móviles que ostentan, el ceremonial de la apertura de los trabajos, el orden del día, el ritual de la iniciación, recepción, juramento, consagración y examen del candidato, el discurso que debe pronunciar el orador y la instrucción que se imparte al recipiendario. Al iniciado en el grado de maestro se le narra la leyenda masónica de Hiram o Adoniram, que es una adulteración del correspondiente pasaje bíblico del Libro III de los Reyes. He aquí el mito hirámico. Salomón o Solimán, al proyectar la construcción del famoso templo, maravilla del mundo, solicitó del vecino rey de Tiro, el envío de un arquitecto cuya fama no conocía fronteras. El arquitecto Hiram-Abí, homónimo del rey, capitaneaba una verdadera legión de trabajadores que, clasificados en 70.000 aprendices, 80.000 oficiales o compañeros y 3.300 maestros, sólo podían pasar de una a otra categoría cuando habían demostrado suficientes conocimientos, que acreditaban en base de competentes pruebas de capacidad. Dentro de cada categoría se utilizaban determinadas palabras, señales y toques, que al ser reconocidos únicamente por los titulares de cada grado, impedían el auto ascenso, la percepción indebida de salarios y la realización de obras que no correspondían a dicha categoría. Tres compañeros llamados Jubelás, Jubelós y Jubelún (según otros: Abibala o Amrú, Fanor o Sterkín y Metusael u Oterfurt) – que personifican a la ignorancia o intolerancia, al fanatismo y a la superstición – apetecían el ascenso a la maestría, y acordaron exigir de Hiram la palabra mágica que les permitiera obtener el rango de maestros. Esperaron al mediodía al maestro. supremo, junto a la puerta del templo, y le requirieron la palabra; pero, ante la negativa de Hiram, agredieron al arquitecto con sus instrumentos de trabajo (la escuadra, el campo y el martillo); muriendo el gran maestre a manos de los tres asesinos, a saber: la intolerancia, el fanatismo y la superstición; que para los masones y judíos representan a la Iglesia cristiana, al Estado cristiano y a la Familia cristiana. Para ocultar el crimen, los tres compañeros transportaron el cadáver al Líbano y allí lo enterraron. Salomón envió a nueve maestros en su búsqueda, los cuales hallaron el cuerpo en una fosa. Los nueve maestros colocaron sobre la tumba una rama de acacia para reconocer el lugar; fueron a dar la noticia del hallazgo y luego regresaron para trasladar el cadáver a Jerusalén, vestidos con sus mandiles y guantes blancos. Mientras tanto, al pasarse lista de los compañeros, se advirtió la ausencia de los criminales. Salomón dispuso entonces que quince maestros elegidos persiguieran a los culpables. Estos, al fin, localizaron a Jubelás o Abibala, que quiere decir parricida, y lo mataron a puñaladas; pero como no pudieron dar con el paradero de Jubelós y Jubelún, o sea, el fanatismo y la superstición, se dispuso que todos los constructores – a saber, los masones – se dedicaran en lo sucesivo a su captura y al exterminio de todos sus descendientes [29]. Otros aseguran que los mataron y que sus cabezas fueron expuestas en el interior de los “trabajos”, enastadas en tres picas en las mismas puertas donde estaban apostados antes de consumar el crimen. Ahora se trata de eliminar a sus parciales. El maestro Hiram simboliza la ley antigua o judaica, que ya ha desaparecido o muerto por el advenimiento de la ley nueva o de gracia, predicada por Jesucristo y simbolizada por Abibala o Jubelás. Salomón y los maestros, que representan a la sinagoga judía, hacen pagar con su vida al responsable (Jesucristo), que muere a manos de los quince elegidos (los príncipes del Sanedrín). Jubelós y Jubelún, que representan a la Iglesia Católica (Jerarquía) y al Pueblo Cristiano (Católicos) – y según los masones, al “fanatismo” y a la “superstición” – se hallan esparcidos por todo el mundo. Para lograr su aniquilamiento trabajan los masones, simbolizados por los albañiles y constructores del templo de Salomón. Al morir Hiram la masonería o “albañilería” quedó viuda; por eso a los masones se los apellida los “hijos de la viuda”. Para algunos los tres compañeros son: la ignorancia, la hipocresía y la ambición, o sea, la ignorancia del pueblo que debe ser ilustrado por los masones, que se dicen sabios; la hipocresía del clero, que debe ser combatido por los gobiernos sectarios y por los grupos políticos y cívicos anticlericales; y la ambición de los reyes, aristócratas y capitalistas que deben ser abatidos en sus privilegios de sangre, poder y dinero, por la revolución social y la lucha de clases. Para otros los tres asesinos son: la superstición, que llaman fanatismo y mentira y que identifican con la religión cristiana; la tiranía, que llaman ambición, y simboliza el gobierno de los soberanos justos y cristianos; y la avaricia, que llaman codicia e ignorancia, y representa al Estado, a la Familia y a la Propiedad ordenados cristianamente. Una tercera interpretación ve en ellos a la religión, a la familia y a la propiedad. Y sigue el mito hirámico. Cierto día Salomón fue visitado por la reina de Saba, su prometida, que quiso presenciar la construcción del templo. Su nombre es Balkis, que quiere decir “seducción de Baal”, el dios; del fuego o demonio. Salomón, acompañado de los sacerdotes y de su guardia militar, se dirigió hacía la obra y ordenó que se reanudaran los trabajos, pero Hiram se opuso. El maestro supremo trazó una señal en el aire y los obreros suspendieron los trabajos. Hizo otra señal y se formaron tres columnas en orden de batalla, avanzando rítmicamente. Interpretación de los símbolos: Los reyes, los sacerdotes y los militares retrocederán ante el avance de la masa obrera. capitaneada por su demagogo. El socialismo, marxismo, anarquismo, nihilismo, comunismo con su laicismo y ateísmo se declaran en guerra sin cuartel contra el ejército, el trono y el altar, o sea, contra el militarismo, la autoridad civil y el clericalismo. Este simbolismo continúa en el grado 30, cuando el caballero Kadosch con un puñal debe cortar las “Tres Cabezas de la Hidra”, representadas, en el monigote alusivo, por tres cabezas coronadas con la tiara papal, la corona real y la diadema militar del laurel de la victoria: símbolos del “fanatismo” o poder eclesiástico, de la “superstición” o poder civil y real, y de la “intolerancia” o poder militar. Usurpado el Gobierno, perseguida la Iglesia y desarticuladas las Fuerzas Armadas, se derrumban los valladares de contención de la sociedad y entra a reinar soberana la República masónica. Decía el célebre masón Goffin, director del diario de la masonería belga: “Llegó el tiempo de alzar inexpugnable barrera a las invasiones del clero y de abolir los ejércitos permanentes, causa de la ruina y opresión de los pueblos. Con tal motivo, la logia “Filadelfos” de Londres le honró con el grado de Rosa Cruz [30]. La leyenda continúa narrando cómo fue revelado el nombre del Ser Supremo – el Gran Arquitecto del Universo – en el monte Horeb, sobre un triángulo radiante o “delta de oro”; y que Salomón, para guardarlo, hizo construir la bóveda sagrada o secreta, que custodia la “palabra indecible”, grabada en el triángulo. Luego se narran otros pasajes de la historia judía, cuyos simbolismos masónicos se explican a los maestros. Son muy variadas las interpretaciones políticas, religiosas, judías, luciferinas, científicas o filosóficas que se dan a estos símbolos de la leyenda. Pueden verse con detalle en el apéndice del libro “Filosofía de la Masonería” de monseñor León Meurin. Una de ellas, por ejemplo, presenta al arquitecto Hiram como hijo de Caín y nieto de Eva y Satanás, el ángel de la luz y el dios del fuego, llamado Eblis: nombre propio del ángel caído, según los musulmanes; o serpiente fecunda, que por su aliento engendra de Eva a Caín, mártir de Jehová. Sus descendientes – superiores a los hijos de Adán, porque llevan en sus almas una chispa del Espíritu del Fuego – combaten contra los hijos de Dios, que formarían el recto de la humanidad. Hiram-Abí quiere decir nuestro padre Hiram. En la leyenda es el arquitecto del templo, pero en astronomía es el sol, en moral es el hombre perfecto, en política es el pueblo, en la historia es Molay – el Gran Maestre de los templarios – en la explicación judaica es el pueblo judío, y en la diabólica es Satán, el Gran Arquitecto del Universo. IR A CONTENIDO . . 11. Adoctrinamiento progresivo En los demás grados se va completando el adoctrinamiento masónico, cuyas líneas generales se le expusieron al maestro durante su iniciación. Así, por ejemplo, en el grado 5 se le inculca el desprecio a la voz de la conciencia, la cual ha sufrido el influjo de la educación profana; quedando adormecidos el honor, la virtud y la justicia, entendidas en sentido masónico. En el grado 5 se le enseña que el verdadero asesino de Hiram es Abibala, o sea, Jesucristo, cuyo sucesor es el catolicismo. En el grado 9 se pide venganza de la muerte de Hiram; y todos juran realizarla esgrimiendo su puñal. En los grados a que pertenecen los masones “elegidos” se juramentan, con puñal en mano, para acabar con los traidores, que con: la superstición, la ambición y la ignorancia – al grito de Nekam que quiere decir: ¡venganza! En el grado 12 se presenta al gnosticismo con su dualismo del bien y del mal, como la verdadera ciencia y filosofía masónica en contraposición al dogma católico. En los grados 17, 27 y 29 se exalta la figura de los caballeros templarios o de Occidente, que recibieron en Jerusalén los secretos conservados por los caballeros de Oriente y que sucumbieron más tarde como víctimas de los “tiranos”. El grado 18 del caballero Rosa Cruz es uno de los más importantes de cuantos se practican en la actualidad. Antes era el grado más alto en la mayor parte de los ritos. Los discursos que se pronuncian son de corte materialista y panteísta y en su iniciación se realiza la parodia sacrílega de la consagración de la Eucaristía el mismo Jueves Santo. Los rosacruces, que son los sacerdotes de la masonería, sacrifican a Satanás el cordero coronado de espinas y clavado por sus cuatro patas. Luego arrojan al fuego la cabeza y las patas en holocausto al diablo, dios del fuego. [31] La descripción completa de esta parodia blasfema de la Ultima Cena y de la Muerte de Jesucristo, puede verse en el “Ritual du Grade Rose-Croix” de Ragón, en el “Ritual of the Rose-Croix Degrée” de Pike y en el libro “La Guerre Maçonnique” de Jouin. La divisa del Rosa-Cruz es el anagrama INRI, que Pilatos colocó sobre la cruz de Cristo. La primitiva y auténtica interpretación Jesús Nazarenus Rex Judeorum (Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos), los masones la han cambiado por estas otras: Igne Natura Renovatur Integra (Por el fuego se renueva la naturaleza entera) y Justicia Nunc Reget Imperia (Y entonces la justicia regirá a las naciones). O sea, el fuego de la ciencia masónica debe regenerar al mundo, y la justicia que los masones implantarán gobernará a las naciones. La cruz formada por las cuatro escuadras unidas por sus ángulos rectos, es el símbolo de la suma perfección, y la rosa encarnada, el supremo “amor” de los masones. En sus tenidas secretas revelaran a los iniciados cuál es este supremo amor masónico y en qué consiste la suma perfección a la cual aspiran. Nos resistimos a transcribir, ni siquiera en latín, las obscenidades masónicas que se practican y enseñan en estos grados y los significados que tienen para sus titulares los diversos signos masónicos del compás y de la escuadra. Quien desee ilustrarse al respecto podrá leer, entre otros libros, los de monseñor Meurin. El símbolo de la rosa-cruz en el sentido cristiano se remonta al tiempo de las cruzadas. La estatua de San Jorge de la catedral de Chartres tiene la cruz esculpida en su escudo con una elegante rosa en el centro. San Jorge, además de ser el patrono de los ejércitos ingleses, es el modelo de los caballeros templarios, cuyo legislador San Bernardo les presentará el simbolismo de la rosa encarnada sobre la cruz como la imagen de la sangre de Cristo derramada en el santo madero para redimir y vivificar al mundo. Con igual simbolismo Lutero, el caballero de Satanás, pretenderá serlo de Cristo y reformar su Iglesia, ostentando en su sello una rosa rematada por una cruz. [32] En el grado 19 se propugna la ley del divorcio y se contrae la obligación de emplear todos los medios para implantarlo. [33] En el grado 20 se defiende la enseñanza laica y libre del clero. “En el nombre sagrado de Lucifer – reza el ritual – desarraigad el oscurantismo”. Dice Rosen que los grados herméticos (alquimia) y kabalísticos (magia), del 22 al 28, establecen el reino del racionalismo y la imposibilidad absoluta del milagro. [34] Mariano Tirado y Rojas, masón convertido, afirma que el grado 28 “es un conjunto de obscenidades encaminadas a quitar todo resto de pudor al graduado, para más ligarle a los planes de la secta”. Además, gran número de logias son verdaderas guaridas de espiritismo: medio utilizado por los masones para descristianizar al pueblo. A la falolatría o adoración sexual sucede la ofitolatría o adoraciónde la serpiente, imagen del demonio. En este grado se practica la magia negra y el más infame libertinaje, declara monseñor Meurin. Su dios es Bafomet, ídolo panteísta y mágico, hibridación demoníaco-humano-bestial, que recibe incienso y adoración en los grados 28, 29 y 30. En el formulario rituálico del grado 28 dice: “Muchos profanos tienen la felicidad de entrar en nuestros santuarios, pero bien pocos son bastante felices para llegar a conocer la sublime verdad y contemplar la verdadera luz. Debéis sacudir el yugo de los prejuicios concernientes a la religión. He ahí el monstruo, bajo la figura de serpiente, que tenéis que exterminar” [35]. En el ceremonial del grado 29 leemos: “Guerra a la cruz de Cristo; culto a Lucifer, al fuego y a la carne”. El grado 30 del caballero Kadosch – que en hebreo quiere decir “santo” y en inglés “asesino” (killer) – recuerda la muerte de los templarios. En este grado se reza la oración a lucifer y se maldice con rabia satánica a Dios, escupiendo y pisoteando el crucifijo, que – según dice el ritual – es la imagen de la superstición. Dice el masón Ragón: “El caballero Kadosch es el complemento esencial de la verdadera masonería. No merecen este grado sino la flor y nata de los masones, porque está destinado a significar el fin de la orden en todos sus grados. El caballero Kadosch corta las tres cabezas de la serpiente, que es el mal principio, con su corona, su tiara y su espada (el trono, el altar y el ejército)”. Es “santo” porque ha sido purificado de los “vicios” profanos de la “superstición” y del “fanatismo”, “El es el verdadero sacerdote de la masonería y, con el rosacruz, es el propagador y pastor celoso y vigilante de la Orden” [36]. Debe combatir toda autoridad civil, militar y religiosa, pues todas ellas son otras tantas supersticiones, Los grados “sublimes” – 31, 32 y 33 – constituyen el Alto Tribunal Masónico. En el grado 31 se anuncia que las alegorías han acabado; todo por lo tanto, debe interpretarse literalmente. Sus reuniones se realizan en las “traslogias”. Dice Luis Blanc: “Las traslogias se inventaron para los masones fervorosos de los grados superiores. Ellas son el santuario tenebroso cuyas puertas no se abren al adepto sino después de una larga serie de pruebas” [37]. Estos sátrapas de la secta hacen a un lado ceremonias y emblemas, que despreciativamente dejan para el vulgo de los masones, y en sus conciliábulos se desentienden de simbolismos para ocuparse tan solo de los verdaderos fines de la masonería. En el grado 32 se revela el “Real Secreto” y se habla del asalto definitivo para apoderarse de Jerusalén y reedificar el Templo. Dicen que los asaltos son cinco. El primero lo dio el protestantismo, el segundo fue la independencia de los Estados Unidos, y el tercero, la Revolución Francesa. El cuarto – según algunos – es el comunismo, y el quinto y último – según los cálculos masónicos – aniquilaría a la Iglesia de Cristo y la civilización cristiana; inaugurándose el satanismo, o sea, el reinado del Anticristo. Alberto Pike, que desde 1859 fue el jefe universal de la masonería, al cumplirse el primer centenario de la Revolución Francesa, el 14 de julio de 1889, resumía así el “secreto” que debe revelarse sólo a los masones de los grados 30 al 33: “D. M. I.”, que significa: “Destrucción, Materialización e Imposición”, cada una de triple efecto, a saber: “Destruir la superstición, la tiranía política y el anti-masonismo; Materializar la Conciencia, el Estado y la Enseñanza e Imponer nuestro ideario a la Familia, a la Nación y a la Humanidad”. En el grado 33 – cuyos titulares están destinados a la administración suprema del Rito Escocés – se dan las instrucciones para apresurar los dos últimos asaltos. Tales normas se contienen en esta consigna: “Sustituir la Religión, la Ley y la Propiedad – las tres enemigas del hombre – por la religión, la ley y la propiedad masónicas; y trabajar asiduamente en la formación de nuevos núcleos de “hermanos influyentes” en todos los sectores de la sociedad para esparcir más las doctrinas masónicas sobre todo entre las clases dirigentes; teniendo en cuenta de no inclinarse excesivamente al proletariado, que reclama mucho y no reporta ningún beneficio” (sic). He aquí el texto de la macabra consigna: “Los tres infames asesinos de nuestro Gran Maestre Hiram son: la ley, la propiedad y la religión de los que hemos jurado tomar la más resonante de las venganzas; a quienes hemos jurado una guerra sin cuartel, una guerra a muerte. Matando a la religión, tendremosanuestra disposición la ley y la propiedad, y podremos regenerar a la sociedad estableciendo sobre los cadáveres de aquellos asesinos, la religión, la ley y la propiedad masónicas” [38]. IR A CONTENIDO . . 12. Los grados de la masonería femenina La masonería femenina, andrógina, de adopción o de damas, consta de cinco grados principales – l, 2, 3, 18 y 30 -: aprendiza, compañera, maestra, maestra perfecta (que corresponde al Rosa Cruz), y sublime escocesa (que corresponde al caballero Kadosch). En otros ritos sus grados son: maestra perfecta, maestra elegida, maestra escocesa, sublime escocesa, dama de la paloma, dama de la beneficencia o rosacruz y princesa de la corona o soberana masona. A la sublime escocesa – que en los simbolismos iniciáticos representa a Judith cortando la cabeza de Holofernes para salvar a la ciudad de Betulia – se la instruye para que unida con los caballeros Kadosch, liberte a sus “hermanos y hermanas”, de la “intolerancia, superstición y fanatismo”; declarando guerra a muerte a la “tiranía” política y religiosa. El gran maestro le dice a la maestra perfecta durante la ceremonia de su iniciación: “Tu primera obligación será soliviantar al pueblo contra los reyes y contra los sacerdotes” [39]. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Ev. de S. Juan, cap. III, v. 20. [2] Espasa Calpe. Enciclopedia Universal, T. 33º, sub voce “masonería”, pássim. [3] Diccionario Enciclopédico de la Masonería (Año 1947, Bs. As.), tomo I, Pág. 574; Carcavilla, La Masonería Española, pp. 26 y 44. [4] Dic.. Enc, de la Mas., op. cit., tomo III, Pág. 903. [5] Boletín del Gran Oriente de Francia, Pág. 467. Año 1895; Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 140. [6] La Documentation Catholique, número 1198. Año 1955. [7] Regular, irregular and clandestine grand lodges. Año 1956. Life, febrero 1957. Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 143; La Croix del 25 de set. de 1955. [8] Serra y Caussa, Nicolás, op. cit. (La masonería…), tomo II, Pág. 350. Estatutos de la Gran Logia de la Masonería Argentina. [9] Gougenot de Mousseaux. Judaisme, Pág. 340. [10] Monde Maçonnique. Año 1867, Pág. 631. [11] Archivo particular de N. N. [12] Revista Verbum, junio, 1947. Lasca, Virgilio A. La Biblia contra la Universalidad Masónica, Pág. 23, México, s/f. [13] Arch. Part. de N. N. [14] Wirth, Osvaldo, op. cit., Pág. 3. 14′ El “signo de destreza” en honor de Lucifer y que viene a sustituir a la señal de la cruz de los cristianos, se practica con las manos entrelazadas sobre la frente con las palmas hacia afuera y los brazos en línea recta formando un triángulo invertido, cuyo vértice se halla en el corazón. [15] Meurin, Mons. León, op. cit., pp. 32 y 78. [16] Revista Símbolo, agosto, 1953. [17] Deschamps, Nicolás. Les Sociétés Secrétes et la Société. Año 1883. Citado en Serra y Caussa, tomo I, Pág. 105. [18] Mackey, Alberto. Encyclopedia of Freemasonry, pág. 819, Filadelfia, 1905. Biblioteca Masónica. Año 1842. Enciclopedia de la Religión Católica, tomo III, pp. 1179 y ss. Año 1952. [19] Pike, Alberto. Moral and dogma of the Ancient and accepted Scotty Rite of Freemasonry, pág. 819, Charleston, 1880. [20] Gautrelet, Javier. La Francmasonería y la Revolución, tomo II, Pág. 354, Año 1872. [21] Serra y Caussa, op. cit. (La Masonería… ), tomo II, Pág. 111. [22] Serra y Caussa, Íbidem, Pág. 77. [23] Benoit, Pablo. La Francmasonería, citado en Serra, tomo II. Pág. 84. [24] Pacifico, fray Justo, op. cit., Pág. 28. [25] Ragón, Juan. Ortodoxia Masónica, Pág. 6. [26] Rosen, op. cit., pág. 294. [27] Citado en Serra y Caussa, tomo II, Pág. 258. [28] Wirth, Osvaldo, op. cit., Pág. 105. [29] Comin Colomer, Eduardo, op. cit., pp. 23 y ss. [30] Serra y Caussa, Nicolás, op. cit. (La masonería… ), tomo I, Pág. 387. [31] Meurin, Mons. León, op. cit (Simbolismo… ), Pág. 125. [32] Meurin, Mons. León, op. cit (Simbolismo…), Pág. 195. [33] Boor, J., op. cit., pág, 147 [34] Rosen, op. cit., pág. 199. [35] Caro, José, op. cit., Pág. 90; Meurin, op. cit. (Simbolismo…), Pág. 142. [36] Dic. Enc. de la Mas., tomo III, Pág., 771. [37] Serra y Caussa, op. cit. (La masonería… ), tomo II, Pág. 200; Meurin, op. cit. (Simbolismo… ), Pág. 194. [38] Rosen, op, cit., Pág. 296. [39] Caro, José, op. cit., pp. 19 a 30; 50 a 85 (pássim); Serra y Caussa, Nicolás, op. cit. (La masonería…), tomo II, pp. 77 a 85; 255 a 258 y 345 a 350. (pássim).





 

CAPÍTULO III. MASONISMO Y RELIGIÓN

1. LA RELIGIÓN DE LA “HUMANIDAD”.
2. INDIFERENTISMO RELIGIOSO Y ATEÍSMO.
3. GUERRA A LA IGLESIA DE CRISTO Y A LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA


MASONISMO Y RELIGIÓN Los antiguos estatutos de la masonería, a partir de la constitución de 1723, exigen a sus adeptos que profesen la religión del país donde viven; y al masón, deseoso de comprender el “Arte Real”, le recomiendan que “no sea un ateo estúpido ni un libertino irreligioso”. Con esta frase se quiere indicar que, siendo el fin de la masonería transformar insensiblemente el medio social, no se debe propugnar abiertamente el ateísmo; pues ofendería las ideas tradicionales, quedando gravemente comprometida, con tales provocaciones, la acción masónica. En realidad, lo que se le recomienda es que “no sea un ateo estúpido”, sino más bien consciente de su ateísmo, es decir, ateo de principios; y que “no sea un libertino irreligioso” sino un libertino que -sepa guardar las apariencias de hombre honrado, a pesar de profesar como religión el libertinaje. En las constituciones de 1806, 1826 y 1839 no se nombra para nada la religión; en cambio en las de 1854 y 1865 se coloca, como base de la masonería, el principio de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma Por otra parte, los mismos estatutos, antiguos y modernos, ordenan prescindir de las religiones, mandan respetar las creencias particulares o la absoluta carencia de ellas, y prohíben rigurosamente cualquier plática o controversia sobre tema religioso. En el fondo de tales disposiciones se advierte el indiferentismo más crudo y descarado, y una flagrante contradicción al profesar,- por una parte, el ateísmo, y al establecer, por otra, la fórmula ritual: “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo” (ALGDGADU); que en Algunos diplomas masónicos aparece en latín: Universi Terrarum Orbis Summi Architecti Gloria ab Ingentis (UTOSAGAI); o también: Ad Universi Terrarum Orbis Summi Architecti Gloriam (AUTOSAG). IR A CONTENIDO . . 1. La religión de la “Humanidad” Para los masones el Gran Arquitecto del Universo no es más que una palabra vacía de contenido. Cada masón puede interpretarla a su gusto; viendo en ella el ideal de la verdad, del bien, de la belleza, de la Civilización o del progreso que se realizará en el mundo moderno en forma totalmente masónica. Para los grados “sublimes” – donde ya no hay simbolismo – este Gran Arquitecto es el mismo demonio – según lo atestigua también el masón convertido Leo Taxil -, el principio del Mal, “el Genio del Trabajo, el Ángel de la Luz, el Espíritu del Fuego, el calumniado de los sacerdotes y vengador de la Razón” – según los impíos Proudhón y Carducci – el cual dominará al mundo, después de su lucha victoriosa contra el principio del Bien, el Dios de los cristianos; porque él es el Bien, el Progreso, la Civilización, la Verdad y la Libertad. Este es el sentido de la expresión ritual, y ésta es la “religión” en la cual están todos de acuerdo, según lo pide la constitución de 1723, a saber: “la religión de la “Humanidad”, cuyo centro de unión y de atracción es la masonería”. La Revista Masónica Italiana de 1909, dice: “El Gran Arquitecto del Universo es la más completa y preciosa afirmación: del principio de la existencia y puede representar tanto al Dios de Mazzini como al demonio de Carducci; a Dios, como fuente del amor o del odio, y a Satanás, como el genio del Bien o del Mal” [1]. En el periódico “El Mundo Masónico” de 1862 se lee: “Nuestros antepasados adoptaron la fórmula genérica de “El Gran Arquitecto del Universo”, para que cada uno pueda venerar en él a su Dios, aún aquel que no cree en ninguno… Para nosotros masones, la única religión verdadera es el culto de la Humanidad” [2]. Sírvanos de ilustración el dato que nos suministra Ducarre al afirmar que halló 2.800 maneras de entender a Dios, para que cualquier masón pueda – de buena fe – ser ateo sin parecerlo [3]. Como vemos, los estatutos antiguos sancionan el más absoluto indiferentismo en religión. Si bien algunas constituciones posteriores admiten la existencia de Dios, sin embargo, la acompañan con la profesión de este mismo indiferentismo, al observar que la masonería no se cuida de las diversas religiones; obteniendo en ella igual acogida – en esta materia – tanto la verdad como el error. Además, el Dios de la secta es una denominación genérica que puede aceptar aún el que no cree en Dios: una de tantas tradiciones anticuadas de la Orden. Hay afirmación deísta para consuelo de los timoratos, y hay ateísmo puro para estimulo de los audaces. Así se podrá vociferar sin empacho contra el “fanatismo, la superstición, el oscurantismo y el clericalismo” – o sea, contra el catolicismo y su doctrina – sin dejar, por eso – según piensan ellos – de ser católicos. En agosto de 1849 el Gran Oriente de Francia insertó en sus Constituciones la creencia obligatoria en Dios y en la inmortalidad del alma, pero el 10 de septiembre de 1877 la Asamblea General sancionó, a pedido de las logias, el ateísmo; decretando se borrara de los estatutos masónicos el artículo de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma, y se sustituyera por este otro: “La francmasonería tiene por principios la libertad absoluta de conciencia y la solidaridad humana”. Al comentar este incidente, dice el masón argentino Virgilio Lasca, que tal supresión de la creencia en Dios y de la inmortalidad del alma fue “fruto de un maduro estudio de los antecedentes de la Orden y sancionado en nombre de la libertad de conciencia. Tal hecho le atrajo al Gran Oriente de Francia la ruptura con la Gran Logia Unida de Inglaterra, gran parte de las Grandes Logias de Norteamérica y algunas potencias de su influencia, pero luego éstas recapacitaron y reanudaron sus vínculos fraternales, excepto la de Inglaterra” [4]. En tal fecha, pues, declárose oficialmente atea y materialista y proclamó a continuación la absoluta libertad de conciencia. Este adogmatismo fue ratificado en 1885. Protestaron los masones deístas de Inglaterra y de algunas logias americanas para salvar – por supuesto – las apariencias del respeto al qué dirán; pero la mayoría de las Obediencias y Potencias de la masonería universal se adhirieron. En otro lugar explicamos ya qué derivaciones tuvo el conflicto en la masonería alemana [5]. De aquí se deduce que el espiritualismo que pregonan algunas logias es totalmente ilusorio; pues aún las que se dicen cristianas profesan manifiestamente su repudio a todo dogma; y sí dejan a Jesucristo la gloria de haber sido “el primer héroe” de los principios humanitarios que ellos preconizan, no ven en su persona y en su doctrina evangélica más que la parte meramente humana. Todos los masones – desde los iluminados, jacobinos, carbonarios y escoceses, hasta los socialistas liberales, anticlericales y laicistas – exaltan al célebre Jesús de Nazaret, al Rabí de Galilea, al Dulce Nazareno, al gran filósofo y filántropo, al primero de los “hermanos” y al más excelente de los “maestros”; pero, eso si, reducido a la simple talla de hombre y negada su majestad de Dios humanado. Como los antiguos maniqueos, gnósticos, albigenses y apostatas templarios, se proclaman cristianos; más cristianos que los herejes protestantes y los sedicentes ortodoxos cismáticos, y más aún que los católicos apostólicos romanos, a quienes tildan de obscurantistas, ultramontanos, retrógrados – ultrapampeanos bárbaros, diría Sarmiento -, papistas nazi fascistas, fanáticos reaccionarios e intolerantes clericales retardatarios. La Revista Masónica Argentina de febrero de 1902 afirma que “la fórmula del “GADU” es un símbolo que cada uno tiene derecho de interpretar según su libre ciencia y conciencia”. “No se proclama la existencia del “GADU” – dice el masón argentino José C. Soto – sino únicamente para excluir la existencia de religión alguna positiva”. El Gran Arquitecto se confunde con las leyes de la naturaleza; por lo tanto, no existe la ley moral, ni tampoco sanción alguna. “En la pérdida de un ser querido, por ejemplo – dice la citada revista en su entrega de julio de 1903 – uno se debe resignar a las leyes inmutables del Universo”. Los delegados a la Primera Conferencia Interamericana de la masonería, reunidos en Montevideo en 1947, llegaron a la siguiente conclusión: “El Gran Arquitecto del Universo es un Principio Ideal sobre cuya naturaleza la masonería no se pronuncia, dejando a cada masón su punto de vista particular” [6]. IR A CONTENIDO . . 2. Indiferentismo religioso y ateísmo Oigamos ahora algunas afirmaciones de altos dignatarios de la masonería para conocer qué piensan con respecto a la religión. El masón Bacci, en 1876, decía: “Es un gravísimo error, contrario a los principios de la libertad y del progreso, la afirmación de un Dios creador, personal y providente como el Dios de los cristianos” [7]. El doctor masónico Ragón, teólogo de la secta, escribió: “El Dios sobrenatural y personal es la mayor estupidez. Fue ésta una superchería empleada por nuestros padres para civilizar a la humanidad salvaje” [8]. El masón Gahem llegó a decir: “Solo los imbéciles, ignorantes y débiles de espíritu hablan y sueñan en un Dios y en la inmortalidad del alma”. Weishaupt, fundador del iluminismo y gran autoridad entre los masones, dijo: “Todas las religiones son quiméricas, inventa das por hombres ambiciosos. Sólo sirven para hacer al hombre supersticioso y cobarde”. El renombrado masón y socialista Proudhón declaró: “Nuestro principio es la negación de todo dogma. Negar, siempre negar, ése es nuestro método. Nuestro principio en religión es el ateísmo, en política la anarquía y en economía la abolición de la propiedad. Justicia para todos los hombres y guerra a Dios” [9]. El masón estadounidense John Strother dio esta definición: “La masonería, como existe en Francia, Italia, España, Portugal y en las Repúblicas de Sudamérica, es una asociación política antirreligiosa, que últimamente se ha desarrollado en una especie de secta antiteísta que no hace secreto de su odio a la religión revelada” [10]. Ilustra este juicio lo que leemos en la revista “Verbum”, del mes de octubre de 1947, órgano oficial del Gran Oriente Federal Argentino (G. O. F. A.), que reimprime la impía y blasfema “Plegaria del ateo”: “Me considero feliz de no ser lo bastante cobarde para temer, ni lo bastante débil para adorar a una criatura tan horrible como el Dios de la Iglesia”. Si semejante blasfemia se ha impreso en la Argentina, nada nos extrañará que en el homenaje al Gran Maestre Sarmiento, el 11 de septiembre de 1957, el diputado socialista Américo Ghioldi, haya dicho en plena Convención Nacional reunida en la ciudad de “la Santa Fe de la Vera Cruz”, en la cual Cristo-Dios redimió al mundo y sobre la cual juraron los Constituyentes de 1853: “Cristo ha sido grande y ante su figura mártir podemos inclinarnos; pero la Humanidad es más grande que Cristo” [11]. En 1850 rezaba así el credo de la masonería española: “Creo en Dios como Supremo Arquitecto del Universo; creo en Jesucristo, solo hombre; y creo en la Iglesia, pero no la romana sino la Iglesia Universal, que se halla oculta en la masonería”. El Gran Oriente de Italia declaró en 1901 que el Gran Arquitecto del Universo era “la Humanidad, el Progreso, la Naturaleza y las leyes cósmicas” [12]. El primer Convento Internacional de jóvenes masones reunido en Einhoven, Holanda, del 27 al 29 de abril de 1956, declaró: “Nuestra institución tiende a crear un ambiente en el cual uno pueda hallar, en un espíritu de absoluta autonomía, las bases para configurar el propio credo filosófico y religioso”. Este ambiente, saturado de indiferentismo religioso teórico y práctico, es el que hace condenable la masonería; pues se afirma que todas las religiones son iguales, adaptables solo al vulgo ignorante y crédulo, no al hombre sabio e iluminado; no reconocen en ellas su origen sobrenatural, conceden libertad para abrazarlas o no; sostienen como religión únicamente la religión universal inspirada en el racionalismo y declaran que sólo se debe tolerar al que aún no posee la verdadera luz masónica, la cual es la única religión de la humanidad. Para los masones es lo mismo Cristo que Buda, su evangelio es el gnosticismo y, al provocar la apostasía general, destruyen los fundamentos de la fe. La masonería resulta ser, entonces, una escuela de naturalismo que afirma la moral autónoma, la divinización de la libertad, la inexistencia del pecado; de sanción ultraterrena, y que lleva una sistemática oposición al catolicismo y a la Iglesia, al dogma católico, al clero, a los sacramentos y al Dios personal, procurando laicizarlo todo, o sea, excluir prácticamente a Dios de toda manifestación y forma de vida social. Alberto Pike – el papa de la masonería – dice en su libro “The Inner Sanctuary”: “La única religión y el único dogma es el que nos enseña la Naturaleza y la Razón” [13]. Estas citaciones ya nos van enseñando que la masonería es la antítesis del cristianismo y que, “cuando en las traslogias se rasga el velo del secreto y desaparecen los emblemas y alegorías de las iniciaciones masónicas, todo se reduce a estas palabras: Guerra a Jesucristo y a la Religión, exterminio del Catolicismo y hasta de la idea cristiana” [14]. El sanguinario José Mazzini, corifeo del carbonarismo masónico, escribió en su libro “Derechos del Hombre”, que Dios es la Humanidad; y su lugarteniente, José Garibaldi, Gran Maestre del Gran Oriente Siciliano, afirmó en el congreso masónico de Ginebra, reunido en 1867: “Yo entiendo por Dios la religión de la Razón. Por lo tanto el Papado, como secta perniciosa, queda excluido del número de las instituciones humanas”. El masón mazziniano Juan Bovio declaró que “el Dios de la masonería es una reliquia arqueológica, una engañosa pantalla y un expediente político” [15]. El masón Lafargue exclamaba en el congreso masónico internacional reunido en Bruselas en 1886: “¡Guerra a Dios! ¡Odio a Dios! En ello está el progreso”. El masón Golphin declaró, en la logia “Menfis” de Londres, que “los masones permiten el ingreso en sus templos a los judíos, protestantes, católicos y mahometanos en la esperanza de que abjuren de sus pasados errores y se despojen de las supersticiones y prejuicios con que fueron amamantados en su juventud. Porque, si así no fuere, ¿qué vienen a hacer éstos en nuestras juntas masónicas?” [16]. IR A CONTENIDO . . 3. Guerra a la Iglesia de Cristo y a la civilización cristiana La masonería no solo desprecia la religión natural y profesa el más absoluto indiferentismo y el más descarado ateísmo, sino que también ha declarado guerra satánica a la Iglesia Católica. Los autores clásicos de la masonería, como Ragón, Clavel, MacKey, Cassard, Pike, Williaume, Bruswich, Chereau, Bazot, Branville, Redarés y otros muchos, declaran en sus rituales y cursos filosóficos sobre la institución, que uno de los fines de la orden es “obtener que los adeptos masones renuncien a toda religión positiva, como es el cristianismo, sustituyéndola por la religión y moral universal e independiente” [17]. Por lo tanto, no sólo niegan la redención de Jesucristo, sino que afirman que la religión cristiana, basada en su divinidad, es.una solemne impostura. La Memoria del Supremo Consejo de la masonería argentina presentada por su soberano Gran Comendador Fabián Onsari, el 27 de abril de 1946, dice: “Sobre las religiones y sobre las creencias estamos nosotros”. En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería, editado en Buenos Aires en 1947, leemos esta diatriba anticlerical y blasfema que no tiene desperdicio: “La falange negra recibe desde Roma la consigna por intermedio de los obispos, inspirada siempre en la intolerancia… La teología católica es el resto petrificado de rancias doctrinas; sus dogmas se hallan en contraste con los principios del moderno racionalismo que en los espíritus impera”. Luego de injuriar al Papa llamándolo “el desgraciado prisionero del Vaticano que irrisoriamente se proclama a si mismo infalible”, continúa: “La teología ha muerto; la razón es la que impera. Frente al edificio vacilante de los principios religiosos se levanta el edificio augusto del racionalismo y el positivismo moderno. El Dios de la masonería es la Razón y no ese Dios comestible en forma de pan ácimo que se encoleriza contra los hombres y castiga sus faltas con espantosas catástrofes. Como de parte de la masonería está la razón, la justicia y el progreso y de parte del sacerdocio sólo militan el oscurantismo, la injusticia y el estacionamiento, éste es el enemigo irreconocible de aquélla”. Y termina así: “El fanatismo y la superstición tienen aún profundas raíces y grandes multitudes de esclavos que les sirven sumisos. Es deber imperioso de todos los francmasones ocupar el puesto de honor que les está señalado frente a estos enemigos; e incumbe a las logias la difícil y gloriosa tarea de amaestrarlos y dirigirlos hasta hacer que sean dignos de titularse campeones de la “gran obra” de regeneración y progreso a que están consagrados” [18]. El historiador masón argentino Antonio Zúñiga, hablando del catolicismo, se atrevió a escribir estos solemnes disparates: “Religión que tanto daño ha causado en el mundo con sus intolerancias, sus rigores y sus miras estrechas y antidemocráticas. Ella importó la anulación del pensamiento y la muerte de la razón, generó los despotismos más absurdos y fabulosos que han aterrorizado a la humanidad, e impuso a sus adeptos la obediencia pasiva y el mutismo absoluto” [19]. En el “Manual de los Masones” – libro canónico de la orden – se declara que “suponer una masonería cristiana es una flagrante contradicción”; y en el ritual del grado 18 del Rosa Cruz dice: “La religión de los cristianos, adoradores del Dios muerto en la cruz, no es más que una superstición” [20]. Sin embargo “la masonería – afirma el Gran Maestre Andrés Cassard, grado 33, en su Manual Masónico – es la única y verdadera religión y los masones son los cristianos por excelencia a pesar de todas las excomuniones de Pío IX y de que, al condenarla, haya dicho que es una “secta criminal y compuesta de hombres inmorales y perversos” [21]. El conde de Canteleu, en su libro sobre las sociedades secretas, dejó escrito: “El verdadero fin de todas las sociedades secretas ha sido siempre, es, y por siempre jamás será, la lucha contra la Iglesia y la religión cristiana”. Los masones de Lieja escribían, en 1866, a sus “hermanos” de Londres: “Libertemos a la humanidad por la ciencia; sustituyamos las esperanzas del cielo por las satisfacciones de la conciencia, y arranquemos del espíritu la vana preocupación de la vida futura” [22]. El masón Fernando Petrucelli decía, en 1862, en la Cámara de diputados de Italia: “La guerra al catolicismo en todas partes, por todos los medios y por toda la superficie del globo, debe ser la base granítica de nuestra política”. Sus disparates escritos en el libro “Memorias de Judas”, en el cual afirma que “Cristo murió tísico” (sic), los repetía el profesor Benjamín Posse en el Colegio Nacional de Tucumán en 1877. En la Instrucción Secreta de 1846 de la Alta Venta de la carbonería leemos: “Nuestro objeto final como lo fue de Voltaire y de la Revolución Francesa, es el aniquilamiento, para siempre jamás, del catolicismo y hasta de la idea cristiana”. “¡Aplastad a la Infame!”era el grito de Voltaire; o sea, a Jesucristo, a la Iglesia, al Catolicismo. Y el “sublime” masón Nubius refrenda esta consigna estableciendo como programa de la masonería, “la descatolización del mundo”. Las logias de Bélgica declararon en agosto de 1857 que “la masonería combate a muerte al cristianismo. Es menester – decían – que la nación acabe con él, aunque sea necesario emplear la fuerza para curarse de esta lepra”. El masón Conrado escribía en el “Bauhutte” – periódico oficial de la masonería alemana: “Nuestro adversario es la Iglesia Católica Romana. Ella es nuestra enemiga inexorable y tradicional. Somos masones y nada más. Escoged: o cristianos o masones”. El anti-concilio de Nápoles, que reunió en diciembre de 1869 – como réplica al concilio ecuménico del Vaticano – a la flor y nata de la masonería mundial representada por setecientos delegados de América, Asia, África y de todos los reinos y principados de Europa bajo la presidencia del escritor político Ricciardi, declaró en su texto oficial, entre otras cosas, lo siguiente: “Los infrascriptos, delegados de las diferentes naciones del mundo, proclamamos la libertad de la razón contra el despotismo de la Iglesia; la escuela, libre de la enseñanza del clero; y la ciencia como único fundamento de las creencias Rechazamos todo dogma basado en la revelación, considerando que la idea de Dios es la fuente y sostén de todo despotismo e iniquidad. Y contraemos el compromiso de trabajar por la pronta y radical abolición del catolicismo hasta su exterminio, por todos los medios, sin exceptuar la violencia revolucionaria” [23]. Más tarde, el congreso masónico de Milán, reunido en 1881, y la Asamblea General de la masonería de Italia, convocada en 1882, establecieron que “la acción masónica debe secularizar las obras pías, organizar secretamente las fuerzas “liberales” de la Nación, y conseguir del gobierno la secularización de los bienes de la Iglesia, la extinción de las órdenes religiosas y la abolición de la enseñanza en las escuelas”. Posteriormente, en la circular cursada a las logias, decían: “Así prepararemos el camino para la secularización de la religión, la destrucción de la jerarquía eclesiástica y una legislación civil que todo lo coloque en manos del Estado; acelerando de esta manera el advenimiento de aquel día, en que el naturalismo pueda cantar el himno de la redención sobre las ruinas de la Religión y de la Revelación”. En el Boletín de septiembre de 1885 del Gran Oriente de Francia se lee: “Los masones debemos perseguir la demolición definitiva del catolicismo”. Y el Supremo Consejo masónico confirmaba tal decisión con estas palabras: “La lucha empeñada entre el catolicismo y la masonería es guerra a muerte, sin tregua y sin cuartel” [24]. La revista de la masonería italiana del año 1886 llama al papa “víbora oculta en el seno de Italia, nuestro más poderoso enemigo”; y al papado, “la hidra sacerdotal, la peste negra, el perenne peligro de Italia y de la civilización”. Recientemente el Soberano Gran Comendador de la masonería norteamericana, J. H. Cowles, decía: “Quien piense que la masonería mira favorablemente al Vaticano está ciertamente fuera de su seno”. El Gran Maestre de Italia, Arturo Labriola, afirmaba en 1950: “Las autoridades eclesiásticas proclaman que catolicismo y masonería son entre sí contrarios y recalcitrantes. Con la misma altivez de nuestra fe laica y antidogmática toda dirigida al libre examen, nosotros afirmamos la misma cosa. Y añadimos: el que se siente y reconoce católico y creyente, yerra y se engaña si se alista en nuestras filas” [25]. En agosto de 1904, en el congreso masónico internacional de Bruselas, dijo el Gran Maestre Cocq: “Debemos luchar contra la Iglesia Romana para salvaguardar nuestra libertad de pensamiento”; y acotó el delegado Duse: “La lucha contra el Papado es una necesidad social y debe ser el fin constante de la masonería”. El 20 de septiembre de 1902, el senador francés Delpech, presidente del Gran Oriente de Francia, anunciaba oficialmente: “El triunfo del Galileo duró varios siglos, pero ya toca a su fin. Ese Dios impostor y mentiroso que prometía una era de paz y de justicia a los que en El creyeran está destinado a desaparecer. Pasa también El acumulando el polvo de las edades como las divinidades da la India, Egipto, Grecia y Roma que vieron postrados ante sus altares muchos adoradores. ¡Hermanos masones!, la Iglesia de Roma, fundada sobre el mito del Galileo, comenzó ya su decadencia a partir del día en que se instauró sobre la tierra la masonería” [26]. Ese mismo año declaraba en Ginebra el Gran Maestre de la logia Alpina: “Tenemos un enemigo irreconciliable: el Papa, el clericalismo. Su ejército es negro como la oscuridad de la noche y numeroso como una nube de microbios que infectan el aire que nos rodea. Este ejército lucha para hacer el mal, así como la masonería se esfuerza para hacer el bien”. Los masones dicen que ellos no combaten a los católicos sino a los clericales. Pues bien; en otro lugar hemos indicado ya qué es lo que dijo al respecto el senador masón Julio Simón en las cámaras de Francia; veamos ahora la explicación que dio del concepto que encierra este vocablo, el calificado masón Courdavaux en la logia de Lille en 1889: “La distinción entre catolicismo y clericalismo es meramente oficial para. el efectismo tribunicio. Pero aquí, dentro de la logia, digámoslo bien alto en obsequio a la verdad: catolicismo y clericalismo son una misma e idéntica cosa” [27]. De todos los desatinos y blasfemias que anteceden, y da centenares de testimonios que podríamos añadir, deducimos que la masonería es y ha sido siempre y en todas partes fundamentalmente atea y destructora del ideal cristiano. Así lo certifican sus libros oficiales, así lo enseñan sus conspicuos doctores, así lo publica su prensa periódica, y así lo proclaman su historia, sus planes y su acción persecutoria contra los adoradores del Dios verdadero. Sus adeptos se forman gradualmente, primero en la indiferencia religiosa de los grados iniciales hasta el anti-cristianismo de los rosacruces del grado 18 y el perfecto panteísmo de la filosofía religiosa de los judíos en los grados más elevados, para culminar en el luciferismo. La “luz masónica” prometida a los candidatos a las logias, acaba en las tinieblas de la filosofía kabalística. El delegado escocés en el congreso de Lausana de 1875, hermano Makersey, decía: “El Gran Arquitecto de la masonería no es el Dios creador adorado por los cristianos y por todos los hombres sensatos” [28]. La masonería, pues, es culpable del crimen de idolatría y satanismo. Entre las numerosas conclusiones a que llegó el Congreso Antimasónico Internacional de Trento, de 1896, tras concienzudo examen de más de ciento cincuenta obras de autores masones, extractamos la siguiente: “Los masones son panteístas y ateos, su Dios es la materia, su objeto es la destrucción universal; en lo moral han deificado el mal y en lo intelectual hacen profesión de mentira y de blasfemia; y la última palabra de todos sus secretos y misterios es el culto a Lucifer”. Así también lo señala monseñor Meurin al determinar la esencia y el fin último de la secta con estas palabras: “Los dos ejes sobre los cuales gira toda la doctrina y la moral, la teoría y la práctica de la masonería son la adoración de Satanás y el culto a la obscenidad. En una palabra, la masonería es el paganismo resucitado en su forma más inmunda, impía y repugnante” [29]. Por eso León XIII, al acusar a la masonería como totalmente enemiga de la Iglesia Católica y de la doctrina cristiana, afirma en su encíclica de 1884 que “los masones maquinan abiertamente la ruina de la Santa Iglesia con el propósito de despojar enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios que les granjeó Jesucristo, Nuestro Salvador; que su principal y último designio es destruir, hasta los fundamentos, todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y que en su feroz e insensato propósito de acabar con la Religión y la Iglesia, parece reconocerse el mismo e inextinguible odio y sed de venganza que abrasa a Satanás contra Jesucristo. Ellos han hecho suyas – continúa el inmortal pontífice – las máximas del naturalismo más crudo profesando, en consecuencia, el racionalismo más absoluto. Niegan los masones la revelación con sus dogmas y enseñanzas; niegan el pecado original y la redención; proclaman la moral independiente y la emancipación de las sociedades de toda religión; combaten los fundamentos de la religión verdadera; trabajan tenazmente por anular la acción del magisterio y autoridad de la Iglesia; coartan por todos los medios su libertad; despóticamente se apoderan de la enseñanza de la juventud y establecen el laicismo escolar y el matrimonio civil, abriendo las puertas al divorcio; favorecen por sistema la corrupción del pueblo, y dan rienda suelta a las pasiones a fin de tener a las masas más fácilmente dominadas para sus abyectos fines” [30]. Diez años más tarde, en su encíclica de 1894, insistía León XIII: “La masonería, cuyo funesto poder oprime desde hace mucho tiempo de un modo especial a las naciones católicas, lucha con todo ahínco por establecer firmemente su dominio y propagarlo siempre más con todo empeño. Ya salió de su escondrijo y acecho irrumpiendo a la luz pública de los Estados… Pero lo más triste del caso es que dondequiera que alcance a poner el pie se introduce en todas las capas del pueblo y en todas las instituciones del Estado hasta lograr, finalmente, los puestos más altos y el poder a discreción. Esta es, por supuesto, la calamidad más grande, pues son manifiestas la maldad de sus ideas y la perversidad de sus planes. So pretexto de reivindicar los derechos humanos y restaurar la sociedad civil, persigue encarnizadamente la fe cristiana, repudia la doctrina revelada por Dios, tilda de superstición los ejercicios de piedad, los santos sacramentos y otras cosas sagradas; se empeña en despojar de su carácter cristiano el matrimonio, la familia, la educación de la juventud, todo negocio, privado o público, y en arrancar del alma de los pueblos todo el respeto por la autoridad, sea humana, sea divina. Además enseña la secta que el hombre debe rendir culto a la naturaleza, deduciendo de ella sola los principios y las normas de verdad, moralidad y justicia. De esta manera se impulsa al hombre a la moral y a las costumbres de vida paganas, las que se hacen hoy día aún más licenciosas por los incentivos que se multiplican… Ante un peligro tan amenazador todas las precauciones que se tomen serán pocas” [31]. Para los masones la religión es la misma masonería, o lo que ellos gustan llamar, la “religión universal”, la “religión de la humanidad”, la “religión del porvenir”, la cual – según acabamos de demostrar – es una religión sin Dios, o más bien, una religión contra el mismo Dios, porque su Dios es Satanás. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Revista Masónica Italiana. Año 1909, Pág., 44. [2] Taxil, Leo. Los misterios de la francmasonería, tomo II, Pág. 245. Barcelona, 1887. Mundo Masónico; año 1862. [3] Serra y Caussa, Nicolás, op. cit., I, 276. [4] Lasca, Virgilio A. La Biblia contra la Universalidad Masónica, Pág. 24. México, s/f. [5] Meurin, Monseñor León, op. cit, (Filosofía…), Pág. 86. [6] Dic.. Enc. de la Masonería, año 1947. Bs. As., tomo III, pág. 907. [7] Mundo Masónico, año 1876, Pág. 348. [8] Ragón, Juan, op. cit., N/ 99. Soler, Mariano. La Masonería y el Catolicismo, Pág. 80. Montevideo, 1884. [9] En Benoit, Pablo, op. cit. Tomo I, pág. 17. [10] Caro, José, op. cit., pp. 85 y ss. y 108. [11] Diario de Sesiones de la Conv. Nac. de Santa Fe, Pág. 214, año 1957. [12] En Civiltá Cattolica, junio de 1901 y marzo de 1959. [13] Pike, Alberto, The Inner Sanctuary, pág. 271. [14] Soler, Mariano (Monseñor), op. cit., Pág. 51. [15] En Serra y Caussa, op. cit., Pág. 271. [16] Íbidem, Pág. 275. [17] Soler, Mariano, op. cit., Pág. 51. [18] Dic.. Enc. de la Masonería, tomo II, Pág. 655 y tomo III, pp, 362 y 508. [19] Zúñiga, Antonio R. La Logia Lautaro y la Independencia de América, Pág. 364, Bs. As., 1922. [20] Soler, Monseñor Mariano, op. cit., Pág. 60. [21] Cassard, Andrés. Manual de la Masonería, tomo II, Pág. 485. Año 1873. [22] Neut, Armando, tomo I, Pág. 206. [23] En Serra y Caussa, Nicolás, op. cit. (La masonería…) tomo I, Pág. 41. [24] Boletín Oficial del Gran Oriente de Francia, septiembre, 1885. [25] Rev. Civiltá Cattolica, septiembre, 1958; Rev. Balaustra, abril, 1950. [26] Compte Rendu du Grand Orient de France, Pág. 381. Año 1902. [27] Copin Albancelli, Pablo. El poder oculto contra Francia, Pág. 157. Año 1909. [28] Meurin, Monseñor León, op. cit. (Filosofía…), Pág. 86. [29] Íbidem, pp. 150 y 163. [30] Colecc. Compl de Enc. Pont. Tomo I, pp. 308 y ss. (Humanun Genus del 20 de abril de 1884). Editorial Guadalupe, Bs. As., 1958. [31] Íbidem, tomo I, pp. 521 y 522. (Praeclara Gratulationis del 20 de junio de 1894).





 

CAPÍTULO IV. MASONISMO Y MORAL

1. LA MORAL UNIVERSAL E INDEPENDIENTE.
2. LA CORRUPCIÓN POR SISTEMA EN ODIO A LA IGLESIA Y A LA FAMILIA CRISTIANA.
3. TODO UN PLAN DE DESMORALIZACIÓN GENERAL.
4. LA CONSPIRACIÓN DE LA MENTIRA UNIVERSAL.
5. TODO ES LÍCITO, HASTA EL CRÍMEN Y LA VIOLENCIA.
6. SE INAUGURA LA ERA DEL CRIMEN EN NOMBRE DE LA LIBERTAD.
7. LA LIBERTAD MUERE EN MANOS DE LOS “LIBERALES”


MASONISMO Y MORAL Como corolario del grito satánico: “Guerra a Dios, guerra a la Iglesia de Cristo, guerra a la Religión verdadera y a toda Revelación”; la masonería declara también la guerra a la Moral y a la Virtud, a la Familia y al Matrimonio cristiano. Sus estatutos establecen la moral y la virtud independientes de cualquier religión; y en el discurso de clausura del convento de 1909 del Gran Oriente de Francia se declaró que “la masonería declara también la guerra a la Moral y a la Virtud, a la Familia seleccionados”; pero nada se dijo sobre las normas que rigen tal selección. Los masones, empeñados en borrar de la mente y del corazón del hombre la idea de Dios, de la vida futura y de toda religión positiva y revelada – según lo tenemos demostrado – han acabado por destruir toda obligación legal, toda moral y todo vínculo social. Luego ¿cómo podremos hablar de moral y de virtud dentro de la masonería? IR A CONTENIDO . . 1. La moral universal e independiente Sin embargo, Bazot, secretario del Gran Oriente de Francia, pretende afirmar que “las logias son las escuelas permanentes de la moral universal, la cual – dice – se halla contenida en las obras de los masones enciclopedistas como Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert, Condorcet, Helvecio, La Mettrie, etcétera.. Esta luz masónica – continúa – se proyecta por todos los ángulos del globo y su impulso ha sido vigoroso e irresistible en su afán de alcanzar la cumbre de la perfección que demandan las doctrinas de la masonería y el genio de tales filósofos” [1]. Ahora bien, para Voltaire y D’Alembert la virtud es puro egoísmo. Ellos pregonan la moral utilitarista diciendo: “¿Puedo llamar virtud a otra cosa fuera de aquello que me reporta algún bien?” Diderot y Helvecio afirmaron que “la moral se reduce al arte de vivir contento y satisfecho en este mundo. La ciencia de las costumbres – dicen – debe tomarse de la tierra, no del cielo”. Voltaire, en su procaz poema sobre el placer, enseñó que “el placer es el objeto, el deber y el fin de todos los seres razonables”; y Saint-Martín – el reformador de la masonería de todos los ritos y propagador del iluminismo en Francia – declaróse en completo acuerdo con las teorías volterianas. Para Helvecio “la virtud radica en el capricho de cada uno. Rousseau daba lecciones de pedagogía al mundo, después de haber abandonado a sus hijos en una casa-cuna. En la logia del masón materialista y ateo Holbach, se dijo: “Por fuerza de la naturaleza cada uno ha de amar su propio bienestar; de manera que, si el vicio ha de hacerle feliz, es al vicio al que ha de amar”; y D’Alembert no tuvo vergüenza en escribir que “la única divinidad de este mundo es el placer sensual” en su más torpe expresión. El filósofo y gran masón La Mettrie sentenció: “Tanto la verdad como la virtud son entidades que ningún valor tienen, sino en cuanto prestan utilidad al agente”. Alberto Pike, el Gran Maestre de la masonería universal, enseñó que “el masón no debe luchar contra sus propios instintos” [2]; y en el seno de la masonería andrógina se proclamó el amor libre. El masón Carlos Fauvety, miembro ilustre del Gran Oriente de Francia y venerable de la logia parisiense “El Renacimiento”, afirmó: “El templo de nuestra querida masonería recuerda con bastante exactitud los templos de la antigua Babilonia consagrados a Venus… La masonería y la prostitución trabajan en compañía, como dos presidiarios amarrados a una misma cadena” [3]. IR A CONTENIDO . . 2. La corrupción por sistema en odio a la Iglesia y a la familia cristiana: De la carta del masón Víndex a su “buen primo”, el famoso Nubius – fechada el 18 de enero de 1822 -, extractamos algunas de las resoluciones tomadas por los miembros de la Traslogia Suprema que – según Luis Blanc – es el Poder Ejecutivo de la Masonería Militante. Todas las Instrucciones de la Alta Venta y la correspondencia de sus cofrades se hallan en los archivos del Vaticano. Cretineau-Joly las publicó en 1859 con aprobación de Pío IX y abarcan más de doscientas cincuenta páginas de su libro titulado “L’Eglise en face de la Revolution”. “Está decidido en nuestros Consejos Supremos que no ha de haber más cristianos. Popularicemos el vicio en las masas. Estas deben respirarlo por los cinco sentidos: que lo beban, que se harten de él. Esforcémonos en nuestro intento lisonjeando todas las pasiones. El catolicismo no teme un puñal bien afilado, pero puede derrumbarse por la corrupción… El mejor puñal para herir a la Iglesia es pues la corrupción; por lo tanto, no nos cansemos jamás de corromper. Nuestro objeto se cumplirá, pues se halla basado en las pasiones humanas. Aislemos al hombre de la vida familiar, separémoslo de su mujer y de sus hijos. Una vez que le hayamos inspirado disgusto y hastío por la familia y la religión, sugirámosle se afilie a la logia más cercana… Formad corazones viciosos y no tendréis más católicos. Hemos emprendido la corrupción en gran escala, ello nos permitirá un día llevar la Iglesia al sepulcro. Nuestro trabajo no es de un día, de un mes, de un año. En nuestras filas los soldados mueren, pero nuestra lucha continúa. Aplastar al enemigo (la Iglesia Católica) por la mentira y la calumnia es nuestro objeto final. Los ricos y príncipes que se introducen en nuestra Orden sirven de señuelos para los imbéciles, ambiciosos y burgueses. Son magnífica propaganda” [4]. Con razón pudo escribir Dupín: “Una mano secreta empuja a las masas a la corrupción, y, la influencia masónica inspira esos manejos y dirige esos instrumentos de perdición a fin de trasladar de la teoría a la práctica, el desprecio de todo vínculo social, de todo deber doméstico y civil, de todo sentimiento moral y religioso”. En la carta del masón Cayetano dirigida al carbonario Nubius – el primer caudillo de tales conjurados – leemos: “Hemos arrancado al pueblo su fe religiosa, sus virtudes domésticas y su honradez. Nos propusimos corromper para llegar a reinar”. Al mismo Nubius escribía el judío carbonario por sobrenombre “Tigrotto”: “Juzgamos que era menester ahogar el germen católico y cristiano y vos os ofrecisteis para herir en la cabeza al Goliat pontificio”. Pero ante las furias populares desatadas confesaban todos ellos: “Hemos revuelto el barro y ha aflorado el cieno mefítico a la superficie. Temblamos, ahora, recelosos de que el monstruo desatado nos devore”. Productos de esta simiente ponzoñosa sembrada por la masonería en las naciones, son los grupos humanos sin moral y sin religión que, al perturbar a los pueblos, hacen necesarias – como consecuencia de la anarquía social – las dictaduras y los despotismos; cumpliéndose así una ley inexorable de la historia. En 1878 decía el masón Heredia, miembro del Gran Oriente de Francia: “Debemos conquistar para nuestra causa a la mujer, pues ella es la última fortaleza que el “oscurantismo” opone al “progreso” humano” En la Asamblea General del Gran Oriente de Francia decía el masón Crescent en 1903: “Es necesario oponer a la mujer imbuida de ideas falsas, supersticiosas y ridículas (léase: católicas), una mujer ilustrada por nuestras doctrinas y apartada para siempre de la Iglesia”. La Alta Venta de Roma declaró en 1830: “Ya que no podemos suprimir la mujer – que es el obstáculo para destruir el catolicismo – corrompámosla”. Las logias de adopción o andróginas fueron inventadas con este objeto, o sea, “reformar” a la mujer. Estas logias – según dice el masón Ragón en su Manual Completo de la masonería de adopción – eran mixtas; pues “los masones siempre ayudan a las masones en sus trabajos”. Existieron desde 1742, y copiaron en sus “tenidas” los licenciosos y torpes “misterios” de Baco y Venus. “Los hermanos y las hermanas de estas logias dicen los libros masónicos – se dedican a buscar la dicha. Los “caballeros” y las “ninfas”, en la edad del amor y de gozar, son iniciados en la sala denominada “templo del amor” y allí juran al Señor del Universo – cuyo poder se renueva incesantemente por el placer (la más bella de sus creaciones) -, no revelar jamás “los secretos” de la Orden” [5]. La esposa de Felipe Igualdad era, en 1775, la Gran Maestra de todas las logias de Francia. A mitad del siglo XIX se instalan en Alemania, Bélgica y Francia escuelas ateas de mujeres por iniciativa de la masonería. La corrupción de la mujer se inició en odio a la familia cristiana; pues la masonería tiende a la perversión de la mujer para destruir la familia. En la revista judeomasónica “Bogotá”, de la ciudad de Medellín, Colombia, escribieron en octubre de 1941 los masones que propiciaban la coeducación y la educación sexual: “En las escuelas y colegios con pretexto de desarrollo físico, de elegancia y buena presentación, es necesario llevar a las alumnas desde las pequeñas indecencias hasta las más descaradas impudicias. Llevadas a este punto, ya no creen en nada de cielo, ni infierno, ni ángeles, ni Dios, ni espíritu. Tendremos en ellas unos perfectos animales hembras; y con estos animales hembras animalizaremos rápidamente todo el mundo. Obliguemos a las alumnas a ejercicios gimnásticos propios de hombres y aún de soldados. Que vistan, si es posible, trajes de hombres. En esta traza hagámoslas ejecutar evoluciones o maniobras en las que se procurará que haya algunas bien provocativas. Con todo esto no quedará una sola muchacha con pudor y vergüenza, y así las habremos ganado para nuestra causa. Y, cuando los padres y madres se den cuenta de esta labor, será tarde, porque las mismas muchachas tendrán verdadero gusto de estas presentaciones y bailes y hasta en juegos mixtos los más escandalosos. Lo más perfecto seria lograr los baños mixtos en las piscinas de natación” 5′. Ya sea por las logias andróginas y por la enseñanza laica femenina, como por la corrupción organizada en todos los órdenes y clases de la sociedad, con el sistema de general perversión aplicado con la más refinada malicia, combaten los masones, en la vida moderna, la natural y divina institución del matrimonio. Comienzan con el llamado matrimonio civil – que lo reduce a un simple contrato, cuya fuerza depende de la sola ley humana – para terminar propiciando la unión o el amor libres. Según testimonios de san Agustín y san Epifanio, los herejes maniqueos – padres de los masones – condenaron al matrimonio y establecieron la unión libre Voltaire – el abanderado de la masonería – sostenía el divorcio como de derecho natural; Helvecio consideraba la ley cristiana, en este punto, como bárbara y cruel; y el doctor masónico Ragón afirmó que “la indisolubilidad del matrimonio es contraria a las leyes de la naturaleza y de la razón” [6]. En el plan masónico para destruir a la familia aparece en primer lugar el matrimonio civil e inmediatamente el divorcio, preconizado por los enciclopedistas del siglo XVIII; sancionado por los cuerpos legislativos de la Revolución Francesa, y aprobado por legisladores y gobernantes masónicos de Europa y América. En Francia se llegó a decir oficialmente que “de la viciosa institución de la familia debe llegarse a la obra perfecta de la unión libre” Tales “conquistas” sociales en la legislación acreditan la sentencia del escritor Deschamps cuando dice: “Del matrimonio civil se llega al divorcio, y del divorcio y las prácticas malthusianas, a la unión libre”. El masón y comunista Gratién decía en 1871, durante la Comuna de París: “La familia es nuestro mayor obstáculo. Si hemos de alcanzar la meta de dar a todos una educación igual y revolucionaria, la familia debe ser destruida. El hijo no es herencia de los padres, sino que pertenece al Estado”. Algo parecido había dicho un siglo antes D’Alembert: “Los padres tienen únicamente derechos sobre sus hijos mientras dure su ignorancia”. Pablo Benoit nos advierte que, “así como la Virgen María es la nueva Eva de los cristianos; la mujer libre – representada por la impúdica “diosa Razón” – es la Eva de los masones”. Los mismos masones confiesan su plan corruptor, y todas sus teorías tienden a corromper: pues solamente por tales caminos podrán llegar a la meta prefijada. La secta escogió tal sistema para combatir la santidad y estabilidad de la familia y subvertir todo el orden social, con la corrupción organizada en todos los órdenes y clases de la sociedad con su sistema de general perversión, aplicado con la más refinada malicia y la fiereza más implacable. Monseñor Meurin sintetiza en tres puntos el pacto oculto estipulado entre Lucifer y su hija primogénita: la masonería, la cual con el lema “vincere aut morí” (vencer o morir) de los templarios, luchará hasta el fin por imponerlo: “1º – Sujeción del mundo por la destrucción del orden actual; 2º – Aniquilamiento del cristianismo y establecimiento de un imperio universal judaico masónico; y 3º – Corrupción total del género humano con el triunfo consiguiente de Lucifer sobre su irreconciliable enemigo Jehová” [7]. IR A CONTENIDO . . 3. Todo un plan de desmoralización general El crecimiento de la desmoralización y la criminalidad es fruto de tales doctrinas masónicas. Sobre la masonería, pues, la humanidad debe lanzar sus maldiciones, y a ella debe pedirle cuenta del fenómeno universal de la corrupción en que se ven sumidas las naciones. Monseñor Mariano Soler la desenmascaró ante la sociedad moderna con estas sentenciosas palabras: “La masonería universal es la causa de la irreligión, de la inmoralidad, del materialismo, del egoísmo y del desenfreno de las pasiones en que vive sumido nuestro pueblo. Ella es la causa y el principio de la disolución social. El sistema no es suyo, pero si lo es su organización. Ella fomentó la corrupción administrativa y el antagonismo de clases y de razas en la sociedad; y por su culpa, los libros, las novelas, las revistas, los diarios y los espectáculos están al servicio del error y del vicio Todo trabajo salido de las logias lleva el sello indeleble de su secreto jurado, a saber: Descatolizar el mundo. Corromper para descatolizar” [8]. A tales desastres se llega a través de los gobiernos abiertamente masónicos o infectos de ideas masónicas; por el predominio de la riqueza acumulada en manos de judíos masones que son sus rectores y patronos; y por el apoyo y favor constante que les dispensan la prensa inmoral y la opinión pública, manejada por ellos, según su gusto y capricho. La literatura rufianesca y pornográfica que penetra en el hogar en forma de diario, revista ilustrada o novela; y las películas cinematográficas o programas radiales y televisados que envenenan al menudeo y transportan a los corazones juveniles a un mundo infame, donde no hay más que sensualidad, torpeza y crimen, habitúa a los niños y jóvenes a tales ideas y despierto en sus tiernas almas el prurito de la imitación El mismo blasfemo y libertino Nietzche llegó a decir hace ochenta años: “Un siglo más de esta literatura, y hasta el espíritu exhalará un olor fétido”. El amor del desnudo en las obras artísticas, los cantares pasionales y la profusión de carteles de propaganda – que ofenden la vista y lastiman la moral – predican el escándalo, encienden la fantasía e imprimen en la mente la imagen de la impureza. La literatura y el cine sicalípticos, la música estrafalaria, la pintura chacabaca, la moda extravagante, el habla grosera y obscena, el modal grotesco, el ademán procaz y el impudor imperante, son otros tantos vehículos y manifestaciones modernas de la corrupción programadas en las traslogias. Escribió el protestante y masón convertido Edmundo Eckert, asesinado por los sectarios. “Antes, el pueblo se distinguía por su probidad y buenas costumbres, amaba a la familia, era fiel y leal, y vivía en conformidad con los mandamientos de la ley de Dios, en quien creía y a quien adoraba. Mas hoy, anda sediento de goces prohibidos; y, sin fe en Dios, ni en sus mandamientos, ni en la recompensa de los buenos y castigo de los malos, considera serle permitido todo cuanto le es provechoso y excita su codicia; de donde se ha vuelto avariento, ambicioso y sensual. La causa primordial de estos males es la francmasonería, cuyas doctrinas, negadoras de toda revelación divina, han sustituido a la fe un abominable naturalismo, que se traduce, en definitiva, en el deísmo más grosero, y aun en un completo ateísmo. Luego cita el autor el Manifiesto masónico de Berlín de 1794 que dice así: “La fe religiosa del pueblo ha sido destruida en virtud del plan de la Orden. De intento han sido atizadas las pasiones más exigentes. Del seno de la Orden ha salido esa corrupción política y moral en que el pueblo vegetará por largas generaciones. A la Orden deben atribuirse todas las revoluciones pasadas y futuras. Tales confesiones – concluye el autor – las hemos oído en Alemania, en Francia y en todos los países de Europa” [9]. Conocido este programa masónico no nos pueden sorprender las siguientes expresiones vertidas ante seis mil personas en el congreso socialista de Gante: “La ciencia moderna ha demostrado que el cielo es un sueño, una mentira. Es menester, pues, que nos procuremos la mayor suma de goces acá en la tierra. Renunciamos a nuestro lugar en el cielo en nombre de la ciencia basada en la razón; pero en cambio exigimos dos cosas: placeres y venganza. El cielo se lo dejamos al Dios de los papistas, lo que queremos es el infierno con todas las voluptuosidades que le preceden” [10]. Tal moral escandalizó nada menos que al masón socialista Proudhón – el discípulo más aprovechado de Satanás – el cual escribió: “¿Hay todavía en Francia quien crea en la justicia y el honor? ¿Estamos todos podridos, o quedan todavía algunos corazones sanos?” IR A CONTENIDO . . 4. La conspiración de la mentira universal Esta es también la moral y la virtud que recomienda Ragón, el gran teólogo de la masonería, basado en los escritos de las lumbreras del filosofismo masónico. Dice Ragón: “El deber del hombre para con Dios varía según los individuos”. En otras palabras, los deberes cambian según las ocurrencias de cada uno y según la idea que cada cual se forje de Dios. Si se cree, por ejemplo, en el Dios de los panteístas, la moral y la virtud se reducirá a la más desenfrenada idolatría del propio yo. Continúa Ragón: “El hombre no tiene ningún deber para consigo mismo, pues no puede tenerlo”. Luego, podrá, por ejemplo, atentar contra su propia vida. Así lo sostuvieron Diderot, Helvecio, Voltaire y Rousseau, el cual escribió: “No ofendemos a Dios ni a los hombres al quitarnos la vida. El suicidio es prueba de grandeza y de virtud” [11], Diderot participa en un todo de la opinión de Voltaire el cual había escrito en 1736 y en 1762: “La mentira, cuando trae provecho no es un vicio, cuéntase entre las más excelentes virtudes. Sed, pues, virtuosos a más no poder. Es menester mentir como un diablo; no tímidamente, no por un tiempo, sino audazmente, siempre” [12]. Luego, en su cinismo hipócrita y sacrílego, añadía: “Si contara con cien mil hombres yo sé lo que haría; pero como no los tengo, seguiré comulgando por Pascua, aunque me llaméis hipócrita hasta enronqueceros”. Y para cumplir su impío propósito exige del cura de Ferney, bajo la amenaza del parlamento, que le administre la comunión [13]. Montesquieu escribió de él en “Pensamientos”: “Es el hombre del mundo que dice el mayor número de mentiras en el menor tiempo posible”; y Brunetiere en “Estudios Críticos”: “Creyó servir a una gran causa por medio de la mentira. Voltaire miente y sabe con certeza que miente” [14]. Estas mismas palabras se repetirán en la Circular de la Alta Venta: “Aplastad al enemigo (la Iglesia, el Catolicismo) a fuerza de calumnias y detracciones. Para mejor engañar, id con frecuencia a confesaros, callando – se entiende – lo nuestro”. Así se explica – dice Deschamps – que en su necesidad de practicar las virtudes masónicas del embuste, de la calumnia y de la hipocresía – a la cual llaman “ley de discreción” – proclamen los masones la libertad de todos los cultos y trabajen incesantemente por acabar con todos ellos; así, la ostentosa insistencia en las palabras “moral y virtud”, tan repetidas, a cambio de sus hechos que tienden a la ruina de toda moral y de toda virtud; así la apoteosis de la patria y de la nacionalidad y, por contraste, la difusión de principios tendientes a borrar de la sociedad humana todas las patrias y todas las nacionalidades”. Con razón pudo exclamar monseñor Rosset al presenciar la campaña de mentiras y calumnias de los masones contra el clero y la enseñanza cristiana: “La masonería es la conspiración de la mentira universal contra la verdad, la justicia y la caridad” [15] En vista de tal falsedad, adoptada como sistema, Gautrelet describe de esta manera a la masonería: “Sociedad visible e invisible, pública y secreta – por sus tendencias últimas y recónditos fines – con logias y traslogias, con objetos aparente y real y con organización exterior e interior; encubierta con gobierno visible e invisible y con reglamentos y constituciones falsas, para engaño de los profanos, y verdaderas, para uso de los iniciados”. El ex maestre de la masonería francesa, Alberto Vigneau, fundador de logias y de revistas masónicas y miembro de las logias “Jean Jaurés” y “Anatole France” desenmascara a la masonería en su libro “La Loge Maçonnique”, editado en París en 1935, con estas terminantes palabras: “En ella todo es mentira. Los altares masónicos se ocupan esencialmente de intrigas políticas, de anticlericalismo, de laicismo en el más amplio sentido de la palabra, y de antimilitarismo. Y a esto llaman luchar contra los errores y contra las ficciones. La Patria es error y Dios es una ficción para la gran mayoría de los masones… Porque es una secta antirreligiosa y antipatriótica, con la cabeza alta y la conciencia libre me he salido de la francmasonería”. La masonería italiana en sus directivas a las logias en 1945 daba estas normas de refinada hipocresía: “Viendo a la masonería transformada en una sociedad cualquiera, entregada totalmente a la beneficencia y a la caridad, los poderosos creyeron que verdaderamente la religión y la política le eran enteramente extrañas, siendo en realidad una revolución en acción, una conspiración permanente contra el despotismo político y religioso y su objeto último combatir hasta el fin la tiranía política y religiosa y arrasar con todas las instituciones de las cuales se originan y toman fuerza. Sin embargo conviene evitar de poner a la Orden directamente frente a cualquier problema; pero, si las circunstancias exigen su intervención, entonces sólo un “hermano” se descubra y sea eventualmente el chivo expiatorio, personalmente, de manera que la Orden permanezca extraña y siempre inmaculada” [16]. IR A CONTENIDO . . 5. Todo es lícito, hasta el crimen y la violencia El filósofo Fichte, doctor eximio de la masonería, estableció que “todo es permitido contra los que se opongan a la realización de nuestros planes: la violencia, la astucia, el hierro, el fuego, el puñal, el veneno. El fin justifica los medios”. Según Benoit, “los masones han aprobado este apotegma de que el fin justifica los medios – heredado de los herejes maniqueos – como ley fundamental del “Arte Real”; y lo enseñan como norma suprema de la rectitud en el obrar” [17]. Strune, jefe del socialismo alemán, decía: “Toma este puñal, obedece ciegamente a tus jefes y no creas haber hecho nada en pro de la humanidad, en tanto que el hombre no haya reconquistado su dignidad sublime; no reconociendo más Dios, más pontífice, más rey ni otro amo que a sí mismo”. El 6 de marzo de 1880 escribía Garibaldi a Payot: “El asesinato político es el secreto para llevar a buen puerto la República”. Carlos Marx, judío y masón y patriarca del socialismo y comunismo había profetizado en Ámsterdam en 1873: “En la mayor parte del continente europeo la violencia habrá de ser la palanca necesaria de nuestra revolución”. El historiador Taine refiere que el masón Gufroy quería que se degollase a veinte millones de franceses y no se dejasen más que cinco millones. El sanguinario masón Marat se contentaba con ciento setenta mil cabezas; pero, poco después, no quería contarlas sino por millones. Al grito de ¡Viva el Infierno, muera Cristo, viva Luzbel, viva Barrabás! se degollaba en Francia a los sacerdotes en 1792, 1793 y 1794, se demolían las iglesias y se profanaban los santuarios; sustituyendo, con la impúdica “diosa Razón”, las imágenes venerandas de la Virgen María. El mismo grito se escuchó en España, en 1834 y 1835, durante la horrorosa hecatombe de religiosos, y se repitió en toda Europa durante la revolución socialista de 1848. Mazzini tenía aterrizada a toda Italia con sus ejecuciones mientras dominó en la Carbonería; Voltaire quería “ver a todos los jesuitas precipitados en los abismos del mar”; y Diderot deseaba “ahorcar al último rey con las tripas del último fraile”. Siendo la obediencia masónica incondicional a las órdenes impartidas por sus jefes supremos, en ella no se fija ningún límite ni se exceptúa ningún objeto ni acto, bueno o malo, honesto o inmoral, justo o injusto; en la firme convicción de que todo medio que se utilice para bien de la secta, siempre quedará justificado. El célebre masón sueco, Juan Witt, hablando de sus “hermanos” los masones, afirmaba: “Todos los medios conducentes a la ejecución de sus proyectos – que son la ruina de toda religión y de todo gobierno – les son permitidos. El asesinato, el veneno, el perjurio: todo les es lícito” [18]. En los estatutos de la secta masónica “Alianza Humanitaria Universal” se lee: “Los reyes, los nobles, la aristocracia del dinero, los empleados de la policía y de la administración pública, los sacerdotes y los ejércitos permanentes son los enemigos del género humano. Todo es permitido para aniquilarlos. El fin “santifica los medios”. El anarquista Bakunín, gran personaje “tripunte”, emitió conceptos similares al escribir en su Catecismo Revolucionario lo siguiente: “El revolucionario desprecia la opinión pública. Igual desprecio y odio le merece la moral en todas sus manifestaciones. Para él todo lo que favorece el triunfo de la revolución es honesto, todo lo que le estorba es inmoral y criminal” [19]. El masón Pablo Rosen, en su libro “El Enemigo Social”, trae la instrucción que la masonería dió a su Gran Maestre José Garibaldi, auténtico programa de impiedad, de anarquía y de espantosa subversión social. En ella leemos estos párrafos: “El nombre es Dios, Rey y Pontífice de si mismo, la masonería lo es de la Humanidad, y nuestro Sublime Patriarca es Dios, Rey y Pontífice de la masonería. Estas son las tres verdades masónicas; ellas son nuestra virtud, nuestra moral y nuestra autoridad contra la abyecta virtud de los clericales que combatimos en los primeros grados, contra su inmunda moral que combatimos en los 11 últimos grados siguientes y contra su criminal autoridad que combatimos en los 11 últimos grados. Los clericales – infames asesinos de la humanidad – oponen a nuestra virtud, nuestra moral y nuestra autoridad, su propiedad, su religión y su ley: pero tú, en calidad de jefe de ejército, habrás de combatir en lo sucesivo a estos tres enemigos mortales de la masonería. A la Propiedad, porque la tierra no pertenece a nadie y sus productos son de todos; a la Religión, porque es un invento de los hombres: y a la Ley, porque cada uno debe gozar de sus derechos sin que nadie se lo impida… Con la libertad como palanca y las pasiones como apoyo derrocaremos para siempre el poder real y sacerdotal. Jura que no tienes otra patria que la patria universal Para ti la nación, la religión y la familia han desaparecido en la inmensidad de la obra masónica. La masonería es un estado dentro del estado, con medios y funcionamiento independientes y desconocidos para él. Está por encima de él con unidad, cosmopolitismo y universalidad, y mientras existan ejércitos permanentes, que son instrumentos de opresión, principio de parasitismo y obstáculo para la fraternidad, estará, contra él” [20]. “Juremos odio a la burguesía, odio al capital – decían en, Lieja los socialistas masones -. Unámonos, agrupémonos alrededor de la bandera roja. Lo que queremos es allanar obstáculos. Si seiscientas mil cabezas estorban, ¡ que caigan!”. Federico Wichtl escribió que “en la historia de la masonería, con su secuela de crímenes, revoluciones y guerras, se encuentra la verdadera prueba de la intranquilidad y desasosiego universal” [21]. En los escritos de Pablo Benoit, Domingo Margiotta, José Caro, Nicolás Serra y Caussa, y numerosos autores que tratan de la masonería, se puede leer el sangriento elenco de las muertes violentas ordenadas por la secta en castigo de las traiciones a los secretos y juramentos masónicos; como también la serie de asesinatos, suicidios, matanzas, ejecuciones sumarias, saqueos, sediciones, guerras y revoluciones provocadas o dirigidas directamente por ella [22]. Sirvan de ejemplo entre mil, el asesinato, en 1848, de Peregrino Rossi, ministro del papa Pío IX; del ministro español, el general Prim; los atentados reales e imperiales de Napoleón III de Francia, Guillermo I y Federico Guillermo III de Alemania, Isabel II en 1847 y Alfonso XIII de España, en 1906 y 1913 y Francisco II de Asturias; las muertes decretadas por el diabólico Mazzini; la desaparición sorpresiva del emperador José II de Austria; los asesinatos de los reyes Gustavo III de Suecia – cuya muerte ya había sido anticipadamente anunciada por toda Europa -, de Oscar II de Noruega, Alejandro de Servia y su esposa en 1903, Carlos de Rumania en 1914, Humberto I de Italia por el masón Pressi en 1900, Alejandro I y II y Pablo I de Rusia – que al romper con la masonería y cerrar todas sus logias cae cosido a puñaladas – y de Carlos de Portugal y el príncipe Luis; en 1908 los envenenamientos de Fernando II de Nápoles y Leopoldo II de Austria; y el famoso crimen de Sarajevo, que motivó la primera guerra mundial de 1914, decretado, anunciado y ejecutado por la masonería. de tal manera que Federico Wichtl pudo atestiguar que “los hechos, judicialmente comprobados, se silencian intencionalmente”. Este asesinato del archiduque Francisco Fernando de la casa imperial de Austria y de su esposa, fue ejecutado por sicarios de la Gran Logia de Servia, por orden del Gran Oriente de París. No faltan pruebas para demostrar que, tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial, fueron preparadas y deliberadamente provocadas por la masonería internacional. Durante la Primera Guerra Mundial tuvo lugar el convenio extraordinario del Gran Oriente de Francia, reunido en París los días 28, 29 y 30 de junio de 1917, el cual puso las bases de la Sociedad de las Naciones y del Tratado de Paz firmado en Versalles. En tal congreso los delegados masones italianos, Héctor Ferrari y Ernesto Nathán, se distinguen por sus actitudes antipatrióticas contra los intereses de Italia. El masón Wilson, presidente de los Estados Unidos, fue solo el instrumento de la judeo-masonería, pues, en la redacción del famoso e inicuo tratado dominaron, casi exclusivamente, los Judíos masones. Wilson había sido elegido presidente por la Alta Banca Judía, y fue el siervo incondicional del archimillonario banquero de la judería mundial, Jacobo Schiff [23]. El 8 de enero de 1918 Wilson reprodujo, en sus catorce puntos, las conclusiones masónicas de junio del año anterior. En la conferencia masónica de Lisboa dijo el Gran Maestre Magalhaes Lima, el 13 de mayo de 1917: “La victoria de los aliados debe ser el triunfo de los principios masónicos”; el masón Lebey declaró en París el 9 de diciembre de 1917 que “la lucha actual es la continuación de la de 1789… Patria, República, espíritu revolucionario y socialismo están indudablemente ligados”; y los judíos Nathán y Khon eran respectivamente los Grandes Maestres de la masonería en Italia y Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Esta guerra que continuó en 1939, y que no ha terminado aún, hizo exclamar al Káiser Guillermo II al abandonar el trono del Imperio Alemán en 1918: “Todas las instituciones se han derrumbado; sólo dos entidades quedan en pie; la Iglesia que es Luz y la Masonería que es Sombra” [24]. En sus “Memorias” dice el Káiser: “Un papel importante jugaron en la preparación de la guerra mundial la Gran Logia de Alemania y el Gran Oriente de Francia. Una reunión de logias en 1917 determinó el desmembramiento de Austria-Hungría, la eliminación de la casa de Habsburgo, la abdicación del emperador de Alemania, la restitución a Francia de Alsacia-Lorena, la unión de Galitzia con Polonia y la eliminación del Papa, de la Iglesia Católica y de cualquier estado eclesiástico de Europa” [25]. Por decreto masónico la familia real de Francia es aguillotinada: son asesinados el sacerdote Villars, autor de una novela semi-masónica, el masón Cazzote por traidor a la secta, y el obispo español Strauch, por haber traducido del francés el libro antimasónico de Barruel; Mozart, músico de fama mundial – autor del himno de la masonería en 1791 – y Schiller, el poeta máximo de Alemania. Lescure – padre del héroe de la Vendée – muere envenenado por intentar retirarse de la masonería; el duque Carlos III de Parma es asesinado, el arzobispo José Checa de Quito (Ecuador) es envenenado en la Misa en 1876; Stromayer – uno de los fundadores de la Joven Europa – y Emiliani son asesinados por los mazzinianos por su “indiscreción”; el carbonario Nubius fue envenenado; y el capitán William Morgan, periodista norteamericano, fue asesinado en los Estados Unidos en 1826, porque se disponía a dar amplia publicidad a los secretos masónicos en su libro “Freemasony y exposed and explained” y, despedazado su cuerpo, fue arrojado en el lago Erie. Los ejecutores del crimen fueron los caballeros kadosch Loton Lawson y Henry Brown. Por otra parte, el 4 de julio de 1828, trescientos masones declararon que las revelaciones, que le costaron la vida a Morgan, eran estrictamente verídicas” [26]. Ajusticiado el emperador Maximiliano en 1867, pudo ocupar la presidencia de México el gran masón y perseguidor de la Iglesia, Benito Juárez. Persiguió obstinadamente a los sacerdotes y religiosos, desterró a los obispos, saqueó los templos, separó la Iglesia del Estado, suprimió la enseñanza religiosa de las escuelas y expulsó a las Hermanas de Caridad. Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador de 1861 a 1865 y luego de 1870 a 1875, caía en este último año bajo el puñal del asesino – pagado por los masones – por perseguir sistemáticamente las logias de su patria. A estos crímenes personales debemos añadir la infinidad de muertes, atropellos y delitos cometidos por los sicarios de la masonería durante las sangrientas y luctuosas jornada de la Revolución Francesa, las masacres perpetradas en España en el siglo pasado y en el presente siglo, y los horrores de la Comuna de París y de la persecución en México durante el gobierno judaico-masónico-comunista del insigne masón Plutarco Calles. IR A CONTENIDO . . 6. Se inaugura la era del crimen en nombre de la libertad Obra de los masones fueron la expulsión general de miles de jesuitas de las naciones gobernadas por la dinastía de los Borbones; las matanzas de septiembre de 1792 en París y la inmolación de rehenes en 1871. Los masones revolucionarios, “liberales y demócratas”, asaltan a sangre y fuego en toda Francia, desde 1789, los palacios y las suntuosas moradas, despojando y asesinando a sus propietarios, en nombre de los “Derechos del Hombre”; proscriben de la patria a los ciudadanos más virtuosos e ilustrados, y levantan 44.000 cadalsos permanentes con sus respectivas guillotinas Se apropian de más de 2.000 conventos, destruyendo sus obras de arte y sus valiosas bibliotecas y archivos; saquean e incendian 50.000 iglesias, destrozando las imágenes y profanando los vasos sagrados; asaltan, sí, la cárcel de la Bastilla, en nombre de la libertad, pero abren simultáneamente más de 50.000 cárceles en todo el territorio nacional; y en un año y medio de Terror asesinan a cerca de 2.000.000 de hombres, mujeres y niños y a 1.500 sacerdotes, según testimonio del barón D’Henrion.. Tal salvajismo hizo exclamar al historiador César Cantú: “Semejantes escenas nos avergüenzan de ser hombres” [27]. “El pueblo – escribió el poeta Lamartine – adquirió la costumbre del asesinato”. En Lyon reúnen a la población en la plaza pública y la van ametrallando de 100 ó 200 personas por vez; degüellan a 31.000 habitantes y destrozan 1.700 edificios. Arrasan a Tolón y dan muerte a 15.000 personas a cañonazos y bayonetazos. Contra la heroica región de la Vandée llevan guerra de exterminio, matan a 900.000 y destruyen 22.000 poblaciones; a tal punto que el general Hoche comunicó al ministro del Interior: “De la población no quedan vivos más que el 5%”. En Nantes, el masón Carrier da muerte, en ignominiosos tormentos, a 83.000 ciudadanos inocentes diciendo: “Hagamos de Francia un cementerio si es que no la hemos de regenerar a nuestro modo”. Otros 5.000 hombres, mujeres y niños perecieron ahogados. Tal fue la jornada redentora de la libertad. Este primer gobierno masónico, por medio de sus mil emisarios repartidos por toda Francia, decapitó además a 18.000 ciudadanos dio muerte en las cárceles a 80.000 y dejó morir de hambre a 20.000; y, a manos de los revolucionarios masones, sucumben 180.000 personas en la posesión francesa de Santo Domingo. La consigna sanguinaria de los masones Mirabeau, Marat, Dantón y Robespierre: “No reparéis en los individuos, sed como la naturaleza, que conserva sólola especie; aunque queden deshonrados nuestros nombres salvaremos la libertad”, desembocó salvaje e inhumana en las matanzas de septiembre de 1792, en el sadismo criminal del Terror y en la ejecución sucesiva de monárquicos, girondinos, hebertistas, dantonistas y robespierristas. El historiador librepensador, Hipólito Taine, nos da el balance de este primer ensayo de gobierno sectario de los masones libres, iguales y hermanos. He aquí las cifras: “150.000 desterrados, 10.000 ejecutados sin proceso en la sola provincia de Anjou, 500.000 muertos en los departamentos del Oeste, 400.000 encarcelados, más de 1.200.000 que sufrieron daños personales y varios millones que sufrieron en sus bienes, y 12.000.000 de soldados que perecieron en las guerras napoleónicas”. Y concluye Taine: “Estos usurpadores, tan despreciados como aborrecidos, advenedizos, aventureros y miserables, aherrojaban a Francia so pretexto de libertad, la desangraban a título de robustecerla, conquistaban los pueblos en son de romper sus cadenas, y luego los despojaban con la ficción de regenerarlos. Mataban y saqueaban en gran escala y sistemáticamente con el fin de sostener la efímera dictadura de su brutalidad, ineptitud y corrupción” [28]. Fue la masonería quien desató la fiera popular por medio de la impía desmoralizadora propaganda, el activo reclutamiento sectario y la excitación y desencadenamiento de todas las concupiscencias. La masonería, centralizada en París, decretaba hecatombes y destrozos, repartiendo, verdugos sin entrañas y dominándolo todo con el terror. Proudhón afirmó que “el período del Terror en Francia era tan sólo una parte del plan de despoblación concebido por los dos sanguinarios caudillos de la revolución: Marat y Robespierre”. En Madrid, en 1834, los sicarios asalariados de la masonería corrían aullando de convento en convento, acuchillando y despedazando a sangre fría a los indefensos y pacíficos religiosos; y luego, en 1835, en otras ciudades españolas continúan incendiando conventos, matando frailes y honorables ciudadanos. Desde 1931, hasta el triunfo definitivo de la Cruzada de la Liberación iniciada en 1936, se cumplen los mismos hechos salvajes ejecutados por la barbarie roja bajo las directivas de la masonería internacional. Se destruyen 20.000 conventos e iglesias y se asesinan doce obispos y 7.000 sacerdotes y religiosos; y a 400.000 hombres, mujeres y niños se les mata o se les somete a toda clase de torturas [29]. “Verdaderos mártires, en el genuino sentido de la palabra” – dirá Pío XII en 1956, repitiendo el elogio de Pío XI -: “Son ellos gloria de la Iglesia española y de la Iglesia Universal”. La salvación le costó a España un millón de vidas. Idénticas escenas de vandalismo inundaron de sangre y cubrieron de ruinas el reino de Nápoles invadido por las hordas sectarias del Piamonte, instigadas por la masonería carbonaria de Garibaldi y Mazzini, viva encarnación éste del espíritu de Weishaupt, poseído del odio satánico contra la Iglesia de Cristo. Masón furibundo en su fiebre de destrucción, que con su taifa de asesinos, enrojeció de sangre a Europa, Cabecilla de la República Romana en 1849 y legislador sanguinario de la Joven Italia y Joven Europa que por muchos años fue el jefe de las huestes masónicas y el director general de todas sus diabólicas maquinaciones. El decía que había que destruir “la alta aristocracia clerical”, y aseguraba que, tanto “el cristianismo como el papado, habían dejado de existir”. Horrorosos saqueos, violaciones, sacrilegios y matanzas; centenares de pueblos arrasados e incendiados, asesinatos a mansalva perpetrados en Roma, Nápoles, Parma, Ferrara y Bolonia y otras muchas poblaciones de Italia, fueron el saldo de la acción masónica en la época garibaldina [30]. IR A CONTENIDO . . 7. La libertad muere en manos de los “liberales” En México, los militares socialistas, agentes del Soviet y bajo la inspiración de la masonería, imponen la nueva constitución de 1917, consagratoria del plan masónico de “favorecer la revolución social, estableciendo en todas las naciones, como forma de gobierno, la república socialista y atea con programa marxista, para matar a la Iglesia Católica y fundar la sociedad materialista sobre las ruinas de la civilización cristiana”. Contra el legítimo presidente católico Victoriano Huertas, se levanta en armas el candidato masónico Venustiano Carranza, criminal de la peor ralea, destructor de iglesias, escuelas y bibliotecas católicas y asesino de sacerdotes, religiosas y niños. Jefe de la revolución en 1914, llega al poder en 1917, prohíbe el culto católico y seculariza la enseñanza. Todo lo pudo realizar gracias a la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, pues, sin tal apoyo, su victoria hubiera sido imposible. Plutarco Calles, llevado a la presidencia por los masones y comunistas, pone en ejecución el plan total iniciando, en 1926, su brutal persecución a la Iglesia Católica y a las libertades del pueblo. Con salvajes procedimientos quitó la vida a miles de personas y a un mayor número sumió en la más espantosa miseria. Sus leyes, inicuas e inhumanas, respiran odio satánico. Su aplicación superó a su crueldad. Los obispos, sacerdotes, religiosos y católicos sufren atropellos y encarcelamientos, destierros y vejámenes, y vierten su sangre inocente y patriota. Las calles de las ciudades se tiñen de sangre católica de mujeres y niños que entonan los himnos a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Las cárceles se llenan de sacerdotes y los jóvenes católicos mueren mártires al grito de: ¡Viva Cristo Rey! ¡Dios no muere! (últimas palabras éstas del presidente mártir ecuatoriano, García Moreno). Todos los días, sacerdotes, mujeres del pueblo y niños inocentes son fusilados, ahorcados, crucificados, quemados y enterrados vivos por el crimen de proclamar su fe mientras al despacho de Calles llegan del mundo entero las felicitaciones de los comunistas y de los masones internacionales. El príncipe Lowenstein afirmó en Alemania: “Calles tiene protectores poderosos en la masonería mundial, que es la que lo sostiene” [31]. El obispo mártir, José Manríquez, desenmascara valientemente la hipocresía y el furor masónico del Presidente y su camarilla en su pastoral del 12 de julio de 1927, probando con documentos fehacientes “los planes diabólicos de la masonería encaramada en el poder a espaldas de la ley y en hombros de Calles”. Leemos en su alegato: “La religión ha sido proscripta, los sacerdotes bárbaramente expulsados o violentamente asesinados, los templos profanados, los jóvenes prostituidos, los maestros ya no son libres, en las almas inocentes de los niños se inocula el virus de la inmoralidad y de la disolución social; las riquezas dilapidadas, los asesinatos se multiplican, las hediondas cárceles se ensanchan, las deportaciones aumentan, nuestro crédito nacional es nulo, México se hunde. El tirano, sediento de sangre cristiana, ya no disculpa ni edad, ni sexo, ni condición… En México ya no existe ni Constitución, ni magistrados dignos de tal nombre, ni ley. El capricho del tirano es la suprema ley…”. El Papa Pío XI, en su encíclica del 18 de noviembre de 1926, hizo escuchar su voz augusta condenando la persecución masónica de México en estos términos. “…Que todo el mundo sepa la vileza y la barbarie con que el monstruo, servidor de la Masonería, que martiriza a México, quiere matar la más sagrada de las libertades: la libertad de vivir, no como hombres bestializados sino como hombres redimidos con la sangre del Hijo de Dios, elevados a la categoría de hijos y herederos del Padre que está en los Cielos” [32]. Mientras el “Nerón de América” perpetraba sus crímenes, la revista masónica de Estados Unidos “The New Age”, en su entrega de diciembre de 1926, afirmaba con pasmosa desaprensión: “La Iglesia Católica ha pervertido a los mejicanos durante 400 años. Los ha convertido en esclavos y fanáticos y sumido en la ignorancia. El mérito de Calles es cabalmente éste, a saber el haberlos librado de la ignorancia y de la superstición en que yacían. Por esta razón es que puede contar con nuestra simpatía y con el apoyo de Norteamérica”. En Alemania la persecución llamada del Kulturkampf (lucha por la Cultura), que dirigió el canciller Otto von Bismarck con su colaborador Falk, principalmente en el período 1873-1880, fue una de las más terribles del siglo pasado. Usó contra la Iglesia, el clero católico y su enseñanza la misma táctica que ya hemos descrito en la persecución de Francia. Desterró a obispos y sacerdotes y clausuró más de mil parroquias. Venezuela, Guatemala, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y otras naciones americanas debieron soportar también su “Kulturkampf” dirigido por los gobiernos sectarios de los masones, cuando éstos detentaban el poder [33]. El liberalismo imperante en Portugal, azuzado por la masonería, sumamente poderosa, se prefijó, especialmente desde 1910, al implantarse la República, la destrucción sistemática de la Iglesia, desterrando a todos los religiosos, separando la Iglesia del Estado y confiscando todos sus bienes. En el “convento anual” masónico de 1911, reunido en Roma, dijo Magalhaes Lima, Gran Maestre de Portugal desde 1908 y una de las principales figuras de la revolución: “En diez meses de gobierno hemos hecho lo que otros no han podido hacer en muchos años. Hemos expulsado a los jesuitas, suprimido las congregaciones religiosas, proclamado la ley del divorcio y la separación de la Iglesia y del Estado. Estamos aquí reunidos todos los masones del mundo en un mismo pensamiento, en un mismo sentimiento y en una misma voluntad. Es el pensamiento, la idea de una nueva moral, de una nueva religión” [34]. Pocos años más tarde el masón portugués, Alfonso Costa, añadía: “La próxima generación verá el fin del catolicismo”. La masonería regó los campos de Lombardía con sangre francesa y austriaca; inundó de sangre la tierra alemana para constituir un imperio protestante, arrebatando el cetro a la católica Austria; sembró estragos en Italia para acabar con el principado pontificio; suscitó por doquier revoluciones, como las iniciadas en 1820, las de 1830, 1848 y 1870; las españolas de 1820, 1834 y 1868; y las de Cuba y Filipinas en 1898, organizadas y sostenidas por sus logias; para no hablar de los manejos del “poder oculto” en las guerras mundiales recientes, ni insistir en su activa participación en las matanzas horribles de la Revolución Francesa y de la Comuna de París, en los crímenes de España en 1834 y 1835 y de la república soviético-masónica, a partir de 1931; en la persecución mejicana de 1926 y 1927 y en la barbarie organizada tras la cortina de hierro desde 1917 por los comunistas hasta nuestros días – ciegos instrumentos del superestado judeomasónico internacional; acumulando montañas de cadáveres y abriendo ríos de sangre en el mundo a nombre de la Libertad, Igualdad y Fraternidad de los masones; siendo ellos los verdugos, y la víctima, el pueblo. A ella se debieron las espantosas masacres de los cristianos armenios de 1894, 1896 y 1909, en que fueron martirizados 250.000, dispersándose 700.000. Tales horrendas matanzas contaron siempre con el silencio cómplice de la prensa internacional. Pío IX había anunciado ya a los pueblos y soberanos de Europa todas estas calamidades cuando decía proféticamente: “En castigo de la apostasía de las sociedades modernas arderá Europa toda. El infierno desbordará sobre la tierra y aquello será el reino del fuego”. Luego sus sucesores confirmarán estas proféticas palabras. Benedicto XV exclamará en 1917 ante el espectáculo desolador de la Primera Guerra Mundial: “El ateísmo legalizado y erigido en sistema de civilización es el que ha precipitado al mundo en un mar de sangre”. Y Pío XI dirá en la encíclica inaugural de su pontificado, el 28 de diciembre de 1922: “Porque los hombres se han alejado miserablemente de Dios y de Jesucristo, han pasado de su anterior bienestar a ser sumergidos en un mar de males” [35]. De esta manera se va cumpliendo inexorablemente la ley ordinaria de la Providencia en el gobierno de los pueblos, a saber: “Lo que las naciones hagan a Dios, eso hará Dios con las naciones. El Poder que ignora a Dios será ignorado de Dios”. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] En Serra y Caussa, Nicolás, op. cit., tomo I, Pág. 325. [2] En Caro, José, Pág. 208 y en Preuss, Arturo, A Study in American Freemasonry Pág. 303. [3] Soler, Mariano, op. cit., Pág. 198; en Serra, op. cit., tomo II, Pág. 459; y Taxil, op. cit., pássim. [4] En Soler, op. cit., pp. 195 y ss.; en Serra, op. cit., tomo I, Pág. 403. [5] Dic.. Enc. de la Masonería (Abreviado) de Frau y Abrines, Lorenzo, Pág. 331, México, 1955. 5′ Esta “perfección judeomasónica” ya se ha logrado en la Argentina, por ejemplo, el día de la primavera de 1959, en las piletas de Ezeiza. [6] Caro, José, op. cit., Pág. 228; Serra, op. cit. Tomo I, pp. 360 a 370 (pássim). [7] Meurin, León, op. cit. (Simbolismo… ), pp. 78 y 177. Revista Eclesiástica de Bs. As., año 1905. [8] Soler, op. cit., pp. 74 y 169. [9] Serra, op. cit., tomo I, Pág. 86. [10] Soler, op. cit., Pág. 86. [11] Rousseau, J. J, Nueva Eloisa, 3º, 21 y 22. [12] Correspondencia general de Voltaire, cartas del 21 de oct. de 1736 y del 4 de febrero de 1762. [13] Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 37. [14] Brunetiere. Estudios críticos, tomo IV, Pág. 318. [15] Roset, monseñor, Pág. 54. [16] En Civiltá Cattolica, marzo, 1959. [17] Benoit, Pablo, op. cit., tomo II, Pág. 274. [18] Eckert, Edmundo Emilio. La Francmasonería en su verdadera significación, tomo II, Pág. 174, año 1854. [19] Serra, op. cit., tomo I, pág. 355, Meurin, op. cit. (Simbolismo… ), pp. 58 y 205. [20] Rosen, Paul. El enemigo social, Pág. 254. [21] Wichtl, Federico. Masonería, Revolución, República. [22] Benoit, op. cit., tomo I, pág. 305. Margiotta, Domingo Adrián Lemi, jefe de los francmasones, Pág. 21; Caro, op. cit., Pág. 195. [23] Duque de la Victoria, op. cit., pp. 253, 254 y 310. [24] Poncins, León de, op. cit., pp. 96, 97 y 117. [25] Memorias de Guillermo II, Pág. 253. [26] Cahil, E., op. cit., Pág. 19. [27] Llorca, op. cit., tomo IV, Pág. 409; Soler, op. cit., Pág. 303. [28] Taine, Hipólito. Revolution Française, tomo II, pp. 383 a 393 (pássim); Vermeersch. La tolerancia, pp. 199 y 200; Serra, op. cit., tomo II, Pág. 197. [29] Llorca, op. cit.. Tomo IV, Pág. 635. [30] Serra, op. cit., tomo II, Pág. 63. [31] Huejutla, obispo de. En la hora de la suprema angustia, Pág. 80, Texas, 1928. [32] León, Miguel Ángel. La persecución en México (pássim), año 1927. [33] Llorca, op. cit., tomo IV, pp. 525 y ss. [34] Rivista Massónica, Pág. 347, año 1911. [35] Colecc. compl. de Enc. Pont., op. cit., tomo I, pp. 1004 a 1008; en Serra, op, cit., tomo II, Pág. 142.






 

CAPÍTULO V. MASONISMO Y ENSEÑANZA

1. SECULARIZACIÓN Y MONOPOLIO.
2. OBRA MAESTRA DE LA MASONERÍA.
3. CONCENTRACIÓN DE TODOS SUS ESFUERZOS.


MASONISMO Y ENSEÑANZA La masonería se ha empeñado siempre en poseer la exclusividad en la instrucción y educación de la niñez y juventud para poder vaciar en el molde masónico a las futuras generaciones. Ni las leyes, ni la violencia, ni la posesión del poder público, ni la misma corrupción de la sociedad serían suficientes para garantizarle la estabilidad de las conquistas, si sigue siendo cristiana la formación de las inteligencias y de los corazones. Por tal razón ha luchado y luchará siempre – atropellando los sagrados derechos de la familia y de la Iglesia – hasta apoderarse de la enseñanza y convertirla en sus manos en la más poderosa y eficaz arma de combate para lograr la corrupción universal. “Debemos dirigirnos a la juventud – se determinó en la Traslogia Suprema, según dijimos en otro lugar -. Debemos seducirla alistándola bajo nuestras banderas sin que lo advierta. Aplastad al enemigo (el catolicismo) bajo el peso de maledicencias y calumnias; pero cuidad de aplastarlo en el germen. Id, para esto, a la juventud y, si es posible, a la infancia” [1]. La cuestión de la enseñanza es, pues, el campo de batalla donde la masonería despliega su mayor furia y ensañamiento, como si de allí esperara su victoria decisiva. “El porvenir pertenece a la masonería – dijo el masón Edmundo Gardién – y este porvenir es la instrucción”. Clemenceau, el paladín del laicismo, afirmó en cierta ocasión: “El frente de batalla no está en las trincheras, está en la escuela; y el objetivo que se ha de lograr no es otro que el alma de los niños”. El masón argentino N. A. Ruiz, delegado de la logia “Regeneración,”, decía en el Plebiscito Masónico celebrado en Buenos Aires el 3 de junio de 1912: “El día que la escuela pública, rompiendo los lazos que la sujetan bajo la tutela religiosa, entre a llenar la misión racionalista y científica que le corresponde dentro de la sociedad, la masonería habrá afianzado definitivamente su influencia en la vida colectiva; porque entonces la sociedad estará preparada para recibir su credo y capacitada para practicar su obra incesante de reforma y perfeccionamiento moral, intelectual y político” [2]. Todos los ataques contra la enseñanza tradicional y cristiana, desde mitad del siglo XVIII, han partido de la masonería. Desde 1880 la lucha se ha tornado encarnizada contra los últimos restos del derecho y de la libertad de los padres de familia y de la Iglesia Católica: la divina y universal maestra de los hombres. En la Asamblea General del Gran Oriente de Francia dijo al masón Nicol: “Lo que queremos a despecho de la libertad del padre de familia con respecto a la educación de sus hijos, es educar a la niñez en las ideas del progreso laico; no queremos alejarlos a merced de los conventos y de las Hermanas. La escuela: he ahí la joya de la masonería universal que debe combatir en ella la ingerencia del espíritu de intolerancia de la pasión confesional”. Los masones achacan a la Iglesia “el haber encadenado, la razón”; pero nunca anduvo más suelta y libre como en alas de la fe, inmune de la esclavitud del error; y de “impedir la ilustración científica”, pero jamás la ciencia se quejó de la Iglesia, que en los siglos de tinieblas fue la única guardiana de los tesoros del saber y su decidida protectora en todos los tiempos. Es que a los masones no tanto les preocupa la ciencia, la verdad o la vulgarización del saber, cuanto el salir airosos en su diabólico empeño de corromper a las futuras generaciones con el letal veneno de la enseñanza impía, y reclutar, en las escuelas ateas, materialistas y sectarias, los ejércitos de jacobinos con los cuales conquistar la hegemonía mundial. Ya hemos dicho que el anti-concilio de Nápoles proclamó “la educación de la juventud, libre de la enseñanza del clero; y la instrucción exclusivamente laica y materialista” [3]. IR A CONTENIDO . . 1. Secularización y monopolio La masonería consiguió primero secularizar y luego monopolizar la enseñanza en todos sus grados: primario, secundario y universitario. El primer golpe lo dio, desde 1759 a 1768, con la supresión de los jesuitas: los maestros por antonomasia de Europa y Amé rica y vanguardia de las milicias de la Iglesia en los pueblos cristianos Se ataca la enseñanza religiosa y sucumbe la Compañía de Jesús al feroz impulso de los masones. Así allanóse el camino para la secularización y consiguiente monopolio gubernamental de la enseñanza, puesto en vigor por Napoleón I como ley fundamental de la revolución triunfante. Los masones Voltaire, D’Alembert y La Charlotais – procurador general del reino – ya tenían preparado, en 1763, el nuevo plan de estudios para la juventud: verdadero ensayo de educación masónica. Su principal fundamento era el monopolio estatal y el más rígido laicismo escolar. Según el masón Rousseau y sus seides revolucionarios, el Estado es el señor originario y absoluto de la enseñanza, regulador supremo de la moral y única fuente de todo derecho. Como deducción de tales principios el masón Dantón, en plena Revolución Francesa, y un siglo después Jules Ferry, el padre del laicismo escolar francés, pudieron afirmar que los “hijos pertenecen a la República antes de pertenecer a sus padres”. El Gran Oriente de Bélgica en 1864 determinó que “el niño debe ser sustraído a la dirección paterna” [4]. Voltaire y D’Alembert, en su fobia anticlerical, llegaron a decir: “Los Hermanos de la Doctrina Cristiana (maestros populares de la época) – émulos y sucesores de los jesuitas – enseñan a leer y escribir a gente que no debería pasar del manejo del cepillo y de la lima. El bien de la sociedad reclama que los conocimientos del pueblo no vayan más allá de sus ocupaciones. A la gente del pueblo no le hace falta saber leer y escribir. El pueblo es el canalla, indigno de toda instrucción” (sic). Pero la Iglesia – que por suerte no hizo caso de las teorías masónicas – siempre enseñó, y gratuitamente, a la gente del pueblo y a los indios de América, entre los cuales casi no había analfabetos; y de sus escuelas – que se mantuvieron gratuitas mientras el Estado masónico no se incautó de los bienes con que las sostenía – salieron distinguidos literatos, eminentes doctores e ilustres hombres de gobierno. La Revolución Francesa, por el contrario, contó en sus filas con los hombres educados en las escuelas que, después de la expulsión de los jesuitas, se convirtieron en masónicas; y en las que, por más de veinticinco años, se intoxicaron los espíritus con el virus de la filosofía racionalista, materialista y atea de la época. Este “trabajo” lo describió muy bien el gran patriarca del iluminismo masónico Weishaupt cuando dijo: “Para difundir la “verdad” de nuestra Orden debemos apoderamos de la educación y combatir audazmente, pero a la vez prudentemente, la “superstición”. Para este objeto debemos atraer a los maestros de la juventud, a las autoridades civiles y a los militares En la educación conviene introducir diestramente el germen de nuestros dogmas” [5]. Y así, lógicamente, se llegó al ateísmo, como lo confesó el masón Marcel Sembat cuando dijo: “La escuela sin Dios es la escuela contra Dios; no podemos impedirlo, es la fuerza de las cosas”. IR A CONTENIDO . . 2. Obra maestra de la masonería El último designio de la masonería fue imposibilitar para siempre la sana educación, estableciendo la tiranía del monopolio escolar y exterminando a sus ministros; formar luego en la escuela masónica a las nacientes generaciones y modelar su espíritu a su imagen y semejanza para llegar por ellas a la dominación universal. Su táctica es ésta: 1º Monopolio de la enseñanza para abolir o por lo menos neutralizar el influjo de cualquier otra enseñanza. 2º Enseñanza laica, independiente de toda moral y de toda religión, o sea, atea y corruptora. 3º Enseñanza gratuita, para anular cualquier competencia y extender con mayor facilidad el contagio del mal. 4º Enseñanza obligatoria, para que la perversión y descristianización del pueblo sea forzosa y total. Máquina de violencia y despotismo de la más refinada perfidia: obra maestra de la masonería. El racionalista, masón y socialista, Ledrú-Rollín, se vio obligado a exclamar, ante tal tiranía en la enseñanza: “¿Hay mayor dolor para un padre que ver deportar a sus hijos a las escuelas que él considera como lugares de perdición? ¿Hay mayor ignominia que esa conscripción de la infancia, arrastrada violentamente a un campo enemigo?” [6]. “La irreligión – dijo el publicista Moreau – es la causa de verse convertida la instrucción en instrumento de desmoralización y criminalidad”. Con tales escuelas obligatorias y laicas no les queda otra escapatoria a la mayoría de los padres que consentir en la apostasía y corrupción de sus propios hijos,. contribuyendo, además, a pagarlas por medio de los impuestos. Todas las escuelas, colegios y universidades pasaron en Francia a manos del Estado; pero pronto se notó el total fracaso, que hizo exclamar a Napoleón: “La instrucción pública languidece o no existe ya en casi toda Francia Si no salimos de la “línea marcada”, dentro de poco habrá ilustración en contados lugares, y fuera de allí ignorancia y barbarie”. El mismo Voltaire ya había reconocido el desastre, al decir que “la supresión de la enseñanza impartida por el clero ha sido el mayor desatino cometido, y esto aún juzgado económicamente” [7]. Alarmado por tal desastre decía Juan Portalis, consejero de Estado y ministro de Napoleón: “Escuchad la voz de todos los ciudadanos honrados: no hay instrucción sin educación y no hay educación sin moral y sin religión. Es menester tomar la religión por base de la educación. Si se compara lo que es la instrucción actual con lo que debería ser, no podemos hacer a menos que llorar por la suerte que amenaza a las generaciones presentes y futuras. Por eso toda Francia llama a la Religión en socorro de la moral y de la sociedad” [8]. Más tarde el gran estadista inglés Disraeli dirá: “Tengo por cierto que un sistema de educación nacional, no basado en el conocimiento de la religión producirá un desastre nacional más funesto para el Estado que para la Iglesia. Y no basta una religión cualquiera porque fuera del cristianismo llegaremos a una disolución tal de las costumbres y de la moral que no tiene ejemplo en la historia de la humanidad; a una de esas disoluciones que son como el sepulcro de las naciones” [9]. Napoleón, ya emperador, con el fin de esclavizar a la Iglesia y refirmar la omnipotencia del Estado, implantó el monopolio estatal; y al futuro Gran Maestre de la masonería, Fontanes, al presentarle el proyecto de ley, el 6 de mayo de 1806, le contestó: “Usted me ha comprendido”. Así se estableció la enseñanza monopolizada al servicio de un Estado racionalista y masónico: en vez de establecer, más bien, la enseñanza libre en un Estado democrático para total beneficio del pueblo. Los avances masónicos en la enseñanza continúan su carrera triunfal durante el segundo imperio y la tercera república, que – como dijimos – fue “la masonería en descubierto”. Las escuelas normales se convierten en “hervideros masónicos” y la escuela laica resultó ser – según Thibaudet – “una sociedad de pensadores, siempre dispuestos para la lucha contra la Iglesia” [10]. El masón Juan Macé fundó, en 1866, la Liga de la Enseñanza, propulsora de las leyes que establecieron definitivamente el laicismo escolar en Francia, patrocinado por los masones Bert, Ferry y Buisson; y que el gobierno argentino – afrancesado y masónico – reprodujo en 1884 con Roca y Wilde a la cabeza, siendo el Gran Maestre de la masonería, del 1882 al 1886, Domingo Faustino Sarmiento. Siguiendo esta “línea marcada” por la masonería no resulta extraño que, en 1957, hayamos escuchado de labios de un alto jerarca del Ministerio de Educación de la Nación la siguiente expresión: “Mientras haya escuelas normales religiosas en el país será imposible la escuela laica en la Argentina”. Macé había dicho: “Quien tiene por suya la escuela lo tiene todo” y, a la verdad, que no le faltaba razón. En el Boletín de la Liga escribió: “Lejos de rehuir la ayuda de las logias la solicité y hasta la reclamé por la sencilla razón que el objeto de la Liga es la aplicación práctica de los principios predicados por la masonería y el cumplimiento del compromiso que se contrae al ingresar en ella. La Liga es una masonería cara al exterior” [11]. El Gran Maestre del Gran Oriente decía en 1870: “Todos estamos de acuerdo sobre el principio de la instrucción gratuita, obligatoria y laica”. IR A CONTENIDO . . 3. Concentración de todos sus esfuerzos En 1872, la Asamblea masónica de Estrasburgo brindó “por el ingreso de todos los masones en la Liga y de todos los miembros de la Liga en la masonería”. En el periódico “Mundo Masónico” leemos: “Sobre esta cuestión de la enseñanza deben concentrarse todos los esfuerzos de la masonería” [12] La Junta Secreta masónica acordó en 1879 “descristianizar a Francia estrangulando al catolicismo. Dentro de ocho años – añadía – tendremos una generación atea, merced a la instrucción laica sin Dios”. El obispo de Astorga (España), Monseñor Jesús Mérida Pérez, en su pastoral del 7 de marzo de 1947 sobre la “Restauración Cristiana de la Enseñanza”, al hablar sobre el monopolio estatal de la misma afirma, entre otros conceptos, lo siguiente: “Esta situación ha sido, desde la Revolución Francesa, a lo largo del siglo XIX, objetivo tenazmente perseguido por la secta masónica. Era menester suprimir, en lo posible, todo influjo de la Iglesia en las almas, pero sobre todo el más eficaz, que es el ejercicio de la libre educación de la juventud. Prohibirle en absoluto crear y dirigir centros de enseñanza no era posible en todos los países, y chocaba estrepitosamente con los principios de la libertad y democracia que tan hipócritamente proclamaba. Un medio halló, y en verdad hábil, para aparentar respeto a todos los derechos educativos y, sin embargo, poner en manos del poder civil – a la sazón poseído o a lo menos mediatizado por ella – la educación del mayor número posible de ciudadanos, máxime de los pertenecientes a clases cultivadas, e impedir desoladoramente la eficacia del apostolado docente de la Iglesia. Este medio consistió en consignar la libertad de enseñanza en solemnes textos constitucionales pero exigiendo al mismo tiempo, ya en la constitución, ya en las leyes y reglamentos aplicativos, que toda enseñanza no estatal diera sus exámenes ante los profesores oficiales (que fuera el Estado el único planificador de los estudios, redactor de programas, etc… ). Con esta condición – sin contar, además, la exclusión de todo apoyo económico estatal – bastaba para que la enseñanza de la Iglesia y toda la no oficial quedara en manos de la oficial y por ésta en manos del poder civil, el cual a su vez había de estar en las de la secta o a lo menos bajo su decisión y nefasta influencia. Así había monopolio estatal con apariencia de libertad, y el Estado, entonces enemigo de Dios – en concreto, la Masonería – sería el educador del alma nacional, conforme a su concepto impío del hombre y de la vida y a su odio a la Iglesia…”. Al aprobar el monopolio estatal como instrumento para laicizar la escuela, decía Macé en el congreso de 1881: “La obra de la Liga es una obra masónica al par que patriótica. Guerra abierta, pues, a la enseñanza libre” [13]. Después de sancionadas las leyes tiránicas de la enseñanza, sostenidas por los masones Ferry y Bert, la masonería ha continuado trabajando infatigablemente en Francia contra la enseñanza católica. Bélgica no le ha ido en zaga a Francia en su ardor sectario. Ya en 1860 las logias toman abiertamente partido contra la enseñanza religiosa; y en 1865 se funda la Liga de la Enseñanza, que vivirá luego en íntima unión con la liga francesa que dirigía Macé. En 1876 la masonería belga resuelve que “la enseñanza pública deberá ser, en lo sucesivo, exclusivamente laica”. Bourlard, Gran Maestre del Gran Oriente de Bélgica, declaró: “El obstáculo opuesto al desarrollo intelectual del mundo entero es la “ignorancia” y el “fanatismo” (los masones traducen: religión y clero) Levantémonos a una; perezca para siempre Roma” (a saber: el catolicismo, el Papa y la jerarquía eclesiástica). La lucha de los liberales contra los católicos – que ocupa gran parte del siglo XIX – tuvo como animadores al diputado y luego presidente del Congreso, Frére-Orban, masón altigraduado, y a Defacqz, Gran Maestre del Gran Oriente Belga, que presidió, en 1846, el congreso liberal en que se definieron por iniciativa de las logias las líneas esenciales de las campañas de secularización de la sociedad y laicización general. A partir de 1878, en que los liberales volvieron a alcanzar el poder, el conflicto entre el Estado y los obispos se agudizó sobremanera. El presidente del Congreso, Frére-Orban, hizo votar. una ley que cambiaba por completo la legislación anterior y suprimía la enseñanza de la religión en las escuelas. Los obispos prohibieron la concurrencia a las escuelas públicas, las cuales debieron suspender sus actividades en un 75 %, y fundaron a su vez gran número de escuelas privadas. El boicot de alumnos, padres y maestros surtió magnífico efecto bajo el lema: “De las escuelas sin Dios y de los maestros sin fe libradnos, Señor”. En 1880 se expulsó al nuncio apostólico y se retiró el embajador del Vaticano, siguiendo luego medidas de gobierno marcadamente anticlericales. Pero en las elecciones de 1884 los liberales sufrieron una derrota aplastante y la enseñanza religiosa fue restablecida en las escuelas. En 1955, al dictarse la ley Collard, durante el gobierno masónico-socialista que suprimió las libertades adquiridas, los obispos belgas manifestaron públicamente que todo era “obra de una mayoría sectaria, la cual obedecíaaignorados motivos de orden oculto”, o sea, masónico. Finalmente, por el pacto político de les tres partidos gobernantes del 7 de noviembre de 1958, se permite la enseñanza religiosa en las escuelas. Las logias italianas, en 1898, de acuerdo con el programa de la masonería, redactado por el judío Ernesto Nathán, alcalde de Roma y sucesor de Adrián Lemi, proclamaron la “urgente necesidad de descristianizar a Italia por medio de la enseñanza laica”; y en 1901, se resolvió la abolición de la enseñanza religiosa y se creó la escuela laica obligatoria” Parecidos “triunfos” – en mayor o menor escala y con dispares vicisitudes según las épocas – obtuvieron los masones en España, Portugal, Suiza, Holanda y Austria; en Alemania con Bismarck, en Inglaterra con Gladstone, en Estados Unidos con el presidente masón Grant, en la Argentina con los masones Sarmiento, Roca, Wilde y Mitre; y en gran parte de las naciones hispanoamericanas, gobernadas por masones. Jesucristo – el padre de nuestra civilización – resultó ser entonces el proscrito de los pueblos civilizados; y los pueblos redimidos con su sangre y modelados en la cultura con la doctrina de su Evangelio, consideraron un peligro para la libertad, la enseñanza de esa misma doctrina que restableció la dignidad humana y la libertad en el mundo. Con tal sistema de educación pública, la vuelta al paganismo será cuestión de tiempo; pues la inmoralidad y la corrupción, tienen ya su foco irradiador en la escuela; y entonces habrá llegado de nuevo el día en que la humanidad, huérfana de Dios, y en plena barbarie, pida a gritos un nuevo redentor. Está visto, pues, que la guerra a la enseñanza católica por medio del monopolio estatal y el laicismo escolar, es masónica por sus promotores, masónica por sus embates contra los derechos de la familia y de la Iglesia, cuya destrucción ha jurado; y masónica por los fines e intereses que la animan, que se dirigen a la descristianización de los pueblos, consumando la general apostasía y la divinización de la raza humana, para llegar más fácilmente al predominio universal y al reinado de Satanás sobre la tierra [14]. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Soler, Mariano, op. cit., Pág. 202. [2] Pacífico, Justo, op. cit., Pág. 58. [3] Serra y Caussa, Nicolás, op. cit. (La masonería… ), tomo II, Pág. 203. [4] Caro, José, op. cit., Pág. 230; Serra, op. cit., tomo II, Pág. 170. [5] Serra, Íbidem, tomo II, Pág. 173. [6] Serra, Íbidem, tomo II, Pág. 173. [7] Soler, Íbidem, Pág. 162. [8] Serra, Íbidem, tomo II, Pág. 184. [9] Soler, Íbidem, Pág. 170. [10] Ledre, Carlos, op. cit., Pág. 109. [11] Boletín de la Liga de la Enseñanza, junio-agosto, 1885. [12] Soler, Íbidem, Pág. 165. [13] Serra, Íbidem, tomo II, Pág. 187. [14] Pavanetti, Eduardo. El laicismo superado en su historia y en sus dogmas, pássim, Montevideo, 1952. Rottjer, Aníbal. La escuela argentina, pássim, segunda edición, editorial Santa Catalina, Bs. As., 1959. Ledre, op. cit., pássim. Serra, op. cit., tomo II, pp. 170 a 202 (pássim).





 

CAPÍTULO VI. MASONISMO Y LIBERTAD, DEMOCRACIA Y PROPIEDAD

1. AUTONOMÍA ABSOLUTA DE LA RAZÓN INDIVIDUAL.
2. EL MÁS FUNESTO PRINCIPIO DE DISOLUCIÓN MORAL.
3. EL HOMBRE, DIOS DE SÍ MISMO.
4.”LIBERTAD – IGUALDAD – FRATERNIDAD”.
5. PLAGIO INFAME E HIPÓCRITA HECHO AL CRISTIANISMO.
6. ENEMIGA DE LA LIBERTAD Y DE LA DEMOCRACIA.
7. DEMOCRACIA SANA Y VERDADERA.
8. LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD EN ORDEN A LA PROPIEDAD


MASONISMO Y LIBERTAD, DEMOCRACIA Y PROPIEDAD Jesucristo, al decir en su Evangelio: “La verdad. os hará libres” [1] – veritas liberabit vos – significó que solo la verdad es garantía de libertad. Ahora bien; la masonería considera a la libertad como un derecho absoluto e ilimitado, tanto para el bien como para el mal, para la verdad como para el error; y la proclama anterior y superior a toda creencia religiosa y a todo vínculo moral. Así lo declara en su diario oficial “Mundo Masónico” y en la “Chaine d’Union” (Cadena de Unión) en 1865, al afirmar que “el librepensamiento es el principio fundamental de la masonería, o sea la libertad absoluta, universal e ilimitada en toda su extensión, y no la libertad restringida por las exigencias de la verdad y del bien. “La libertad absoluta de conciencia, he ahí la única base de la masonería. Ella es superior a todas las creencias religiosas, cualesquiera ellas sean, hasta la misma creencia en Dios. Los masones deben colocarse no sólo sobre las diferentes religiones, sino sobre toda creencia en un Dios cualquiera” [2] IR A CONTENIDO . . 1. Autonomía absoluta de la razón individual La doctrina masónica tiene por base la más absoluta libertad de conciencia, o sea, la completa autonomía de la razón individual. Libertad absoluta de pensamiento y de conciencia sobre toda religión y toda moral. El librepensamiento racionalista ideó el principio que justificase su apostasía del cristianismo y proclamó la soberanía de la razón individual. Como lógica consecuencia de tal principio, ha variado y seguirá variando indefinidamente según las épocas y las personas, a saber: ninguna aberración del espíritu humano le ha sido extraña; y aún hoy día existen logias y “tenidas” de ciertos grados masónicos que sostienen las teorías más extravagantes y absurdas. Defensora, además, del “libre examen” – heredado del protestantismo – rechaza categóricamente el mundo sobrenatural y la revelación divina; y al desligarse de la tradición, pretende hallar en la sola razón humana la única norma de la vida. Así la profesa el Gran Oriente Español en su constitución: “La masonería no reconoce ninguna autoridad superior a la Razón Humana. La verdad es la que tal razón determine en la conciencia individual bajo la disciplina del más omnímodo libre examen”. En la “Constitución para la Masonería Argentina”, reformada en 1939, leemos en su Declaración de Principios: “Para el esclarecimiento de la verdad, no reconoce más límite que el de la razón humana, basada en la ciencia” [3]. Por otra parte, toda su filosofía iniciática se reduce a no imponer ninguna creencia y ningún sistema doctrinal, sino tan sólo encaminar al iniciado hacia el progreso indefinido del ideal. Tal filosofía es ambigua al extremo y se acomoda a todas las interpretaciones sociales y a todos los estados anímicos del espíritu, salvo al espíritu del católico consciente de su fe. De aquí proviene el antagonismo que existe entre la masonería y el catolicismo, pues la masonería se sobrepone a toda revelación divina, desconectando a la razón humana de todo vínculo superior; se propone fines antisociales, hace profesión de indiferentismo religioso, y lleva la guerra a una religión que posee todas las señales de ser la verdadera religión sobrenatural y depositaria de una revelación que ha de predicar por todo el mundo. Toda sociedad que promueve la indiferencia o tolerancia absoluta ante la verdad de una religión positiva, como es el cristianismo, revelada por Dios a los hombres, es contraria al catolicismo [4]. En un principio aún los protestantes combatieron a la masonería, pero luego cedieron, por su común “protesta” contra la revelación y las especiales obligaciones que de ella se derivan. Hoy en día, muchos pastores protestantes “liberales” se honran con sus condecoraciones masónicas, y su independencia doctrinal en poco o en nada se diferencia del indiferentismo religioso de los masones. Para la masonería las ideas católicas son retrógradas y de ellas es menester liberar para siempre a las inteligencias. Aun el nombre de Dios – como lo señalamos más arriba – ha sido desterrado de gran parte de las logias. IR A CONTENIDO . . 2. El más funesto principio de disolución moral Con tales principios se niega toda moral y toda religión, aun las naturales. A semejantes aberraciones de la masonería responde monseñor Dupanloup: “Es una verdad evidente que la obligación natural de la religión y de la moral limita la libertad y liga la conciencia individual, a no ser que el hombre pretenda declararse superior a la verdad, a la justicia y al orden natural, moral v religioso, en cuyo caso no habrá, ni deber, ni derecho, ni sociedad; sino tan sólo licencia, egoísmo, libertinaje e impiedad, proclamados como derechos sagrados del hombre. Lo que podemos hacer y pensar de hecho, no siempre podemos hacer y pensar con derecho; pues, son principios fundamentales de la razón y del orden natural, los siguientes: “Haz el bien y evita el mal; investiga la verdad y rechaza el error”;y no el irracional y antinatural de la masonería: “Haz lo que quieras y piensa lo que gustes, tu libertad es absoluta en su derecho para el bien y para el mal, para la verdad y para el error”. Negamos la degradación de tales libertades para la verdad y el bien como para el error y el mal; pues, tales perniciosos principios justifican todos los atentados y todos los crímenes, la degradación y corrupción de los pueblos. ¿Puede haber en plena civilización un principio de disolución moral de consecuencias más funestas como el enseñado por la masonería? Los masones vociferan: “Igualdad y Fraternidad. Todos los hombres son libres”; pero luego, en las traslogias o talleres de grados superiores, explican así la dorada trilogía, según informe de los afamados historiadores Barruel y Benoit, no desmentidos aún por los “hijos de la viuda”. “Libertad es la independencia absoluta e ilimitada del hombre; es el desprecio de toda autoridad y de toda ley; es, en otros términos, la insubordinación y la rebelión universal. Quien está sometido a una voluntad extraña, aunque sea la divina, no es libre; los esposos no son libres; el hijo, bajo la patria potestad, no es libre; el hombre que vive en sociedad no es libre. Por lo tanto, la libertad en el lenguaje masónico, importa rebelión del hijo contra el padre, de los cónyuges contra el yugo del matrimonio, o sea la destrucción de la familia; rebelión de los súbditos contra los gobernantes, o sea la anarquía civil; rebelión del hombre contra Dios, o sea el desprecio y la guerra a la religión” [5]. IR A CONTENIDO . . 3. El hombre, Dios de sí mismo Se niega en absoluto toda verdad, magisterio, institución y autoridad de origen sobrenatural, y se constituye a la razón y naturaleza humanas, maestras y soberanas absolutas, elevadas al honor de la divinidad, en virtud de esa misma soberanía absoluta que es la que forma la esencia del ser divino. La razón natural expuesta a contradecirse a sí misma respecto de los principios fundamentales de honestidad y justicia; la naturaleza humana exaltada y divinizada en su propia corrupción, ignominia y desenfrenado exceso; la educación de las futuras generaciones decretada laica e independiente, emancipada de toda idea religiosa, convertida en instrumento, escuela y aprendizaje de abyecto salvajismo “culto”; y la multitud sistemáticamente embrutecida. para que con las “añejas” preocupaciones de moralidad y religión nunca sirva de obstáculo a los planes de universal emancipación y supremo señorío de la naturaleza humana: la familia disuelta por la unión libre y el instinto bestial; el individuo libre por sí y en si mismo como el salvaje propuesto por Rousseau, sin dependencia de ningún ser superior; todos iguales en semejante libertad: la sociedad originaria y perfectamente autónoma; la soberanía que radica en el pueblo, el cual crea la autoridad que es precaria y movediza a voluntad del mismo pueblo, que hace el derecho, dicta las obligaciones, y es el único propietario de la tierra y de los productos de su trabajo individual. O sea, ni Dios, ni ley, ni propiedad, ni familia. ni autoridad. La humanidad divinizada, sin Dios y en armas contra Dios y contra todo lo que es de Dios, porque sólo ella es Dios. Delirio extremo de la razón autónoma y emancipada, último exceso de su soberanía: el hombre, Dios de sí mismo. Con tales ideas, inculcadas incesantemente por la prensa masónica, muchos, sin ser masones, se expresan a cada paso en lenguaje masónico. Son hombres de sentimentalidad católica y de mentalidad masónica, en flagrante contradicción con los principios cristianos. Esta es la libertad masónica; ésta la soberanía que proclaman. En este sentido hablaba el masón Fleury en la logia de los Filántropos Reunidos, cuando decía: “No seamos súbditos sino soberanos; así seremos libres”. EI historiador Taine nos dice en qué consistió esta libertad. “Los jacobinos – escribe – primero exageraron los derechos de los gobernados hasta abolir los derechos de los gobernantes, y luego exageraron los de éstos como si aquellos no tuviesen ninguno. Argüían de crimen al más mínimo ejercicio de la autoridad pública, y luego castigaban como un crimen la menor resistencia a ella. La muchedumbre ignorante al ver que se le pone delante siempre la misma copa, cree que se le sirve siempre el mismo licor, y bebe inconscientemente la tiranía con nombre de libertad”. En virtud de la soberanía de la razón humana el hombre se subleva contra Dios, y cada cual se declara libre e igual a El. En nombre de la igualdad se pretende abolir toda jerarquía y toda distinción religiosa, política y social. Ya sabemos a qué atenernos ahora, cuando los masones y sus epígonos políticos, religiosos y sociales de todos los tiempos lugares, nos hablan de “libertad”. La masonería pulverizó todas las legítimas libertades particulares y disgregó los individuos de la sociedad atomizándolos, reduciéndolos a simples unidades matemáticas en el orden político y social. El pueblo quedó así desplumado, pero sigue cacareando: “libertad”. Las naciones pequeñas caen en las fauces de las grandes potencias, y éstas son devoradas por las potencias internacionales; y al fin vendrá la total consumación, o sea, la República Universal concentrada en el Estado Mundial masónico, y éste tendido a los pies del Rey del Infierno en acto de adoración” [6]. IR A CONTENIDO . . 4. “Libertad – Igualdad – Fraternidad” En cuanto a la igualdad, los masones sugieren que todos debemos pasar por las horcas caudinas de la nivelación masónica para ser cortados con el mismo cartabón y medidos con idéntico rasero “Hasta el presente – dicen ellos – hubo ricos y pobres, padres e hijos, esposos y esposas, reyes y vasallos, sacerdotes y legos, católicos y protestantes, judíos, budistas y musulmanes. Pues bien, en lo futuro sólo habrá hombres. La igualdad trae consigo la comunidad de todos los bienes y aun de las personas. Dios y el hombre son iguales. O no existe Dios o no se cuida de los hombres libres. “Si existe, se confunde con el hombre y el mundo, y entonces Dios es la Naturaleza”. Así hablan los principales voceros de la masonería que, con Potvin, Lacroix y otros, terminan diciendo: “Nosotros somos nuestros propios dioses; cada uno es su rey y su sacerdote. Fuera pues las iglesias, los sacerdotes, los gobernantes y el mismo Dios” [7]. Con tal libertad y tal igualdad llegamos a la fraternidad universal, en la cual se acaba la distinción de familias, pues todos forman una sola: la Humanidad. No hay diversidad de naciones, pues todos pertenecemos a una sola: la Humanidad. Y no hay variedad de creencias ni religiones, pues todos profesamos una sola fe y vivimos en la misma y única iglesia: la Humanidad. De esta manera se inmolan en honor del dios Moloch de la masonería: familia, patria, sociedad y religión; menospreciando todo afecto, todo derecho y toda obligación. Una elemental decencia nos inhibe para tratar aquí de la “fraternidad” que, según ciertos iniciados, resulta ser el ideal masónico, a saber, el retorno a las nefandas costumbres atribuidas a los templarios, y al reinado de la desenfrenada corrupción maniquea y albigense: los padres espirituales de la ilustre Orden. Para los masones todo se compendia en la palabra libertad, o sea, emancipación completa de toda ley, de toda autoridad, de toda razón, de todo orden, de toda justicia, de toda honestidad, de toda moral, de toda verdad y de Dios mismo; porque para los verdaderos iniciados, el hombre libre es para si mismo: ley, autoridad, religión, justicia, derecho, regla de honestidad y de verdad… Dios mismo. Esta es la esencia de la masonería. En 1854, el masón Stevens decía en el Gran Oriente de Bélgica: “El libre examen es la esencia de la masonería”; y en el periódico de las logias de Leipzig escribía el masón protestante Mauricio Zille: “El reinado de una autoridad, cualquier ella sea, es un crimen inaudito para el espíritu de los tiempos modernos”. IR A CONTENIDO . . 5. Plagio infame e hipócrita hecho al cristianismo En virtud de lo dicho hasta aquí, el lema masónico: “Libertad, Igualdad, Fraternidad” resulta ser, no sólo una burda mentira sino que es en realidad un plagio infame e hipócrita hecho al cristianismo con el agravante de su funesta adulteración, con el fin de embaucar a los pueblos educados en la doctrina católica, al remedar el lenguaje de las benéficas conquistas que realizó el catolicismo en pro de la civilización a trueque de heroicos sacrificios. Tal plagio, escandaloso e indigno, que la historia de la civilización demuestra que ha sido robado por el liberalismo masónico al Evangelio y a la Iglesia, tergiversa, calculada y sistemáticamente, las palabras más hermosas y cristianas, en provecho del error y del odio satánico de la secta hacia el catolicismo; poniéndolas al servicio de la incredulidad y de la infamia, para engañar y pervertir a los pueblos. Sólo la Iglesia ha devuelto la libertad, la igualdad y la fraternidad al género humano esclavizado y corrompido bajo el yugo envilecedor del error, del vicio y del despotismo doméstico, social, económico y político, sin apelar para esto a la Bastilla, a la guillotina, al Terror, a la Gestapo, a las cámaras letales, a la picana eléctrica, a los tanques y aviones, a la bomba atómica, a los campos de concentración, a las tchekas, a los progroms, a las “purgas” ni a las experiencias soviéticas tras la Cortina de Hierro; sino tan sólo derramando su propia sangre a ejemplo de su divino fundador, el Mártir del Calvario. Ella restauró en el mundo la dignidad humana diciendo a todos los hombres: “Vosotros sois libres en Jesucristo; sois iguales delante de Dios; y todos sois hermanos en Cristo y en Adán, hijos todos de un mismo Padre que está en los cielos”. “Donde reina el Espíritu del Señor allí se halla la libertad”. Ubi Spiritus Domini ibi libertas” [8]. Ella fue la que restableció la libertad doméstica, económica y social, destruyendo el triple despotismo pagano del padre, del marido y del amo. Ella fue la que introdujo la libertad e igualdad civil y política con la abolición de castas y de razas del paganismo, y negando el poder absoluto del César, al afirmar que “es menester obedecer a Dios antes que a los hombres” – Oportet obedire Deo magis quam hominibus [9]. Con tal doctrina los monarcas cristianos – calumniados muchos de ellos de absolutistas – gobernaban de tal manera, que los distintos estamentos del reino, representativos del pueblo, podían decirles con derecho: “Nos, que cada uno somos tanto como Vos, y que juntos valemos mucho más que Vos, Vos facemos rey, con la condición de guardar nuestras leyes e nuestros fueros; e si non, non”. Ella devolvió la libertad, el honor y la dignidad a la mujer, al niño, al esclavo y a los pueblos sometidos, librándolos del yugo del hombre; porque fuera de Jesucristo y de su Iglesia, no hay más que dominación del hombre por el hombre, dominación que fatalmente degenera en despotismo y en arbitrariedad, cumpliéndose el dicho de Hobbes: “Homo homini lupus” – “El hombre resulta para el hombre un lobo”, si no se guía por tales principios cristianos de la verdadera libertad, igualdad y fraternidad. En cambio, el liberalismo y la masonería sólo han prostituido ese lema sacrosanto, llevando al cadalso millones de victimas que exclamaban al morir: “¡Oh, libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”. Profanaron los templos donde llegaron a adorar a la “diosa Razón” en la persona de una mujer pública, ofreciéndole incienso en la catedral de París y poniendo el crucifijo a sus pies; saquearon el lugar santo, robaron los bienes de la Iglesia; persiguieron y suprimieron las órdenes religiosas y cometieron toda suerte de vilezas y tropelías, mientras despreciaban a las vírgenes del santuario, tildándolas de “víctimas del fanatismo”. Hermoso y santo es el lema; pero, en manos de los masones y liberales – antiguos y modernos – resulta un verdadero monstruo sin pies, sin corazón y sin cabeza; pues le falta la base religiosa, la moral del deber y el principio de autoridad. IR A CONTENIDO . . 6. Enemiga de la libertad y de la democracia La Iglesia condena el liberalismo masónico porque se basa en la incredulidad y, por lo tanto, desemboca fatalmente en la demagogia; incapacitando al pueblo para el régimen de la libertad. En cambio, bendice las instituciones basadas en la auténtica libertad, porque conducen a la sana y verdadera democracia, la cual puede y debe ser cristiana, según recomendaba Pío VII, durante el reinado de Napoleón, con estas palabras: “Sed siempre buenos cristianos y seréis buenos republicanos, que los primeros cristianos eran todos demócratas”. Siendo la masonería la antítesis del Evangelio, es, por su misma naturaleza, enemiga de la libertad y de la democracia. Porque “para ser libres es menester ser virtuosos” – según decía Sócrates – y como “sin cristianismo no hay virtud” – como lo reconoció el masón Diderot -; luego, para ser realmente libre hay que ser buen cristiano. “Sin la fe no puede vivir la libertad – escribió Tocqueville – y sin la religión sólo puede existir el despotismo” [10]. Idénticos conceptos expresaba el prócer argentino Félix Frías, en la convención bonaerense de 1860: “Son libres únicamente los pueblos educados en la Religión para la libertad, pues no hay libertad donde falta la Religión”. El masón judío y padre del comunismo, Carlos Marx, tuvo que confesar en 1843, que “la concepción democrática del hombre no le era simpática porque era demasiado cristiana”. Y más adelante afirmaba: “Es un sueño y un postulado ilusorio del cristianismo que cada hombre tenga valor como ser soberano, aún el inculto y asocial; o sea, que todo hombre sin distinción posea un alma soberana”. Los masones proclaman la libertad religiosa que se traduce en el descreimiento total y en la persecución a la Iglesia; la libertad moral, que es la moral independiente, el libertinaje y la ausencia de todo fundamento moral; la libertad de pensamiento, o sea, la libertad para el error y la orgía de la inteligencia; la libertad en la familia, o sea, la unión libre; la libertad política, que es el derecho a la insurrección, la anarquía y la fuerza del número; v la libertad civil, que se traduce por fraude, intriga, soborno, pandillaje, coima, acomodo, negociado, “saber vivir”, latrocinio, camarilla, centralización despótica y ley del caciquismo. Proclaman toda clase de libertades absolutas, nacidas todas ellas de la libertad esencial del hombre en rebeldía contra Dios y su ley, siendo su ecuación: Libertad de perdición, o sea, humanidad independiente del Dios del cielo y esclavizada bajo el cetro del Dios del infierno. La masonería no sólo es incompatible con la libertad, sino. que es también el paradigma de la anti-democracia; pues ella representa el privilegio, la desigualdad y el principio de autoridad llevado al autoritarismo más deprimente. Privilegio que monopoliza la verdad ocultándola a los profanos y aún a los masones de graduación inferior; desigualdad, que se manifiesta en su organización jerárquica basada en la Iniciación del secreto juramentado; y autoritarismo que sólo con cede la dirección de la Orden a un grupo selecto, el cual permanece desconocido para la mayor parte de los mismos masones. Unos pocos de entre ellos son los “venerables, los grandes, los soberanos, los elegidos, los ilustres, los maestros, los caballeros, los poderosos, los príncipes…” y los demás masones, ¿qué son? Y la muchedumbre de los profanos, ¿son, acaso, ilotas; los parias de la humanidad? Establecen así odiosas distinciones en la sociedad; niegan que todos por igual puedan tener libre acceso a la verdad, cuyo secreto sólo ellos poseen y custodian celosamente. La inmensa mayoría de los afiliados ignora el “Real Secreto” de los grados “sublimes”, que sólo conocerán los integrantes de la masonería dirigente. En cambio, la verdad católica es para todos los hombres, para todas las clases sociales y para todas las razas. “Id y enseñad a todas las gentes – dijo Jesús – y predicad el Evangelio a toda criatura” – Euntes docete omnes gentes; et praedicate Evangelium omni creaturae” [11]. Y si el noble, el rico, el sabio, el dirigente político, el gobernante y el rey quieren salvarse, deberán observar los mismos mandamientos, conocer las mismas verdades y recibir los mismos sacramentos que el plebeyo, el pobre, el ignorante y el último de los ciudadanos. La mayoría de los masones ignora – como ya explicamos en otra parte – lo que saben los contados privilegiados de los últimos grados; pero todos, sin embargo, son hijos sumisos de la consigna ajena, y van adonde los llevan, sin saber adonde van. La Revolución Francesa proclamó la democracia, pero, apenas nacida, la ahogó bajo el filo de la guillotina y la convirtió en la igualdad del degüello general, y en la demagogia y el terrorismo del populacho. El liberalismo, hijo de la masonería, convirtió en una farsa la representación popular, siendo el sufragio universal el escarnio de la democracia. Por el contrario la sana democracia enseñada por la Iglesia Católica, es la muerte de la masonería. La secta, lo presiente y por eso hostiga al Catolicismo en todas formas, falseando los conceptos, calumniando descaradamente y tratando de conquistar a los católicos con el señuelo de un progreso aparente y seductor. IR A CONTENIDO . . 7. Democracia sana y verdadera El Papa Pío XII en su alocución de Navidad de 1944, puntualizó algunos aspectos de la doctrina Católica sobre la democracia en conformidad con lo enseñado por la Iglesia en el decurso de los siglos. En este valioso documento leemos: “… expresar sus propios puntos de vista sobre los deberes y sacrificios que se le impongan; no estar obligado a obedecer sin ser oído; estos son los derechos ciudadanos que encuentran en la democracia – como lo infiere su nombre – su propia expresión…”. Distinción entre pueblo y masa: ” El pueblo vive y actúa según su propia energía vital – dice el Papa-; vive por la plenitud de vida de los hombres que lo integran; cada uno de ellos es persona conciente de sus propias responsabilidades y de sus propias opiniones; las masas, en cambio, son inertes en sí mismas y solamente se mueven desde el exterior; son fácil juguete en manos de quien quiera explote sus instintos e impresiones, prontas a seguir una bandera hoy y otra mañana…” El estado, con el apoyo de masas reducidas a la ínfima condición de un mecanismo, puede imponer sus propios caprichos al sector más sano del pueblo verdadero; de este proceder sale perjudicado grave y prolongadamente el interés de todos, con lesiones que con frecuencia difícilmente sanan…. Una democracia sólida, cimentada en los principios inmutables de la ley natural y de la verdad revelada, se apartará siempre resueltamente de aquella corrupción que otorga a la legislatura del Estado un poder sin restricciones ni limitaciones, y que lo que es peor, hace simple y llanamente del régimen democrático – a pesar de todas las declaraciones formuladas en sentido contrario – una forma más de absolutismo estatal…. La majestad de la ley impositiva es inviolable únicamente cuando se conforma – o por lo menos no se opone – al orden absoluto (de los seres y de los fines) dispuestos por el Creador, iluminado con nueva luz por la revelación del Evangelio… La honda comprensión de los principios que cimentan un sólido orden político y social, conforme con las normas del derecho y de la justicia, entraña particular importancia para quienes detentan – total o parcialmente – el poder de legislar en cualquier forma de régimen democrático, como delegados del pueblo… Todo cuerpo legislativo debe estar constituido… por hombres selectos, espiritualmente superiores y de carácter integro, que se consideren representantes de todo el pueblo, y no mandatarios de una muchedumbre cuyos intereses prevalecen con frecuencia por encima de las necesidades genuinas del bien común; grupo selecto… que refleje todas las fases de la vida del pueblo; hombres escogidos por sus sólidas virtudes cristianas, por su rectitud y firmeza de juicio… hombres de principios diáfanos y recios… Donde se carece de tales hombres, otros son los que acuden a llenar sus puestos, valiéndose de la política para satisfacer la propia codicia, como senda que rápidamente conduce al logro de egoístas beneficios para su casta o para su clase; y en esta carrera por el logro de intereses particulares, pierden de vista completamente y ponen en peligro el genuino bien común…” [12]. Por lo tanto – comenta monseñor Gustavo Franceschi – hay diferencias entre las democracias verdaderas y las de mera apariencia, diferencias que no consisten tanto en la forma concreta de una organización democrática, cuanto en la doctrina que le da sustento y el espíritu que las guía. Y continúa el comentarista: El Papa afirma en su alocución que no puede haber democracia posible – en el verdadero sentido de ese vocablo – más que dentro de un ambiente cristiano; de lo contrario degenera fatalmente o en anarquía o en tiranía. Pues si la democracia se quiere construir sobre una concepción materialista del hombre, éste se convierte en centro, y encamina todas las cosas a sí mismo, y surge entonces el individualismo en toda su crudeza, y se producen todos los desastrosos fenómenos económicos y sociales que hemos visto en estos últimos años, en que la democracia fue una palabra y no una realidad; o bien es el individuo sacrificado a la sociedad, y caemos en las formas colectivistas, y el totalitarismo de clase acaba por imponerse [13]. Por eso concluye el Papa diciendo: “…Si el futuro ha de pertenecer a la democracia, parte esencial de sus conquistas habrá de pertenecer a la Religión de Cristo y a la Iglesia, mensajera de la palabra de Nuestro Redentor y continuadora de su misión de salvar a los hombres. Porque ella enseña y defiende las verdades sobrenaturales y comunica los auxilios sobrenaturales de la gracia en sentido de realizar el orden divinamente establecido de los seres y de los fines, que es el fundamento último y la norma directiva de toda democracia…”. Con el mito masónico de la soberanía popular deificada, las masas pueden llegar a practicar el más repudiable totalitarismo, valiéndose del sufragio universal, que consagra, como ley, la voluntad de la mayoría accidental, aunque la minoría tenga razón; y que subordina, además, a la mudable voluntad popular, la misma voluntad inmutable de Dios. El imperio de algún dictador, o los manejos inconfesables, o el oro, son quienes generalmente ganan o hacen estas elecciones, y sacan a su gusto los representantes del pueblo, o sea, los personeros de la voluntad popular. Estos han de ser abyectos esclavos de la consigna masónica que los llevó al poder, o cuando menos, serviles lacayos de las ambiciones de la facción reinante o más adinerada; estafando así al pueblo que los eligió, y que ingenuamente creyó que ejercería su soberanía por medio de tales representantes que, por otra parte, sólo representan a sus intereses personales y a los intereses de su partido, que a su vez es juguete de la masonería, la cual costeó su propaganda y designó sus candidatos. Desde sus bancas parlamentarias y desde el gabinete presidencial, el gobierno “popular” ejercerá su tiranía “soberana” sobre el pueblo, y siempre en nombre de la voluntad “soberana” de ese mismo pueblo que lo eligió. Existe, por lo tanto, un perfecto antagonismo entre la democracia y la masonería. La democracia es pública, la masonería es secreta; la democracia reconoce derechos, la masonería los avasalla; la democracia sienta como principio el libre albedrío de los asociados políticos, la masonería los sujeta con juramentos y pena de radiación o de muerte a las órdenes de la superioridad. Se les obliga por encima de su conciencia, del interés sagrado de la patria y de los dictados de su propia fe. En otras palabras, la masonería se aprovecha de la democracia para traicionar a la democracia [14]. IR A CONTENIDO . . 8. La libertad y la igualdad en orden a la propiedad El apotegma de Hobbes: “Homo homini lupus”, traduce el estado de guerra universal producido por el concepto de la libertad e igualdad masónicas; o sea, el derecho de propiedad sin el fundamento en Dios estriba – según el inspirador y maestro de las teorías rusonianas – en el mero hecho de la posesión, sostenido por la fuerza, a saber: la ley de la selva: ya que “el hombre es esencialmente egoísta – según Hobbes – y es un lobo para con su prójimo”. En el Contrato Social, Rousseau escribió: “El Estado, con relación a sus miembros, es dueño de todos sus bienes”. Tal es la conclusión masónica con respecto a la propiedad. Tal la teoría del maestro de los masones, repetidor de las tradiciones maniqueas y gnósticas e instigador de las modernas teorías socialistas y comunistas respecto a la propiedad. El masón D’Alembert le escribía al masón coronado, el rey Federico II de Prusia: “El pueblo es un animal muy estúpido, pero si le predicáis la religión del nivelamiento de fortunas, infaliblemente se aferrará a ella y no querrá otra” [15]. El masón Fichte decía en 1793: “El derecho de propiedad fue introducido por el fraude. Todo es lícito para exterminar a los “nobles” (clase adinerada) y a los “beatos” (clérigos y católicos seglares); porque – según diría el masón y socialista Proudhón -: “La propiedad es un robo”. Escribió el famoso “hermano tripunte”, barón de Knigge: “Para restablecer al hombre en sus derechos primitivos de igualdad y libertad, es necesario comenzar por destruir toda religión, toda ley civil, y acabar por la abolición de la propiedad”. En virtud de tales teorías, la masonería, sobre todo en Francia, se apoderó de buena parte del territorio nacional, confiscando los bienes del clero, de los gremios y corporaciones de artesanos, de las obras y fundaciones piadosas y de las fortunas de los miles de emigrados que huían de la guillotina. De esta manera, poco a poco se va dando cumplimiento al plan comunista del sistema masónico, eliminando a uno de los tres grandes enemigos del hombre que – según la secta – son: la religión, la ley y la propiedad. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Evangelio de San Juan, cap. VII, vers. 32. [2] Soler, Mariano, op. cit., Pág. 81. [3] Constitución para la Masonería Argentina, Bs. As. 1940. [4] Espasa Calpe, Enciclopedia Universal, Tomo 33º, sub voce “Masonería”. [5] Dupanloup, Monseñor Félix. Estudio sobre la masonería, año 1875. Benoit, Pablo, op. cit., Tomo I, pág. 10. Serra, op. cit., Tomo II, Pág. 254. Soler, op. cit., Pág. 87. [6] Serra, op. cit., Tomo II, Pág. 34. [7] Serra, Íbidem, Tomo II, pp. 101, 104 y 107. [8] Epístola de San Pablo a los Corintios, 2º, cap. III, vers. 17. [9] Hechos de los Apóstoles, cap. V, vers. 29. [10] Sheen Fulton, monseñor, Filosofía de la religión, Pág. 248, Emecé Ed., Bs. As. 1956. [11] Evangelio de San Mateo, cap. XXVIII, vers. 19, y Evangelio de San Marcos, cap. XVI, vers. 15. [12] Alocución de Navidad de 1944 del Papa Pío XII. [13] Franceschi, Monseñor Gustavo. La democracia cristiana (Folleto), Bs. As., 1956. [14] Boor, J., op. cit., pág. 24. [15] Serra, op. cit., Tomo I, Pág. 426.






 

CAPÍTULO VII. MASONISMO Y PATRIOTISMO

1. LAS IDEAS DE PATRIA Y NACIONALIDAD SON ANTIMASÓNICAS.
2. FUNDACIÓN DEL ESTADO UNIVERSAL SIN LEY HUMANA NI DIVINA.
3. HISTORIA DE TRAICIONES.
4. PRINCIPAL AUTORA DE LAS REVOLUCIONES POLÍTICAS Y SOCIALES.
5. LAS VICTORIAS DE NAPOLEÓN.
6. ODIO A LA PATRIA.


MASONISMO Y PATRIOTISMO Según el Contrato Social de Rousseau – hecho para la masonería y que servirá para la Declaración de los Derechos del Hombre – “sólo es libre el que quiere lo que la voluntad general quiere. Nadie debe reconocer a ningún otro soberano fuera de dicha voluntad general, porque al hacerlo, pierde su libertad. Sólo existe el pueblo, o sea, la voluntad de la humanidad. Para él no hay ley, ni autoridad, ni gobierno; porque él es para sí mismo, gobierno, ley y autoridad. Fuera de él, toda ley, autoridad y gobierno es usurpación y tiranía. El derecho de insurrección es sagrado” [1]. Este es, en resumen, el código social rusoniano en el orden político y civil, confeccionado para la masonería y adoptado por todos los revolucionarios del mundo. Dice el masón Luis Blanc, fogoso apologista de la Revolución Francesa, que Weishaupt – patriarca de la masonería y fundador del iluminismo – concibió así el plan revolucionario de 1789: “Utilizar millares de hombres que, educados lenta y gradualmente, se dobleguen al fin – hasta el delirio y la muerte – a la obediencia de jefes invisibles e ignorados; disponiendo a Europa entera de tal modo que de un golpe quede la “superstición anonadada, la monarquía derribada, los privilegios de nacimiento anulados y el derecho de propiedad abolido”. El mismo Weishaupt fue quien “maldijo las naciones y el amor nacional como fuente de egoísmo, y las leyes y los derechos como contrarios a la misma naturaleza; y pretendió que se extinguiera el amor a la patria y desapareciera la sociedad para retornar al estado primitivo y salvaje; edad de oro de la humanidad” [2]. Frente a la obediencia obligada a los “Poderes Ocultos Superiores” nada representan los intereses supremos de la patria, ni el bien general del pueblo, ni el respeto a la conciencia religiosa de los demás, ni los sentimientos de honor o de la propia estimación. Los “iluminados” decían: “El amor a la patria es incompatible con el fin ulterior de la Orden”; y el masón Rebold escribió: “La francmasonería proclama la fraternidad universal, y todos sus esfuerzos tienden constantemente a ahogar entre los hombres los prejuicios de nacionalidad”. IR A CONTENIDO . . 1. Las ideas de patria y nacionalidad son antimasónicas Juan Witt, grado 33 del rito escocés, Príncipe Sumo Patriarca – o sea, último grado de la carbonería, que corresponde al “Hombre-Rey”, último grado del iluminismo – afirmó que “el iniciado en este último grado, jura la ruina de toda religión y de todo gobierno positivo, sea despótico o democrático”. El barón de Haugwitz, antiguo Gran Maestre de las logias de Prusia, Rusia y Polonia, dijo en el Congreso de Verona en 1822, ante los diplomáticos y soberanos de Europa: “Estoy convencido que el drama comenzado en 1789, la revolución, el regicidio y demás horrores que acompañaron a estos hechos, no sólo fueron combinados en las logias, sino que fueron el resultado de los secretos de los juramentos y de las “tenidas” masónicas. Nuestro blanco era ejercer un influjo predominante sobre los soberanos. La masonería, a pesar de su división en deísta y atea, se dio la mano fraternalmente con el fin de llegar a la dominación universal” [3]. Y el canciller de Austria, conde de Metternich, comprobó por medio de documentos secuestrados, que las sociedades secretas de todas las naciones estaban relacionadas entre ellas, formando un solo complot mundial, y obedecían a los mismos dirigentes. Lo mismo aseguraron el historiador masón Clavel, secretario general del Gran Oriente de Francia, y el presidente provisional de la república francesa, el poeta Alfonso Lamartine. El masón Degargen decía en 1848, repitiendo las palabras de Zille: “El reinado de cualquier autoridad es un delito para el espíritu moderno. La rebelión ha de reemplazar a la obediencia y ha de aplastar el imperio de la “superstición”. EI masón Dupont afirmó que “cuando los clericales dicen que nosotros no queremos ni gobierno, ni ejército, ni religión, dicen la verdad”. Con este criterio el masón Assinel pudo escribir en su mensaje a los socialistas y comunistas en nombre de sus “hermanos”: “Proclamamos en alta voz nuestra adhesión a la Internacional de los Trabajadores, que es la “sublime” masonería de todos los proletarios del mundo”. El duque Fernando de Brunswich, el Gran Maestre de la masonería universal, afirmó en el célebre congreso masónico de Wilhelmsbad, de 1782: “La masonería ha envenenado a la humanidad por muchas generaciones. Obra suya es la fermentación que reina en todos los pueblos. Su plan se reduce a hacer pedazos todos los vínculos sociales y a devastar el orden civil entero”. Las ideas de patria y de nacionalidad son antimasónicas, pues; son particularismos que, según ellos, se contraponen a la universalidad de sus doctrinas. Son restricciones que encadenan su libertad absoluta, desequilibran su igualdad y matan su fraternidad. No nos extraña, pues, que Rousseau haya dicho: “El patriotismo es una insensatez” [4]. Escribió Weishaupt: “Resfriad y dejad de lado el amor a la patria, y los hombres de nuevo se amarán como hombres. Aún el pueblo democrático es déspota y tirano, pues ¿qué derecho tiene esa multitud a imponer su voluntad? Seamos más bien ciudadanos del mundo. Apreciad la igualdad y no os acongojéis cuando veáis arder a Roma, París, Madrid, Londres o Viena a la que llamáis vuestra patria”. El fundador del socialismo argentino, Juan B. Justo, decía en el Ateneo de Buenos Aires, el 18 de julio de 1898: “Veo que todavía cada pueblo tiene una bandera, y deseo que mientras la humanidad no tenga una, la Argentina flamee en estas tierras o sea, mediatizada a la roja marxista [5]. El socialista Enrique del Valle Iberlucea, miembro del senado nacional argentino, decía el 25 de enero de 1908 en el teatro Belgrano de Tucumán: “El hombre no tiene alma, no hay Dios, la religión es el cómplice de los burgueses y capitalistas, la propiedad es un robo, los sacerdotes son unos ogros que hay que degollar, el gobierno es el mal que hay que extirpar, el hombre y la mujer deben vivir en el amor libre”. Y el 1º de mayo de ese año añadía el socialista Gregorio Pinto en su discurso contra el ejército argentino: “El militarismo que defiende la Patria: ese baldón de ignominia sustentado por la soldadesca bajo el pendón azul y blanco del que nosotros renegamos y maldecimos. Nosotros tenemos otro emblema, el rojo, que por la violencia y la lucha que sintetiza, ha de redimir al mundo” [6]. En 1921 Iberlucea – senador nacional en ejercicio – declaró que había que adherirse a la Tercera Internacional de Moscú sin restricciones de ninguna especie, propiciando la rebelión y sedición hasta producir el derrocamiento violento del régimen capitalista. Por tal motivo fue condenado judicialmente y expulsado del Senado y de las cátedras que dictaba en la Universidad y en el Colegio Central de Buenos Aires; pero la sentencia no le alcanzó, pues falleció tuberculoso el 30 de agosto de ese año. El socialista argentino, Mario Bravo, dijo algo más el 9 de junio de 1909: “He nacido en este país y no tengo otro título para llamarme argentino. Poco me aflige el pensar que hubiera podido nacer en otra parte. ¿ Y qué valor tiene para mí, socialista, es decir, ciudadano de la Internacional, la bandera azul y blanca de este país? ¡Ninguno! La bandera argentina no es otra cosa que el símbolo político del gobierno que soporta esta comarca de la tierra. Mañana esta comarca puede pertenecer a la clase gobernante de los Estados Unidos y entonces tener otro gobierno, desde que no podemos dejar de tenerlo. ¿Es razón de cordura entonces que carguemos con todos los atributos y farolerías de la clase que gobierna? ¿Aceptaremos eso nosotros, los socialistas, que mañana revolcaremos las instituciones de esa burguesía con su bandera argentina, para suplantarlas con las instituciones sociales, con la bandera roja de la Internacional? Dejemos la bandera donde está, mientras el símbolo no estorbe. El proletariado no tiene por qué ni para qué colocarla al lado de su estandarte rojo de combate” [7]. Un correligionario – según testimonio de Emilio Lamarca – añadió en su discurso anarquista de 1909: “Trapo sucio que no ha de flamear donde sólo deben flotar al viento los pliegues del estandarte rojo de la anarquía”. En la asamblea de nuestros socialistas de 1913 se propuso “suprimir la enseñanza de la historia patria en los primeros grados”, así se completaba el programa antinacional, a saber: que Dios no fuera la primera palabra aprendida sobre las rodillas de la madre, la Bandera la primera imagen, el Himno el primer canto y San Martín el primer nombre aprendidos en la escuela. En 1899, en la célebre tenida del 28 de julio, el gran masón argentino José C. Soto había dicho: “Por sobre todas las creencias, por sobre todas las razas, por sobre todas las nacionalidades, de existencia bastante efímera, está el lema perenne e inmutable de la francmasonería: libertad, igualdad, fraternidad. Sobre la idea del amor al suelo en que se nace, está la idea de la “humanidad” que tiene como enseñanza la masonería universal. .Masónicamente hablando, hasta los sentimientos más íntimos, más delicados y más generosos de familia, de hogar y de nacionalidad deben callar cuando un “interés humano” llama a la masonería al cumplimiento de su deber”. Tales son los sentimientos “patrióticos” de los masones argentinos y de sus entenados, los socialistas, de los cuales dijo el 3 de agosto de 1904, el socialista y masón Leopoldo Lugones, que desilusionado abandonó sus filas: “El socialismo fue y continuará siendo un partido extranjero”. Ellos fueron quienes hicieron lo imposible para que fracasaran los festejos centenarios de 1910, manteniendo al país en una permanente revolución social terrorista. “La Vanguardia”, órgano oficial del socialismo, cuyo director era el judío ruso-finlandés Enrique Dickmann, diputado nacional argentino, decía el 1º de agosto de 1913: “La patria, el patriotismo y la bandera son cuestiones respetables, pero secundarias; por encima del amor a un solo pedazo de tierra debe primar el amor hacia la humanidad. No nos importa que un pueblo subsista o no” [8]. Tales expresiones y otros similares de sus correligionarios motivaron la renuncia al partido del doctor Manuel Ugarte, el 21 de noviembre de ese año He aquí sus motivos: “El partido socialista es enemigo de la religión y yo entiendo que debemos respetar las creencias de la mayoría de los argentinos. El partido socialista es enemigo de la patria y yo quiero a mi patria y a mi bandera” [9]. En octubre de 1920 el congreso del partido socialista estableció: “El socialismo es un partido de clase internacionalmente organizado, y el patriotismo sólo ha servido para extraviar al movimiento obrero de sus verdaderos intereses. Por tanto, los representantes socialistas en los cuerpos deliberativos de la Nación, se abstendrán de tomar parte en los actos de homenajes patrióticos” [10]. Obedientes a la consigna, los concejales de Buenos Aires niegan su homenaje al caudillo Martín Güemes, el 17 de junio de 1921, al cumplirse el centenario de su muerte [11]. Más adelante veremos cómo la masonería argentina utilizó al partido socialista como cabeza de puente para hacer triunfar su ideario en las cámaras legislativas de la Nación. IR A CONTENIDO . . 2. Fundación del estado universal sin ley humana ni divina Lessing, brillante lumbrera de la masonería, decía en 1778: “Los masones son hombres dedicados a la destrucción del sentimiento de patria, de las creencias religiosas y de la diversidad de las condiciones humanas”. Bluntshli, el Gran Maestre de la masonería alemana, decía: “Existe un Estado absolutamente independiente de la ley divina, que debe llegar a abrazar la humanidad entera por medio de las logias de todo el mundo. El progreso consiste en suprimir los estados menores. Por encima de las grandes potencias nacionales se hallan las “potencias” (masónicas) del mundo, las cuales adoptan en su expansión la forma imperialista” [12]. El fin que se propone la masonería es, por lo tanto, dominar totalmente el mundo, aniquilar toda idea de patria y nacionalidad y fundar el Estado Universal sin ley humana ni divina. Así lo afirma también Clavel, cuando dice que “la gran empresa intentada por la masonería es borrar entre los hombres la distinción de creencias, de opiniones y de patrias” [13]. Bazot, que fue, como el historiador Clavel, secretario del Gran Oriente de Francia, decía a los franceses: “Francia no llegó todavía a la perfección de las doctrinas de la masonería. La tierra que ocupáis es sólo el lugar de vuestro nacimiento y donde queréis morir, pero vuestra patria es el universo”. El ministro masón Constans decía en 1886: “La masonería no conoce fronteras. Cuando el mundo entero se “civilice” y se “ilustren” todos los pueblos; entonces será una realidad nuestro sueño: tener por patria el mundo y por nación la humanidad”. De lo expuesto concluimos, por sentencia unánime los “sublimes” maestros, que la masonería reniega de la patria y de la nacionalidad, anula todas las obligaciones del patriotismo, lo condena como insensatez y criminal atentado de lesa humanidad, y engrandece además la traición a la patria como virtud la más heroica [14]. IR A CONTENIDO . . 3. Historia de traiciones La historia de Francia – como ya hemos visto – es una cadena no interrumpida de intrusiones y hazañas masónicas en el campo político: los preparativos de la Revolución – madre de todas las revoluciones modernas – los triunfos militares de la Primera República, facilitados por las traiciones masónicas; y Napoleón, levantado y protegido por la masonería, y más tarde por ella desamparado y sumido en la nada. Como asimismo Luis XVIII y Carlos X por ella encumbrados y luego vendidos; Luis Felipe, por sus “hermanos” sentado en el trono y por ellos despedido a puntapiés; y la implantación de la Segunda República, del Nuevo Imperio y de la Tercera República masónicos. En los demás países señálase la absoluta preponderancia de las ideas e instituciones masónicas; y la inspiración masónica sustituyendo en el régimen de los pueblos a los dictámenes de la justicia y del patriotismo. Basten como ejemplos la influencia masónica en los reinados de la emperatriz María Teresa de Austria y de su hijo José II; la dominación masónica en Prusia y en Italia con sus reyes y ministros, y en España con Carlos III y sus ministros, y con las Cortes de Cádiz y gobiernos subsiguientes; de tal manera que la crónica política española se confunde con la crónica de la masonería [15]. A España se asemejan Portugal y Bélgica, que por largos años, fue la ciudadela del masonismo. Otros ejemplos son la diplomacia rusa regentada por los judíos, los asesinatos masónicos – ya señalados – de reyes, príncipes, emperadores y ministros; los movimientos políticos masónicos que se inician en 1820, la revolución general de 1848; la unidad de Alemania y la unidad de Italia; la persecución del Kulturkampf de Bismark que desde Alemania se va extendiendo por toda Europa; la Internacional, el anarquismo, el socialismo; el liberalismo en todos sus grados, como rey del mundo, y el comunismo avasallador con su materialismo y ateísmo que propende al más crudo paganismo hasta entronizar a Satanás como rey de la humanidad. Los masones, en su proverbial cinismo se adaptan en todos los países a sus respectivas legislaciones, como leemos en la Cadena de Unión: “Todas las constituciones y códigos son buenos, a condición de que el veto masónico sea su necesario y saludable correctivo”. Esta y no otra es la política de la masonería: política del regicidio; del derecho a la insurrección; de la demagogia, de protección al socialismo, a la anarquía, al comunismo, y de odio a las sanas tradiciones sociales, a la propiedad y a la familia. Política masónica de entronizamiento de la razón y de omnímoda independencia y endiosamiento de la humanidad; política de mentira, de hipocresía, de corrupción y de inicua propaganda de irreligiosidad y de ateísmo; política de secularización y tiránico monopolio de la enseñanza; política masónica de saqueo de los bienes eclesiásticos, de atropello y supresión de los institutos y órdenes religiosos; política de opresión e inhumana persecución a la Iglesia de Cristo hasta conseguir su exterminio, para inaugurar el soberano imperio de Satanás sobre todas las naciones y tribus de la tierra [16]. IR A CONTENIDO . . 4. Principal autora de las revoluciones políticas y sociales El masón escocés Juan Róbison, profesor presbiteriano de Edimburgo, escribió: “Es muy cierto que ya antes de 1747 existía una asociación formada con el único y exclusivo fin de arruinar desde sus cimientos las instituciones religiosas y echar por tierra todos los gobiernos de Europa. Esta asociación derramada por todas partes tiene sus escuelas en las logias masónicas” [17]. Malapert, orador del Supremo Consejo escocés y fundador con Pelletan del solidarismo masónico de los librepensadores, señala que “en el siglo XVIII estaba la masonería tan ramificada por todo el mundo que nada se ha hecho sin su consentimiento” [18]. Para nadie es un secreto que la masonería ha sido la principal fautora de las revoluciones políticas y sociales. Los mismos masones atestiguan que “la influencia de la Orden en todo el Movimiento revolucionario, que se desarrolla durante la época Moderna, salta a la vista sin disfraz alguno en los siglos XVIII y XIX”. En 1854 el masón Verhoegen, Gran Maestre belga, decía: “Si la opinión liberal triunfó en Bélgica, a la masonería debió su victoria”. Lo mismo podemos afirmar de Francia, España, Italia, Portugal, Suiza, Polonia, Austria, Rusia, Hungría, Prusia y gran número de repúblicas americanas según lo advirtieron el estadista y publicista inglés Disraeli, el cardenal Manning, monseñor Ketteler y los famosos escritores Eckert, Benoit, Barruel, Deschamps y Jannet que, con el cardenal Mathieu, nos dicen: “Abrigamos la profunda convicción de que la mayor parte de los grandes y funestos acontecimientos de nuestros días han sido preparados y consumados por la masonería” [19]. A la masonería se debe el josefismo de Austria, la expulsión de los jesuitas y la extinción de la Compañía, obra infame del ministro Choiseul en Francia, Aranda en España y América, Pombal en Portugal y Tanucci en Nápoles; y la secularización y monopolio de la enseñanza, cuyo plan trazó Le Chalotais y modeló D’Alembert. La Revolución Francesa, llamada “la Grande”, y las revoluciones europeas fueron decretadas y realizadas por los centros masónicos. Las pruebas las ofrecen los mismos historiadores de la secta, como el masón inglés Juan Róbison. Napoleón fue el apóstol y ejecutor de las ideas y de los planes masónicos de la “gran” revolución; del cautiverio del Papa Pío VII, de la destrucción del poder temporal de la Santa Sede; de la abolición de los principados eclesiásticos de Alemania, del monopolio universitario y de la constitución civil del clero. IR A CONTENIDO . . 5. Las victorias de Napoleón La historia de las victorias de los ejércitos napoleónicos se confunde con la historia de las traiciones masónicas en los pueblos dominados. Deschamps afirma que “Napoleón era un masón avanzado y pertenecía a la logia de los caballeros templarios de Lyon, donde se hallaban afiliados los extremistas iluminados. En su tiempo la masonería vivió su época más floreciente” [20]. Escribe Barruel, y lo prueba con numerosos y aplastantes testimonios, que “los masones precedían en todas las expediciones a los ejércitos y a sus cañones. Dentro de las fortalezas estaban los traidores que habían de abrir las puertas. Había traidores en los ejércitos enemigos y los había en los consejos de los príncipes; los masones disponían y allanaban los caminos”. Todos los masones conspiraban y estaban preparando la entrega de sus respectivas patrias [21]. En el Manifiesto del Gran Oriente de París leemos: “Se intima a todas las logias que unan sus esfuerzos para mantener la Revolución y le procuren en todas partes partidarios, amigos y protectores, que propaguen la llama y levanten el espíritu”. Brunswick, el generalísimo de los aliados, pudo reducir a polvo a Dumouriez y salvar al Rey, pero era el Gran Maestre de todas las masonerías, nombrado en Wilhelmsbad; masones eran los generales franceses, masón el rey de Prusia y protector de la masonería; y – en riesgo de perecer la masonería, quien sabe hasta cuando – hizo lo que debía hacer un “buen masón”, para luego recoger la paga de su traición tramada en las logias masónicas, o sea, los famosos diamantes de la Corona de Francia, y el oro y los millones con que le obsequiara el audaz Dantón y sus cómplices jacobinos. A pesar de lo convenido con Prusia, Austria, Inglaterra y Rusia y de su superioridad bélica, el “duque de los diamantes” anunciaba las batallas, pero luego daba las órdenes de retirada, dejando el campo al enemigo. Bélgica, Holanda, Renania, Saboya, Suiza, Malta e Italia estaban plagadas de logias, las cuales “convencían a los patriotas de la imposibilidad de defender las posiciones y fomentaban la entrega y la deserción general” [22]. Así los ejércitos napoleónicos conquistaban las ciudades, provincias y reinos donde dominaba la antipatriótica secta de los masones; cometiendo por añadidura los más atroces actos de barbarie y vandalismo en los Estados Pontificios. Las mismas traiciones a la patria, urdidas por la masonería, se registraron en Polonia, Cercano Oriente, Rusia, Suecia, Austria y Alemania, cuyas logias no satisfechas con las traiciones parciales, instaban en su comunicado de los “treinta y tres artículos”, que entregaran de una vez todo el imperio alemán a la revolución. Como resumen de todos estos hechos escribe Deschamps: “Napoleón encontró en todas sus campañas vigoroso apoyo en las logias masónicas, y con frecuencia su talento militar era auxiliado por la traición de los caudillos del bando opuesto. Los testimonios de los contemporáneos de los sucesos son suficientes para aclarar aquella serie de victorias no interrumpida por ningún desastre, y el entusiasmo artificial con que los italianos y alemanes acogían a los vencedores que los trasquilaban” [23]. Traición la más colosal, desvergonzada y escandalosa, amasada muy de antemano y llevada luego a su más cumplido efecto por la masonería cosmopolita; cáfila de “malleteros” apátridas que digitan desde sus comandos ocultos la política mundial. Dice Eckert, el historiador de la secta: “La masonería abrigaba la esperanza de que con la dictadura napoleónica ella reuniría a todos los pueblos en un solo reino de “hermanos”, cumpliendo así todos los fines de la orden; hasta realizar su plan de la República Universal”. “El fracaso ante los ataques franceses, dice más adelante, fue debido a la infidencia de los oficiales alemanes bajo la dirección de los jefes supremos de la masonería”. Y termina así: “Con todo al echar de ver que el glorioso Capitán supeditaba la masonería a su personal ambición y a los intereses de su familia, en el acto lo abandonó. Alzáronse contra él, en 1809, todas las logias de Europa, y como consecuencia caminará de derrota en derrota hasta ir a parar en la roca de Santa Elena” [24]. En su “Historia de la Revolución Francesa”, escribió el masón Luis Blanc: “La masonería había tomado un desarrollo inmenso. Extendida en Europa entera, presentaba por todas partes la imagen de una sociedad fundada sobre principios contrarios a los de la sociedad civil. Por las bases mismas de su existencia tendía a desgarrar todas las instituciones. Es verdad que la Orden masónica hablaba de sumisión a las leyes y del respeto a los soberanos; que los masones brindaban por el rey en los estados monárquicos y por los supremos magistrados en las repúblicas, pero estas reservas eran impuestas por la prudencia… Allí se preparaban los conspiradores y los sectarios. Al lado de los “hermanos”, a quienes la masonería no servía más que para ocupar los ocios y halagar la vanidad, había aquellos a quienes agitaba el espíritu de las revoluciones… Se crearon sub-logias para los más ardorosos; éstas eran los santuarios tenebrosos (de la Orden)… En los príncipes halló protectores, porque se les ocultaba cuidadosamente la finalidad de sus grados, y sólo sabían de masonería lo que se les podía mostrar sin peligro” [25]. IR A CONTENIDO . . 6. Odio a la Patria La masonería lleva en sus entrañas el odio a la patria. Este odio es condición necesaria de su existencia, impulsor de sus empresas políticas y sociales y tenebroso secreto del gobierno de muchas naciones; porque el “hermano”, cuanto más venal es, más traidor y desalmado antipatriota, mejor masón. Boully, segundo Gran Maestre de Francia, decía a los militares, confirmando estas consignas masónicas: “No distingáis ni la nación, ni los uniformes; no veáis sino “hermanos”, y recordad vuestros juramentos”. Y el masón Lefevre añadía: “Porque las leyes inexorables de la guerra han cedido al poder de la masonería” [26]. “Para las sectas masónicas sin Dios y sin Patria, y para todos sus compañeros de ruta, nada hay tan odioso como una acción cimentada en la unidad de sus tradiciones heroicas y cristianas, y como una sociedad equilibrada en que el mismo proletariado – en lugar de perder sus últimas libertades y sus últimos bienes morales siguiendo mentidas banderas de redención internacional – se aferra a la Fe de sus mayores y al amor de su tierra”. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Serra y Caussa, Nicolás, op. cit., Tomo I, Pág. 435. [2] Serra, Íbidem, Pág. 438. [3] Maximovich, op. cit., pág. 141. Serra, op. cit., Pág., 450. [4] Serra, ibídem, Pág. 457. [5] La Vanguardia del 26 de abril de 1956, periódico socialista de Bs. As. [6] Heraldo del 2 de mayo de 1908, diario de Tucumán. [7] La Vanguardia del 9 de junio de 1909. [8] La Vanguardia del 1º de agosto de 1913. [9] La Nación del 21 de noviembre de 1913. Revista Eclesiástica de Bs. As., Pág. 94, año 1914. [10] Rev. Eclec. de Bs. As., Pág. 685, año 1920. El Pueblo del 12 de oct. de 1920, diario de Bs. As. Viale, Carlos D. Batalla del divorcio, Pág. 144, año 1957. [11] Rev. Ecles. de Bs. As., Pág. 404, año 1921. [12] Serra, op. cit., Tomo I, Pág. 462. [13] Serra, ibídem, Pág. 467, [14] Serra, ibídem, pp. 435 a 471, pássim. [15] Carlavilla, op. cit., pp. 50 a 350, pássim. [16] Serra, op cit., Tomo I, Pág. 144. [17] Robison, Juan, op. cit. [18] Dic.. Enc. de la Masonería (año 1947) „Tomo II, Pág. 399. [19] Serra, op. cit., Tomo I, Pág. 231. Llorca, op. cit., Tomo IV, pp. 561 a 674, pássim. [20] Deschamps, Nicolás, op. cit. [21] Barruel, Agustín, op. cit. [22] Serra, Tomo I, Pág. 474, y Tomo II, pp. 8, 19 y 65. [23] Deschamps, Nicolás, op. cit. Libro 2º., cap. 7º. [24] Carlavilla, op. cit., Pág. 84. [25] Dic., Enc. de la Mas. (año 1947), Tomo II, Pág. 400. [26] Serra, op. cit., Tomo II, Pág. l 19.






 

CAPÍTULO VIII. OBJETO Y ACCIÓN

1. SUSTITUIR LA CIVILIZACIÓN POR EL LIBRE PENSAMIENTO.
2. PERPETUA REVOLUCIÓN Y CONTINUA ANARQUÍA.
3. TRABAJOS ENTRE BASTIDORES.
4. LA PRENSA, INSTRUMENTO DE LA MASONERÍA.
5. SU ARREMETIDA CONTRA LOS PUEBLOS CATÓLICOS.
6. AVATARES Y EPÍGONOS MASÓNICOS.
7. EL ROTARISMO INTERNACIONAL, HERMANO MENOR DE LA MASONERÍA.
8. LA NUEVA RELIGIÓN LAICA DE LA AMISTAD ROTARIA.
9. ROTARISMO Y CATOLICISMO.
10. SOCIALISMO, COMUNISMO Y JUDAÍSMO: COMPAÑEROS DE RUTA DE LA MASONERÍA.
11. LA MINORÍA JUDÍA CONSPIRADORA.
12. LA CONSPIRACIÓN JUDEO-MASÓNICO-SOCIAL-COMUNISTA.
13. EL PARAÍSO COMUNISTA Y LA JUDEOMASONERÍA.
14. SIEMPRE UNIDOS.
15. CONCENTRACIÓN SUPREMA DE TODOS LOS ENEMIGOS DEL NOMBRE CRISTIANO.
16. TODAS LAS MASONERÍAS PERSIGUEN LOS MISMOS FINES.
17. AMPLIA DEFINICIÓN DOCTRINAL E HISTÓRICA.
18. ENEMIGO DE DIOS Y DE LOS HOMBRES.
19. PREPARA LA VENIDA Y EL TRIUNFO DEL ANTICRISTO.
20. LOS PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SIÓN.
21. RELACIONES JUDAICO-MASÓNICAS PARA EL IMPERIO DEL MUNDO


OBJETO Y ACCION Los ritos masónicos inglés, escocés y norteamericano definen a la masonería como un “hermoso sistema moral, revestido de alegoría e ilustrado con símbolos”, y como “una ciencia que se ocupa en la investigación de la verdad divina”. -El rito alemán afirma que es “la actividad de los hombres, íntimamente unidos, que sirviéndose de símbolos – tomados principalmente del oficio de albañil y de la arquitectura – trabajan por el bienestar de la humanidad, por el imperio de la moral, que ennoblece al hombre, y por la paz universal”. El Gran Oriente belga dice que es “una institución cosmopolita, que tiene por objeto la investigación de la verdad y el perfeccionamiento de la humanidad”. El artículo 2º de los Estatutos de la Masonería Argentina, aprobados en 1955, dice: “La masonería es una institución que reconoce la existencia del Gran Arquitecto del Universo; y todas sus enseñanzas, actos y ceremonias se dirigen a captar la esencia, el principio y la causa de todas las cosas. Investiga las leyes de la Naturaleza para extraer de ellas las bases de la moral y de la Ética” [1]. El masón John Truth la define como “una institución universal que procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, los sentimientos de filantropía y la tolerancia religiosa; y que tiende extinguir los antagonismos de nacionalidad, raza, opiniones e intereses, y el fanatismo y la superstición; uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad” [2]. La constitución del Gran Oriente de Francia, promulgada en 1865 y modificada en 1871 y luego en 1877, dice: “Artículo lº – La francmasonería, institución esencialmente filantrópica y progresiva, tiene por objeto la investigación de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad; trabaja por las mejoras materiales y morales para lograr el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad; sostiene como principios la tolerancia mutua, el respeto de los demás y de si mismo y la libertad absoluta de conciencia; se opone a toda afirmación dogmática y tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Es su deber vincular a todos los hombres con los lazos fraternales que unen a los francmasones en toda la redondez de la tierra; y recomienda a sus adeptos la propaganda, por el ejemplo, la palabra y los escritos, siempre bajo la reserva de la observancia de! secreto masónico” [3]. La masonería francesa no podía mejor que con estas palabras y estos silencios, ligar su suerte a la república irreligiosa que Gambetta y sus amigos, aliados con todos los partidos izquierdistas, se esforzaban entonces en instaurar. En el discurso de clausura del convento masónico de 1901 afirmó el masón Hubbard que “la masonería es una religión que reúne a la gran comunidad de los librepensadores prácticos”. El experimentado masón inglés Róbison, según ya dijimos, escribió: “La masonería es una asociación formada con el resuelto designio de extirpar todas las religiones y acabar con todos los gobiernos de Europa” [4]. El abogado protestante Eckert, famoso historiador de la secta y desengañado de la misma, declaró que “la masonería es un principio activo de destrucción, en daño de la Religión, del Estado, de la Familia y de la Propiedad; y que se vale como medio, de la astucia, de la traición y de la violencia”. El célebre Weishaupt, maestro de maestros masones, afirmó que “el fin de la masonería es rehabilitar al hombre en sus primitivos derechos de libertad e igualdad por medio del aniquilamiento de toda religión y de toda sociedad civil, y la abolición de la propiedad; porque el primer golpe dado a la igualdad es la propiedad y el primer asalto a la libertad provino de las sociedades políticas y de los gobiernos; y, además, los sostenes de la propiedad y de los gobiernos son las leyes civiles y religiosas” [5]. IR A CONTENIDO . . 1. Sustituir la civilización por el libre pensamiento De acuerdo con estas fórmulas oficiales y otras muchas que podríamos citar, y con todo lo que conocemos ya de su historia y de su doctrina especulativa y práctica, podemos definir a la masonería como “una asociación secreta que tiene por fin sustituir la civilización cristiana por las doctrinas del librepensamiento”; o sea “destruir la actual civilización esencialmente cristiana, para fundar en su lugar el mundo masónico, basado sobre el racionalismo ateo”. Vázquez de Mella. al condenarla, había dicho: “La masonería es un liberalismo secreto y el liberalismo es una masonería pública”. En su discurso del 21 de marzo de 1953 decía el Gran Maestre de la masonería italiana, Hugo Lenzi: “El cristianismo es el más feroz enemigo del único tesoro del cual ha sido dotado el hombre, a saber: la libertad de pensamiento”. Y luego añadía: “Los masones son los centinelas siempre vigilantes para defender nuestras directivas en la vida profana, ubicados estratégicamente para inferir en el proceso evolutivo de la humanidad, apoyando unas corrientes y obstaculizando otras”. Ya en la circular de 1949, publicada en la revista “Acacia Massonica”, había dicho: “Es un deber de cada hermano infiltrarse en todas aquellas asociaciones de asistencia, cultura y educación, en las cuales la presencia de los masones pueda ser de utilidad para la difusión de la idea masónica” [6]. El liberalismo – última consecuencia del racionalismo – ha minado civilizaciones, aplastado religiones y destruido patrias. La difusión de esta ideología liberal se la debemos a los masones que concentraron la quintaesencia de su ideario en los treinta y cinco volúmenes de la Enciclopedia, editada por la Gran Logia de Francia, bajo la dirección de Diderot y D’Alembert, desde 1751 a 1765. Federico Nicolás – el Diderot alemán – hizo otro tanto en Alemania con su “Biblioteca Universal”. “Los ideales del más puro liberalismo – escribió el masón argentino Antonio Zúñiga – son la base de la masonería” [7]. El masón Grisar ya había dicho refiriéndose a la doctrina encarnada en todos los miembros de la “hermandad”: “El liberalismo somos nosotros; nosotros su pensamiento, su alma y su vida”. Como el liberalismo masónico se halla en diametral oposición con el catolicismo, el órgano oficial de la masonería belga reconoció, en abril de 1875, que “lógicamente nadie puede ser “liberal” en política y católico romano en religión”. La masonería, después de haber destruido en el alma de nuestros contemporáneos las ideas y los sentimientos que constituían la civilización cristiana, ha trabajado incesantemente por todas partes para establecer la “Nueva Humanidad”; y ejerce al presente en muchas naciones una auténtica soberanía moral. Esta secta secreta afilia principalmente los grupos minoritarios de la Política, la Prensa y la Enseñanza para lograr en cada país, por el complot, la astucia y la protección extranjera, apoderarse de la dirección y del mando de las naciones. Es harto flexible y se adapta a todas las circunstancias y necesidades de los tiempos. Invade los partidos turnantes en el gobierno, penetra en la universidad, se filtra en las fuerzas armadas socavando la disciplina, se introduce en la prensa, en el cine, en la radio, en la televisión, en las asociaciones juveniles, en los ateneos culturales y en las instituciones públicas y privadas, y atrae a las logias a los cabecillas de los sindicatos y gremios cuando advierte que el peso de las masas va a ser decisivo en la política [8]. Y nuestra sociedad, con sus medios generales de propaganda, cultura, enseñanza y educación, corrupción sistemática, leyes y gobiernos, masoniza sin saber, y coopera, sin darse cuenta, a los planes deletéreos de la secta, la cual utiliza la enorme maquinaria de que dispone para evitar, por todos los medios, el encumbramiento de los católicos, o para obstruir sistemáticamente su acción gubernativa. Con mucha frecuencia actúa por intermediarios y recomienda a sus fieles que se empapen de las enseñanzas masónicas dentro de las logias, y luego “dejen sobre las columnas su mandil y su calidad de masón y desciendan a la ciudad como simples ciudadanos. Ya se trate de la actividad parlamentaria o de cualquier otra, siempre y en todas partes debe presentarse la masonería, mas no debe descubrirse en ninguna” [9]. En su profunda visión histórica el Papa Pío IX, el 21 de noviembre de 1873, la apellidó con justicia: “Sinagoga de Satanás”; porque, a la verdad, es – según su augusta definición – la “síntesis de todas las herejías, el resumen de todas las rebeliones del hombre contra Dios y del individuo contra la sociedad; y porque reúne en su seno a todos los que, habiendo renegado de Dios y guiados por la soberbia y el odio, ya no atienden más que a su propio modo de pensar; y se imaginan que el hombre, al igual que los brutos, podrá en lo sucesivo reglar toda su vida, rechazando toda preocupación sobrenatural y yendo en pos de las solas exigencias de la materia”. IR A CONTENIDO . . 2. Perpetua revolución y continua anarquía Ningún estudioso de la masonería cree en las clásicas definiciones y en los humanitarios propósitos enunciados por sus doctores y órganos oficiales, escritos “para la exportación, pour la galerie”, o sea para los “profanos” y para los mismos masones no iniciados en el “Real Secreto”. Por lo tanto, su fuerza estriba en su secretismo. Antonio Zúñiga dice que “la masonería es una sociedad que tiene el secreto por base”, y en otro lugar afirma que “si ella no fuera eminentemente política y su círculo de acción se redujera a practicar actos de pura beneficencia y caridad, no tendría razón de existir” [10]. El masón argentino Luis Alejandro Mohr declaró en 1899 que “la masonería, sustraída al medio común, vive en el misterio y por el misterio”. Y el artículo 7º in fine del Reglamento General de la masonería argentina dice textualmente: “El secreto es el primer carácter de la Orden”. Este secreto consiste, no tanto en la oscuridad de sus actuaciones – harto conocidas – cuanto en la ignorancia de parte del público en general y de la mayoría de sus adeptos con respecto al fin al cual tiende, que es la perpetua revolución y la continua anarquía; propendiendo siempre y por todos los medios a su alcance a la implantación total o parcial de su maléfica doctrina. En el Congreso Masónico Universal de Ginebra de 1902, algunos delegados decían que había que renunciar a todo fanatismo religioso; otros afirmaban que sólo habrá base sólida de convivencia humana si existe la creencia de un Dios eterno. Unos añadían que el patriotismo es una virtud cardinal; otros, en cambio, que sólo debe profesarse el amor a la humanidad. Los delegados de Francia, Italia, Bélgica, Portugal, España, Suiza, Luxemburgo, Holanda, Hungría, Egipto y naciones latinoamericanas abogaban, ante todo, por la descristianización del mundo; los de Inglaterra, Alemania, Suecia, Noruega, Dinamarca, Estados Unidos de Norte América, etc…., sostenían la conveniencia de conservar cierto tradicionalismo religioso y social. A pesar de tales divergencias – al parecer fundamentales – los masones sustentan en todas partes en sus “tenidas” secretas e igualitarias, el germen de todas las destrucciones: ya que representan ellos, a los menos en potencia, el espíritu de independencia individual y de sublevación ante el principio de autoridad. Las inscripciones estampadas en sus diplomas y documentos: Lux ex tenebris; ordo ab chao; igne natura renovatur integra, etc…., manifiestan la suprema aspiración de la masonería, a saber: producir las tinieblas y el caos en el mundo para renovar la humanidad según sus leyes y doctrinas e implantar, sobre tales ruinas, el “nuevo orden” iluminado por la “luz masónica”. En cuanto a la religión, poco importa que hablen aún del Gran Arquitecto del Universo, pues – según sus doctrinas ya comentadas – cada cual puede interpretar a su manera este “concepto social”, en nombre de la libertad y de la razón; ya que, en virtud de la constitución de 1723 – carta magna y fundamental de la masonería moderna – basta que sus adeptos sean “buenos y leales, hombres probos y de honor”. En los distintos países la masonería manifiesta tendencias diversas, adaptándose hábilmente al medio en que vive, en conformidad con su táctica preestablecida. En los países protestantes parece haberse mantenido deísta; en cambio en los latinos y católicos predomina el odio antirreligioso. La lucha contra el catolicismo es reglamentaria por lo que toca a las masonerías latinas; sin embargo no hay que creer que, por religiosos que sean los anglosajones, abriguen sentimientos cordiales hacia el catolicismo. A pesar de ser las masonerías inglesa y norteamericana menos revolucionarias, antirreligiosas y antisociales que las del resto de Europa y América, o sea, la europeo-continental y la Latinoamericana; no obstante han cooperado con todas ellas en la persecución de la Iglesia Católica y en la destrucción del orden cristiano fuera de sus territorios nacionales; y, en su propia patria, aliadas al protestantismo, cobijaron a todos los revolucionarios extranjeros, y produjeron el absoluto indiferentismo religioso y el descreimiento general en que vive el mundo. En Estados Unidos más de cincuenta periódicos oficiales de la masonería escriben al unísono con “The New Age” de Washington, órgano del Supremo Consejo del Rito Escocés. con una tirada de más de un millón de ejemplares. En ellos se envilece a la Iglesia Católica y se pide su destrucción: al Papa se le llama “el enemigo y la maldición de la humanidad”; y se proclama el propósito de la masonería de librar al mundo de la tiranía de Roma sobre la conciencia y librepensamiento [11]. Estos párrafos de la pastoral del 11 de abril de 1926 del arzobispo de Baltimore y primado de Estados Unidos, monseñor Miguel Curley, condenando la intervención del gobierno de su país a favor del gobierno masónico-comunista de México, vienen a corroborar lo que acabamos de expresar: “Nuestro gobierno – dice la pastoral – no ha hecho otra cosa, durante los últimos doce años, que intervenir en los asuntos de México.. Como norteamericanos y como católicos tenemos el derecho y el deber de clamar contra la persecución religiosa de México… Nosotros los norteamericanos somos sumamente responsables de tales sucesos… El 80 % del dinero gastado por el gobierno de México en Estados Unidos se destinó para abastecer al ejército rojo de Calles. Carranza y Obregón (predecesores de Calles y masones como él) gobernaron en México en virtud de la aprobación de Washington que los protege. Calles está ahora en el poder y continúa su persecución contra la Iglesia porque sabe que está de acuerdo con Washington… Nosotros, mediante nuestro gobierno, armamos a los bandidos asalariados de Calles. Nuestra amistad lo alienta en su nefasta empresa de destruir hasta la idea de Dios en el corazón de millares de niños mejicanos…” IR A CONTENIDO . . 3. Trabajos entre bastidores En cuanto a la política, su “gran obra” a cumplir – pues la ya cumplida está escrita en páginas negras y rojas de la Historia – es la expresada en la “Historia de la Masonería”, publicada en Francfort en 1852, a saber: “El mundo es una gran república, donde cada nación es una familia y cada individuo un hijo”. A establecer tal República Universal Masónica tienden los programas de la masonería elaborados en los congresos internacionales de París en 1889, de Anvers en 1894, de La Haya en 1896, el segundo de París en 1900, de Bruselas en 1904, de Roma en 1911 y en todos los subsiguientes hasta nuestros días. El judío Benjamín Disraeli, Lord Canciller y gran estadista inglés, decía en Avlesbury el 10 de septiembre de 1876: “El mundo es gobernado por individuos muy distintos de los que se imaginan quienes no están detrás de los bastidores. Los gobiernos de este siglo no tienen que habérselas solamente con los otros gobiernos sino además con las sociedades secretas: elemento que se debe tener en cuenta, pues a última hora puede nulificar todos los arreglos, dado que tiene agentes por doquier, y agentes sin escrúpulos”. Y al año siguiente, el 1º de octubre de 1877, el cardenal Manning completaba estas palabras afirmando que “no son los emperadores, ni los reyes, ni los príncipes los que dirigen el curso de los acontecimientos… Hay algo detrás de ellos y sobre ellos y que es más poderoso que ellos” [12]. Dice un autor: “Nos equivocamos al pretender explicarlo todo por la masonería; pero sin ella, la historia política de las naciones seria ininteligible”. El ministro inglés Jorge Canning ya había indicado, medio siglo antes, quién dirige los hilos de todo este mecanismo mundial, cuando dijo: “Existe en las manos de la Gran Bretaña un poder más terrible que el que vio jamás en acción durante la historia la especie humana; porque se alistan bajo sus banderas todos los descontentos y todos los ánimos turbulentos del siglo”. Luego su sucesor, el masón inglés y primer ministro, lord Pálmerston – que dirigió toda la masonería del siglo, como lo hiciera Weishaupt en el siglo anterior y lo hacía contemporáneamente Pike en América – enarbolará esta bandera de Canning, provocando la Gran Revolución de 1848 en toda Europa. En Londres se hallaba radicado el estado mayor judío que dirigía y financiaba el movimiento. La Primera Internacional fue una “fiesta de fraternidad” de los trabajadores de todo el mundo reunidos en la “Taberna de los Francmasones” londinenses. Los judíos protestantes, Marx y Engels – ligados con los Rothschild -, marchaban de allí hacia Alemania, a fin de participar de la revolución social e impulsarla hacia el comunismo, de acuerdo con el Manifiesto que habían lanzado al mundo el año anterior [13]. En su libro “Coningsby”, escrito en 1844, ya lo había anunciado Disraeli cuando decía: “La formidable revolución que se está preparando en Alemania, cuyos efectos serán aún más grandes que los de la Reforma, se lleva a cabo totalmente bajo los auspicios de los judíos, que tienen monopolizadas las cátedras de las universidades. El conde Cancrin, ministro de finanzas en Rusia, es judío, el ministro español Mendizábal es judío, el presidente del Consejo de Francia, mariscal Soult, es judío, y judío es el conde de Arnim, ministro prusiano”. Más tarde, el 14 de julio de 1856, declaraban en la Cámara de los Comunes: “Es inútil negarlo porque resulta imposible ocultarlo: una gran parte de Europa se halla cubierta de una red de sociedades secretas. ¿Cuál es su objeto? Cambiar la propiedad de la tierra, quitándola a los actuales poseedores y, además, acabar con la Iglesia” [14]. “En Londres se halla el verdadero hogar de la revolución, escribía un masón berlinés en 1862. Allí es donde se concentran los masones judíos y de donde parten los hilos de todas las revoluciones. Desde allí se dirigen las demás logias. Allí se encuentran los superiores secretos, de suerte que casi todos los revolucionarios cristianos no son más que muñecos ciegos en manos de los judíos”. Los judíos formaron luego, en 1848, la mayoría absoluta de la corporación municipal, de modo que Berlín podía ser llamada con justicia, la capital de los judíos. En tal año, afirma Disraeli, “a la cabeza de casi todas las sociedades secretas se halla un judío” [15]. Más adelante, en 1875, la “Gaceta de la Cruz” publicó, del 29 de junio al 3 de julio, una serie de artículos en los que se demostraba que los principales ministros de los gobiernos alemán y prusiano, sin exceptuar a Bismarck, estaban en manos de los “reyes judíos de la Bolsa”, y que los banqueros judíos eran quienes, prácticamente, gobernaban a Prusia y Alemania [16]. El protestante Eckert, erudito alemán que escribió la mejor historia de la masonería, afirmó: “Todo hombre de Estado desconocerá su época, ignorará las causas de los acontecimientos que se cumplen en el terreno de la más alta política, no se explicará lo que sucede en toda la vida política y social de los pueblos, no comprenderá el sentido que tienen hoy “ciertas palabras” y, en suma, no verá más que simples hechos sin penetrar su significado g sin saber qué partido tomar frente a los mismos; si es que no estudia a fondo la masonería y no comprende su naturaleza y su modo de obrar”. El masón Fillmore, presidente de los Estados Unidos desde 1850 a 1852, y que luego se retiró de la secta, advirtió a sus compatriotas: “La masonería pisotea nuestros derechos, traba la administración de la justicia e inspira la desconfianza hacia todo gobierno que no logra controlar” [17]. Los masones introducen hombres de su confianza en los Congresos, Cámaras y Parlamentos y en la administración pública, los cuales llevan la voz de la masonería y promueven sus intereses, sugiriendo leyes, reglamentaciones y decretos, impregnados de su espíritu y encaminados a actuar paulatinamente sus ideales”. Para imponer su ideario se valen de la centralización absorbente de la gigantesca maquinaria del estado moderno con la creación del poder público depositado en manos de unos pocos que forman el único cuerpo orgánico y vital de la sociedad, y la construcción de un mecanismo burocrático colosal de infinitos y variados rodajes, que para funcionar necesita los brazos de gran multitud de directores, jefes y empleados públicos subalternos, destituidos de propia iniciativa y pensamiento: verdaderos esclavos de la rueda gubernamental [18]. Algo similar sucede con las fuerzas armadas y policiales, cuando el pulpo multitentacular del “poder oculto” logra precipitarlas dentro de este engranaje centralizador del estado masónico. Detrás de altos funcionarios y de individuos colocados estratégicamente en los puntos vitales del Estado, existe esta fuerza mundial, perfectamente organizada, que ha trastornado la vida y la paz de muchas naciones, y que ha traído al mundo calamidades sin cuento, cumpliendo su programa de acaparamiento de los bienes materiales para el judaísmo, y de destrucción de los conceptos cristianos de la vida, de la familia y de la sociedad. Leemos en el Manual del Iluminado de Weishaupt: “Es obligación del “hermano” (masón) informar cada mes a sus superiores, de los empleos, oficios, cargos y puestos de que él puede disponer, o conseguir por recomendación suya, para que se llenen las vacantes con sujetos dignos de la Orden; pues conviene rodear a los potentados de la tierra de una legión de hombres que en todas partes dirijan los “trabajos” conforme al plan de la Orden. Mas todo debe hacerse en silencio” [19]. Los consejos del barón de Knigge – lugarteniente de Weishaupt – persiguen el mismo fin. “Cada iluminado – escribe – debe ponderar las relevantes dotes de sus “hermanos” (los masones) a fin de que el príncipe (gobernante) no pueda hacer a menos que excluir de los cargos públicos a los “profanos” y preferir en la elección a su “candidato”. La masonería hunde, con infundios y calumnias, a sus enemigos y a los que no se ponen a su servicio al par que enaltece la reputación o crea de la nada una fama, encumbrando repentinamente en el pedestal al estadista, al artista, al escritor y al hombre de ciencia, y entonces las academias le franquean sus puertas, la prensa y la radio ensalzan su figura, los gobernantes lo condecoran y le disciernen títulos honoríficos como gran benefactor de la humanidad y eminente patriota, aunque sea un auténtico asesino, un truhán y un pirata. El Gran Oriente de Bélgica, en su acuerdo Nº 703 del año 1856, decía: “Las logias son escuelas donde se forman los hombres para que salgan a luchar vigorosos en el mundo profano, especialmente en la arena política; y por lo tanto tienen, no sólo el derecho sino el deber, de fiscalizar los actos de la vida pública de aquellos miembros suyos a quienes introdujo en las funciones políticas, y de usar de “severidad inexorable” con los que, rebeldes a sus “amonestaciones”, apoyan los actos combatidos por la masonería como contrarios a los principios de la Orden” [20]. En el “convento” del Gran Oriente de Francia de 1913 se recordó lo siguiente: “Los parlamentarios francmasones – que son en cierto modo una emanación de la Orden – deben quedarle tributarios durante su mandato. En toda circunstancia de su vida pública tienen la obligación de plegarse a los principios que nos rigen”. O el político obedece a la sugestión o mandato de las logias, o cae en la nada de donde las logias lo han levantado. La masonería niega así el “plácet” a cuanto hombre de bien aspiró a dirigir los destinos del país, si es que antes no pasó por sus ritos misteriosos. Es un deber del masón altigraduado estudiar la idiosincrasia, carácter, conducta, integridad o debilidades y vicios de los hombres que debe elegir para funcionarios, o que debe sobornar, sabotear o derribar. De aquí lo difícil que resulta para un presidente, ministro o funcionario patriotas descubrir si ese o aquel otro funcionario inmediato, en quien tiene depositada toda su confianza para el desarrollo de los planes de gobierno por él trazados, es un sujeto juramentado para sabotearlo y traicionarlo; tanto más fácil cuando, si es preciso, no tiene reparo alguno en hacer manifestaciones patrióticas, dar conferencias religiosas, abogar por la restauración de la moral católica en la escuela y en la universidad y hacer todo cuanto podría hacer el mismo Satanás, preparando la zancadilla. IR A CONTENIDO . . 4. La prensa, instrumento de la masonería La opinión pública, que es la “reina del mundo”, ha sido elegida “constitucionalmente”, como tal, por la masonería, para gobernarla. Se forjan en las “traslogias” las consignas de lo que se ha de creer y divulgar; de allí pasa a las logias ordinarias, y de éstas a las cien trompetas de la prensa diaria y periódica asalariada, regimentada y dirigida – y a las cien bocas sintonizadas de las emisoras radiales “encadenadas” y a los cien canales televisores “encauzados”. A un mismo tiempo, en el país y en el mundo entero, todos hablan de lo mismo, con idéntico sentir, sin que a nadie se le ocurra dudar o poner en tela de juicio lo que todos dicen. En un estado moderno la población puede ser inducida en pocos días y aún en pocas horas, mediante la prensa y la radio, en una dirección determinada a favor de alguien o en contra de algo. Mientras la prensa en todo el mundo no esté en nuestro poder – declaró en 1848 el judío masón Moisés Montefiore – todo lo que estáis haciendo será inútil” [21]. El diario es la gran escuela de los adultos y casi su única fuente de informaciones: es el gran predicador de todos y en todas partes. Su influencia la advirtió el ministro Combes, el promotor de la lucha antirreligiosa en Francia, al principio del siglo, cuando afirmó: “Las tres cuartas partes de los católicos se han alejado de la Iglesia por la Prensa” [22]. Decía el periodista John Swinton en un banquete que se dio a los periodistas en Nueva York: “No existe en América prensa independiente. Ni un solo periodista se atreve a expresar una opinión sincera; y si lo hacen, saben de antemano que nunca se ha de imprimir. A mi me pagan 150 dólares para que no ponga mis ideas y a otros le pagan salarios análogos para el mismo servicio. Si yo me opusiera perdería por eso el empleo en 24 horas. El hombre que fuera bastante insensato para manifestar claramente su pensamiento estaría al punto en la calle en busca de otra ocupación. El deber del periodista es mentir, inclinarse a los pies de Mammón (el dios dinero) y vender a su país y a su raza por el salario… (Las grandes agencias de información y publicidad son judías u obedecen a su dirección)… Somos los instrumentos y los vasallos de los que están entre bastidores: somos muñecos: ellos, tiran de la cuerda y nosotros bailamos… Somos intelectuales prostituidos” [23]. IR A CONTENIDO . . 5. Su arremetida contra los pueblos católicos La masonería deja en paz momentáneamente a los países protestantes, considerándolos terreno amigo; pero arremete contra los pueblos católicos con el propósito de masonizarlos, sometiéndolos a sus ideas, a sus leyes y a su sistema destructor. Ella se ha colocado frente a la Iglesia como frente a un enemigo que hay que eliminar a toda costa: en su dogma, en su moral, en su jefe, en sus instituciones, en su historia, en su influencia y en su clientela. La guerra es duradera y empeñada, con alternativas de triunfos y derrotas, hasta la victoria decisiva de uno de los dos combatientes o una tregua indispensable, impuesta por las circunstancias con ventajas mayores o menores de una u otra parte. Así tenemos en el país la revolución crónica, encendida y sostenida por la secta, que espía a todas horas la primera ocasión para recomenzar con igual furia y tesón las hostilidades hasta el último extremo. Esta es la historia presente y pasada de los pueblos católicos. El poder oculto de la masonería es el único y gran criminal, único traidor y enemigo de la patria, asesino de todos los derechos y libertades legítimos, genio exterminador de las naciones que viven con la fe en Cristo y en el amor de su Iglesia. La masonería es tenaz. Cederá momentáneamente ante los acontecimientos desfavorables, pero jamás renunciará a los objetivos que previamente se ha trazado. En 1948 el Gran Maestre de la masonería italiana, Hugo Lenzi, decía: “Entre la masonería y la secta clerical la lucha será aguerrida y sin cuartel hasta el día en el cual el Estado haya conseguido su completa laicidad”; porque “el laicismo – había declarado ya su predecesor Adrián Lemi – constituye la esencia de la masonería”. De aquí que el orden del día de la Gran Logia Nacional Italiana del 12 de junio de 1956, aprobado por la Asamblea, rezara así: “De hoy en adelante el Gran Oriente de Italia deberá intensificar su acción por la laicidad del Estado italiano (en orden a la separación de la Iglesia y el Estado, el divorcio, el matrimonio civil, el laicismo escolar, la prohibición de la enseñanza por el clero, etc….)” [24]. Su programa es destruir radicalmente, por franca persecución de la Iglesia o por el fraudulento e hipócrita sistema de la separación de la Iglesia y el Estado, toda influencia social de la religión, llamada insidiosamente clericalismo; y, si fuera posible, destruir la misma Iglesia y toda religión verdadera o revelada. Luego laicizar o secularizar por medio de un sistema parecido, hipócrita y fraudulento – que pretenden llamar de “no sectarismo” – toda la vida pública y privada, sobre todo la instrucción y educación popular: resultando tal maniobra un verdadero sectarismo anticatólico, anticristiano, ateo, positivista y agnóstico. El primer tema que se trató en el Congreso Internacional Masónico reunido en Italia de 10 al 23 de septiembre de 1911, fue precisamente el siguiente: “Cuál debe ser la actitud de la masonería frente a la Iglesia Católica para impedir que ejerza su influencia sobre el mundo laico”. Anteriormente, el informe del Congreso Masónico Internacional de 1902 decía que “los problemas actuales que preocupan a la masonería universal son la emancipación de la mujer y la educación del niño; echando primero por tierra los obstáculos que son las nociones impuestas por la Iglesia”. “Si la mayoría de los pueblos fuese formada por masones -declaraba la Revista Masónica Americana de Buenos Aires en 1872 – la reacción (o sea el catolicismo), no se presentaría tan altiva, y la propaganda jesuítica no haría tantos prosélitos”. Y más adelante añadía: “La masonería debe tener intervención en la política, porque si fuese destinada únicamente a practicar actos de beneficencia, no tendría razón de ser. Es necesario influir para que la masonería intervenga en los negocios públicos”. Los ilustres masones Edgard y Eugenio Sué, hablando de las naciones católicas, decían: “El mejor medio de descristianizar es protestantizar a los católicos; pues las sectas protestantes son las mil puertas abiertas para salir del cristianismo”. En la revista masónica “Lathomia” se lee: “El protestantismo no es sino la mitad de la masonería; ya que, para beneficiar al liberalismo y racionalismo – añadimos nosotros -, basta que se abrace cualquier secta protestante” [25]. En efecto, los mismos protestantes comprueban la apostasía que significa el pertenecer a la masonería. Así lo confesaba el clérigo protestante que, no obstante ser masón, decía lleno de sorpresa: “Nunca entendí cómo alguien que crea en la divinidad de Cristo y en su doctrina, como única revelación de la verdad, pueda llegar a ser masón sin padecer al mismo tiempo esquizofrenia espiritual ‘ [26]. En el periódico “Symbolisme” escribió el docto masón Osvaldo Wirth: “Si el candidato es católico romano ha de obedecer al Papa que le prohíbe ingresar en la Orden. En cambio las religiones orientales y las iglesias evangélicas no son enemigas de la masonería”. Los protestantes en las logias masónicas se hallan en sus propias casas. Los masones, mientras necesiten de ellos para descatolizar al mundo, no los molestarán. Y en esto, a la verdad, están muy interesados. Ya lo decía al perito Francisco Moreno, a orillas del Nahuel Huapi, el presidente masón Teodoro Roosevelt al visitar América del Sur en 1912: “La absorción de estos países latinos por los Estados Unidos es tarea larga y difícil mientras se mantengan católicos” [27]. Igual afirmación hará más tarde su pariente Franklin Roosevelt al explicar a Stalin en la reunión de Yalta que ciertas recomendaciones fracasarían en América latina “por la fuerte” influencia ejercida en esos países por la Iglesia Católica” [28]. El diario masónico alemán “Hamburger Fredemblatt” del 18 de junio de 1917, al celebrarse los 400 años del protestantismo y los 200 de la masonería, se expresaba así: “Las dos fuerzas espirituales del protestantismo y de la masonería están siempre bien unidas y en buenas relaciones. La masonería reconoce al protestantismo como a su fundador, y no se puede concebir aquélla sin éste. No hubiera habido verdadera y auténtica masonería sin Lutero y sin la Reforma contra nuestro común e implacable enemigo: el romanismo”. Y la “Gazette de Cologne” del 24 de junio de ese año añadía: “La aparición subversiva de la masonería en Inglaterra fue una reacción del anglicanismo y de la sociedad de los librepensadores ingleses contra las tendencias católicas de los Estuardos [29]. Iguales reflexiones caben para los cismáticos ortodoxos, entre los cuales se ha comprobado, que el 30% de los miembros de su alta jerarquía son masones. La primera acción masónica en las naciones con unanimidad o mayoría católica es pugnar por la libertad de cultos, porque la división religiosa de un pueblo es la premisa necesaria para su progresiva descristianización, secesión política y auto aniquilación. - El Gran Oriente de Italia en su Instrucción a las logias en 1889 – después de celebrar sus triunfos por la supresión de las Ordenes religiosas, por la desamortización de los bienes eclesiásticos y por la destrucción del poder temporal de los papas – (a más de 5.000 conventos habían despojado de sus bienes en 1879). recomendaba entre otras muchas cosas lesivas de los derechos de la Iglesia y de la persona humana, lo siguiente: “Trabajar por la reducción del cautiverio de los espíritus agravado por los dogmas y preceptos religiosos; demostrar que la masonería no combate a los católicos sino a los “clericales” que deshonran al catolicismo con las contiendas políticas; probar que la religión florece mejor donde la Iglesia se halla separada del Estado y que no conviene comprometer a los Estados con trabas jurídicas como son los concordatos estipulados con la Iglesia; apoderarse de la instrucción y educación en las escuelas y de las cátedras y cargos directivos en la docencia secundaria y universitaria; hacer impopulares y cesantear a los maestros y profesores católicos; desprestigiar con calumnias al clero y laicizar, en fin, toda la vida política, civil y social con leyes secularizadoras de los cementerios, matrimonios, escuelas, hospitales, asilos, colonias, clubes, cuarteles, funerales, fiestas nacionales, etc…” [30]. En 1904 escribieron en la revista de la secta: “Nuestra táctica frente al catolicismo debe ser la de aislarlo, la de contribuir a su fosilización” [31]. El satanista Adrián Lemmi, jefe de la masonería italiana, decía en su circular a las logias en 1887: “El aniversario del 20 de septiembre (de 1870), en que ha sido derrocado el poder temporal del Papa, toca exclusivamente a la masonería. Es una fiesta pura y simplemente masónica. Ahora trabajad haciendo el último esfuerzo para dispersar las piedras del Vaticano y construir con ellas el templo de la Razón Emancipada”. Su desafío satánico, hecho a Dios en su Vicario, repitiendo el “non serviam” de Luzbel, tuvo lugar el 6 de marzo de 1875 cuando, al inaugurar el templo masónico en Roma, dijo el Gran Maestre: “Hermanos de la patria universal: La masonería es el grito de la conciencia humana contra la opresión. Aquí donde existe la tribuna donde se ha proclamado el Syllabus – la más asombrosa amenaza contra la sociedad moderna – hemos erigido otra tribuna, más modesta pero mucho más sabia, para proclamar y defender los derechos de la conciencia y de la libertad” [32]. Con tal jefe, como Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo, y con el ministro del Rey, Francisco Crispi, presidente del Consejo desde 1887 a 1896 – que era a su vez Gran Maestre de la Orden, los masones italianos contaban, en 1890, con trescientos diputados sobre un total de quinientos.. IR A CONTENIDO . . 6. Avatares y epígonos masónicos La masonería ejerce su influencia sobre todo política; pero, en la conjura anticristiana que encabeza, cuenta con sus epígonos y avatares – manifiestos o encubiertos – del ocultismo, hermetismo, lagosofismo, espiritismo, kabalismo, esoterismo, teosofismo, rosacrucianismo y toda suerte de neo-espiritualismos, los cuales se insinúan en el seno de la sociedad cristiana, sembrando la confusión en las ideas y la perversión en las costumbres. En el siglo XIX, la Alta Venta carbonaria, heredera del iluminismo, ejerció la dirección general de las sectas secretas con estas nuevas formas de masonería. Todos sus documentos – de más de veinticinco años de actuación, y que certifican cuanto afirmamos – se hallan en el archivo secreto del Vaticano. Muchas otras sectas, asociaciones y sistemas doctrinales, como Acción Laica, Liga de la Enseñanza, Intelligence Service, Friendly Societies, Young Men’s Christian Association (YMCA), Liga por los Derechos del Hombre, Rotarismo y Leonismo Internacionales, y además el conjunto de laicistas, materialistas, positivistas, librepensadores, racionalistas, solidarios, marxistas, etc…., son auxiliares y renuevos de la masonería, no sólo porque son instituciones y sistemas fundados por masones y bajo la inspiración de la masonería y modelados sobre ella, sino también porque por ella son dirigidos y directamente fiscalizados, aprenden sus máximas y cooperan a la victoria de sus empeños, cumpliendo cada uno la misión encomendada. Son los diferentes caldos de cultivo que utiliza para la fermentación de sus principios. Los obispos franceses condenaron en 1935 la Liga por los Derechos del Hombre, de la Enseñanza Laica, etc…., como “franc masonas encubiertas y disfrazadas, y como filiales de las logias de las cuales reciben las inspiraciones, cooperando en su labor anticristiana; pues, es evidente que la masonería es la base de unión de todas” [33]. En la Argentina existen cerca de 40 organizaciones colaterales de la masonería, creadas ex profeso para desarrollar su acción profana sin comprometerse, y otras 30 que, si bien no son fundaciones masónicas, han sido prácticamente copadas por la masonería. Allí actúan, junto a los masones, los que Lenin llamaba “idiotas útiles”, los cuales, al mismo tiempo que sirven de relumbrón a la institución, encubren su verdadera finalidad y real origen. La YMCA, llamada también masonería blanca, fue condenada por la Santa Sede en 1920 con estas palabras: “Tales organizaciones, mientras manifiestan una especial preocupación por la juventud, corrompen su fe con la excusa de hacerla más pura; enseñando una concepción de la vida con la prescindencia de todas las iglesias y de toda profesión religiosa”. En otras palabras, “YMCA acarrea la ruina de la fe de los jóvenes, al afirmar que su finalidad es hacerles conocer mejor la verdadera vida por, encima de toda religión y confesión religiosa” [34]. El Congreso Masónico de Amiens en 1894 recomendó la fundación de sociedades que obraran en consonancia con la masonería, “quedando nosotros siempre entre bastidores”. Y el periódico masónico “Chronicle” decía en 1897 que “la fuerza de la masonería en su trabajo externo está, sin duda, en que hay más masones, y muchas veces mejor calificados para la ejecución de, trabajos masónicos, fuera de la Hermandad que dentro de ella. Por eso la masonería en Europa y América funda sociedades e instituciones de semejante forma y fin, e infunde en ellas su espíritu”. “Le Droit Humain” es una orden masónica mixta internacional con sede en París, dirigida por el Supremo Consejo Internacional de masones y masonas, grado 33, fundada el 4 de abril de 1893 por Jorge Martín, del Gran Oriente de Francia [35]. La Liga por los Derechos del Hombre es uno de los aparatos más importantes de los comunistas en el orden internacional. Se originó después de la disolución del Socorro Rojo Internacional en 1937, el cual apareció en la Argentina como órgano colateral del Partido Comunista antes de 1930. A él pertenecieron grandes figuras de la política argentina. Sus nombres pueden leerse en la revista “Estudios sobre el Comunismo” en sus entregas de julio-septiembre y de octubre-diciembre de 1957, Santiago, Chile [36]. El “solidarismo” fue inventado en 1865 por el masón Eugenio Pelletan, Venerable de la logia “L’Avenir”. Por él los solidarios reniegan de todo culto y religión: rechazando anticipadamente y con juramento los auxilios sacerdotales en vida y trance de muerte. El solidarismo es la asociación oficial de los libre pensadores, hija de la masonería, cuyo principio esencial es cabalmente el librepensamiento. “Solidario” era Garibaldi, el cual escribía en su Testamento Político: “…Yo declaro que, encontrándome hoy en pleno uso de razón, no quiero aceptar en ningún momento el ministerio odioso, despreciable y condenado de ningún cura… y, además, que sólo en estado de locura o de extrema ignorancia creo que pueda un individuo encomendarse a estos sucesores de Torquemada”. En fuerza de los continuos avances del racionalismo, la masonería hizo profesión de fe positivista, o sea del materialismo más brutal, y recibió en la logia de París, a su jefe Littré en 1876. Al año siguiente, el célebre masón Ferry, a quien se debe el laicismo escolar francés, hizo el elogio del positivismo. Las logias fundaron luego en París una Escuela Superior, “destinada – escribe Deschamps – a propagar científicamente el socialismo entre las clases intelectuales; y con el socialismo, ese grosero materialismo y esa negación total que constituye el credo del positivismo y de la masonería”. La tenebrosa y criminal secta de los caballeros del Ku-Klux-Klan, que profesa odio fanático al catolicismo, y que es brutalmente segregacionista en el problema de discriminación racial de los negros de Norte América, encuentra entre los masones sus mejores elementos. Fundada en 1865 durante la Guerra de Secesión, agrupa a cuantos abrigan especial encono contra el negro y el católico y, en ocasiones, contra el judío y el extranjero y, al organizar la “caza del hombre”, resultó ser el terror y espanto de los negros. En tal época asesinó a 10.000. Los locales de reunión se llaman “cavernas” y su jefe es el “Gran Mago”. Seis jóvenes ex militares la fundaron en la ciudad de Pulaski, entre Tennessee y Alabama, como sangriento ejército de guerrillas, en violenta oposición racista contra los negros del Sur y contra la política federal de integración racial y real manumisión de la población negra. Organizáronse militarmente bajo la dirección del general Natán Forrest, no sólo contra los negros sino contra los blancos progresistas, contra los maestros de escuelas de negros y contra los denunciantes de sus actividades terroristas. Para todos estos practicaban el inmisericorde castigo de los garrotazos, los latigazos, los incendios, la mutilación y la horca. Fue abolido en 1871, pero resurgió en 1917, logrando en la actualidad un nuevo incremento en su macabra lista de infames y espantosos crímenes. Su historia abarca un siglo de violencia en nombre del racismo y sus crímenes por muchos años quedaron impunes. Según ellos “ningún negro puede ser ciudadano norteamericano; ninguna igualdad puede existir entre negros y blancos; y, siendo los negros de raza inferior, queda plenamente justificada la esclavitud. Ahora sus locales se llaman “cuevas”, usan como distintivo la Biblia y el puñal y por la noche se presentan encapuchados y vestidos de blanco in diabólico conciliábulo alrededor de la Cruz de Fuego que preside sus reuniones [37]. Semejante a la Liga del Ku-Klux-Klan fue la célebre Camorra Napolitana de la segunda mitad del siglo pasado: junta de bribones y canallas, progenitores de la Mafia moderna. Etimológicamente esta palabra se la hace derivar de las iniciales de los siguientes vocablos: “Mazzini autorizza furti, incendi, awelenamenti” (Mazzini autoriza robos, incendios y envenenamientos) [38] Las sociedades masónicas de los Teósofos, derivadas del espiritismo, establecen que es su deber oponerse decididamente a toda religión positiva, en particular al cristianismo, que estima como la más perniciosa. Fundada la Sociedad Teosófica en 1875, es actualmente su presidente el destacado masón hindú, doctor Shri Ram. El teosofismo – fusión de kabalismo, hinduismo, panteísmo y ocultismo – efectuó su unión con la masonería a través del rito mixto del “Droit Humain” (Derecho Humano), y luego selló oficialmente su unión en 1912 con el Gran Oriente de Francia. Estas sociedades fueron condenadas por Benedicto XV el 18 de julio de 1919 “como irreconciliables con la fe católica”. Además, se prohibió a los católicos “asistir a sus reuniones y leer sus escritos” [39]. IR A CONTENIDO . . 7. El rotarismo internacional, hermano menor de la masonería El Rótary Club – asociación de hombres, preferentemente de negocios y profesionales que se proponen moralizar y mejorar los espíritus contribuyendo a la paz universal mediante la práctica de una moral sin dogmas y de un laicismo y naturalismo absolutos – es la masonería internacional esparcida por todo el mundo, como noviciado de la Orden, para probar, ensayar y conquistar adeptos. Sus jefes son elegidos por los masones residentes en la ciudad norteamericana de Evanston, Illinois, cerca de Chicago sede del organismo central. Al frente de cada club local hay un presidente a quien acompaña el vicepresidente, el secretario, el tesorero y el macero; y en cada distrito de clubes federados existe un gobernador, el cual depende directamente del Club Central, integrado por una Junta Directiva mundial que se renueva anualmente. Esta Junta Directiva del Rótary International consta de un presidente, tres vicepresidentes, diez directores, un secretario y un tesorero. Uno de los directores, en 1958, fue el cordobés Triatán E. Guevara, ministro de Trabajo y Previsión en la Argentina. Para elegir a los directores los distritos se agrupan en zonas. Cada club rotario debe tener entre sus socios un representante de cada profesión, negocio o institución reconocida en la comunidad donde actúa. El número mínimo de socios es veinte y deben ser todos varones. Su nombre surgió – según se lee en sus estatutos y reglamentos – de la costumbre de celebrar las reuniones de primer club por “rotación” en los distintos despachos de los socios fundadores. Dos años después ya no se hacían en los domicilios de los asociados sino en los hoteles más lujosos, como cuadraba a la categoría social de sus integrantes, millonarios industriales, magnates de la Banca y de los consorcios comerciales de profundísima penetración internacional. Su lema oficial es: “Dar de sí antes de pensar en sí. Se beneficia más quien mejor sirve”. El “mallete”, distintivo del venerable maestro de la logia masónica, es también el distintivo del presidente del club rotario, y al bandera blanca de los masones es el emblema de los rotarios, que han sustituido en ella el águila de dos cabezas por la rueda dentada. El gobernador, elegido en la reunión anual de los clubes del distrito, debe ser presentado al Rótary International para su aprobación definitiva. Al candidato se le exige, como requisito indispensable para ser propuesto para tal cargo de supervisor general, el haber participado en la Convención Internacional Rotaria; pues estos altos jefes resultan ser, en la práctica, agentes de la Junta Directiva en el Exterior. A la Convención Anual de los delegados rotarios precede siempre la Asamblea Internacional de los gobernadores, donde éstos reciben normas de gobierno. De la misma manera, cada gobernador reúne, en abril o mayo, a los presidentes y secretarios de todos los clubes de su distrito, además de la conferencia distrital que anualmente realiza con los socios. Sus deberes son: remitir mensualmente sus mensajes a los clubes de su jurisdicción y vigilarlos directamente bajo la fiscalización de la Junta Internacional; comunicar a la Junta Directiva de los Estados Unidos los resultados de la Asamblea del distrito, y enviar a estas mismas autoridades internacionales de Chicago el informe anual de sus visitas a los clubes de la zona. Cada presidente de club remitirá por separado el informe semestral al Secretario General del Rótary International. En la sede central se llevan al día los ficheros de todos los clubes del mundo, enriquecidos con los datos actualizados de cada uno de sus miembros. Fundado el Rótary Club, o Circulo de la Rueda Dentada, el 23 de febrero de 1905 en Chicago por el abogado masón Paul Harris, adquirió carácter internacional en 1912: estableciéndose en la Argentina el 8 de noviembre de 1919. La estadística publicada en 1959 totaliza 260 distritos, 10.000 clubes y 500.000 rotarios, de los cuales 6.000 se hallan en nuestro país, donde funcionan 240 clubes [40]. El 21 de febrero de 1965 el señor Rafael Cabral, gobernador del distrito 489 de Buenos Aires del Rótary Internacional, manifestó en una entrevista del Canal Teleonce: “Como el Rótary está integrado sobre la base de la comunidad en que actúa, será católico en una comunidad católica, como sucede en la Argentina; y donde la comunidad es protestante, será protestante… No tiene ninguna vinculación con la masonería; pero es indudable que en sus clubes existen masones, por cuanto en el Rótary no hay ninguna clase de discriminaciones”. A continuación se dio la siguiente estadística: 560.000 rotarios en 12.000 clubes distribuidos en 127 países. En la Argentina existen 350 clubes, con 10.000 socios, agrupados en 7 distritos. Al frente de cada distrito se encuentra un gobernador, que es funcionario del Rótary Internacional. IR A CONTENIDO . . 8. La nueva religión laica de la amistad rotaria “Nuestro plan – declaró Harris – hace caso omiso de todo credo y glorifica los hechos. Rótary está abierto a protestantes, católicos, judíos, musulmanes, cristianos, budistas y ateos. ¿Vamos a ser retrógrados, o debemos ir adelante con el progreso de los tiempos?” Esto es lo que se propone el rotarismo a saber: racionalismo en doctrina, naturalismo o laicismo en moral e indiferentismo absoluto en religión. Su semejanza con la masonería radica cabalmente en el naturalismo racionalista, en el indiferentismo religioso y en la moral universal atea. Se propone mejorar la humanidad por la amistad y la camaradería, sustituyendo el mandil masónico por el mantel laico de la opípara mesa. En esta campaña de mejoramiento social no cuenta para nada la religión; “ni siquiera debemos acordarnos de ella”, decía el gobernador del distrito 63, Abente Haedo, en mayo de 1936. El católico, soldado por vocación, deberá dejar sus armas a la puerta del club, si desea permanecer en el Rótary y, obligado al combate espiritual, quedará inerme ante los errores que le serán presentados bajo los velos de la indiferencia. El rotario William Mayer afirmó en México que “todos y cada uno de los rotarios deben desterrar de sus mentes los prejuicios de religión y de nacionalidad”; y en 1944 el rotario argentino, doctor del Forno, aseguró que “la moral sin dogmas forma la conciencia del Rótary”. Ya el rotario belga Hermann Doms había expresado en 1927 que “la moral del Rótary no tiene religión. Es estrictamente neutra en el sentido más amplio de la palabra”. Para un rotario es muy fácil entonces hablar de tolerancia religiosa en su propaganda laicista; pues, si en nada cree, todo para él resulta una misma cosa. En 1936 el rotario argentino, Salvador Díaz Moreno, manifestó que “al Rótary no le interesa la religión ni los dogmas revelados; ni dioses ni tampoco santos. El Rótary vive de la realidad del presente; pero en sus entrañas se gesta una “nueva religión laica” de la amistad. El porvenir dirá si tendrá o no su Olimpo. Y el rotario brasileño Ferraz Alvim decía en el club de San Pablo: “Rotary no tiene moral práctica ni mucho menos teórica”. En los clubes rotarios se prohíbe a los católicos manifestar su fe religiosa, pero en cambio ella puede recibir allí los rudos ataques. En el club de la provincia de San Juan en 1937 – para citar algún caso entre tantos – se desconoció la divinidad de Cristo y se le llamó “bohemio”; y en el club de Buenos Aires, el 21 de julio de 1944, se injurió a los santos de la Iglesia Católica, endosándoles el carácter de “epilépticos” a San Pablo, a San Francisco de Asís, a Santa Juana de Arco y a Santa Bernardita Soubirous [41]. Este mismo club de la Capital Federal celebró con gran pompa y entusiasmo, el 11 de julio de 1934, el cincuentenario del laicismo escolar argentino; y tal homenaje se repitió en marzo de 1956 junto con el de la masonería, cuando el gobierno provisional anunció la vigencia de la ley 1420 que consagró nuevamente entre nosotros el laicismo en la escuela haciéndolo extensivo a todo el país. El 11 de abril de 1944 decía Julián J. Lastra en el Rótary Club de Neuquén: “Sobre la cumbre de la montaña de los siglos hay una nueva cruz, el Rótary, pero cruz sin victima. Nuestro código moral rotario sin principios dogmáticos, sino empíricos, es como el evangelio de la sagrada escritura. Con nuestra política de buena vecindad y nuestra palabra de honor, alcanzaremos la paz entre los hombres y la armonía entre las naciones”. Esta es la misma teoría del masón Harris fundador del Rótary el cual decía – olvidándose de la venida de Jesucristo y la publicación de su Evangelio – que “el firme cimiento sobre el cual se edificará la paz permanente del mundo y que excluye a cualquier otro es el Rótary” [42]. “El 28 de junio de 1946 el Rótary Club de la ciudad de San Nicolás rindió un público homenaje al partido socialista que, “por la conducta definida y recta, se había puesto lealmente al servicio de la patria”. Pero ¿ignoran, acaso, los católicos rotarios, que tal partido político ha sido y sigue siendo en nuestro país el tradicional enemigo de la Iglesia Católica?. El 15 de enero de 1958, por primera vez en la historia del Rótary argentino, un presidente de la Nación asistió al almuerzo ritual de los miércoles, servido en el Plaza Hotel de Buenos Aires. El vicepresidente lo hizo al mes siguiente, el miércoles 12 de febrero. En tal ocasión, el contraalmirante Isaac Rojas dijo: “…Soy un convencido del bien que hace a la humanidad la organización a que ustedes pertenecen…”; y el general Pedro Aramburu – al ser declarado miembro honorario del Rótary por su gobernador metropolitano, doctor Guillermo Garbarini Islas – expresó lo siguiente: “…Conozco los altos fines que persigue esta institución y por ello he sentido una gran satisfacción cuando se me ha invitado a concurrir a esta comida de camaradería… Ojalá, señores, pudieran multiplicarse en el país instituciones de la naturaleza del Rótary Club, porque de ellas emana una fuerza espiritual tan extraordinaria que, en realidad, son el puntal, la garantía más segura para la democracia y la libertad…” EI 8 de abril de 1959 el ex presidente provisional, Pedro Aramburu, es despedido, en reunión secreta, por el Rótary Club de Ramos Mejía, antes de emprender viaje a Europa. Presidía la mesa, como invitado de honor, el señor Drysdale, Gran Maestre de la masonería argentina y agente confidencial de S.M.B. El homenajeado se hallaba a su derecha revestido – según algunos cronistas – con su mandil reglamentario, correspondiente al grado 33 [43]. En 1926 los rotarios enviaron al verdugo de la Iglesia Católica en México, Plutarco Calles, un telegrama en el cual, después de felicitarlo, le decían: “Estamos resueltos a cooperar con vuestro gobierno mientras podamos”. Al hablar de la cuestión religiosa mexicana declaraba el masón neoyorquino Roberto A. Grennfield: “La masonería se vale de la YMCA (protestante) y del Rótary para combatir al catolicismo”. Es un hecho que los rotarios florecen donde más abundan los masones, a tal punto que aquellos, generalmente, no son otra cosa que masones disfrazados. Masón fue su fundador y sus principales colaboradores y masones son los actuales dirigentes internacionales. En Londres existe una logia masónica – la Rótary Lodge – reservada exclusivamente para rotarios masones. El boletín de enero de 1928 del Gran Oriente Español decía que “los masones podían considerarse como los hermanos mayores de los rotarios, ya que entre una y otra institución hay grandes puntos de contacto”. “En los clubes rotarios – afirma la revista masónica “Alpina” – tienen su puesto muchos masones; y esto es fácilmente comprensible – añade – dados. los principios porque se rige el rotarismo” No es, por lo tanto, una novedad que en la revista masónica “El Nivel”, editada en Buenos Aires, se informara al público masónico, en su entrega de febrero-marzo de 1944, sobre “los eficientes trabajos realizados por el Gran Maestre de la Gran Logia Argentina en conexión con el Rótary Club”. El masón Pérez Torreblanca decía en la Asamblea de la Masonería Simbólica de España en 1929: “Por sus orígenes los Clubes rotarios cumplen una función internacional muy parecida a la masónica, aunque la limitación de sus fines los coloque en la puntuación de hermanos menores de nuestra Orden. La masonería debe colaborar en este movimiento para que no se desnaturalicen sus fines primordiales”. Y luego, a raíz de las censuras eclesiásticas recaídas sobre los socios de la “rueda dentada”, añadía: “El movimiento rotario, condenado por la Iglesia y perseguido por los obispos, merece una simpática consideración, e incluso el apoyo de integrarlo allí donde las posibilidades masónicas lo permitan” [44] Entre los diversos centros que deben su iniciación al Rótary; debemos nombrar, por su gran importancia, al Club de Leones. Esta institución, llamada también Lions International, cuya casa matriz se halla en Chicago nació en la ciudad estadounidense de Dallas, Texas en 1917, como hermano menor del Rótary. Según se cree es una organización internacional de origen masónico que responde a los intereses petroleros de los Estados Unidos. El leonismo ha fundado ya 16.000 clubes en el mundo y cuenta con 100.000 asociados, llamados “leones”. La sigla LEONES puede significar, según los intérpretes del leonismo: Lealtad, Entendimiento, Orden, Nobleza de Ideales, Esfuerzo por el progreso y servicio al individuo. En diciembre de 1954, al iniciarse la persecución religiosa en la Argentina, vino a Buenos Aires, con selecta delegación, el vicepresidente de los “leones internacionales”, Humberto Valenzuela García para discernir – en la quinta presidencial de Olivos – a Perón, al vicepresidente Alberto Teisaire, al ministro de Educación, Armando Méndez San Martín, y a otros gobernantes y primates del partido oficialista, la más alta condecoración del club, a saber: “La Orden al Mérito Leonístico” 44′. La primera convención de clubes de leones del distrito correspondiente a la Argentina se reunió luego en el teatro El Círculo de la ciudad de Rosario, el 23 de mayo de 1957, presidida por su delegado internacional, el ya mencionado doctor Humberto Valenzuela García; y al establecerse en Buenos Aires la filial nacional de la institución, resultó elegido como presidente José Fernández Moreno [45]. IR A CONTENIDO . . 9. Rotarismo y catolicismo En 1928 condenaron al Rótary, en sendas cartas pastorales, los obispos españoles de Palencia, Almería, Tuy, León y Orense, y luego el episcopado español en pleno el 1º de febrero de 1929. El primado de Toledo, monseñor Segura y Sáenz, escribía en su pastoral del 23 de enero de 1929: “El Rótary hace profesión de un laicismo absoluto y de una indiferencia religiosa universal, intentando moralizar a los individuos y a las sociedades con total prescindencia de nuestra santa Madre la Iglesia Católica. Mientras predican una moral sin religión para llegar a la paz universal, ocultan – bajo un aspecto comercial, recreativo, filantrópico, pedagógico, neutral, pero siempre laico – la negación de la moral verdadera y de la verdadera religión, que tratan de sustituir con una religión que no es la de Jesucristo”. El obispo de Palencia decía: “La institución rotariana, como tal, hace profesión de laicismo absoluto, de indiferencia religiosa universal, e intenta moralizar a los individuos y sociedades por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista y aún atea. Sepan, por tanto, nuestros amados fieles que, dentro de los titulados clubes rotarios, no pueden entrar los buenos católicos”. Y el obispo de Orense señalaba que “tales clubes rotarios no son otra cosa que nuevos organismos satánicos de igual procedencia y espíritu que el masonismo; bien que procuren disfrazarse y aparecer con el marchamo de humanitarismo puro y hasta de caridad cristiana y de fraternidad universal… Según todas las señales y testimonios y documentos fidedignos, y aún a juicio y probanza de insignes y meritisimos católicos y prelados de la Iglesia, la organización rotaría resulta sospechosa y debe estimarse vitanda, execrable y maldita”. El cardenal Andrieu, arzobispo de Burdeos, lo condenó en 1929; y, al mencionar estos documentos de los episcopados francés y español, la Revista Eclesiástica de Buenos Aires, en 1929 y 1945, recordaba a los católicos la resolución Nº 87 del Episcopado Argentino que ordena lo siguiente: “Deben nuestros fieles andar muy cautos en dar su nombre y apoyo a asociaciones de carácter internacional con principios doctrinarios opuestos a las enseñanzas de la Iglesia y con gobierno sustraído a toda dirección e influencia de la misma”. Y más adelante comentaba que “entre esas asociaciones se puede incluir con justicia al Rótary Club”; por lo que sólo con permiso del obispo, y comprometiéndose a seguir fielmente sus instrucciones, un católico podrá pertenecer por excepción al Rótary [46]. Porque “el Rótary – escribió el jesuita José M. Bower en la revista “Estudios” de Buenos Aires en su entrega de octubre de 1928 – no es compatible con el catolicismo. Con su moral racionalista, naturalista y laica se alza como rival de la moral evangélica, y entre la moral del Rótary y la moral de Cristo la opción no puede ser dudosa para un católico. Mutilar la verdad divina es un sacrilegio, disimularla es una cobardía y sustituirla por otra es una apostasía”. Todo sistema ético que no se base e los principios cristianos es inadmisible para un católico, y “las tentativas de acuerdo en este terreno – nos advierte Pío XI en su encíclica Mortalium ánimos del 6 de enero de 1928 – no pueden en ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son con poca diferencia, igualmente buenas. Cuantos sustentan esa opinión poco a poco vienen a parar en el naturalismo y ateísmo” [47]. El Boletín Eclesiástico de la arquidiócesis de Santa Fe del 15 de marzo de 1933 se hace eco de estos conceptos al transcribir un artículo de L’Osservatore Romano, órgano oficioso de la Santa Sede, subrayando el “carácter antirreligioso y anticatólico del rotarismo” [48]. A las condenas de los obispos españoles y franceses siguieron las del episcopado holandés en su Conferencia de Utrecht de 1930, del episcopado peruano en 1938 y de monseñor Reves, de Nicaragua, en 1941, los cuales en general dicen: “El Rótary sostiene una doctrina radicalmente naturalista y atea, totalmente indiferente en cuanto a la religión y al culto. Tales clubes son satánicos, de igual espíritu y procedencia que el masonismo… Y predican una moral sin religión… Por lo que declaramos categóricamente que a ningún católico le está permitido afiliarse al Rótary, y que al pertenecer a él ponen en peligro su salvación eterna…” La Santa Sede – respondiendo a la consulta de los obispos – lo prohibió terminantemente para todos los clérigos en su “non expedit” (no conviene) del 4 de febrero de 1929, y luego Pío XII repitió tal prohibición el 11 de enero de 1951, añadiendo para los fieles en general una exhortación, en la cual les aconseja que se cuiden de pertenecer a sociedades condenadas por la Iglesia o simplemente sospechosas, a tenor del canon 684 del Código de derecho canónico. Tal referencia al canon carecería de sentido si no involucrara una prohibición por lo menos tácita o implícita. La Santa Sede, aclarando la frase curial “non expedit”, indicó que “prohibitionem importat”, o sea, constituye una prohibición. Y L’Osservatore Romano, diario oficioso del Vaticano, daba tres razones principales de tal prohibición, a saber: “Por su origen masónico, por sus probadas hostilidades hacia la Iglesia Católica y por su código moral, tan parecido, en casi su totalidad al de la masonería”. L’Osservatore Romano del 27 de enero de 1951 continúa diciendo: “El espíritu laico y arreligioso caracteriza al Rótary y; en particular, con relación a los problemas en los que el católico no puede prescindir de las enseñanzas de la Iglesia Católica; como, por ejemplo, en el campo moral y en materia de justicia social. Este carácter aparece evidente en el articulo 3º de los Estatutos y en todo el conjunto de los once artículos del así llamado Código Ético del Rótary… De hecho fácilmente se deriva de dicho articulado un espíritu laico y un indiferentismo religioso; se presta a la infiltración en los Rótary de elementos masónicos y anticlericales, como de hecho ha acontecido en algunas naciones, en donde ha prevalecido un influjo masónico, y la acción de los clubes rotarios ha resultado un contraste con la actividad y fines de la Iglesia… Corresponde a los obispos establecer en el caso concreto, en su propia diócesis, si el Rótary que actúa en ella debe o no considerarse o tenerse como una asociación “sospechosa” (como reza el canon 684…). Los obispos deberán proceder considerando al Rótary en su conjunto con relación a los intereses religiosos de toda la Nación” 48′. En la Revista Eclesiástica Argentina de mayo-junio de 1960, páginas 268 y 269, se lee: “El decreto 42 del Concilio Plenario Argentino establece que no es permitido a los sacerdotes asistir a las reuniones de la asociación del Rótary Club, ni dar su nombre a ella”. La resolución 92 de mayo de 1936, del Venerable Episcopado Argentino, dice: “Deben nuestros fieles andar muy cautos en dar su nombre y apoyo a las asociaciones de carácter internacional con principios doctrinarios no conformes a las enseñanzas de la Iglesia y con gobierno sustraído a toda dirección o influencia de la misma” [49]. En la página 105 del Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Buenos Aires, publicación oficial de setiembre de 1962, se lee: “Recuérdase a los señores sacerdotes que, por disposición de la Santa Sede, no solamente no pueden ser miembros del Rótary, sino, demás, participar en las reuniones de esa institución. Y por voluntad del S. Emcia. Rdma., el Señor Cardenal Arzobispo Primado, expresada el 22 de mayo de 1961, también les está prohibida aun la mera asistencia a los actos del Rótary Club; de ahí que no pueden bendecir o inaugurar obras de esa institución. Respecto a los católicos seglares, S. Emcia. Rdma. ha declarado lo siguiente: “Mientras las asociaciones del Rótary Club respeten los principios cristianos, la Iglesia no inquieta a los católicos que ya forman parte de ellas; tolera que continúen. Pero, en el caso de ser consultada, o pudiendo advertir a los católicos, desaconseja su ingreso al Rótary Club prefiriendo que sus fieles armen parte de las asociaciones activas de la Iglesia, ya sea con fines de apostolado, o de cultura, pero siempre definidamente católicas”. En el mes de junio de 1964 añadía para los sacerdotes en la página 67: “Los sacerdotes de esta arquidiócesis han de atenerse a la siguiente norma, dada por el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo Primado: Desde ahora, en casos particulares, se puede solicitar la correspondiente autorización del Ordinario Local para aceptar invitación del Rótary Club, y hablar, siempre que fuere oportuno y el sacerdote juzgue que puede contribuir al mejor conocimiento de la Iglesia y de su doctrina moral para bien de la comunidad”. Los rotarios argentinos, al conocer tal decisión de la Santa Sede, hablaron de las “injustas apreciaciones del Vaticano”, de “reviviscencias de la intolerancia medieval”, de que “la Iglesia ha cometido un error muy serio”; y que tal actitud manifiesta en Ella “una autoridad espiritual llena de soberbia”. Con tales apreciaciones sobre el supremo magisterio del Vicario de Cristo en la tierra ¿cómo puede llamarse católico un rotario? En setiembre de 1945 la revista eclesiástica de Buenos Aires se expresaba así: “El Ordinario no puede permitir que los sacerdotes se afilien o den su nombre a los Rótary clubes, ni tampoco que asistan a las reuniones que aquellos verifiquen” [50]. La última vez que Paulo VI habló sobre el Rótary lo hizo para los rotarios de Italia, según se lee en L’Osservatore Romano del 6 de setiembre de 1965. Después de alabar los fines que la institución propone a los socios en “una exigencia de seriedad y honestidad y de favorecer el progreso de la cultura y de las relaciones amistosas entre los hombres y las naciones”, les dijo: “Aún cuando todo esto es loable y bueno, no puede constituir un programa completo para dar a la vida del hombre su significado verdadero… Los estatutos del Rótary, queriendo asociar a hombres de diversas tendencias ideológicas y religiosas, se abstienen de imponer a sus socios cualquier profesión determinada de pensamiento o de fe. Este aspecto de vuestro programa ha hallado reserva… inclusive de parte de la Iglesia Católica… por el temor de que la mentalidad, que surgía de vuestro programa, padeciera el influjo de otras ideologías, o que se lo propusiera como norma suficiente para la guía de la conciencia del hombre.. Afortunadamente (en la actualidad, el Rótary), no rehuye el que, alguna vez, voces autorizadas lleven a su seno los testimonios de la filosofía perenne y del mensaje cristiano… Hacemos votos para que, en su actitud, el Rótary sea también respetuoso con los valores espirituales y religiosos y en sus clubes no sea del todo forastero el Maestro de la humanidad: Cristo el Señor”. Leemos en L’Osservatore Romano de 1933: “Los rotarios, al pretender ser la auténtica organización práctica de la ética y los maestros y ejecutores de la ley moral que ellos señalan, argumentan en forma parecida a los doctrinarios de la masonería. Por esto la concepción rotariana, así como la masónica, no pueden conciliarse con la doctrina católica”. El rotarismo, prescindiendo de veinte siglos de vida cristiana, ha dado un salto gigantesco hacia atrás y se ha colocado en plena filosofía pagana y naturalista. Sus rasgos propios e imborrables son: un naturalismo radical, un absoluto indiferentismo religioso y un ateísmo práctico completo. El célebre pensador inglés Chésterton lo define como “una organización sin alma, desprovista de toda dignidad espiritual. El compañerismo rotariano – dice – no tiene nada de cristiano y su teoría de la propia suficiencia es la más negra de las modernas herejías”. Y concluye así el erudito escritor: “El hombre no se basta a si mismo, debe apoyarse en Dios; y el rotarismo prescinde de toda idea divina en las relaciones humanas. La hermandad de los hombres necesita de la paternidad de Dios. Cuando se suprime evita la creencia en lo sobrenatural (como hace el Rótary) todo queda reducido a una mezquina colección de presuntuosos” [51]. IR A CONTENIDO . . 10. Socialismo, comunismo y judaísmo: compañeros de ruta de la masonería Todos los fundadores de los sistemas socialistas han brotado del seno de la masonería, y las logias siempre han sostenido su propaganda. La masonería inspira, dirige y fiscaliza al izquierdismo militante [52]. “El socialismo universal moderno – dijo el judío Alfredo Nossig – forma la primera etapa del sionismo”, o sea del mosaísmo o judaísmo imperialista. Leamos lo que escribió en 1926: “El socialismo y el mosaísmo de ninguna manera se oponen, sino por el contrario, entre las ideas fundamentales de ambas doctrinas, hay una conformidad sorprendente. Los judíos han cooperado de una manera decisiva en la creación del socialismo. Fueron judíos los que tuvieron parte preponderante en la dirección de las primeras repúblicas socialistas. El socialismo mundial actual forma la primera etapa del mosaísmo, el principio de la realización del Estado futuro del mundo… Cuando una liga de Naciones esté compenetrada del espíritu socialista entonces nos será posible el goce de nuestras necesidades internacionales… Por eso es por lo que todos los judíos tienen interés vital en la victoria del socialismo, la que deben exigir, no sólo por principio y por su identidad con el mosaísmo sino también por principio de táctica… El mosaísmo es el socialismo, libre de las utopías y del terror del comunismo y del ascetismo cristiano” [53]. Hilaire Belloc en su libro “The Jews” sostiene que “antes de la Gran Guerra de 1914 el movimiento socialista en el mundo, en casi su totalidad, era controlado por los judíos. La revolución rusa fue obra de la masonería judía, y hoy en día una pequeña oligarquía judía ejerce la dirección de la masonería universal” [54]. Los masones de Lieja afirmaron que “las logias masónicas han suministrado a la Internacional Roja los primeros cuadros de sus hombres”. Actualmente casi todos sus dirigentes son masones. En 1847 en el Congreso de Saintes se dijo: “La masonería tiene por fin el socialismo, y por medio, la revolución”; por eso siempre presta apoyo a toda asociación que tenga por finalidad la destrucción de la propiedad, la revolución social y la guerra al cristianismo. Masones y judíos, pero no obreros, fueron los jefes doctrinarios del socialismo y comunismo, a saber: Carlos Marx, Fernando Lassalle, Federico Engels, Hetzen, Kamenef, etc…. y masones sus primeros jefes, sus legisladores, sus dirigentes y sus sostenedores. Tales masones fundaron, en 1850, la Unión Internacional de Obreros que, en 1873, se divide en social-colectivista o marxista y social-anarquista, con Marx y Bakunín a la cabeza respectivamente. Los ya mencionados, con Stalin y otros, habían sido venerables maestres en las logias de Londres, París, Berlín, Hamburgo, Ginebra, Lausana, etc…. En el Boletín de la A. M. I. (Asociación Masónica Internacional) de julio-setiembre de 1931, se hallan estas frases en referencia a la República Española recientemente implantada por el comunismo y la masonería: “Se sabe la parte cada vez mayor que las logias han tomado en el colectivismo… El Gobierno Español no podría oponerse a las propagandas revolucionarias… El resultado ineludible es la formación progresiva de un frente comunista en España…” El socialismo y el comunismo, por sus doctrinas y por sus hombres, son hechuras de la masonería. Lo que es la masonería en la Alta Política, es el marxismo en el terreno económico-social. De la Declaración de la Internacional de los Trabajadores, suscrita en Ginebra en 1868, es esta frase netamente masónica: “La consigna de nuestra gran cruzada es: ¿Abajo Dios, abajo Cristo, mueran los sacerdotes!”. Decía el masón Hollaender en abril de 1905 en Budapest: “Socialismo y masonería no solamente no se excluyen mutuamente, sino que son idénticos en su finalidad: únicamente se valen de medios distintos para alcanzar su fin”. La judeo-masonería se vale de la Alta Finanza, de la Alta Política, de la Prensa Mundial; el marxismo socialista-comunista se vale de la Revolución en lo social y económico contra la patria, la moral y la religión. [55] Los masones cumplen el “plan” con medios secretamente subversivos; los marxistas lo cumplen con medios abiertamente subversivos. La masonería mueve a las minorías políticas sectarias; el comunismo se apoya en una política de masas, explotando hábilmente los anhelos de justicia social [56]. Son actualmente enemigos, pero se unen accidentalmente, como Herodes y Pilatos, cuando se trata de crucificar a Cristo: y se interesan ambos del Niño (el pueblo), para luego degollarlo en Belén. Siempre que le conviene, la masonería pacta con los dirigentes comunistas; por otra parte, en los puestos ocultos de la alta dirección masónico-comunista, existe perfecto acuerdo en los fines supremos de ambos. El distinguido militar chileno, coronel Caupolicán Claver Dinator, al romper con las logias declaró: “La masonería defiende tanto al capitalismo internacional como al comunismo anárquico, agentes destructores de nuestra nacionalidad”. En la historia del presente siglo numerosos son los episodios en que la internacional masónica y la internacional comunista han actuado en estrecho acuerdo. En América hemos visto y seguimos viendo a ambas fuerzas creando los mismos slogans disgregadores y asumiendo las mismas actitudes políticas circunstanciales. Y no estará demás recordar que, en el caso de nuestro país, siempre han integrado un frente único en sus campaña laicistas, en sus “uniones democráticas” con fines políticos, en el copamiento “novembrino” de la “revolución libertadora”, en su asalto “cultural” a la cultura en los periódicos, radios, televisión, docencia primaria, secundaria y universitaria, y en su interpretación liberal de nuestro proceso histórico. Vázquez de Mella decía: “Si me preguntáis qué peligro es el mayor: el marxismo o la masonería, os responderé sin vacilar que ambas cosas no son sino una misma tea encendida por el judaísmo para acabar con la cristiandad”. La masonería allanó el camino para que penetrasen el socialismo y el comunismo. Su hipocresía, su malicia y su trabajo en la sombra han sido cien veces más peligrosos que los ataques violentos y a plena luz llevados a cabo por el marxismo, y que naturalmente estimulan a la defensa. En 1930 la Asamblea General o Convenio del Gran Oriente de Francia declaró que “el advenimiento de un mundo socialista, en el sentido amplio de estos términos, es una obra en la cual está interesada la inmensa mayoría de la humanidad” [57]. O sea, los gobiernos socialistas, propiciados hoy día por la masonería en los países no dominados por el comunismo, serán la preparación próxima del advenimiento del gobierno comunista en su alianza satánica con el judaísmo masónico, acelerando así la inauguración del reinado del Anticristo en el mundo. La masonería es la secta que mejor aprovecha la susceptibilidad que en la opinión pública provocan el judaísmo y el comunismo, siendo en su comparación la más organizada y poderosa. En el Boletín Nº 25 del Supremo Consejo de la Masonería de Francia se hallan publicadas las conclusiones a que llegó el Gran Capítulo de la Orden, en setiembre de 1946, sobre las relaciones entre la masonería y el marxismo, expuestas por el “hermano” Pablo Chevalier, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia. Decía Chevalier: “La doctrina de la felicidad después de la muerte es doctrina de esclavos, doctrina de vencidos, doctrina de desesperados o al menos de pesimistas. Marxistas y masones, por lo mismo que quieren la felicidad terrestre atestiguan su optimismo y muestran su confianza en la vida… El hombre libre es el que puede desenvolverse sin trabas, que puede satisfacer las aspiraciones profundas de su carne y de su alma… (He aquí expuesta crudamente la doctrina materialista, naturalista, atea y desconocedora de lo sobrenatural, común a socialistas, liberales, laicistas, comunistas y masones). “El marxismo y la masonería – continuó el orador – tienen el ideal común de la felicidad terrestre; pero, mientras el marxismo se ocupa de organizar la sociedad adaptándola a las necesidades económicas, la masonería se ocupa de llevar al alma humana a su perfección”. “El marxista en su apostolado – se pregunta Chevalier – ¿chocará acaso con el francmasón? ¡Imposible! Para que su sistema social sea viable necesita hombres que posean las cualidades que cultiva la masonería. Si la francmasonería no existiera, el marxismo tendría que inventarla. Un marxista puede ser un perfecto masón. Si no lo es, debe comportarse, como si lo fuera. Un francmasón puede aceptar enteramente las concepciones filosóficas del marxismo. Ningún conflicto es posible entre los principios filosóficos del marxismo y de la masonería” [58]. Por lo tanto a un masón nada le falta para ser marxista y todo marxista se completa – como hombre perfecto – si acepta el ideal masónico. El izquierdismo, que conforma la base de los partidos políticos marxistas del continente americano, marcha hacia la conquista del poder de los estados del brazo de la masonería. Ambas organizaciones secretas por sus orígenes y por las directivas que las motorizan en su acción político-social, cumplen hoy con un plan perfectamente previsto por sus comandos; plan que va desde el apoyo directo del totalitarismo soviético hasta el de los gobiernos rotulados liberales Los comunistas, desde los albores de su militancia subversiva, siempre han estado apoyados por sectores masónicos. (Léanse al respecto “Comunismo y Judaísmo”, de Esteban J. Malanni y “Masonería, Revolución y República mundiales”, de Wichtl). En Baviera todos los dirigentes de la revolución comunista pertenecían a las logias de los judíos masones. “Los hermanos Lenín y Trotzky fueron homenajeados en la Logia “Jean Jaurés” en 1917 por el hermano Roziéres”. A pesar de que la Tercera Internacional, fundada en Moscú en marzo de 1919, condenó a la masonería como reducto burgués – no se sabe con qué sinceridad – sin embargo, los comunistas se siguen sirviendo de ella como puente para introducirse en los partidos liberales o conservadores y, desde dentro, trabajar por la simpatía, hacia el comunismo, de sus masas afiliadas. El pensamiento masónico universal ha seguido proyectándose a través del socialismo y del comunismo y ése es el vínculo comodín que los une contra la sociedad cristiana, las fuerzas armadas y el Estado. IR A CONTENIDO . . 11. La minoría judía conspiradora El judaísmo no son los quince millones de israelitas que integran el pueblo hebreo, sino tan sólo esa minoría judía conspiradora que se sirve de la masonería como uno de sus instrumentos. En Chicago se halla la sede central de las 550 logias masónicas estrictamente judías, llamadas Bnai Berith, que quiere decir “Hijos de la Alianza”, fundadas en 1843. Tras de estas logias está el Gran Kahal de Nueva York con sus filiales, y el Comité Judío de América, que constituyen el poder ejecutivo internacional de Israel y del mundo. La Bené Berith es la logia masónica judía que desde Estados Unidos controla el movimiento revolucionario mundial. Además, el rito masónico de Misraím es una creación netamente judía y la Alianza Israelita Universal, fundada en 1860, agrupa a todos los masones escogidos del mundo entero, formando el senado masónico internacional de los judíos [59]. Ellos, por medio del capitalismo, se apoderaron de las riquezas de todos los pueblos; luego, con el liberalismo y el socialismo, los envenenaron, pervirtiendo su inteligencia y corrompiendo su corazón; y, finalmente, con el comunismo, pretenden exterminar a sus opositores y sujetar a los cristianos al yugo de esclavos, imposible de sacudir. Se sirven del capitalismo para robar a los cristianos que poseen, y del socialismo para envenenar a los que no poseen y establecer la lucha de clases, dividiendo el mundo en dos bandos irreconciliables a fin de medrar en la contienda [60]. De esta manera, masones y judíos matan a los pueblos cristianos bajo la apariencia de que los salvan; los esclavizan bajo pretexto de libertad, los odian bajo pretexto de fraternidad, los tiranizan bajo pretexto de democracia, los roban bajo pretexto de ilustración. Judaizan y masonizan a los ricos con el liberalismo y a los pobres con el socialismo, logrando el desprecio del catolicismo hasta arrinconarlo en un ghetto. El judío Cohen señala en sus escritos esta sorprendente armonía entre el capitalismo judío internacional y el comunismo; y Jorge Batault explica en esta forma el proceso: “Cuando la lucha se desencadena bajo formas violentas, los cabecillas masones son reyes, pero el dinero es Dios; los demagogos son dueños de las pasiones de la turba, pero los banqueros son dueños de los demagogos, y las riquezas del país costean los gastos del movimiento, filtrándose a través de los empréstitos (de libras y dólares de la Banca Internacional Judía que domina a las grandes potencias dominadoras del mundo)… Cuando los demagogos prosperan en medio de las ruinas del orden político, social y económico, el oro es la única potencia que queda, y reina en detrimento de la nación que está finalmente arruinada, pero (lo judíos masones prestamistas) se salvan del derrumbe porque sus dineros son internacionales…” [61]. Los judíos y masones confiesan que ellos predican la república, la soberanía popular y el sufragio universal cabalmente para poder más fácilmente asumir el poder y tener el campo libre para obrar. Los judíos no son trabajadores ni productores sino tan sólo financistas y prestamistas internacionales. Logran sus riquezas no por la producción sino por la explotación de los demás, que para ellos trabajan utilizando sus empréstitos. Las guerras y las revoluciones son las pingües cosechas del judío. La sinarquía, o unión de todas las altas masonerías, cuyos planes, que datan desde principio de siglo, quedaron desbaratados en Francia con el gobierno del mariscal Felipe Pétain, cuando creyeron que haba llegado el momento propicio de ejecutarlos, han conocido luego una fiel aplicación, desde 1958, con el gobierno del general Carlos De Gaulle. Pétain había suprimido la masonería en 1941, después de incautarse de sus archivos secretos, donde se conoció el plan sinárquico del dominio universal, elaborado en 1909; pero De Gaulle levantó dicha prohibición en 1945. La sinarquía o poder oculto mundial anticristiano, no ofrece solamente aspectos económicos, financieros y políticos que la identificarían con la tecnocracia, la cual con su predominio internacional pretende superar la dicotomía imperialismo capitalista-imperialismo comunista; sino que, en sus últimas intenciones es la realización de los viejos planes de la masonería en su fase más oculta, o sea, en la creación de una nueva religión universal, que intenta superar todas las diferencias de religiones, culturas y filosofías, y presentamos un sincretismo religioso de base esotérica, que constituiría una verdadera satanocracia, con la negación del único Dios personal y trascendente, de Cristo-Dios y de su Iglesia, a través de una Contra-Iglesia universal sincretista para todas las naciones del mundo 61′. En 1909 escribía el masón convertido Pablo Copin-Albancelli: “Los pueblos trabajan para los judíos que un día les dirán: El Estado que todo lo posee no es vuestro. Entonces el pueblo querrá resistir pero será tarde… Francia conoció el régimen del terror masónico y no lo olvidó; conocerá el régimen del terror judío y con ella lo conocerá el mundo…” Y, en efecto, al poco tiempo de pronunciadas estas fatídicas palabras el mundo hizo experiencia de ambos terrores, en el terror rojo soviéticos [62]. Decía el judío Disraeli: “Parece increíble y paradójico, pero es así; el pueblo de Dios coopera con los ateístas: los acaparadores más ardientes de la propiedad se unen con los comunistas; y la raza escogida va de la mano con la escoria de las castas inferiores de Europa… Y eso porque quieren destruir esta Cristiandad que hasta el nombre les debe, pero cuya tiranía no pueden soportar por más tiempo” [63]. IR A CONTENIDO . . 12. La conspiración judeo-masónico-social-comunista Si bien la masonería y el comunismo coinciden en la misma negación absoluta de Cristo, de su Iglesia y del orden católico, divergen en cuanto al poder temporal al cual obedecen y sirven; pero con el socialismo son los cómplices auxiliares que necesita el judaísmo internacional para cumplir su plan de Gobierno Universal. Añadamos a lo que ya conocemos estas coincidencias de pensamiento y acción judeo-masónico-comunistas. Los socialistas belgas decían en su congreso general: “Declaramos guerra a muerte al derecho divino, al capital, a la Iglesia, al Estado, en una palabra, a todas las manifestaciones de la vida social presente… Maldecimos la idea de Dios; y mientras viva un sacerdote seremos siempre esclavos”. Luego, en el congreso de Lausana, vociferaban: “Guerra al capital, a la propiedad y a los gobiernos que la protegen y a los ejércitos que nos acuchillan. Repudiamos la Patria, porque todos somos hermanos. La sociedad es nuestra enemiga”. El Premier ruso Nikita Khruschev decía el 22 de noviembre de 1957 al periodista norteamericano William R. Hearst que lo entrevistó en Moscú: “Nosotros somos ateos. Juzgamos que la creencia en Dios contradice nuestras perspectivas comunistas. Dios es invocado a veces como un camuflaje o disfraz para engañar al pueblo”. Y al año siguiente, en la reunión del Soviet Supremo se expresó así: “Nuestro partido siempre ha tomado y toma también ahora una actitud de ateísmo militante y de lucha ideológica e irreconciliable contra el narcótico de la religión, que es el opio del pueblo” [64]. El decálogo de la alianza juvenil o “consomolita” – asociación de jóvenes de l5 a 25 años – dice así: “Los sacerdotes son los más grandes enemigos del pueblo. Stalin es el líder de los ateos de todo el mundo. Debemos propagar la literatura atea, combatir el elemento religioso y huir del contacto del clero. El ateísmo está indisolublemente ligado al destino del comunismo”. Decía el judío masón Burich Levi en carta a Carlos Marx: “El pueblo judío alcanzará su dominio en el mundo especialmente si consigue someter, bajo la mano de uno de ellos, a las masas obreras; porque entonces todos los gobiernos de las naciones, que formarán la República Mundial, pasarán sin esfuerzo a manos judías, gracias al triunfo del proletariado. Según dice el Tallmud (libro sagrado de los judíos – forjador de su alma y creador de su nación – que contiene, en su reforma del año 1500, las explicaciones rabínicas más famosas de la Ley, Biblia o Torah, impregnadas de anti-cristianismo): “Dios ha dado poder a los judíos sobre los bienes y la sangre de todas las naciones”. Y en realidad lo consiguieron con los judíos masones Kerensky, Litvinov, Trotsky, Lenín (de madre judía), Radek, etc…., según lo aseguró en Nueva York, en 1917, el judío Hermalín: “La revolución rusa – dijo – es obra de los judíos. Nosotros hemos formado las sociedades secretas y preparábamos el camino”. Lo mismo manifestará el judío M. Kohen el 12 de abril de 1919: “La gran revolución rusa – afirmó – ha sido obra de los Judíos; y ellos no sólo han manejado el asunto, sino que han tomado la causa de los soviet en sus manos”. Transcribimos a continuación la orden dictada por el partido comunista chino de Mao Tsé-Tung a sus agentes de Iberoamérica, el 12 de febrero de 1957: “El catolicismo y el protestantismo son organizaciones al servicio del espionaje y del imperialismo capitalista. Tales organizaciones se esfuerzan en penetrar en nuestro país para explotar y oprimir al pueblo. Las iglesias, establecidas en todas las ciudades del mundo, esparcen el veneno de sus doctrinas, tratando de combatir al socialismo comunista. Por esto, obedeciendo a las directrices de los Jefes de nuestro Partido, todos los camaradas deben procurarse un medio de PENETRAR EN EL PROPIO CORAZON DE LA IGLESIA, al servicio de nuestra policía secreta, con el fin de desenvolver gran actividad en el seno mismo de todas las organizaciones eclesiásticas, desencadenando ataques de gran envergadura, apelando incluso a la ayuda de Dios para facilitar el éxito. Para conseguir un frente único DEBEN SERVIRSE DE LA FUERZA SEDUCTORA DEL SEXO FEMENINO. Y deben cumplir las nueve conclusiones de nuestro Partido con el objetivo de provocar divisiones religiosas internas en las iglesias y lanzar a las organizaciones religiosas unas contra otras: l. INTRODUCIRSE EN LAS ESCUELAS MANTENIDAS POR LA IGLESIA CATOLICA y envenenadas por sus doctrinas; espiar a los reaccionarios y dilatar sus actividades; mezclarse con los estudiantes, adaptarse a sus sentimientos; insinuarse metódicamente en todos los sectores de acción eclesiástica. 2. Cada camarada debe de encontrar medios de HACERSE POR EL BAUTISMO, MIEMBRO DE LA IGLESIA. Inscribirse en la “Legión de María” o, tratándose de protestantes, unirse a la organización de los “cruzados”. Una vez dentro, desenvolver intensa actividad sirviéndose de bellas frases para conmover y atraer a los fieles; deben ir más allá aún, tratando de dividir radicalmente a las diversas categorías de fieles, incluso con el pretexto del amor a Dios y a la causa de la paz. 3. ASISTIR A LOS SERVICIOS RELIGIOSOS y, afable y cortésmente, unirse al clero y espiar sus actos. 4. Las escuelas fundadas y dirigidas por las iglesias constituyen un campo ideal para nuestra penetración. Simulando benevolencia, aplicar entre tanto la regla de “emplear al enemigo para suprimir al enemigo”. Mezclarse alegremente con los directores, profesores v estudiantes para dominarlos, de acuerdo con el principio de “dividir para gobernar”. 5. Tomar la iniciativa en todas las actividades, penetrar en todas las instituciones de la iglesia e INFILTRARSE INCLUSO EN LA PROPIA DIRECCION DE LA IGLESIA. 6. Secundando las directrices del Partido, las células conseguirán el objetivo fijado, a saber: penetrar en todas las organizaciones, PROMOVER ACCIONES EN FAVOR DE LA PAZ (coexistencia pacífica) e influir en todos los sectores. 7. Basado en el férreo principio que enseña “aplastar al enemigo sirviéndose del propio enemigo”, persuadir a miembros eminentes de la Iglesia a venir a China, facilitándoles los documentos y autorizaciones necesarias. Tal actitud secreta nos ayudará en nuestro propósito, permitiéndonos, a través de los visitantes, conocer la verdadera situación de la Iglesia. 8. Las camaradas activistas deben ejercitar su iniciativa, describir los puntos flacos de la organización eclesiástica, explotar las divergencias y neutralizar el veneno religioso inyectando nuestro propio contraveneno. 9. Todo camarada que ocupe puesto de mando debe comprender que LA IGLESIA CATOLICA está al servicio del imperialismo Y TIENE QUE SER DESTRUIDA DESDE LA CUPULA HASTA LOS CIMIENTOS. En cuanto al Protestantismo, que viene cometiendo el error de seguir una política de coexistencia, es necesario impedir hacer nuevas conquistas; pero entretanto, podemos dejarlo morir de muerte natural”. IR A CONTENIDO . . 13. El paraíso comunista y la judeo-masonería El banquero judío Jacobo Schiff, miembro del Gran Kahal y asociado principal de la Banca Kühn, Loeb y Cía. (inmenso trust bancario judío), financió, junto con otras empresas judías, la revolución rusa de 1917; como ya lo habían hecho con la fracasada revolución de 1905. La familia de los Rothschild, famosos banqueros de raza judía – una de las más célebres y ricas del mundo – había dirigido la política masónico-liberal del siglo XIX, como “Señores de los Reyes de Europa”. Anselmo en Francfort (Alemania), Salomón en Viena (Austria), Carlos en Nápoles (Italia), Lionel en Madrid (España), Nataniel en Londres (Inglaterra) y Jacobo en París (Francia), juntamente con sus hijos y sobrinos, fueron los agentes del “poder oculto”; pues, al tener en sus manos las finanzas de los pueblos, declaraban las guerras, organizaban las revoluciones, cambiaban los gobiernos, disponían de los territorios y orientaban la política de las naciones; obedientes siempre a las consignas secretas de la judeomasonería universal. De Lionel dijo Disraeli: “No hay ningún aventurero en el mundo que no le sea conocido. Ningún ministro de Estado ha tenido tanto trato con los agentes secretos y espías políticos como él”. Lenín y Trotsky fueron los depositarios del dinero que, convertido en sangre, inundó Europa. En dos años asesinaron a 28 arzobispos, 1.300 sacerdotes, 15.000 profesionales, 55.000 oficiales del ejército y de la armada, al emperador Nicolás II y toda su familia, 13.000 terratenientes y hacendados, 350.000 soldados y policías y más de 1.000.000 de campesinos y obreros [65]. Diariamente funcionaban más de mil cámaras de tortura. Las tchekas fueron luego reemplazadas por la G. P. U. (organismo de represión); y, más tarde, cuando el terror soviético se relajaba, aparecían inmediatamente las “purgas” periódicas o progroms. En 1922 dejaron morir de hambre y frío a 20.000.000 de rusos y en 1933 mueren 10.000.000 de ucranios por resistir heroicamente a los atropellos soviéticos. En 1928 Stalin exterminó a 6.000.000 de kulaks (campesinos ricos) porque no quisieron someterse al plan de colectivización de las tierras y proletarización del campesinado. Estas cifras ya nos dan una idea de la macabra “acción social” de la judería masónico-comunista realizada contra el cristiano pueblo ruso, por no querer doblegarse ante el imperialismo judío, el masonismo liberal y el comunismo ateo [66]. El dirigente soviético Bukarín escribía el lº de marzo de 1928: “No hay en toda Rusia una sola casa en donde no hayamos asesinado, de una u otra manera, al padre, a la madre, a un hermano, a una hija, a un hijo, a un pariente cercano o a un amigo”. El 31 de diciembre de 1929 decía un comunicado judío a los miembros de la Alianza Internacional Israelita: “Estamos en las vísperas del dominio internacional… Gracias al cataclismo mundial, levantamos con orgullo la cabeza… Después de haber echado abajo santuarios y tronos debemos seguir avanzando por el camino planeado.. Hemos hecho todo para sujetar por completo al pueblo ruso bajo la potencia judaica… Rusia, convertida en polvo, está bajo nuestro dominio… Hemos convertido a este pueblo en un conjunto de pobres esclavos… Es necesario despertar el odio entre los partidos e intensificar la lucha entre las clases, pues tales guerras destruirán los tesoros de la cultura creados por los pueblos cristianos… Luchad por nuestros ideales…” [67]. Cuando se habla, por lo tanto, de los comunistas y del gobierno soviético no se habla de un gobierno elegido por la voluntad del pueblo sino de una banda universal de criminales masones y judíos que se han apoderado del Poder y se han hecho fuertes por la traición de los intrigantes y la ayuda del extranjero; ya que el mismo Schiff no tuvo escrúpulos en afirmar que “gracias a su apoyo financiero había tenido éxito la revolución bolchevique” [68]. El judío Oscar Levy dirá en Londres en julio de 1920: “Nosotros los judíos somos los seductores, los destructores, los incendiarios y los verdugos de la humanidad… Los elementos judíos proveen las fuerzas dirigentes del comunismo y del capitalismo, y de la ruina material espiritual del mundo” [69]. Los hechos históricos y los documentos públicos y secretos señalan la formación del formidable ejército – enemigo de la civilización cristiana, movilizado por Satanás – como un constante amenaza para la sociedad humana. Su Estado Mayor es la judería internacional; su oficialidad, la masonería universal; y su tropa, acuartelada en todas las naciones del mundo, el socialismo y el comunismo materialistas y ateos. El bolchevismo es el arma tremenda del judaísmo; baste recordar que de los quinientos cincuenta dirigentes bolcheviques de los años 1917-1920, cuatrocientos cuarenta y siete eran judíos [70]. Lo mismo sucedió el año 1919 en la doblemente mártir Hungría con el infernal Bela Kuhn a la cabeza. Allí se erigió una de las dictaduras más feroces y sanguinarias, siendo todos sus dirigentes – que se gloriaban de sus espantosos crímenes que diezmaron a la población – judía comunistas, prontuariados como criminales de la peor ralea. En cuatro meses cometieron más asesinatos que en dos años de la Revolución Francesa. Tan sólo Bela Kuhn dio muerte a 60.000 hombres, mujeres y niños, según el informe que él mismo hizo publicar en el Pravda, diario oficial del comunismo en Rusia. Todos ellos pertenecían a las logias masónicas: “El Símbolo” y “Galileo”. En 1956 repiten la hazaña – ante la pasividad incomprensible de la U. N.- dando muerte a 120.000 patriotas. Esta revolución de Hungría destruyó el mito del paraíso comunista con sus 60.000 muertos, 6.000 ejecutados y encarcelados, 55.000 deportados a Siberia y 250.000 refugiados en las naciones libres del totalitarismo marxista. En 1940 son sepultados en una colosal fosa 12.000 oficiales polacos, masacrados en Katyn por el “crimen” de ser cristianos y patriotas. Iban bajando en escuadrones de 200 en fondo y la G. P. U. se encargaba de asesinarlos sincrónicamente con senda balazos en la nuca. La Gaceta de Lausana, Suiza, decía el 27 de abril de 1943: “El asesinato en masa de Katyn viene a desenmascarar a la Unión Soviética, mostrando en todo su horror las fauces repugnantes del monstruo rojo” [71]. En 1920 el gobierno constitucional de Hungría se apoderó de los documentos que comprueban las alianzas y simpatías judaico-masónico-comunistas. Tal documentación se puede consultar en los libros: “Las Fuerzas Secretas de la Revolución”, de León de Poncins y “El peligro judaico-masónico” de Jouin [72]. Así sucedió también en 1786 – tres años antes de la Revolución Francesa – cuando el gobierno de Baviera – como lo apuntamos en otro lugar – confiscó en Munich los archivos del Iluminismo masónico de Weishsupt, enterándose de la sangrienta v deletérea acometida que la masonería preparaba en contra de la humanidad, eligiendo, como campo de experimentación, a Francia; como, un siglo después, los “Sabios” de Sión elegirían a Rusia. IR A CONTENIDO . . 14. Siempre unidos El Gran Rabino de Francia afirmó en 1879 en el recinto del Gran Oriente: “Los calumniados masones predican, al igual nuestro, la tolerancia y la caridad; predican lo mismo que nosotros, la fraternidad, el trabajo y la solidaridad humana. Por eso vivimos unidos a despecho de todos y contra todos”. En la revista “Civiltá Cattolica”, del 20 de noviembre de 1884, se lee: “Puede decirse, sin temor de equivocarse, que todo el simbolismo masónico está sacado de los libros judaicos; como puede decirse también que toda la vida de la francmasonería reside en el judaísmo moderno. El es quien la sostiene, quien la dirige y la lleva a sus fines de dominación y de odio anticristiano”. Que el judaísmo ayude a la masonería para la obtención de su plan diabólico nos lo confirma el mismo masón Bernard Lazase en su libro “L’Antisemitisme” donde dice: “El judío no se contenta con descristianizar, él judaíza, provoca la indiferencia religiosa e impone sus propias ideas con el fin de destruir la religión de Cristo y la Iglesia Católica”. El judeomasonismo parecía haber obtenido la dirección de las masas por el sovietismo, mientras las logias manejaban el resto; pero con la muerte de Lenín, la separación de Trotsky y la elevación de Stalin, se malograron las esperanzas. El eslavismo soviético privó sobre el masonismo judío. Cosa parecida sucedió con Napoleón; no es raro que algo semejante esté pasando con el stalinismo. No olvidemos que Stalin fue antisemita y además clausuró las logias en Rusia y en países satélites, tras la cortina de hierro, después de haber utilizado sus magníficos servicios. A estos bumerang y a los cambios de frente está acostumbrada la masonería; pero, en su cinismo e hipocresía, muy fácilmente halla soluciones a sus problemas, como también sabe castigar inexorablemente a los traidores. IR A CONTENIDO . . 15. Concentración suprema de todos los enemigos del nombre cristiano El Congreso Espiritualista de 1908, que reunió a todas las sectas secretas, acusó la íntima conexión que guardan tales sociedades con la secta masónica, en su voto unánime “por la restauración de la masonería, decaída de su verdadero espíritu a consecuencia de sus desvíos políticos”. Tal pensamiento hipócrita se repite en la revista masónica “Acacia”, donde se lee en la colección de ese mismo año: “Debemos despolitizar la masonería para hacerle revivir su simbolismo tradicional y poder realizar de esta manera una nueva forma de lucha contra la Iglesia”. Pero como toda cuestión política o social en que intervenga la masonería es virtualmente una cuestión moral y religiosa, la dictadura masónica ejercida sobre los pueblos, viene a parar en todas las plagas que amenazan hoy a la civilización, a saber: el socialismo, el anarquismo, el comunismo, el laicismo, el antimilitarismo – entendido como desarme de la patria y destructor de las virtudes militares – y el anticlericalismo en sus incesantes embates contra la única e infalible depositaria de la divina revelación dogmática y moral del Redentor del mundo. Sus gritos de guerra – slogans trasnochados y fósiles – son: ¡Muerte al jesuitismo! que les hace revivir todos sus odios contra la Iglesia, las instituciones y obras religiosas; ¡muerte al ultramontanismo! expresión secular de su resistencia a Roma; ¡muerte al oscurantismo! en contraposición a la “ilustración” y a la “ciencia” de los modernos regeneradores en su afán de implantar, como consecuencia, el monopolio estatal de la enseñanza y el laicismo escolar; ¡muerte al clericalismo! involucrando en esta palabra los sofismas y calumnias de la impiedad sectaria contra el catolicismo. La masonería en nuestros tiempos es el gran enemigo de Cristo, de la Iglesia, de sus instituciones y de sus hijos; y más aún, es la concentración suprema de todos sus enemigos.de cualquier procedencia. La masonería es el alma y el elemento de unión, de impulso, de fuerza y de energía del liberalismo, del judaísmo, del laicismo, del marxismo y de todos los movimientos modernos anticristianos. IR A CONTENIDO . . 16. Todas las masonerías persiguen los mismos fines En 1908, Eduardo Quartier-la-Tente, representante de la Oficina Internacional de Relaciones Masónicas y antiguo Gran Maestre de la famosa logia Alpina de Suiza, decía: “Hemos constatado que entre todos los Grandes Orientes y Grandes Logias del mundo existe tal semejanza de principios, de símbolos, de costumbres y de espíritu, que demuestra que todas las asociaciones masónicas “regulares” parten del mismo origen, persiguen los mismos fines y poseen las mismas aspiraciones. Hay en toda actividad masónica – donde quiera que se organice – un fondo común de ideas, un parecido tal en las formas, que prueba a las claras su idéntico origen, y atestiguan que todos sus adherentes pertenecen a una misma familia”. “Somos todos -dice Mackey – “Hermanos del místico Lazo”, estrechados por la “Cadena de Unión”. “La doctrina de la francmasonería es en todas partes la misma. Podrá variar en sus creencias y rituales según los países, pero no en su filosofía, su simbolismo y su religión” [73]. Decía el masón argentino José C. Soto en 1905: “Doquier existe una masonería regular organizada, existe la lucha eterna contra su enemiga tradicional la Iglesia Católica. En todas ha naciones de la tierra la institución ha levantado una bandera de guerra sin cuartel contra el imperio de las ideas católicas de la fe ciega en el absurdo”. La masonería es una y universal en su institución, en su doctrina, en su fin supremo y fines intermedios, en su plan general, organización y gobierno, en sus procederes, en su historia, en su acción, tendencias y resultados, en su inmoralidad, en su índole revolucionaría, en su irreligión y en su satanismo, que tiende por su universalidad a sustituir a la catolicidad que instituyó Jesucristo [74] Posee un solo cuerpo moral, un solo espíritu verdadero y esotérico, una sola cabeza, y es una e igual en todos los países y naciones de la tierra. El masón Jouast asegura que “la diversidad de ritos no implica distinción de principios”. Y el masón Favre lo corrobora diciendo: “No existe más que una masonería en el mundo, así como no hay más que una humanidad”. Antonio R. Zúñiga, director de la biblioteca de la masonería argentina, escribía en 1922: “Todas las aspiraciones masónicas son semejantes en el fondo, puesto que persiguen idénticos fines” [75]. Por otra parte leemos en sus reglamentos: “Los ritos son diferentes, pero el intento es el mismo: todos originarios de una sola fuente y tendientes a un mismo propósito. Los hermanos, bien que dispersos por todo el mundo, no constituyen más que una sola corporación, iniciados todos en los mismos secretos, seguidores de un mismo camino, formados por la misma regla, cortados por el mismo patrón, descienden del mismo origen, profesan los mismos principios, se ocupan en la misma obra y tiran al mismo blanco” [76]]. A pesar de que resulta imposible definir, de una manera precisa, el objeto real y fundamental de la masonería por las muchas variantes que se manifiestan en su historia y por la falta de una segura interpretación de sus fórmulas y sus voces; sin embargo, si se admite con la Iglesia Católica que Dios es el origen de todo bien y que el hombre – en rebeldía contra Dios y librado a sus pasiones – es, por su naturaleza viciada, proclive al mal; se tiene derecho a ver – prima facie – en la masonería, según lo afirmó el sabio pontífice León XIII – que estudió a fondo su doctrina y su historia – “la organización de los poderes del Mal que, desde el origen de la humanidad sostienen contra los poderes del Bien, una lucha que no cesará sino con el mundo”. “La masonería, en su apostolado moral – afirmó el masón y primer ministro de Francia Emilio Combes en 1897 – está llamada a suceder a las religiones actuales en uso”. Estimulados por tal pretensión, su odio al cristianismo es cada vez más acentuado, y cuando en la masonería se condena al “sectarismo” y a la “reacción”, tales expresiones significan la negación del catolicismo. IR A CONTENIDO . . 17. Amplia definición doctrinal e histórica La masonería es la negación misma de los principios esenciales de la civilización; es la barbarie actualizada, de la cual la historia ha contemplado ya sus espantosas realizaciones en la Revolución Francesa, en la Comuna de París, en las persecuciones mejicana y española y en las derivaciones soviéticas. Ella ha sido creada para destruir de raíz todo el orden religioso y civil engendrado en las instituciones cristianas, y sustituirlo por otro, formado con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo. “El pensamiento de una religión de la humanidad como centro de unión de todos los emancipados, que trabajan por encima de las patrias y de las razas para un progreso, cuyo completo cumplimiento sería el de la anárquica divisa: “Ni Dios ni Maestro”, es precisamente lo que condena a la. masonería a la impotencia y a la ruina; porque, por una parte es imposible establecer ningún orden social sobre el sentido individual; y por otra, tal anarquía no puede ser el objeto final al cual esté destinada la humanidad; a no ser que haya llegado ya el fin del mundo” [77]]. Refirmando conceptos vertidos en páginas anteriores, podemos definir a la masonería como una vastísima asociación admirablemente organizada por todo el mundo, que comienza por sentar como base de su doctrina la infabibilidad y señorío de la razón y la naturaleza humana; niega osadamente cualquier dogma superior o revelación celestial; y rechaza toda intervención del magisterio de la Iglesia en la sociedad y toda influencia de la religión católica en las leyes y en la administración de la cosa pública. Después de combatir los fundamentos de la Iglesia, esclaviza, con leyes hipócritas, su libertad; se incauta de los bienes del santuario; derroca el reino temporal de los papas – baluarte de su independencia y garantía de sus derechos – y jura no descansar, hasta exterminar todas las instituciones pontificias. Profesa el más absurdo descreimiento hasta anular la espiritualidad e inmortalidad del alma; levanta la bandera del indiferentismo y del panteísmo; y blasfema del dogma de la Redención y lo repudia con sus frutos, sus obras, sus gracias y sus virtudes sobrenaturales. Ataca los principios de la misma honestidad natural, como la prudencia y soberanía de Dios sobre los hombres, la ley eterna, el fin y destino de la criatura racional: enseña y establece, como única norma del recto obrar, la moral laica, independiente y libre; exagera las fuerzas y excelencias de la naturaleza humana, cual si no hubiera sido debilitada por una lesión original; canoniza y da rienda suelta a todas las pasiones, aún las más abyectas y torpes, para sumir en el embrutecimiento a la muchedumbre del pueblo con el preconcebido propósito de dominarlo y sojuzgarlo. Atropella los derechos de Cristo y del mismo orden natural: se entromete en la familia para secularizarla y prostituirla por el concubinato legal – llamado matrimonio civil – y la educación atea obligatoria y forzosa – llamada neutra o laica – arrebatando así a los hijos, de la inocencia y santidad del hogar y de la natural potestad paterna. Con las máximas subversivas de una libertad e igualdad insensatas, hace al individuo superior a toda ley y autoridad, incluso la del mismo Dios; constituye en la multitud y en el número la fuente del poder y del derecho, legitimando la insurrección, y entregando, a merced del capricho popular, leyes, instituciones, gobiernos y gobernantes. Por una parte adula a los gobiernos, irritándolos contra las pretensas usurpaciones e intromisiones de la Iglesia; y, por otra, funda su más firme sostén en el favor de las masas, a quienes trae de continuo agitadas con el cebo de fantásticas venturas y fáciles conquistas de brillante bienestar, y con la falsa persuasión de que a la tiranía de la Iglesia y de los gobernantes debe achacar sus miserias y servidumbre; fomentando diabólicamente odios y luchas políticas y sociales. IR A CONTENIDO . . 18. Enemigo de Dios y de los hombres La masonería se distingue por ser la institución por antonomasia enemiga de Dios y de los hombres; contraria a la justicia y honradez natural; destructora de todos los principios y vínculos sociales; eterna conspiradora y demoledora de todo lo santo y respetable. Posee el mando en casi todas las naciones; cuenta con inagotable abundancia de recursos; escoge en los cuadros políticos y sociales las posiciones más ventajosas; espía las ocasiones más propicias para el ataque; cuenta en todas partes con la complicidad de la pasiones humanas e intereses mundanos; y aprovecha en beneficio propio la fiebre revolucionaria que ella misma provoca en los pueblos; hasta dar cumplimiento a su aspiración suprema, que es la realización de su satánico plan de reducir a polvo la civilización y las sociedades cristianas y establecer, en su lugar, el reinado de la sociedad masónica y la barbarie de un nuevo paganismo. Proclama la libertad de la selva, la igualdad niveladora y quimérica, la fraternidad de la guillotina, el arrasamiento de la propiedad, la anulación de la familia, la prostitución de la mujer, el desconocimiento de los padres y de los hijos, la muerte del patriotismo, el hundimiento de la autoridad, la decapitación de la superioridad, el régimen de la fuerza, el imperio de los tiranos, los derechos del hombre-fiera, la divinización de innobles pasiones, el triunfo de la vil materia y el aniquilamiento de la sociedad, desencadenando y sembrando por doquier: luchas feroces, ríos de sangre, esclavitud, barbarie, salvajismo y animalidad reinante. La masonería es la historia falsificada, el arte bastardeado y el predominio de la prensa sectaria. Ella – como agente oficial de Satanás – propicia la calumnia y la difamación, el desprestigio y el envilecimiento de lo sobrenatural, de lo religioso, de la Iglesia, del clero; la perversión de la inteligencia y la corrupción organizada de los pueblos, el amordazamiento de la palabra de Dios, el odia al culto y a las tradiciones santas, el despojo y opresión de los ministros de Dios, el favor y auxilio a los herejes; y favorece al judaísmo y a los demás enemigos doctrinarios del catolicismo, la propaganda del paganismo, la diplomacia y la política al servicio de la secta; la secularización de la familia, de la enseñanza y del Estado; la descristianización universal y la persecución a la Iglesia en sus derechos, instituciones, doctrinas, leyes, usos y moral. Con innegable evidencia y seguridad se puede afirmar que su fin último es producir el ateísmo en las creencias, el racionalismo en las inteligencias, la demagogia en los gobiernos y el comunismo en los derechos. IR A CONTENIDO . . 19. Prepara la venida y el triunfo del Anticristo El satanismo es su esencia y para su padre trabaja. Vos ex patre diábolo estis et desideria eius vultis fácere – “Vosotros sois hijos del diablo – dijo Jesús – y para él trabajáis” [78]. Con estas palabras de Jesucristo anatematizó a la masonería el Papa Pío IX en su alocución “Singulari quidam” del 9 de diciembre de 1854. Según monseñor Gay “el fin de la masonería es preparar la venida y el triunfo del Anticristo, ganándole las simpatías de los hombres: formándole en todos los países un organismo político apropiado, popularizando sus principios, formulando su credo, propagando su moral, fundando su enseñanza con privilegio de monopolio y poniendo la prensa a su servicio; con todo lo cual le va labrando el trono que mañana se convertirá en altar” [79]. “La masonería es totalmente diabólica, es la iglesia de Satanás y su sostén en la tierra, dice Bernardo Negroni. Ella ha sido profetizada por el mismo Dios para engendrar en los últimos tiempos el Anticristo y desatar la última persecución contra la Iglesia”. El congreso de masones franceses de 1879 tomó la siguiente resolución: “Descristianizar por todos los medios, y sobre todo estrangular al catolicismo”. Los masones holandeses, en 1872, habían declarado: “Nuestra enemiga hereditaria e implacable es la Iglesia Católica”; y los masones italianos determinaron, en 1862, que “la prédica constante de la masonería debe ser la guerra contra el catolicismo en toda la superficie del globo”. Negroni llama a la masonería: “Secta anticristiana y antisocial de hombres y mujeres que, consagrados a Satanás, se dedican, en política, a destruir las leyes y el orden establecido por Dios, y en religión, a abolir todo culto de la divinidad, estableciendo en su lugar el culto al demonio, o sea, la demonolatría” [80]. El padre Pachter dice: “En tres etapas sucesivas los masones se proponen lograr su intento, a saber: la humanidad sin Dios (ateísmo), la humanidad divinizada (antropolatría) y la humanidad contra Dios (antiteísmo)”. El jesuita Gautrelet escribió: “El fin supremo de la masonería es el exterminio de la religión cristiana y la ruina de los tronos; y luego la restauración del paganismo en la tierra. Este es el exclusivo objeto de sus empresas, ansias y fatigas”. Y sintetiza la acción masónica con estas palabras: “Guerra a la Iglesia, guerra a la sociedad y resurrección del paganismo” [81]. Iguales conceptos emitía el arzobispo de Santiago de Chile, cardenal José María Caro Rodríguez, en su carta congratulatoria de setiembre de 1957, en ocasión de la campaña antimasónica desarrollada desde la Tribuna Radial católica de la provincia argentina de San Juan. “Los sumos pontífices han visto y siguen viendo en la masonería – afirmaba el cardenal – al ejército de Satanás, organizado para combatir la obra redentora del Salvador” [82]. El escritor masónico y protestante, conde de Haugwitz, ministro del rey de Prusia, declaró en el ya mencionado Congreso de Verona de 1822: “No son otros los planes de la masonería que el traficar con los sentimientos religiosos y ejecutar luego los designios más criminales; sirviéndose de aquellos como disfraz para encubrir éstos”. Esta era la táctica sugerida por la Suprema Venta Italiana cuando comunicaba su palabra de orden a sus “hermanos”: “Si os pareciere – para mejor burlar la vigilancia inquisitorial – frecuentar la confesión, estáis autorizados para hacerlo, guardando el más absoluto silencio acerca de estas cosas” [83]. El bien documentado Barruel escribió, como síntesis de sus estudios, lo siguiente: “La masonería es la eterna conspiradora contra el cristianismo, contra toda religión, hasta contra la misma religión natural; contra las leyes, contra todo gobierno y sociedad política y aún contra toda especie de propiedad. Conjuración contra el altar, el trono y los principios sociales, y destructora de la religión verdadera y positiva y de toda autoridad y forma de gobierno” [84]. Pablo Benoit resume su investigación sobre la masonería, a la que dedicó dos volúmenes, diciendo: “La francmasonería es el ejército de Satanás sobre la tierra; es, en cierto sentido, el mismo Satanás: el enemigo de Dios y de los hijos de Dios. Es la revolución irreverente e impía que blasfema contra Dios. Este es su secreto, que es, al mismo tiempo, la base de todos sus simbolismos en todos sus grados” [85]. El masón Gonnard declaró en 1886 en el Gran Oriente Francés: “Hubo un tiempo en que, bajo los rigores de la ley y de la policía, nos vimos obligados a disimular lo que tenemos encargo de hacer, o mejor, lo único que nos incumbe hacer. En la masonería nos ocupamos de política. La cuestión política y la social están en nuestro programa y constituyen nuestro objetivo oficial” [86]. El Congreso Antimasónico celebrado en Trento, después de concienzudo estudio, estableció que: “La francmasonería es una secta religiosa y maniquea, y que la última razón de sus secretos y misterios es el culto de Satanás, adorado en las traslogias como el “Dios Bueno”, en oposición al Dios de los católicos, a quien los iniciados blasfemos apellidan el “Dios malo”. “Como el demonio conoce que no conseguirá que la mayoría de los hombres le adoren directamente, trata de sembrar en las almas, por medio de la masonería, los gérmenes del naturalismo, que no es otra cosa sino la emancipación del hombre respecto de Dios”. No nos debe asombrar, pues, la oración del masón socialista Proudhón: “¡ Ven a mí, Satanás, el calumniado de los sacerdotes, para abrazarte y estrecharte contra mi pecho!”; y su conocida sentencia: “Dios: he ahí el mal; la propiedad: he ahí el robo” “¡Dios maldito! El primer deber de todo hombre inteligente es expulsarte de su espíritu y de su conciencia. ¡Dios imbécil! Tu reino ha concluido. ¡Dios mentiroso! Tu nombre será en adelante símbolo de desprecio, anatema. Dios es tiranía y miseria, tontería y cobardía, hipocresía y mentira”. Ni que el masón Michelet cantara los triunfos de Satanás sobre Jesucristo; ni que el masón Renán exaltara su figura, levantándole – en nombre del progreso y la civilización – la maldición que sobre él pesaba; ni que el masón judío italiano, Josué Carducci, compusiera en su honor el himno blasfemo que empieza así: “¡Salve oh Satanás; salve, rebelión, fuerza vengadora de la razón! El sagrado incienso y los votos a ti se eleven, a ti que has vencido al Dios de los sacerdotes”. Salute o Sátana, o ribelione, o forza vindice de la ragione. Sacri a te sálgano gl’incensi e voti. Hai vinto il Geova dei sacerdoti”. Este himno se cantó en Turín en 1882 en un teatro repleto de público; el masón Ripsardi en Palermo y el masón Maranelli en 1884 en Roma tejieron el panegírico de Satanás; en Génova, el 20 de setiembre de 1884, se organizó una manifestación pública tras el estandarte del demonio; y en Bruselas la sociedad de librepensadores realizó una conferencia pública por la rehabilitación de Satanás. El satanismo y la independencia absoluta del hombre: he ahí el fin supremo de la masonería, conocido por los operarios activos de la secta, sospechado y vislumbrado por sus adeptos de mayor confianza, y por completo ignorado por la infinita caterva de sus cooperadores inconscientes, los cuales seguramente nunca leyeron la apoteosis de su fundador y padre anunciada por la Revista Masónica Italiana, como coronación del último “asalto” fraguado en las traslogias para consumar la ruina de la humanidad: “Cuando veamos reinar como soberano, bajo las bóvedas de nuestros templos, al padre de todos los sectarios pasados, presentes y futuros, él nos podrá decir con su legendaria sonrisa: Queridísimos y honorables hermanos, reconoced en mi el término final del progreso masónico” [87]. Este satanismo es odio a Dios y odio a Cristo, cabalmente porque a los masones les consta que Dios existe y que Cristo es Dios. Tal filosofía, en su pura expresión, se halla en la kábala judía. En los ritos masónicos y en las filiales teosóficas se forman estos satánicos jefes de la masonería y de la revolución social, que tienen como dogma y moral: el judaísmo cabalista, como instrumento y principal creación: la masonería, y como empresa común: la revolución política y social. IR A CONTENIDO . . 20. Los Protocolos de los Sabios de Sión En los “protocolos de los Sabios de Sión”, que son las actas de las veinticuatro sesiones del Congreso reunido en Basilea (Suiza) en setiembre de 1897, se establecen las líneas directivas del plan masónico-judaico para el Gobierno Universal de los judíos masones. Es un programa cuidadosamente elaborado, hasta en sus menores detalles, para la conquista del mundo; y que firman grandes rabinos del grado 33 de la masonería presididos por el judío masón Teodoro Herzl. Expuesto el plan por el “Príncipe del Destierro”, o exilarca de Israel, ante la Asamblea de los Ancianos del Gran Sanedrín (Supremo Consejo Internacional Judío), resulta ser la predicción más acertada de la revolución mundial a la que asiste impávida la historia contemporánea, y que dirige con precisión matemática el directorio supremo del poder oculto de la judeo-masonería. En todos los pueblos cristianos se observan los mismos fenómenos, tendientes a una misma finalidad: efectos de un plan preconcebido que se está llevando a cabo con suma habilidad. Bastará espigar algunos conceptos vertidos en el centenar de páginas que abarcan los protocolos, para persuadirnos de la diabólica malignidad del plan, que esta secta infernal va cumpliendo al pie de la letra en medio de los pueblos cristianos. A pesar de que se haya impugnado la autenticidad de los “protocolos”, no deja de sorprendernos su fiel cumplimiento durante estos setenta años; de tal manera que, si se hubieran fraguado fraudulentamente, no sabríamos qué admirar más: si la perversidad satánica de sus objetivos o la profética perspicacia de sus autores. Un ejemplar del libro que contiene estas se halla depositado, desde 1906, en el British Museum de Londres; fue publicado en Rusia en 1901. Sus originales fueron sustraídos por los rusos Nilus y Butmi del archivo secreto de la logia francesa del rito masónico-judaico de Misraím. Del discurso inicial. – “Desde hace dieciocho siglos nuestros “sabios” luchan con gran valor y perseverancia sin conseguir abatir la Cruz.. A nosotros pertenece el Becerro de Oro, esa divinidad universal de la época. Cuando nos hayamos hecho los únicos poseedores de todo el oro de la tierra, el verdadero poder pasara a nuestras manos”… Todos los gobiernos están llenos de deudas. La Bolsa cotiza y regula esas deudas y nosotros somos los dueños de las Bolsas de casi todas las plazas… Siendo la Iglesia uno de nuestros poderosos enemigos empezaremos por despreciar a sus sacerdotes, les declararemos una guerra abierta de calumnias y difamaciones… Debemos dirigir nuestras ambiciones hacia los puestos más elevados, que es éste el medio más seguro para llegar a conseguir el dominio de todas las operaciones industriales, financieras y comerciales… Si el oro es la primera potencia de este mundo, la segunda es la Prensa. Es preciso que los nuestros se encarguen de la dirección de los diarios de cada país… La posesión del oro y la habilidad en la elección de los medios para sobornar, nos convertirán en los árbitros de la opinión pública y nos darán el imperio sobre las masas… Dueños absolutos de la prensa podremos cambiar las ideas y dar así el primer golpe a la familia y por el matrimonio civil y el divorcio consumar su disolución; podremos además extirpar la fe de los “goyim” (cristianos o bestias de carga según el Talmud), y fomentar sus bajas pasiones. Tenemos que acaparar las escuelas… La religión de los cristianos tiene que desaparecer… Promoveremos entre los proletarios revoluciones y desórdenes, y toda catástrofe que consigamos en ese sentido nos irá acercando a nuestros planes de reinar sobre la tierra. Por la anarquía y la miseria que cundirá por doquier, las masas no tendrán más remedio que acudir a nosotros, y entonces habrá llegado la hora de la venganza y les impondremos nuestra ley…” [88]. Actas Nº 1 y Nº 2.- “El derecho reside en la fuerza. El despotismo del capital está enteramente en nuestro poder y lo ofreceremos a los Estados como único asidero al que no tendrán más remedio que agarrarse si no quieren caer en el abismo… Todo el que quiere gobernar debe recurrir al engaño, a la compra de las conciencias, a la impostura, a la traición y a la hipocresía, pues así servimos a nuestra causa. El fin justifica los medios… No nos detengamos ante la corrupción de los cristianos… A los representantes del pueblo, los utilizaremos de peones en nuestro juego de ajedrez… Mediante la prensa hemos conquistado una influencia decisiva sin mostrar la cara… Nuestro llamamiento de “libertad, igualdad y fraternidad” fue, poco a poco, devorando la prosperidad de los cristianos y derrumbando los cimientos de los Estados… Todas las guerras se negociarán bajo el aspecto económico… Escogeremos administradores con tendencias serviles… Los triunfos de Darwin, Marx y Nietzsche fueron preparados por nosotros con su efecto desmoralizador…” Acta Nº 3. – Siempre en las Constituciones de los Estados hemos hecho incluir los derechos de las masas que son completamente ficticios: inaplicables en la práctica, pero halagadores para el pueblo.. Bajo nuestra dirección, el pueblo destruyó a la nobleza que era su protectora y cayó en manos de los nuevos ricos, que explotaron al obrero sin piedad: ahora debemos hacerles creer que somos los libertadores del trabajador y que venimos a sacarlos de la opresión, haciéndoles ver las ventajas de formar en las filas de nuestros ejércitos de socialistas, anarquistas y comunistas. Nuestra fuerza consiste en mantener al obrero en estado constante de necesidad e impotencia, así lo tendremos sujeto a nuestra voluntad… Manejaremos las masas fomentando la envidia y el odio… El populacho cree ciegamente lo que le dan impreso… La prensa es la gran potencia para dominar el espíritu público. Ella, casi sin excepción, está en nuestras manos… Organizaremos una crisis económica universal con la ayuda del oro que está, en nuestro poder casi en su totalidad; simultáneamente echaremos a la calle masas enormes de obreros que se precipitarán sobre sus supuestos opresores: verterán su sangre y se apoderarán de sus bienes… Cuando el populacho se aperciba que en nombre de la libertad se le han concedido todos los derechos, se imaginará que él es el amo; pero al tropezar con infinidad de obstáculos, pondrá el poder en nuestras manos. Este fue nuestro plan en la “gran” revolución (la de Francia de 1789)… Luego borraremos del diccionario la palabra libertad que embruteció al hombre y lo hizo sanguinario; y esos animales, ya hartos de sangre, quedarían adormecidos después de su orgía, y nosotros fácilmente los encadenaremos para luego dominar sobre ellos… Actas Nº 4, Nº 11 y Nº 15. – Las logias masónicas juegan inconscientemente en todo el mundo el papel de un disfraz que oculta nuestro objetivo; nosotros las usaremos dentro de nuestro plan de acción permaneciendo éste siempre completamente oculto para todo el mundo… Hasta que lleguemos al poder multiplicaremos por todas partes las logias masónicas a las cuales atraeremos a los que puedan ser agentes destacados. Ellas serán nuestra principal base de información y el medio más influyente de nuestra actividad. Centralizaremos todas las logias en una organización sólo conocida por nosotros. Las logias tendrán su representante; tras de él estaremos nosotros y él trasmitirá nuestras órdenes… Las logias serán el núcleo de todos los elementos revolucionarios y liberales… Sólo nosotros manejaremos la masonería, pues sólo nosotros sabemos adónde vamos, mientras los cristianos nada saben; pero son ambiciosos y vanidosos. Ellos buscan la gloria sacrificando sus proyectos; nosotros, en cambio, sacrificamos la gloria con tal de que triunfen nuestros proyectos… A los cristianos los atraeremos a las logias masónicas, cuyos designios no conocen, a fin de distraer de nosotros las miradas de sus hermanos… Nuestro primer deber es arrancar de los cristianos hasta la concepción misma de Dios y sustituirla por las necesidades materiales de la vida… La lucha por la superioridad y las continuas especulaciones en el mundo de los negocios creará una sociedad desmoralizada, egoísta, sin corazón, que tendrá por único guía la pasión del oro para proporcionarse placeres materiales, de los que ha hecho un verdadero culto. En los puestos directivos sólo colocaremos a los educados por nosotros… pues, con respecto a nuestra política, tanto los cristianos como gobiernos, son niños, eternos menores de edad… Acta Nº 9 – Al aplicar nuestros principios tendía que poner mucho cuidado en conocer el carácter particular de cada nación. Si procedéis con cautela, antes de diez años, el carácter más obstinado habrá cambiado, y añadiremos una nación más a las ya acometidas… Los partidos políticos los tenemos en nuestras manos, porque para conducir la oposición hace falta dinero, y el dinero lo tenemos nosotros… Debemos apoderarnos de la Prensa, de la Justicia y de los manejos electorales; pero sobre todo de la instrucción y de la educación… Hemos conseguido embrutecer y corromper la actual generación de los cristianos, enseñándoles principios y teorías que de antemano conocemos que son enteramente falsos… Acta Nº 10. – Si conseguimos introducir en el organismo del Estado el veneno del liberalismo, su enfermedad será mortal; su sangre se halla infectada; no nos queda más que esperar el fin de su agonía… Sus Constituciones son escuelas de discordias, discusiones y estériles agitaciones de partidos; la prensa y el congreso los condenan a la inacción y a la debilidad. Con el advenimiento de la república hemos establecido una caricatura de gobierno; y del montón de nuestros esclavos, que son tales ciudadanos republicanos, nosotros hemos elegido su presidente, por medio de nuestro ciego servidor que es la mayoría que vota… Actas Nº 12 y Nº 14. – Nuestras leyes destruirán o crearán lo que nos convenga, y así se cumplirá lo que les hemos prometido en las Constituciones, a saber: que la libertad es el derecho de hacer aquello que permite la ley… El pretexto para suprimir un periódico será alegar que agita los ánimos sin razón y sin motivo… La literatura y el periodismo son las dos fuerzas educadoras más importantes; por eso nuestro gobierno será el propietario de la mayor parte de los periódicos, y adquiriremos enorme influencia sobre el público… Los imbéciles que creerán seguir la opinión de su partido, seguirán sólo la nuestra… Debemos destruir las creencias… En los países que se llaman adelantados hemos creado una literatura loca, sucia, abominable. La estimularemos mucho más una vez llegados al poder… (Hoy se sirven también de la radio, el cine y la televisión). Actas Nº 16 y Nº 17.- Los maestros y profesores serán nombrados con especial prudencia, y dependerán en un todo del gobierno… Aboliremos toda enseñanza privada… La influencia del clero será nula por las restricciones que opondremos a su acción… Cuando llegue el momento, destruiremos la corte papal, y su poder lo arruinaremos completamente. El rey de los judíos será el verdadero papa del universo. Pero antes, debemos educar a la juventud en las nuevas creencias de transición, para después crear esta iglesia internacional con nuestras creencias… Actas Nº 20, Nº 21 y Nº 22. – Los empréstitos exteriores son sanguijuelas que no se pueden desprender del Estado si no se caen por sí mismas o si el Estado no las desprende radicalmente…. Tales empréstitos han llenado nuestras cajas con los dineros nacionales de los cristianos… Nos aprovechamos de la corrupción de la administración y de la negligencia de los gobernantes para recibir cantidades dobles, triples y aún mayores, prestando dinero que en realidad no necesitaban.. Tenemos en nuestras manos la mayor fuerza del mundo: el oro… Dueños del mundo, estableceremos el orden en él por medio de la violencia, y luego explicaremos que la libertad tiene su limites en las leyes que nosotros estableceremos… ” [89] Escribió Dostoiewsky: “Cuando la gran guerra o la gran noche revolucionaria haya pasado por el mundo, y no quede absolutamente nada, la Banca Judía quedará dominando todas estas ruinas” [90] Ya en 1489, contestando a la Carta de los judíos de Francia y de España, escribían los rabinos de Constantinopla: “Haceos cristianos, pero permaneced fieles a Moisés; haceos mercaderes para despojar a los cristianos de sus bienes; haceos médicos y boticarios para privarlos de la vida sin temor al castigo; haceos canónigos y curas a fin de destruir la Iglesia de Cristo; haceos abogados, profesionales y funcionarios públicos para dominar a los cristianos, apropiaros de sus tierras y vengaros de ellos. Seguid esta orden y llegaréis a la cúspide del poderío” [91]. IR A CONTENIDO . . 21. Relaciones judaico-masónicas para el imperio del mundo Para nadie resulta una novedad el saber que la “Alta Finanza” (Haute Finance) se halla dirigida por el judaísmo internacional, y que los altos grados “reales” de la masonería estuvieron y están ocupados por judíos al servicio de otros judíos ocultos; contando ambos grupos con la complicidad de entregadores cristianos; y que lo mismo sucede con los partidos políticos de cada nación, en que se favorece a las izquierdas y se obstruye a las derechas. En estos casos de la política partidista las logias trabajan con doble y triple equipo en el seno de los diversos sectores de la opinión; a fin de poder actuar inmediatamente y con pleno conocimiento de personas, apenas se den a publicidad los resultados de las elecciones; e imponer sus hombres, según convenga, para desbaratar los programas de gobierno más sinceros y patrióticos. El masón judío Ludendorf escribía en 1918 en Latomia, revista alemana de la masonería: “Los francmasones son los testaferros de los judíos” [92]. Es un hecho que la “Internacional Dorada”, cuyo Dios es el Becerro de Oro, impone su ley a los Estados, a cambio de concesiones estipuladas por los gestores del plan masónico del Gobierno Universal. El judío Walther Ráthenau, ministro de economía en Alemania, director de la C. A. D. E. en la Argentina y famoso financista, dijo el 25 de diciembre de 1909: “Trescientos hombres, de quienes cada uno no conoce al otro, dirigen los destinos del continente, y buscan sus sucesores dentro del mismo ambiente” [93]. Se podría confeccionar una lista de centenares de nombres de ministros y hasta cancilleres, impuestos por las casas bancarias judías en garantía de los empréstitos concedidos. Quinientas firmas de plutócratas masones, judíos y rotarios, que integran los consorcios bancarios internacionales, poseen el 85 por ciento de la riqueza mundial. El judaísmo, tentacular por la política y omnipotente por el dinero, ató a su carro de oro a la Sociedad de las Naciones con la fundación de la A. M. I (Asociación Masónica Internacional) en la ciudad de Ginebra en 1921. La mayoría de los de legados internacionales eran masones y frecuentaban las logias suizas en las cuales recibían las consignas. Hoy su comando general reside junto a la O. N. U. o simplemente U. N. (Organización de las Naciones Unidas), en Nueva York. La casi totalidad del personal de la U. N. está constituido por masones y a la masonería pertenecen gran parte de los representantes de los países que la integran. Por medio de estos sus agentes, el judaísmo masónico podrá dictar al fin su ley al mundo [94]. Ya lo había dicho, el 8 de marzo de 1848, el célebre judío masón Crémieux, fundador en 1860 de la Alianza Israelita Universal y ministro de Lamartine, presidente provisional de Francia: “La Alta Política, la política de la humanidad, el imperio mundial judaico, que ambiciona el dominio del mundo entero, ha encontrado siempre amplia acogida en las logias masónicas, porque el Gran Arquitecto del Universo ha entregado el mundo a los judíos.. Nosotros (los judíos) vivimos en el extranjero… La doctrina judaica tiene que llenar el mundo… El Catolicismo es nuestro enemigo eterno… No está lejos el día en que todas las riquezas del universo llegarán a poder de los hijos de Israel… La Jerusalén del “nuevo orden” tiene que ocupar el lugar de los reyes y de los papas” [95]. Este supremo anhelo de los enemigos de Cristo lo confirma monseñor Meurin con estas palabras, síntesis de su libro: “La verdadera doctrina, la auténtica meta de la masonería es ceñir las sienes del Judaísmo con la diadema real, y poner a sus pies el reino de este mundo” [96]. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Estatutos de la Masonería Argentina, Bs. As., 1956. Enciclopedia Universal, Espasa-Calpe, Tomo 33, sub voce “Masonería”. [2] Truth, Juan. La francmasonería, año 1874. [3] Gautherot, Gustavo en Dict. Apol de le Foi Catch., sub voce “Francmaçonnerie”, Tomo II. [4] Serra, op. cit., Tomo I, pág. 60. [5] Serra, Íbidem, pág. 61. [6] Poncins, León de, op. cit., pág. 102. Rev. Acacia Massonica, pág. 42, año 1949. [7] Zúñiga, Antonio R., op. cit., pág. 223. [8] Boor, J., op. cit., pág. 47. [9] Ledre, Carlos, op. cit., pág. 135. [10] Zuñiga, Antonio R., op. cit., pp, 27 y 28. [11] Caro, José, op. cit., pág. 109. [12] En Cahill, op. cit., pág. 141. [13] Serra, op. cit., Tomo II, pág. 92. [14] Disraeli, Coningsby, pág. 183. En Cahill, op. cit., pág. 14. [15] Meurin, León, op. cit. (Filosofía…), pp. 214 a 216. [16] Meurin, Íbidem, pág. 218. [17] Whalen, W. J. Cristianismo y masonería americana, pág. 5, Nilwaukee, USA, año 1958. [18] Carlavilla, op. cit. (Masonería…), pp. 168 y 182. [19] Serra, Tomo II, pág. 304. [20] Serra, op. cit., Tomo II, pág. 131. [21] Degreff, Walter, op. cit., pág. 235. Belloc, Hilaire, The Free Press, Londres, año 1918. [22] Poncins, León de, op. cit., pág. 183. [23] Poncins, León de, Íbidem, pág. 185 [24] Civiltá Cattolica, abril de 1958. Serra, op. cit., Tomo II, pág. 438. [25] Serra, op. cit., Tomo II, pág. 164. Rev. Mas. Amer., Tomo I, pp. 79 a 81. Rev. Ecles de Bs. As., Año 1905. [26] Despertad, revista de los Testigos de Jehová, 8 de agosto de 1958, pág. 20. N. York (traducida en Bs. As.). [27] León, Miguel A., op. cit., pág. 68. [28] La Nación del 19 de marzo de 1955. [29] Hamburger Fremdemblatt del 13 de junio de 1917. Gazette da Cologne del 24 de junio de 1917. [30] Serra, op. cit. Tomo II, pág. 340. [31] Rív. Mass. Ital., pág. 164, año 1904. [32] Rev. Mas. Amer., año III, Nº. 17 del 15 de oct. de 1875. [33] Duque de la Victoria, op. cit., 170. [34] AAS.. pág. 596, año 1920. [35] Dicc. Enc. de la Mas. (año 1947), tomo II, pág. 901. [36] Rev. Estudios sobre el Comunismo, jul.-set. y oct-dic. de 1957, Santiago de Chile. El Pueblo de 27 de mayo de 1959. La Liga por los Derechos del Hombre fue clausurada por el gobierno nacional en 1960 por ser filial del partido comunista. [37] Schreiber, Hermann. Mistagogos…, op. cit., pp. 45 a 47 [38] Schreiber, Hermann, Íbidem, pág. 289. [39] AAS. del 18 de julio de 1919, XI, pág. 317. [40] Cincuenta años de ideal de servir. (Publicación rotaria). Manual de procedimiento (Reglamentación rotaria). Pacífico, Justo, op. cit., pág. 93. La Nación, 22 febrero, 1965. [41] El Pueblo del 21 de enero de 1951. Tonelli, Armando. La verdad sobre el Rótary Club, pássim, Bs. As., 1946. [42] El rotario argentino, pág. 22, mayo de 1944. Revista Rotaria Internacional. [43] La Nación del 16 de enero y del 13 de febrero de 1958. Azul y Blanco del 14 de abril de 1959. [44] Tonelli, Armando, op cit., Íbidem. 44′ La Prensa, 18 de diciembre de 1954. [45] La Nación del 31 de mayo de 1957. [46] Revista Eclesiástica de Bs. As., pág. 554 del año 1929 y 532 del año 1945. [47] Colecc. Compl. de Enc. Pont., op. cit., Tomo I, pp. 1114 a 1120 (Encíclica “Mortalium animos” de Pío XI del 6 de enero de 1928) [48] Boletín Ecles. de la arquid. de Santa Fe, pág. 153 del 15 de marzo de 1933. 48′ Aica, Boletín Informativo nº 405 del 31 de marzo de 1964. [49] Acta Apostolicae Sedis,, volumen 21, Nº 42. [50] Rev. Ecles, de Bs. As., pág. 532, año 1945. Publicación del Rotary Club de Bs. As. (folleto), año 1951. [51] Tonelli, Armando, op. cit., pássim. [52] Serra, op. cit. Tomo II, pág. 398. Comin Colomer, op. cit., pág. 22. [53] Degreff, Walter, op. cit., pág. 241. Nossing. Alfredo. El judaísmo integral, año 1926. [54] Belloc, Hilaire. The Jews, pp. 52 y 175. [55] Pacífico, Justo, op. cit., pág. 33. [56] Boor, J., op. cit., pág. 11. [57] Saint-Pierre, Carlos. La Francmaçonnerie au Parlement, pág.11, París, 1956. [58] La documentation catholique, 21 de setiembre de 1952. [59] Poncins, op. cit., pág. ll7. Cahill, op. cit., pág. 85. [60] Meinvielle, Julio. El judío, pp. 114 y 123. Bs. As. 1936. [61] Batault, Jorge. El problema judío, pág. 257. Año 1921. 61′ Virion, Pierre, El gobierno mundial y la contraiglesia, 1967. [62] Poncins, op. cit., pág. 450. [63] Poncins, Íbidem, pág. 133. [64] Serra, op. cit. Tomo II, pág. 410. El Pueblo del 2 de octubre de 1959. [65] Maximovich, op. cit., pág. 194. Bachiller del Monte, La Alianza de la hidras, pág. 73. Bs. As. 1944. Carlavilla, op. cit., pág. 182. [66] Bachiller del Monte, op. cit., Íbidem. Duque de la Victoria, op.cit., pág. 226. [67] Maximovich, op. cit., Íbidem. [68] Poncins, op. cit., pp. 146, 163 y 164. [69] Degreff, op. cit., pág. 37. Poncins, op. cit., pág. 236. [70] Poncins, op. cit., pág. 143. [71] Bachiller del Monte, op. cit., pp. 68 y 7l. [72] Poncins, op. cit., pp. 68 y ss. Jouin, op. cit., pp. 120 y ss. Del vol. III [73] Rev. Acacia, pág. 273, noviembre de 1909. Backey, Alberto. Enciclopedia of Freemasonry, pág. 37. [74] Preuss, Arturo, op. cit, pág. 302. [75] Zúñiga, Antonio, op. cit., pág. 27. [76] Serra, op. cit. Tomo I, pág. 87. [77] Gautherot, Gustavo, op. cit. (Dic. Apol….), pássim. [78] Ev. de San Juan, cap. VIII, vers. 44. [79] Serra, op. cit. Tomo I, pág. 191. [80] Serra, op. cit., Tomo I, pág. 61. [81] Gautrelet, Javier, op. cit., pág. 561. [82] El Pueblo del 5 de setiembre de 1957. [83] Serra, op. cit., Tomo I, pág. 348. [84] Barruel, Agustín, op. cit., pássim. [85] Benoit, Pablo, op. cit., Tomo I, pág. 256. [86] Serra, op, cit., Tomo I, pág. 189. [87] Serra, op. cit., Tomo I, pág. 203, Meurin, op. cit. (Simbolismo… ), pág. 286. Cahill, op. cit., pág. 70. [88] Duque de la Victoria. Los protocolos…, pp. 34 a 45 (comentarios). [89] Duque de la Victoria, Íbidem, pp. 49 a 150 (comentarios). [90] Duque de la Victoria. Israel manda, pág, 165. [91] Meurin, León, op. cit. (filosofía… ), pág. 223. [92] Rev. Latomia (Alemania), febrero de 1928. [93] Degreff, Walter, op. cit., pág. 34. Pacífico, Justo, op. cit., pág 7. [94] Boor, J., op. cit., pp. 65 y 80. [95] Pacifico, Justo, op. cit., pág. 29. Nys, Ernesto. Ideas Modernas, Derecho Internacional y Francmasonería, pág. 119. Archivos Israelitas, pág. 651. La Revue Antimaçonique, pág. 171. Año 1915. [96] Meurin, op. cit. (Filosofía…), pág. 14





 

CAPÍTULO IX. LA VOZ DE LOS PAPAS

1. ENEMIGOS DE LA SEGURIDAD PÚBLICA.
2. LA MENTIRA ES SU NORMA, SATANÁS SU DIOS Y LA IGNOMINIA SU CULTO.
3. DIGNA HIJA DE SATANÁS.
4. CONDENA DE LAS SOCIEDADES SECRETAS.
5. LA FAMOSA ENCÍCLICA “HUMANUM GENUS” DE LEÓN XIII.
6. LA SOCIEDAD DE LOS MASONES Y LOS ROMANOS PONTÍFICES.
7. ES LA SECTA DE DONDE TODAS SALEN Y ADONDE TODAS VUELVEN.
8. PRETENDEN ANULAR A LA IGLESIA PARA IMPLEMENTAR EL NATURALISMO.
9. SUPRIMEN LOS PRINCIPIOS QUE SON FUENTE DE TODA HONESTIDAD Y JUSTICIA.
10. CONSECUENCIAS EN LA VIDA DOMÉSTICA, CIVIL Y POLÍTICA.
11. RESUMEN DE LOS ERRORES DE LOS MASONES.
12. UNIÓN DE TODOS CONTRA EL COMÚN ENEMIGO.
13. REMEDIOS PARA NEUTRALIZAR LA PERNICIOSA INFLUENCIA DE LOS MASONES.
14. LA SECTA MALDITA



LA VOZ DE LOS PAPAS 1. Enemigos de la seguridad pública Solo los papas, pilotos supremos e infalibles de la civilización, comprendieron el peligro que amenazaba al mundo, a través de las logias masónicas; y lo señalaron desde la primera hora, declarando palmariamente la conjuración satánica que se cernía sobre la humanidad. Son más de doscientas las intervenciones pontificias referentes a la masonería y a las sociedades secretas [1]. Clemente XII, en su encíclica “In eminenti” del 28 de abril de 1738, a los veinte años de fundada oficialmente la secta, condenó y prohibió para siempre a las sociedades masónicas, como “perniciosas para la seguridad de los Estados y la salvación de las almas”; fulminando contra ellas la excomunión mayor, y ordenando a los obispos que procediesen contra sus adeptos como si se tratase de verdaderos herejes, “enemigos de la seguridad pública”, pues “corrompen los corazones de los hombres sencillos y los traspasan con dardos envenenados…” “Después de haber reflexionado con madurez y de haber adquirido en este punto una completa certeza – añade el Papa – hemos decidido, por partos y razonables motivos, condenar y prohibir las dichas sociedades, reuniones y asociaciones constituidas con el nombre de francmasonería o con cualquier otra denominación…” “Bajo las afectadas apariencias de una natural probidad, que se exige a los masones y con la cual se contentan – continúa Clemente XII – han establecido ciertas leyes y estatutos que los atan mutuamente; pero como el crimen se descubre por sí mismo, estas reuniones se han hecho sospechosas para los fieles. Y así todo hombre honrado considera el hecho de estar afiliado a ellas, como un signo inequívoco de perversión… Si sus principios fuesen puros no buscarían con tanto cuidado la sombra y el misterio.” IR A CONTENIDO . . 2. La mentira es su norma, Satanás su dios y la ignominia su culto Las autoridades civiles de Holanda la habían proscripto en 1735; las de Hamburgo, Suecia y Ginebra ese mismo año y las de Zurich, Berna, España, Portugal, Italia y Polonia, apenas apareció la condenación pontificia; haciéndolo, años después, Baviera, Rusia, Austria y Turquía. Benedicto XIV, en su encíclica “Apostolici Providas” del 18 de mayo de 1751, confirmó tales penas de excomunión; condenando el materialismo, el carácter secreto, el juramento y las tendencias revolucionarias de la masonería. Citando la frase del apologista del siglo III, Minucio Félix, dice: “Las cosas buenas aman siempre la publicidad; los crímenes, en cambio, se cubren con el secreto”. Pío VII, en su constitución “Ecclesiam a Jesu Christo” del 13 de septiembre de 1821, renueva las condenaciones y señala el fin y objeto de las sociedades secretas, masónicas y carbonarias. Las denuncia como la causa de las revueltas de Europa y estigmatiza la hipocresía de los carbonarios que llegan hasta “fingir el mayor celo por la iglesia de Cristo”. En la bula de excomunión contra Napoleón en 1809 había acusado ya a las sectas, “conjuradas contra la Silla de Pedro”, como “instigadoras del usurpador”. León XIl, en su constitución apostólica “Quo graviora” del 13 de marzo de 1825, insiste en las condenaciones anteriores, y añade que la masonería – “enemiga capital de la Iglesia Católica” – ataca con audacia sin límites los dogmas y los preceptos más sagrados de la Iglesia. Señala los estragos causados por la masonería “en los centros de estudios, donde introduce maestros de perdición”; suplica a los gobernantes que combatan a tales conspiradores, que “no son menos enemigos del Estado que de la Iglesia”; y recomienda a los fieles el huir de tales hombres que – “como hijos primogénitos del demonio” – son “las tinieblas de la luz y la luz de las tinieblas”. “Son diferentes sociedades – añade – que, aun llevando distintos nombres, están aliadas entre si por el lazo criminal de sus proyectos infames”. Pío VIII, en su encíclica “Traditi”, del 24 de mayo de 1829 dice que los masones, “por los maestros que introducen en los colegios y liceos, forman una juventud a la que se aplican las palabras del papa San León Magno: “La mentira es su norma. Satanás su dios y la ignominia su culto”; que, “rompiendo el freno de la verdadera fe, abren el camino a todos los crímenes”" IR A CONTENIDO . . 3. Digna hija de Satanás Gregorio XVI, en su encíclica “Mirari vos” del 15 de agosto de 1832, compara a las sociedades secretas a una “cloaca, en la cual – son sus palabras – se acumulan y aglutinan las inmundicias de todo lo que ha habido de sacrílego, de infame y de blasfemo en las herejías y en las sectas más perversas y nefastas que han existido en la historia de la humanidad” [2]. Pío IX – de cuyo retrato tuvieron la osadía de recortar la cabeza y pegarla en la fotografía de un masón, revestido con todos los atributos de la secta y, reproducida, esparcirla profusamente por toda Italia – condenó formalmente más de veinte veces a la masonería: en la encíclica “Qui pluribus” del 9 noviembre de 1846, donde habla de la “terrible guerra que mueven contra la Iglesia estos hombres despreciadores de la verdad y conjurados en impía unión de sectas brotadas de las tinieblas para destruir la Iglesia y el Estado” [3]; en sus alocuciones a los obispos: “Singulari, quídam” del 9 de diciembre de 1854, “Ad gravissimum” del 20 de junio de 1859 y “Maxima quidem Laetitia” del 9 de junio de 1862; en el breve “Ex epístola” del 21 de octubre de 1865, dirigido al arzobispo de París, monseñor Darboy; en la encíclica “Etsi multa” del 21 de noviembre de 1873, en que la llama “Sinagoga de Satanás”; en su alocución a los cardenales en el consistorio del 26 de setiembre de 1865; y en la constitución “Apostolicae Sedis” del 12 de octubre de 1869, donde impuso excomunión reservada al Papa “a los que se inscriben en la masonería, u otras sectas que maquinan pública o clandestinamente contra la Iglesia o las potestades legítimas; o a los que de cualquier modo favorecen a las mismas; y a los que no denuncian a sus jefes y directores ocultos, hasta tanto no los denuncien”. En su célebre alocución de 1865, dijo Pío IX: “Estas sectas coaligadas forman la Sinagoga de Satanás; y, en posesión de la fuerza y de la autoridad, dirigen audazmente sus esfuerzos a reducir a la Iglesia de Dios a la más dura esclavitud. Ellas querrían, si fuera posible, hacerla desaparecer del universo. Esta perversa sociedad – llamada vulgarmente masonería – debe ser impía y criminal, puesto que huye de la luz; y, según el Apóstol, “el que obra mal aborrece la luz”… Nos, reprobamos y condenamos dicha sociedad masónica y las sociedades del mismo genero que, aunque distintas en apariencia, conspiran contra la Iglesia. Tales sociedades tienen un solo pensamiento y marchan hacia un solo fin, a saber: anonadar todos los derechos divinos y humanos”. El 9 de noviembre de 1846 había llamado a la masonería: “Secta secreta salida del seno de las tinieblas para la ruina de la Religión y de los Estados”. En su alocución del 20 de abril de 1849 debió desbaratar la versión calumniosa que se hizo circular de haber pertenecido en su juventud a la masonería. El 29 de abril de 1876 declar6 que las condenas pontificias de la masonería eran extensivas “a las logias del Brasil y a las de cualquier lugar de la tierra”. El mismo pontífice escribía el 7 de enero de 1875: “Esta digna hija de Satanás, haciendo del hombre un Dios y constituyéndole juez supremo de su propia conducta, rechaza, por este simple hecho, toda autoridad divina y humana y destruye las bases de toda sociedad. Es preciso, pues, para arrancar esta venenosa raíz de los males que afligen a las naciones, acudir al Omnipotente; porque sólo Aquél que pudo arrojar del cielo al verdadero padre de ésta, podrá hacerla desaparecer de la tierra”. El abultado fardo de los errores masónicos integra, casi por completo, el “Syllabus”, publicado el 8 de diciembre de 1864; y, en la condenación de sus proposiciones, está encerrada la solemne condenación de la masonería en cuerpo y alma [4]. Cuando Bismarck desató su persecución en Alemania, coincidente con las de Italia, España, Francia y otras naciones, el papa Pío IX en su encíclica “Etsi multa” del 21 de noviembre de 1873, dijo: “Admirará la amplitud de horizontes que ha tomado una guerra que en nuestros tiempos se lleva contra la Iglesia Católica. Pero, a la verdad, si alguno con detención examina la finalidad de las sectas, ya sea que se llamen masónicas, ya con cualquier otro nombre se distingan, no le quedará la menor duda que todas las presentes perturbaciones se deben, en gran parte, a los embustes y maquinaciones de unas mismas sectas. Entre éstas se distingue la “Sinagoga de Satanás”, que contra la Iglesia lanza su ataque y la cierra en combate… ¡Ojalá se hubiera prestado mayor fe a los pastores de la Iglesia por parte de aquellos que podían haber apartado una peste tan perniciosa!” [5] Pío IX, animando a los obispos del Brasil, que sufrían cárceles por su lucha antimasónica en la persecución encabezada por el ministro de Gobierno del emperador Pedro II, vizconde de Río Branco, Gran Maestre de la Masonería, les decía en carta, del 18 de mayo de I874: “Os exhortamos para que en esta acérrima persecución que el masonismo ha levantado en todas partes contra la Iglesia, deis siempre muestras de firmeza, no dejándoos jamás vencer… ni por las amenazas, ni por el destierro, la cárcel u otros trabajos… Todo esto, así como venció a la idolatría en los primeros siglos de la Iglesia, echará también por tierra el masonismo y demás errores por él acumulados…” Ya en su carta anterior, dirigida al obispo de Recife en el Brasil, el 24 de mayo de 1873, condenaba nuevamente la masonería con estas palabras: “Después de la orden expresa de la iglesia tantas veces repetida y acompañada de severas sanciones, después de la divulgación de los actos de la impía secta que ponen en descubierto sus verdaderos designios, después de las perturbaciones, las calamidades y las innumerables ruinas provocadas por ella y de las cuales no se avergüenzan de gloriarse insolentemente en públicos escritos, no existe más excusa alguna para aquellos que en ella se inscriben”. León XIII, en la encíclica “Quod apostolici muneris” del 28 de diciembre de 1878, y en la “Humanum Genus”, del 20 de abril de 1884 llama a la masonería – como culpable del socialismo y comunismo – “veneno mortal que circula por las venas de la sociedad humana” [6]. Y en otros numerosos documentos, desde 1878 a 1903, indica que son de inspiración masónica los males de la época y desenmascara en ellos a los verdaderos enemigos de la religión y de la patria, sus perversos designios, los funestos efectos de su acción, especialmente la propagación de la inmoralidad, de la incredulidad y del indiferentismo religioso, fruto del naturalismo y del racionalismo profesados por la secta. Decía a los obispos en su carta del 19 de marzo de 1902 en ocasión del jubileo de bodas de plata de su pontificado: “La masonería, abarcando casi todas las naciones en sus gigantescas garras, se une con todas las sectas, de las cuales es la real inspiradora y el móvil oculto de su poder. Atrae y retiene a sus miembros con el cebo de ventajas temporales; sujeta a los gobernantes, ora con promesas, ora con amenazas; se halla en todas las clases sociales y constituye un poder invisible como si fuera un gobierno independiente dentro del cuerpo del Estado legal. Llena del espíritu de Satanás, que sabe cómo trasformarse en ángel de luz, la masonería coloca ante sí, como su fin, el bien de la humanidad; pero, mientras declara no tener fines políticos, ejerce, no obstante, profunda influencia sobre las leyes y la administración de los estados; Aparentando respetar la autoridad de la ley y aun las obligaciones para con la religión, busca en realidad la destrucción de la autoridad civil y de la jerarquía eclesiástica, a las que mira como enemigas de la libertad humana” [7]. San Pío X, en el consistorio del 20 de noviembre de 1911 – al tratar de la revolución de Portugal – condenó a la masonería,; presentándola como que “tiene por objeto el oprimir al catolicismo”; y ya en su primera encíclica, “E supremi apostolatus”, del 4 de octubre de 1903, había dicho con claras referencias a la secta diabólica: “Es tal la perversión de los espíritus, que bien podemos prever que esto sea el comienzo de los males anunciados para el fin de los tiempos; y que el “Hijo de Perdición” (o sea, el Anticristo) – del cual nos habla el apóstol – está ya sobre la tierra” [8]. Y en otra ocasión, después de anatematizarla diciendo que “nada hay más detestable, ante Dios y frente al orden cristiano, que esta secta malvada”, afirmaba: “Estoy convencido que cuanto se ha publicado con respecto a esta asociación infernal no ha revelado toda la verdad” [9]. La Santa Sede, el 21 de setiembre de 1850, había declarado ya – para resolver dudas de conciencia – que “las sociedades que dicen no complotar contra la Religión y el Estado, pero que forman una sociedad oculta confirmada con el juramento, están comprendidas dentro de las bulas condenatorias de los papas”. IR A CONTENIDO . . 4. Condena de las sociedades secretas La Congregación del Santo Oficio, el 18 de mayo de 1884, emitió un decreto que dice así: “Los católicos no sólo deben apartarse de las sectas masónicas, sino también de todas las sociedades que exijan a sus adeptos un secreto que no puedan revelar a nadie, o una obediencia absoluta a sus jefes ocultos… Según el derecho natural y el revelado, no existen más que dos sociedades independientes y perfectas: la Iglesia y el Estado. Por lo tanto,. una sociedad secreta, cualquiera ella sea, por el hecho mismo de su secreto, se hace independiente de la Iglesia y del Estado, que no poseen medio alguno de fiscalización con respecto a su fin y a su acción. Es, por consiguiente, ilegítima”. Y el Concilio Plenario Americano, del año 1899, declaraba que “incurren en las censuras pontificias también las logias masónicas de América latina; porque el suponer que la masonería no es la misma en todas las naciones es error pernicioso y pretensión audaz, dado que los pontífices entienden obligar a todos y a cada uno de los fieles de Cristo sin distinción de lugar, tiempo, nación o rito”. Tales interpretaciones se confirman con la promulgación del canon 2335 del Código de Derecho Canónico que tiene fuerza de ley para toda la Iglesia desde el 19 de mayo de 1918 y que hasta la fecha no ha sufrido, en tal disposición, ninguna modificación. Su texto es el siguiente: “Los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género – (que. según las canonistas, serían los anarquistas, comunistas, etc…) – incurren, ipso facto, en excomunión simplemente reservada a la Santa Sede”. Quedan excomulgados los que se afilian a la masonería porque el hecho de pertenecer a ella constituye un peligro próximo para la fe, su secreto y juramento son inmorales y de su objeto y fines se deriva un gravísimo daño para el verdadero bien de la sociedad humana. Pío XI, en su encíclica “Charitate Christi Compulsi” del 3 de mayo de 1932, nos previene contra las insidias de la masonería diciéndonos: “Las sociedades secretas que están siempre prontas para apoyar la lucha contra Dios y contra la Iglesia, de cualquier parte que venga, conducirán ciertamente todas las naciones a la ruina. Esta nueva forma de ateísmo, mientras desencadena los más violentos instintos del hombre, proclama con cínico descaro que no podrá haber paz ni bienestar sobre la tierra mientras no se haya desarraigado hasta el último vestigio de religión y no se haya suprimido su último representante” [10]. Ya el 29 de junio de 1931, en su encíclica “Non abbiamo bisogno”, había escrito sobre la acción de la masonería en Italia lo siguiente: “Todo el que conoce un poco íntimamente la historia de la Nación, sabe que el anticlericalismo ha tenido en Italia la importancia y la fuerza que le confiriera la masonería y el liberalismo que la gobernaban” [11]. El mismo Papa en su encíclica deel 1º de marzo de 1937, condenatoria del comunismo, decía que León XIII, al condenar el socialismo y comunismo en su encíclica del 28 de diciembre de 1878, confirmó la precedente condenación de Pío IX del Syllabus del 8 de diciembre de 1864; y que, al llamarlo “mortal pestilencia que se infiltra por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana y la pone en peligro de muerte”, indicó, con clara visión, que las actuales corrientes ateas entre las masas populares, tratan su origen de aquella filosofía que, de siglos atrás, trataba de separar, la ciencia y la vida, de la fe y de la Iglesia”. Por lo tanto existe íntima conexión entre el actual comunismo, condenado por Pío XI y el socialismo y comunismo condenados por Pío IX y León XIII, que hicieron su entrada en la historia en 1846 y que se hallan vinculados, como lo anunció León XIII y lo confirmó Pío XI, con el filosofismo y el liberalismo masónico del siglo XVIII. IR A CONTENIDO . . 5. La famosa encíclica “Humanum Genus” de León XIII León XIII en su encíclica “Humanum genus”, del 20 de abril de 1884, confirmó todas y cada una de las condenaciones fulminadas contra la masonería por sus antecesores, describiendo y puntualizando magistralmente los errores de la secta. He aquí el texto de los pasajes más importantes: “El humano linaje, después de haberse miserablemente separado de Dios por envidia del demonio, quedó dividido en dos bandos diversos, de los cuales el uno combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro, por cuanto, es contrarío a la virtud y a la verdad. El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que rehúsan obedecer la ley divina y eterna, y acometen empresas contra Dios o prescinden de El. Agudamente conoció y describió San Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades de contrarias leyes y deseos. Dos amores edificaron dos ciudades, nos dice; el amor de si mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, edificó la ciudad celestial.” IR A CONTENIDO . . 6. La sociedad de los masones y los Romanos Pontífices “Durante todo el decurso de los siglos ambas ciudades luchan entre si, con varias y múltiples armas y combates, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen a la peor parte, parecen conspirar unánimemente y pelear con la mayor vehemencia, siéndoles guía y auxilio la sociedad que llaman de los masones, extensamente dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, audacícimamente se animan contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito – si pudiesen – de despojar enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios que les granjeó Jesucristo, nuestro Salvador. En tal inminente riesgo, en medio de tan atroz y porfiada guerra contra el nombre cristiano, es nuestro deber indicar el peligro, señalar los adversarios y resistir cuanto podamos sus malas artes y consejos. Los Romanos Pontífices, nuestros antecesores, conocieron bien pronto quién era y qué quería este capital enemigo, apenas asomaba entre las tinieblas de su oculta conjuración; y como declarando su santo y seña, amonestaron con previsión a príncipes y pueblos que no se dejasen enredar en las malas artes y asechanzas preparadas para engañarlos. Diose el primer aviso del peligro el año 1738 por el papa Clemente XII. Puestos en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y anales; y allegándose a esto, muchas veces, las declaraciones mismas de los cómplices; esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la Religión cristiana; y amenazando con las más graves penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos, inscribirse en esta sociedad. En lo cual varios príncipes y jefes de gobiernos se hallaron muy de acuerdo con los papas, cuidando, ya de denunciar a la sociedad masónica ante la Silla Apostólica, ya de condenarla por sí mismos promulgando leyes a este efecto; como por ejemplo en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y en otras partes del Italia”. IR A CONTENIDO . . 7. Es la secta de donde todas salen y adonde todas vuelven “Pero lo que sobre todo importa, es ver comprobado por los sucesos la previsión de nuestros antecesores. En el espacio de un siglo y medio la secta de los masones se ha apresurado a lograr aumentos mayores de cuantos podían esperarse; y entrometiéndose, por la audacia y el dolo, en todos los órdenes de la república, comenzado a tener tanto poder, que parece haberse hecho casi dueña de los Estados. De tan rápido y terrible progreso se ha seguido en la Iglesia, en la potestad de los príncipes y en la salud pública, la ruina prevista muy de lejos por nuestros antecesores; y se ha llegado al punto, de temer grandemente para lo venidero. Aprovechando repetidas veces la ocasión que se presentaba, hemos expuesto algunos de los más importantes puntos de doctrina en que parecía haber influido en gran manera la perversidad de los errores masónicos. Así en nuestra carta encíclica “Quod apostolici muneris”, del 28 de diciembre de 1878, emprendimos demostrar con razones convincentes, las enormidades de los socialistas y comunistas; después en otra, “Arcanum”, del 10 de febrero de 1880, cuidamos de defender y explicar la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, que tiene su fuente y origen en el matrimonio; además en la “Diuturnum”, del 28 de junio de 1881, propusimos la forma de la potestad política modelada según los principios de la sabiduría cristiana. Ahora hemos resuelto declararnos de frente contra la misma sociedad masónica, contra el sistema de su doctrina, sus intentos y manera de obrar, para más y más poner en claro su fuerza maléfica, e impedir así el contagio de tan funesta peste. Hay varias sectas que, si bien diferentes en nombre, ritos, formas y origen, unidas sin embargo entre si por cierta comunión de propósitos y afinidad entre sus opiniones capitales, concuerdan de hecho con la secta masónica: especie de centro de donde todas salen y adonde todas vuelven. Muchas cosas hay en ellas, las cuales hay mandato de ocultar, no sólo a los extraños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los ulteriores y verdaderos fines, los jefes supremos de cada fracción, ciertas reuniones más íntimas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo. A esto se dirige la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos que hay entre los socios, y la distinción establecida de órdenes y grados. Tienen que prometer los iniciados, y aún de ordinario se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca, ni de modo alguno, sus compañeros, sus signos y doctrinas. Con estas mentidas apariencias y arte constante de fingimiento, procuran los masones con todo empeño – como en otro tiempo los maniqueos – ocultarse, y no tener otros testigos que los suyos. Buscan hábilmente subterfugios, tomando la máscara de literatos y sabios que se reúnen para fines científicos, hablan continuamente de su empeño por la civilización, de su amor por la ínfima plebe y que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos. Además, deben los afiliados dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, estar preparados a obedecerles a la menor señal e indicación; y cuando se ha juzgado que algunos han hecho traición al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte, con tal audacia y destreza, que el asesino burla a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia. Ahora bien; esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante conocida; de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, y de armar los asesinos procurándoles la impunidad de sus crímenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza y, por lo tanto, la misma razón y la misma verdad evidentemente demuestran que la sociedad de que hablamos pugna con la justicia y la probidad naturales. No puede el árbol bueno dar malos frutos. ni el árbol malo dar frutos buenos, dice Jesús en el Evangelio (San Mateo, 7/18); y los frutos de la secta masónica son, además de dañosos, acerbísimos. Porque el destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando, a su manera, otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del Naturalismo, resulta ser el último y principal de sus intentos. Cuanto hemos dicho y diremos ha de entenderse de la secta masónica en sí misma, y en cuanto abraza otras con ella unidas y confederadas; pero no de cada uno de sus secuaces. Puede haberlos, en efecto, y no pocos, que, si bien no dejen de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo no participan por sí mismos en sus crímenes y que ignoren sus últimos intentos. Del mismo modo, aún entre las otras asociaciones unidas con la masonería, algunas tal vez no aprobarían ciertas conclusiones extrañas que sería lógico abrazar, como dimanadas de principios comunes, si no causara horror su misma torpe fealdad. Algunas también, por las circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a hacer tanto como ellas quisieran y suelen las otras, pero no por eso se han de tener por ajenas a la confederación masónica, ya que ésta, no tanto ha de juzgarse por sus hechos y las cosas que llevan a cabo, cuanto por el conjunto de los principios que profesa”. IR A CONTENIDO . . 8. Pretenden anular a la Iglesia para implantar el naturalismo “Es principio capital de los que siguen el Naturalismo, como lo declara su mismo nombre, que la naturaleza y razón humana ha de ser en todo maestra y soberana absoluta; y sentado esto, descuidan los deberes para con Dios, o tienen de ellos conceptos vagos y erróneos. Niegan, en efecto, toda divina revelación, no admiten dogma religioso ni verdad alguna que no pueda comprender la razón humana, ni maestro a quien precisamente deba creerse por la autoridad de su oficio. Y como, en verdad, es incumbencia propia de la Iglesia Católica – y que a Ella sólo pertenece – el guardar íntegramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del magisterio y los demás medios sobrenaturales para la salvación; de aquí, el haberse vuelto contra ella toda la saña y el ahínco de estos enemigos. Véase ahora el proceder de la secta masónica en lo tocante a la religión, singularmente donde tiene mayor libertad para obrar; y júzguese si es verdad o no, que todo su empeño estriba en llevar a cabo las teorías de los naturalistas. Mucho tiempo hace que se trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda ingerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia, y a este fin se pregona y contiende, deberse separar la Iglesia del Estado; excluyendo así de las leyes y administración de la cosa pública, el muy saludable influjo de la Religión Católica; de lo que se sigue la pretensión de que los Estados, se constituyan hecho caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia. Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravian con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza, los mismos fundamentos de la Religión Católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su libertad de acción, y esto con leyes hechas expresamente y acomodadas para maniatarla. Vemos, además, al Clero oprimido con leyes excepcionales para amenguarle en número y recursos; los restos de los bienes de la Iglesia sujetos a todo género de trabas y gravámenes y enteramente puestos al arbitrio y juicio del Estado, y las órdenes religiosas suprimidas y dispersas. Pero donde sobre todo, se extrema la rabia de los enemigos, es contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Quitóseles, primeramente, con fingidos pretextos, el reino temporal, baluarte de su independencia y de sus derechos; y por fin se ha llegado al punto de que los fautores de las sectas, proclaman abiertamente que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero al Pontificado, instituido por derecho divino. Aunque faltaren otros testimonios, consta suficientemente lo dicho por los sectarios que han declarado ser propio de los masones el intento de vejar cuanto puedan a los católicos con enemistad implacable; sin descansar, hasta ver deshechas todas las instituciones religiosas establecidas por los papas. Y si no se obliga a los adeptos a abjurar expresamente la fe católica, tan lejos está esto de oponerse a los intentos masónicos, que antes bien sirve a ellos; porque primero, éste es el camino de engañar a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más; y después, porque abriendo los brazos a cualquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir, de hecho, el gran error de estos tiempos,; a saber: el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, que como única verdadera, no sin suma injuria puede igualarse a las demás.” IR A CONTENIDO . . 9. Suprimen los principios que son fuente de toda honestidad y justicia “Pero más lejos van los naturalistas, despeñados en el abismo, sea por la flaqueza humana, sea por justo juicio de Dios que castiga su soberbia. Así es que en ellos pierden su certeza y fijeza aún las verdades, que se conocen por la luz natural de la razón: como son la existencia de Dios y la espiritualidad e inmortalidad del alma. Y la secta de los masones da en estos mismos escollos del error; ni disimulan ser ellos la cuestión de Dios, causa y fuente abundantísima de discordia; y aún es notorio que últimamente hubo entre ellos, por esa misma cuestión, no leve contienda. De hecho la secta concede a los suyos libertad absoluta de defender que Dios existe o que no existe. Destruido o debilitado este principal fundamento, síguese quedar vacilantes otras verdades conocidas por la luz natural; por ejemplo, que la Providencia de Dios rige al mundo, que las almas no mueren y que a esta vida ha de suceder otra sempiterna. Destruidos estos principios, que son como la base del orden natural, fácilmente se manifiesta cuáles han de ser las costumbres públicas y privadas. Nada decimos de las virtudes sobrenaturales, de las cuales por fuerza no ha de quedar vestigio en los que desprecian, por desconocidas, la Redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos, y la felicidad que se ha de alcanzar en los cielos. Hablamos de las obligaciones que se deducen de la probidad natural. Un Dios creador del mundo y su próvido gobernador, una ley eterna que manda conservar el orden natural y veda el perturbarlo, y un fin último del hombre. Estos son los principios y fuentes de toda honestidad y justicia; pero suprimidos éstos – como suelen hacerlo naturalistas y masones – falta inmediatamente todo fundamento y defensa a la ciencia de lo justo y de lo injusto. Y, en efecto, la única educación que a los masones agrada, con la cual – según ellos – se ha de educar a la juventud, es la que llaman laica; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero en donde quiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, suplantando a la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer la honradez y la integridad, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas, y subir de todo punto la audacia en los crímenes. La naturaleza humana quedó inficionada con la mancha del primer pecado, y por lo tanto más propensa al vicio que a la virtud; pero, los naturalistas y masones, que ninguna fe prestan a las verdades reveladas por Dios, niegan que pecara nuestro primer padre, y estiman, por tanto, el libre albedrío en nada disminuido en sus fuerzas, ni inclinado al mal. Antes, por el contrario, exagerando las fuerzas y excelencia de la naturaleza, y poniendo en ella únicamente el principio y norma de la justicia, vemos ofrecerse públicamente tantos estímulos a los apetitos del hombre: periódicos y revistas sin moderación ni vergüenza alguna; obras dramáticas licenciosas en alto grado; asuntos para las artes, sacados con protervia de los principios del que llaman realismo; ingeniosos inventos para las delicadezas y goces de la vida; y, en suma, toda suerte de rebuscados halagos sensuales, a los cuales cierre los ojos la virtud adormecida. En lo cual obran perversamente, pero son muy consecuentes consigo mismos; ya que hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie de la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para atreverse a todo.” IR A CONTENIDO . . 10. Consecuencias en la vida doméstica, civil y política “Por lo que toca a la vida doméstica, he aquí casi toda la doctrina de los naturalistas. El matrimonio es un mero contrato. Puede justamente rescindirse a voluntad de los contratantes. La autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En el educar a los hijos nada hay que enseñarles como cierto y determinado en punto de religión. Al llegar a la adolescencia corre a cuenta de cada cual escoger lo que guste. Esto mismo piensan los masones. No solamente lo piensan, sino que se empeñan, hace ya mucho tiempo, en reducirlo a costumbre y práctica. En muchos Estados, aún de los llamados católicos, está establecido que fuera del matrimonio civil, no hay unión legítima; en otros, la ley permite el divorcio, y en otros se trabaja para que cuanto antes sea permitido. Así, apresuradamente, se corre a cambiar la naturaleza del matrimonio en unión inestable y pasajera, que la pasión haga y deshaga a su antojo. También tiene puesta la mira, con suma conspiración de voluntades, en arrebatar para si la educación de los jóvenes. Ven cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran; y nada más oportuno para formar para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan. Por tanto, en punto de educación y enseñanza de los niños, nada dejan al magisterio y vigilancia de los ministros de la Iglesia, habiendo llegado ya a conseguir que en varios lugares, toda la educación de los jóvenes esté en poder de los laicos; y que al formar sus corazones, nada se diga de los grandes y santísimos deberes que ligan al hombre con Dios. Vienen enseguida los principios de ciencia política. En este género estatuyen los naturalistas que los hombres son de igual condición en todo; y el pretender que obedezcan a cualquier autoridad que no venga de ellos mismos, es propiamente hacerles violencia. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el Gobierno de la Nación, informado, por su puesto, según los nuevos principios. Conviene, además, que el Estado sea ateo; no hay razón para anteponer una a otra las varias religiones, sino todas han de ser colocadas en pie de igualdad. Y que todo esto agrade a los masones y del mismo modo quieran ellos constituir las naciones según este modelo, es cosa tan conocida que no necesita demostrarse. Con todas sus fuerzas e intereses lo están maquinando así hace mucho tiempo, y con esto hacen expedito el camino a otros más audaces que se precipitan a cosas peores, como los socialistas y comunistas, que procuran la igualdad y comunión de toda riqueza, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortunas.” IR A CONTENIDO . . 11. Resumen de los errores de los masones “Bastante claro aparece, de lo que sumariamente hemos referido, qué sea, por dónde va y adónde conduce la secta de los masones. Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la Religión y con la Iglesia, fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar, después de dieciocho siglos – (diecinueve siglos se han cumplido ahora) – las costumbres y doctrinas paganas, es necedad insigne y audacísima impiedad. Ni es menos horrible ni más tolerable el rechazar los beneficios, que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo a cada hombre en particular, sino también en cuanto viven unidos en la familia o en la sociedad civil. En tan feroz e insensato propósito, parece reconocerse el mismo implacable odio y sed de venganza en que arde Satanás contra Jesucristo. Así como el otro vehemente empeño de los masones de destruir los principales fundamentos de lo justo y lo injusto, y hacerse auxiliares de los que, a imitación del animal, quisieran fuera lícito cuanto agrada al sentido; no es otra cosa que empujar al género humano, ignominiosa y vergonzosamente, a la extrema ruina. Aumentan el mal, los peligros que amenazan la sociedad doméstica y civil. Porque hay en el matrimonio – según el común y casi universal sentir de gentes y siglos – algo de sagrado y religioso; veda además la ley divina que pueda disolverse. Pero si esto se permitiese, si el matrimonio se hace profano, necesariamente ha de seguirse en la familia, la discordia y la confusión; cayendo de su dignidad la mujer, y quedando incierta la prole acerca de su conservación y su suerte. El no cuidar oficialmente para nada de la religión, y en la administración y ordenación de la república no tener cuenta con Dios, como si no existiese, es atrevimiento inaudito, aún entre los mismos paganos, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento tan grabada estuvo, no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público. De hecho la sociedad humana, a que nos sentimos naturalmente inclinados, fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de El emana, como de principio y fuente, toda la copia y perennidad de los bienes innumerables en que la sociedad abunda. Así, pues, como la misma naturaleza enseña a cada uno en particular a dar piadosa y santamente culto a Dios, por tener de El la vida y los bienes que la acompañan; así y por idéntica causa; incumbe este mismo deber a pueblos y Estados. Y los que quisieran a la sociedad civil libre de todo deber religioso, claro está que obran, no sólo injusta, sino ignorante y absurdamente. Si pues, los hombres, por voluntad de Dios, nacen ordenados a la sociedad civil, y a ésta es tan indispensable el vínculo de la autoridad, que, quitando éste, por necesidad se disuelve aquélla; síguese que el mismo que creó la sociedad creó la autoridad. De aquí se infiere que quien está investido de ella, sea quien fuere, es ministro de Dios; y, por tanto, según lo piden el fin y la naturaleza de la sociedad humana, es tan puesto en razón el obedecer a la potestad legítima – cuando manda lo justo – como obedecer a la voluntad de Dios que todo lo gobierna; y nada hay más contrario a la verdad, que el suponer depositado en la voluntad del pueblo, el poder de negar la obediencia cuando le plazca.” IR A CONTENIDO . . 12. Unión de todos contra el común enemigo “Los turbulentos errores que ya llevamos enumerados han de bastar por sí mismos para infundir a los Estados miedo y espanto. Porque quitando el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas; menospreciada la autoridad de los príncipes; consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que la pena y el castigo; ha de seguirse, por fuerza, universal mudanza y trastorno. Y aún, precisamente, esta revolución y convulsión general es lo que muy de pensado maquinan y ostentan de consuno muchas sociedades de comunistas y socialistas, a cuyos designios no podrá decirse ajena la secta de los masones; como que favorece en gran manera sus intentos y conviene con ellas en sus principales dogmas. Y por si los hechos no llegan inmediatamente y en todas partes a los extremos, no ha de atribuirse a sus doctrinas y a su voluntad, sino a la virtud de la religión divina, que no puede extinguirse, y a la parte más sana de los hombres que, rechazando la servidumbre de las sociedades secretas, resisten con valor sus locos conatos. Ojalá juzgasen todos del árbol por sus frutos y conocieran la semilla y principio de los males que nos oprimen y los peligros que nos amenazan. Tenemos que habérnoslas con un enemigo astuto y doloso, que halagando los oídos de pueblos y gobernantes, ha cautivado a unos y a otros con blandura de palabras y adulaciones. Al insinuarse con los príncipes, fingiendo amistad, pusieron la mira los masones en lograr en ellos socios auxiliares poderosos para oprimir la Religión Católica; y para estimularlos más, acusaron a la Iglesia, con insistente calumnia, como enemiga envidiosa de su potestad y de sus regias prerrogativas. Afianzados ya, y envalentonados con estas artes, comenzaron a influir sobremanera en los gobiernos; prontos, por supuesto, a sacudir los fundamentos de los imperios, y a perseguir, calumniar y destronar a los soberanos, que no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta. No de otro modo engañaron, adulándolos, a los pueblos. Voceando libertad y prosperidad pública y haciendo ver que, por culpa de la Iglesia y de los monarcas, la multitud no había salido todavía de su inicua servidumbre y de su miseria, engañaron al pueblo; y despertada en él la sed de novedades, le incitaron a combatir ambas potestades. Pero, ventajas tan esperadas, están más en el deseo que en la realidad; y, antes bien, más oprimida la plebe, se ve forzada a carecer en gran parte de las mismas cosas en que esperaba el consuelo de su miseria, las cuales hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. La Iglesia, en cambio, quiere que se dé al poder civil, por dictamen y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe. Amiga de la paz, fomenta la concordia; enseña que conviene unir la justicia con la clemencia, el mando con la equidad, las leyes con la moderación; que no ha de violarse el derecho de nadie; que se ha de aliviar cuanto se pueda la necesidad de los menesterosos. Por eso piensan los masones, o quieren que se piense – según escribe San Agustín -, no ser la doctrina de Cristo provechosa para la sociedad, “porque no quieren que el Estado se asiente sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los Vicios” Lo cual, puesto en claro, sería insigne prueba de sensatez política y empresa conforme a lo que exige la salud pública: que pueblos y gobernantes se unieran, no con los masones para destruir a la Iglesia, sino con la Iglesia para frustrar los ataques de los masones.” IR A CONTENIDO . . 13. Remedios para neutralizar la perniciosa influencia de los masones “Sabemos que la mejor y más firme esperanza de remedio está puesta en la virtud de la religión divina, tanto más odiada de los masones cuanto más temida. Así que todo lo que decretaron los romanos pontífices, nuestros predecesores, para impedir las tentativas y los esfuerzos de la secta masónica, cuanto sancionaron para alejar a los hombres de semejantes sociedades o sacarlos de ellas, toda y cada una de estas cosas damos por ratificadas y las confirmamos con nuestra autoridad apostólica. Y a vosotros, venerables hermanos, os pedimos y rogamos, con la mayor instancia, que uniendo vuestros esfuerzos a los nuestros, procuréis con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va circulando por todas las venas de la sociedad. Lo primero que procuraréis será arrancar a los masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son; que los pueblos aprendan las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer; la perversidad de sus opiniones y la torpeza de sus hechos. Que ninguno – que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación – juzgue serle lícito, por ningún titulo, dar su nombre a la secta masónica. Que a ninguno engañe su honestidad fingida. Puede, en efecto, parecer a algunos, que nada piden los masones abiertamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos ni ayudarles en modo alguno. Además conviene inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, con lo cual se llega a sanar los entendimientos y a fortalecerlos contra las múltiples formas del error y los varios modos con que se brindan los vicios. Que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia; porque cuanto mayor fuere este conocimiento y este amor, tanto mayor será la repugnancia con que se miren las sociedades secretas y el empeño en huirlas. Que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el humano linaje; esto es, la libertad de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de las pasiones: nuestros perversísimos tiranos; la fraternidad, que dimana de ser Dios nuestro Creador y Padre común de todos; la igualdad, que teniendo por fundamento la caridad y la justicia, no borra toda diferencia entre los hombres, sino que, con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones, forma aquel admirable y armonioso acuerdo que pide la misma naturaleza para la utilidad y dignidad de la vida civil. Que se sostenga la institución de los gremios de trabajadores, sabiamente establecida por nuestros mayores, con la cual, al amparo de la religión, defendían juntamente sus intereses y las buenas costumbres; a fin de invalidar el poder de las sectas. Los que sobrellevan la escasez con el trabajo de sus manos están más expuestos a las seducciones de los malvados, que todo invaden con fraudes y dolos. Débeseles, por tanto, atraer a sociedades honestas; no sea que los arrastren a las infames. Preservad a la adolescencia de las escuelas y maestros de que puede tomarse el aliento pestilente de las sectas. La secta de los masones levántase insolente, regocijándose de sus triunfos; ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando consorcio y por comunes ocultos designios; y unos a otros se excitan a todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa; es a saber: que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Que los errores, al fin abran paso a la verdad; y los vicios, a la virtud. Tomemos, en fin, por nuestro Auxilio y Mediadora a la Virgen María, Madre de Dios, ya que venció a Satanás en su Concepción Purísima; e imploremos su valimiento para que despliegue su poder contra las sectas impías, en las cuales se ven revivir la soberbia contumaz, la indómita perfidia y los astutos fingimientos del demonio…” [12]. La magistral encíclica les mereció a los masones la siguiente definición: “Ilustre patraña, atentado a la libertad y al progreso, voz estridente de intolerancia y de maldición impotente que hace el efecto del canto monótono del búho en medio de un armonioso concierto de ruiseñores; protesta contra la filosofía, el arte y la vida del pueblo y de la nación en cuyo seno el papado es un elemento liberticida y reaccionario”. Y a continuación repetían su diabólica consigna con estos términos: “He aquí la gran obra de la masonería: minar en sus bases y en sus fuentes de vida al clericalismo, a saber, en las escuelas y en las familias” [13]. IR A CONTENIDO . . 14. La secta maldita León XIII nos indica claramente, en su formidable encíclica, que los principios de los masones son los mismos que divulgan los liberales y los comunizantes; los mismos que difunden la prensa y la propaganda internacionales, los mismos que rigen la actividad de las sociedades internacionales, como por ejemplo, el Rótary Club, y los mismos que invocan los grandes jefes de las naciones imperialistas; pues, en última instancia – sépanlo o no sus cofrades -, bajo los rótulos humanitarios, fraternales y democráticos, se esconden los malévolos intentos – según dice el Papa – de “acabar con la religión y la Iglesia y resucitar las costumbres y doctrinas del paganismo”. En confirmación de esta conjuración internacional de las fuerzas masonizantes, que ayer con el filosofismo enciclopedista y la Revolución Francesa, luego con el liberalismo y el socialismo y hoy con el comunismo materialista y ateo combinado con el laicismo racionalista, trabajan – en identidad del ideario doctrinal – por demoler la “ciudad cristiana” de que nos habla León XIII, nos dice Pío XI en su encíclica ya mencionada de 1937, lo siguiente: “Otra poderosa ayuda de la difusión del comunismo es esa verdadera conspiración del silencio ejercida por una parte de la prensa mundial que por tanto tiempo ha ignorado los horrores cometidos en Rusia, en México y en España. Este silencio se debe en parte a razones de una política menos previsora y está apoyado por varias “fuerzas ocultas” que, desde hace tiempo, tratan de destruir el orden cristiano” [14]. El gran pontífice León XIII, años después de la publicación de su encíclica condenatoria de los masones – comparada a la lanza de San Jorge hundida en el corazón del dragón infernal -, decía en su Carta “Novae condendae legis” del 8 de febrero de 1893: “Los designios de esta secta maldita son siempre y en todas partes los mismos, es decir, directamente hostiles a Dios y a la Iglesia; y le importa poco o nada, no ya que las almas se pierdan, sino que la sociedad se precipite cada vez más en decadencia, y que la misma libertad tan pregonada, sea oprimida, con tal de encadenar y oprimir junto con ella a la Iglesia, y debilitar y ahogar gradualmente el sentimiento cristiano en el seno de las multitudes”. El papa San Pío X (1904-1914) la llama “secta malvada, en cuya comparación nada hay más detestable ante Dios y ante el orden cristiano.” No habiendo cambiado nada en la masonería que merezca especial atención, los documentos pontificios conservan todo su valor y por lo mismo no son tan frecuentes en la actualidad. Por tal razón manifestaba el Santo Oficio, el 20 de abril de 1949, que, “no habiendo sucedido nada que pueda hacer cambiar en esta materia las decisiones de la Santa Sede, las disposiciones del derecho canónico permanecen siempre en su valor para cualquier forma de masonería”. Por otra parte, en 1946, había declarado que “la masonería de rito escocés cae bajo la condena sancionada por la Iglesia contra la masonería en general, y no hay razón alguna para conceder una discriminación a los que pertenecen a tal categoría de masones”. El 19 de marzo de 1950 L’Osservatore Romano en un artículo firmado por el Maestro del Sacro Palacio, monseñor Mariano Cordovani, ante una versión propalada de una posible reconciliación de la masonería con la Iglesia, expresaba estos conceptos: “Nada se ha modificado en la legislación de la Iglesia con respecto a la masonería. Los cánones 684 y 2335 se hallan en pleno vigor hoy como ayer. Su bandera de aconfesionalidad, neutralidad y concordia universal, conduce naturalmente a la indiferencia religiosa, es una bandera anticatólica y niega el primado absoluto que se debe dar a la verdad en todos los dominios, especialmente en religión. Los binomios “católico-masón” y “católico-comunista” son una burla para nosotros que no queremos contaminaciones y que sabemos que no hay nada en el mundo que sea más grande que un cristiano verdadero sin adjetivos y sin aditamentos. La Iglesia posee un contenido doctrinal divino que es la revelación de Dios. Sobre tales elementos esenciales no pueden existir componendas de ninguna clase sino tan sólo una fidelidad absoluta, una noble y gloriosa intransigencia sobre lo que es verdad divina y conformidad de vida con la revelación. Sólo la verdad nos hará libres: no los compromisos ni los hibridismos que deshonran a la razón y que son, además, una ofensa para nuestra fe.” “Aún hoy día la masonería – según leemos en la Civiltá Cattolica del 16 de febrero de 1957 – conserva inmutables sus presupuestos doctrinales y su espíritu anticatólico que le mereció las condenas de la Iglesia y que, no obstante, sigue repitiendo y sosteniendo en sus revistas y reuniones”. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Rev. Civiltá Cattolica, 19 de julio de 1958. [2] Colecc. Compl. de Enc. Pont., op. cit., tomo I, pp. 33 a 44 (Enc. “Mirari Vos”). [3] Íbidem, pp. 87 a 95 <Enc. “Qui Pluribus”). [4] Íbidem, pp. 162 a 168 (“Syllabus”). [5] Íbidem, pp. 186 a 191 (Ene. “Etsi Multa”). [6] Íbidem, pp. 224 a 230 (Enc. “Quod apostolici numeris”); pp. 308 a 319 (Enc. “Humanum Genus”). [7] Íbidem, pp. 648 a 662 (Enc. “Vigesimo Quinto Anno”). [8] Íbidem, pp. 689 a 696 (Enc. “E supremi apostolatus”). [9] La Revue Aatimaçonique, pág. 171, año 1915. [10] Colecc. Compl de Enc. Pont., op. cit. Tomo I, pp. 1371 a 1381 (Enc. “Charitate Christi Compulsi”). [11] Íbidem, pp. 1337 a 1353 (Enc. “Non abbiamo bisogno”). [12] Íbidem, pp. 308 a 319 (Enc. “Humanum Genus”). [13] Rivista della Massoneria italiana, pp. 129 y 297. Año 1884. [14] Colecc. Compl. de Enc. Pont., op. cit. Tomo I, pp. 1482 a 1502 (Enc. “Divini Redemptoris”).






 

CAPÍTULO X. ÉPOCA ANTERIOR A LA INSTALACIÓN OFICIAL

1. LAS SOCIEDADES SECRETAS DE LOS PATRIOTAS AMERICANOS.
2. LA FIGURA DE MARIANO MORENO.
3. SAAVEDRISMO Y MORENISMO.
4. REACCIÓN POPULAR DE RECUPERACIÓN NACIONAL.
5. SAN MARTÍN Y LA LOGIA LAUTARO.
6. LA ARGENTINA QUIERE SEGUIR VIVIENDO SU PROPIA VIDA ORGÁNICA SECULAR.
7. LA LOGIA LAUTARO MANEJADA POR ALVEAR.
8. NO CONSENTIR EN MUTACIONES NI AVENTURAR LA SUERTE DEL ESTADO.
9. LOS CAUDILLOS, FIELES INTÉRPRETES DEL ALMA NACIONAL.
10. EL VERDADERO PATRIOTISMO.
11. ACTIVIDADES DE SAN MARTÍN Y ADMINISTRACIÓN DE RIVADAVIA.
12. EL DESENLACE FATAL DE LA POLÍTICA RIVADAVIANA.
13. CONDENACIÓN DEL LIBERALISMO PORTEÑO.
14. LAS SOCIEDADES SECRETAS ANTES E INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE CASEROS


EPOCA ANTERIOR A LA INSTALACION OFICIAL La instalación de la primera logia masónica en el actual territorio de la República Argentina – según escribió el masón Martín Lazcano – es posterior a 1795 y anterior a 1802. La habrían fundado con el nombre de “Logia Independencia”, residentes franceses en Buenos Aires ; pero se carece totalmente de documentación logial y de pruebas históricas convincentes, a tal punto que el historiador Juan Canter niega rotundamente su existencia [1] . Juan María Gutiérrez afirma en la “Revista de Buenos Aires” [2] que la primera logia masónica fue fundada por el portugués prófugo Juan da Silva Cordeiro en 1804, el cual la bautizó con el nombre “San Juan de Jerusalén”, y que el general Beresford asistió dos veces a sus “tenidas” durante las invasiones inglesas. Ignacio Núñez escribió que las primeras logias masónicas las fundaron los ingleses en 1806, en la invasión británica al Río de la Plata. “Fue en este tiempo cuando por primera vez en estos países se colocaron los cimientos de logias masónicas”. El historiador Bauzá dice que sus nombres fueron “Estrella del Sur” e “Hijos de Hiram”, y que tenían al tanto a los ingleses de Montevideo de las reacciones que sorprendían en los patriotas porteños [3] . El general Beresford y el coronel Pack pudieron evadirse de la cárcel, gracias a los agentes masónicos a quienes les servían de enlace Saturnino Rodríguez Peña y el boliviano Manuel Aniceto Padilla. Estas logias de origen extranjero – de vida efímera e intrascendente – desaparecieron, como tales, después de las invasiones inglesas ; pero sus componentes tratarán más tarde de infiltrarse en las sociedades secretas fundadas por los patriotas, para influir con sus ideas en el ánimo de los dirigentes de la Revolución de Mayo, desviándola de su cauce inicial. IR A CONTENIDO . . 1. Las sociedades secretas de los patriotas americanos El venezolano Francisco de Miranda es el fundador y organizador de las sociedades secretas patrióticas, las cuales tuvieron por fin exclusivo el luchar por la independencia de Hispanoamérica. Los americanos que residían en España constituyeron en Madrid, en 1795, la “Junta de Diputados de los Pueblos y Provincias de la América Meridional”, integrada por civiles, militares y sacerdotes. Los hermanos argentinos norteños José y Francisco Gurruchaga, el coronel salteño José Moldes y los sacerdotes americanos José Cortés Madariaga, Servando Mier y Juan Pablo Fretes – entre otros muchos – formaron parte de esta junta o sociedad patriótica, en la cual pudo haber también algún masón encubierto. Sus delegados se reunieron con Miranda en París el año 1797. Allí decidieron solicitar la ayuda militar a Inglaterra, a cambio de un empréstito, y disolverse como sociedad, para regresar luego a los distintos pueblos de América y fundar sociedades secretas que propagaran las ideas de la independencia; delegando en Miranda el poder ejecutivo central. Este, a su vez, lo delegó en Andrés Bello al partir para los Estados Unidos. El patriota venezolano se radicó entonces en Londres, y fundó allí, en 1800, la “Gran Reunión Americana”, cuyos miembros se llamaron “Caballeros Racionales”, “porque nada más racional – diría fray Servando Teresa de Mier – que morir por su patria y sus paisanos”. Esta sede central subsistió hasta 1810. Como filiales en España José Gurruchaga atendía la “Sociedad de Lautaro” en Cádiz; y Moldes, la “Conjuración de Patriotas” en Madrid : asociaciones secretas de jóvenes americanos que según escribió Bernardo Frías- habían resuelto lanzarse a trabajar denodadamente por la independencia de la Patria [4] . El masón Miranda había sugerido al ministro inglés Pitt, en 1798, la conveniencia de las invasiones al Río de la Plata las cuales se efectuaron en 1806 y 1807; porque su aspiración no era como la de San Martín, a saber : la independencia total, sino tan sólo el cambio de amo. Por tal motivo no contó con el apoyo de los criollos al desembarcar en Venezuela. Por el tratado de 1797 Inglaterra se comprometía a ayudar a América a cambio de un empréstito de 30.000.000 de libras esterlinas y la libre navegación de los ríos. Además, Miranda prometía a Estados Unidos la entrega de las islas del Mar Caribe y la parte oriental del río Misisipí por el auxilio de las tropas solicitadas [5] . El nombre de Lautaro – indio araucano que murió en la lucha con el invasor hispano a los veinte años de edad, defendiendo la libertad de su tierra – quedó inmortalizado como símbolo de patriotismo y de valor; idealizando, en su apuesta figura los sentimientos nativos de Patria e Independencia. En las filiales de la Gran Reunión Americana se inscribieron – además de los ya nombrados – Pueyrredón, Bolívar, O’Higgins, San Martín, Zapiola, Balcarce, Alvear, Tomás Guido, hermanos chilenos Carrera, el sacerdote entrerriano Ramón Anchoris, el sacerdote chileno Camilo Henríquez, el sacerdote venezolano Francisco Javier Urtáriz, Andrés Bello, Sucre, Manuel Moreno, etc… Tales sociedades secretas de los patriotas, residentes en Europa o de paso por España, no eran masónicas sino únicamente político-profanas. El acta de fundación de su matriz londinense las define como “un reclutamiento de hombres hábiles para la campaña libertadora de América” [6] . Desde 1806 hasta 1856 no hubo logias masónicas propiamente dichas en la Argentina ; pero sí hubo masones aislados, que al infiltrarse en las sociedades secretas de los patriotas ganaron adeptos entre sus miembros, logrando formar grupos políticos de argentinos con mentalidad filomasónica, conscientes los menos e inconscientes los más. Su jefe habría sido Julián Alvarez y los miembros de la logia irregular a la cual pertenecían, habrían penetrado en el Club de los morenistas y en la Sociedad Patriótica y, luego, en la Logia Lautaro. Todos ellos ocultaron su verdadera personalidad en el secreto y clandestinidad que la secta mantuvo hasta Caseros. Las ideas patrocinadas por estos pocos demoliberales con tendencias extranjerizantes, antitradicionalistas y anticriollistas, que pretendieron herir de muerte a la Patria en su íntimo ser nacional, y que desde sus albores provocaron el general repudio de la parte más sana del pueblo criollo, reconocen todas ellas su paternidad masónica – por lo menos en su contenido y en sus principios y en la ideología extraviada de los hombres que, en buena fe, las propiciaron. Sin embargo, repetimos, todas las sociedades secretas que se fundaron en la Argentina, antes de 1856, fueron de índole político-social y ninguna de ellas fue estrictamente masónica [7] . IR A CONTENIDO . . 2. La figura de Mariano Moreno Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta de 1810, había sido alumno de los sacerdotes profesores del Colegio de San Carlos en Buenos Aires y de los sacerdotes catedráticos de la universidad de Charcas, donde le costeó los estudios el canciller, presbítero Pedro de Iriarte, que en octubre de 1816, ocupará la presidencia del Congreso de Tucumán. Para él franqueó las puertas de la rica biblioteca conventual de San Francisco en Buenos Aires, su maestro y gran patriota fray Cayetano Rodríguez, y en Charcas hizo otro tanto su profesor el canónigo Matías Terrazas. Al doctorarse en leyes juró defender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, como lo hiciera Belgrano en España al graduarse de abogado. Como secretario del Primer Gobierno Patrio escribió en la Gaceta del 21 de junio de 1810: “Habrá libertad de hablar y escribir en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de Nuestra Augusta Religión”. Al publicar en Buenos Aires el “Contrato Social” de Rousseau procuró expurgarlo de todas las referencias anticlericales e irreligiosas que su juicio contenía, advirtiendo al lector que “el autor, por desgracia, en muchos puntos delira, sobre todo tratándose de materia religiosa” Como vemos, el “democrático” Moreno establecía medidas drásticas contra los que pudieran menoscabar la Religión, y aplicaba censura previa a la prensa y a la misma literatura liberal aún en cuestiones filosóficas. Pero, a pesar de tan cristianos antecedentes del joven revolucionario, su actuación pública resultó impopular, debido a su política extranjerizante y a sus actos terroristas, en contraposición a la tradición criolla [8] . El virus enciclopedista había influido poderosamente en su espíritu y el cáncer del naturalismo minaba las mentes y los corazones del grupo de los exaltados “morenistas” que lo seguían. La Revolución, por este motivo, perdió en él a un excelente tribuno del pueblo, que pudo llegar a ser el intérprete genuino de sus ideales. Antes del año 1810, era el abogado de los intereses comerciales ingleses en el Río de la Plata y consultor privado del virrey Cisneros. El historiador Ricardo Levene insinúa la idea de que el anglófilo Moreno fuera elegido secretario de la Primera Junta, precisamente por las íntimas relaciones que mantenía con míster Alex Mackinnon, presidente de la Comisión de Comerciantes de Londres en Buenos Aires. Otro de los agentes británicos en el seno de la Primera Junta fue Castelli, que contribuyó, con su desacertada actuación en los sucesos de Mayo, al desprestigio de la Revolución. Federico Ibarguren afirma que “el jacobismo terrorista de los morenistas y la utilitaria intervención de Inglaterra en los asuntos de la Revolución de Mayo – requerida por Moreno y su equipo desde el gobierno – fueron la verdadera causa de todos los males, desinteligencias y claudicaciones que siguieron, en beneficio de la política portuguesa en el Plata” [9] . Moreno prometía a los ingleses ventajas comerciales, privilegios de toda clase y hasta concesiones territoriales, como el Uruguay y la isla Martín García – para fundar una colonia británica – a cambio de las armas que solicitaba. “Debemos proteger su comercio aunque suframos algunas extorsiones – escribía en su Plan a la Junta – ; sus bienes (para nosotros) deben ser sagrados”. La renuncia le fue aceptada por “no ser provechosa al público la permanencia de un magistrado desacreditado”. Con todo no podemos negar que, Moreno era un patriota sincero ; pero, sin embargo, filosóficamente extraviado. Creyó, además, en la sinceridad de la diplomacia británica, y utilizó – sin conocer su origen – el apoyo masónico que tras ella se ocultaba. Cuando lo advirtió, privó en él el sentimiento patrio sobre todo otro sentimiento espurio, y rompió con su política ang1ófila. Su muerte, a la temprana edad de treinta y tres años, y precisamente en un buque inglés, a causa de una “rara enfermedad”, no deja de impresionarnos profundamente. IR A CONTENIDO . . 3. Saavedrismo y morenismo Los saavedristas, unidos a los ex combatientes de las invasiones inglesas – que habían reconquistado y defendido a Buenos Aires -, a los representantes oficiales de las provincias y al clero patriota, reaccionaron contra el utilitarismo y extremismo de los morenistas, apoyando las tendencias tradicionalistas y moderadas de la gente sensata, que era la mayoría de la población del virreinato. “El partido de Saavedra – afirmó Alberdi contra la opinión de Mitre – era el partido verdaderamente nacional, pues quería que la nación toda, interviniera en su gobierno”. La primera víctima del terrorismo morenista fue Liniers – el Héroe de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires y el primer Virrey elegido por el pueblo -, arcabuceado el 26 de agosto de 1810. Su “crimen” verdadero había sido rechazar a cañonazos la tentativa inglesa de apoderarse de Buenos Aires. La inexorable sentencia de Moreno se aplicó también a sus ilustres compañeros cordobeses y más tarde a los jefes realistas del Alto Perú; y Castelli – “el verdugo de la revolución” – dijo al cumplirla : “El escarmiento debe ser la base de la estabilidad del nuevo sistema”. De él había dicho Saavedra: “Castelli prefiere los derechos de su enemistad a los intereses de la Patria” [10] . “No quede ni un solo europeo, militar o paisano, que haya tomado armas contra la capital”. Así rezaba el úkase de la Junta del 3 de diciembre de 1810. Pedro Somellera, agente de Castelli en Asunción, también había “recibido órdenes precisas para decapitar a los jefes de la oposición paraguaya y confinar el resto en los fortines del Norte” [11] . Sin embargo, el coronel Francisco Ortiz de Ocampo, jefe de la expedición, opinaba diversamente cuando decía: “La base más segura para cimentar el nuevo sistema de gobierno no es la fuerza sino el amor”. Por eso fue relevado de su cargo junto con Hipólito Vieytes, que representaba a la Junta y que participaba de este criterio de clemencia y moderación. Más tarde escribirá el historiador Vicente Fidel López : “¡ Cuánta mayor honra para la Revolución si los hombres que la gobernaban hubieran sido clementes! Pero no lo fueron” [12] . La Junta se excusará de tales asesinatos diciendo : “Imposible encarcelarlos con seguridad de no evasión”. Por otra parte, “expatriados conspirarán contra la libertad”. Moreno comunicaba a Castelli en las “Instrucciones Reservadas”, que “dejara que los soldados hicieran estragos en los vencidos para infundir terror”, pues “la Junta aprueba tal sistema de rigor y de sangre”. “La menor semiprueba contra la causa – decía – debe castigarse con pena capital (ya que) ningún Estado puede regenerarse sin verter arroyos de sangre… No deben, por tanto, escandalizar las voces de ‘verter sangre’, ‘cortar cabezas’, ‘sacrificar a toda costa’. No pudo, sin embargo, consumar su criminal intento de ajusticiar a todos los miembros del Cabildo de Buenos Aires, porque se opuso tenazmente a tan inicua medida el coronel Saavedra con estas palabras: “Trate Ud., doctor, de derramar sangre, pero tenga por cierto que esto no se hará. Yo tengo el mando de las armas y para tan perjudicial ejecución protesto desde ahora no prestar auxilio”. Para el masón argentino Zúñiga, “Saavedra representaba al partido retrógrado del jesuitismo, y Moreno al liberalismo renovador, por lo que, si no fue masón, merecía serlo” [13] . Saavedra, poco tiempo después, debió abandonar el gobierno, y será perseguido a muerte por aquellos a quienes, con su decisión y patriotismo, les había dado la libertad. Castelli, cumpliendo órdenes del gobierno morenista, continuaba su persecución en el Norte, aun en lo religioso-tradicional ; originando, por tales motivos, enconadas resistencias que anularon las victorias de las armas patriotas, hasta desembocar en el desastre de Huaqui del 20 de junio de 1811. Antes de la batalla, algunos oficiales se atrevieron a blasfemar diciendo : “Venceremos contra la voluntad misma de Dios”. En el Alto Perú se declaró entonces la guerra santa contra los “corrompidos, ateos y herejes” insurgentes de Buenos Aires, capitaneados por el libertino Castelli y el furibundo jacobino Bernardo de Monteagudo. El historiador Julio Raffo de la Reta afirma que “la torpe conducta de muchos oficiales de Buenos Aires, que con sus expresiones de desusada incredulidad y ateísmo creían atraer la admiración general” – atropellando sacrílegamente las procesiones de los devotos indígenas y vistiendo los ornamentos sacerdotales para arengar al pueblo desde el pú1pito, como lo hiciera Monteagudo, después de la parodia de oficiar la misa en el pueblo de Laja – motivó el desprestigio total de la Revolución, adquiriendo, en las poblaciones del altiplano, un sentido anticatólico e impío que nunca tuvo. Y llegó a tal extremo el encono que, según escribe el general Gregorio de Lamadrid en sus “Memorias”, los soldados del Norte decían: “Cristiano soy y líbreme Dios de ser porteño”. Tomás Manuel de Anchorena, secretario de Belgrano, culpa a la inmoralidad de Castelli y de sus acompañantes, la anarquía y la confusión en que quedaron sumidas aquellas provincias, que luego perdimos para siempre. “El curato de Laja – dice Núñez – donde Castelli fijó su residencia, fue el foco de una licenciosa democracia” [14] . “Los diferentes campamentos eran otras tantas ferias diurnas y nocturnas, donde entraban y salían discrecionalmente los hombres y las mujeres; donde se bailaba, se jugaba, se cantaba y se bebía como en una paz octaviana… y luego se desbandaban por las poblaciones para propagar sus doctrinas”. Después de enumerar sus excesos, termina diciendo: “Si Castelli no prescribía estos graves extravíos, por lo menos los toleraba”. Téngase en cuenta que Núñez es un gran admirador y defensor de Castelli y de sus parciales, pero no pudo hacer a menos que reconocer estos tristes hechos. “En las cincuenta lenguas que anduvieron los dispersos, después de su derrota, desde La Paz hasta Oruro, ni encontraron qué comer, sino a balazos; ni quién los recibiera, sino a pedradas”. El deán Gregorio Funes escribía a su hermano Ambrosio el 16 de diciembre de 1810: “Moreno se ha hecho muy aborrecido y Saavedra está más querido del pueblo que nunca”. La reacción no se hizo esperar : el primer intento promasónico en nuestra patria fracasaba gracias a la decidida intervención de los saavedristas que, en la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811, salieron en defensa de nuestra tradición criolla, para neutralizar el plan de los conjurados que pretendían aniquilar la Religión, según testimonio de Funes en la carta que el 8 de abril escribía a su hermano, en la cual, entre otras cosas, le decía: “Castelli se maneja como un libertino. Está sumamente desacreditado”. Esta revolución que devolvió a Saavedra la comandancia de armas, fue hecha por el pueblo católico porteño y las fuerzas armadas de la patria para contrarrestar el laicismo y el liberalismo de los sectarios porteños afrancesados. Sin embargo, pasados los años, los historiadores, al servicio del porteñismo liberal, con Mitre a la cabeza, darán una interpretación deformada de estos episodios, y de ella resultará que Saavedra es un “reaccionario” y Moreno el “caudillo popular”. El manifiesto revolucionario, publicado el 15 de abril en la Gaceta Extraordinaria, contiene el repudio popular contra los miembros de la junta que quería imponer “una furiosa democracia desorganizada y sin moral, cuyo espíritu era amenazar nuestra seguridad en el seno mismo de la patria”. Federico Ibarguren resume así las pretensiones de los morenistas : “Implantación despótica de las impopulares reformas borbónicas ; total predominio de Buenos Aires sobre el Interior ; tendencia extranjerizante y utopista de una legislación inspirada en el despotismo ilustrado francés; regalismo extremado en materia religiosa, otorgamiento de desmedidos privilegios comerciales a Inglaterra aliada de Portugal ; y entreguísmo diplomático en perjuicio del “statuo quo” rioplatense de la frontera oriental” [15] . El 15 de enero de 1811 Saavedra escribía a Feliciano Chiclana que gobernaba en Salta: “El sistema robespierreano que se quería adoptar en ésta, y la imitación de la Revolución Francesa, que se intentaba tener por modelo, gracias a Dios, han desaparecido”. Del Cancionero Popular de los primeros años de nuestra vida nacional son estos versos : “Se va perdiendo la fe! Los jueces y los ministros presidentes y gobiernos, todos van a la moderna quitando el poder a Cristo. Satán nos está engañando con leyes desconocidas; concluyen con lo mejor. ¡Se va perdiendo la fe!’ IR A CONTENIDO . . 4. Reacción popular de recuperación nacional Mientras en Buenos Aires se recuperaba la Revolución de Mayo por la victoria del saavedrismo en sus tradiciones hispánicas de vida, de profunda raigambre cristiana, el cristianísimo general Belgrano – según escribe el general José María Paz en sus “Memorias Póstumas” – “restablecía la opinión religiosa de nuestro ejército”. En Tucumán hacía oficiar funerales por los caídos de ambos bandos y distribuía antes de la batalla de Salta, los cuatro mil escapularios de la Virgen a los jefes, oficiales y tropa; consolidando así esa opinión de religiosidad, que iban recuperando las armas de la patria. Y el 6 de abril de 1814, escribía desde Santiago del Estero a su sucesor en el mando el general don José de San Martín : “Mi amigo. Acuérdese Ud. que es un general cristiano, apostólico, romano. No deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes… El ejército se compone de hombres educados en la fe católica que profesamos… No olvide los escapularios a la tropa. se lo dice a Ud. su verdadero y fiel amigo. Manuel Belgrano”. El deán Funes, jefe de los saavedristas, originó el decreto de la creación de las Juntas Provinciales, base de nuestras actuales legislaturas de provincia, haciendo justicia a la autonomía de los cabildos del Interior ; y – según escribió Levene – canónigo Juan Ignacio Gorriti le debemos el documento de más significación política, origen de nuestro Federalismo, donde se asienta el principio de la absoluta igualdad de derechos de todos los pueblos”, ciudades y villas del virreinato, y que fue sancionado el 10 de febrero de 1811. Funes, en su decreto, establece por primera vez en la Argentina, el voto popular, el sufragio universal y la participación del pueblo en los negocios públicos [16] . En descargo de nuestros primeros liberales afrancesados ; masonizantes podemos afirmar que no llegaron a los extremismos patrocinados por los principios rusonianos ; pues tales excesos – escribe Federico Ibarguren – eran profundamente repudiados por la sana comunidad vernácula, espiritualmente católica y socialmente jerarquizada. Es absurdo intentar un paralelo entre el ideario del movimiento criollo de 1810 – de fondo y sentimiento netamente hispano – y el repertorio de temas y métodos de la Revolución Francesa : cismática, impía y racionalista. El pueblo francés se debió resignar a aceptar por la fuerza las reformas masónicas, a cambio de no morir como una res en la guillotina [17] . Ricardo Levene y Enrique de Gandia sostienen la misma tesis, a saber : que entre ambas revoluciones “no hay la más insignificante semejanza, el más mínimo contacto, la más ligera dependencia”. “La revolución emancipadora no fue, como quisieran los liberales, un movimiento insurreccional contra las esencias católicas e hispánicas que configuran nuestra personalidad – escribió García Mellid -. Mitre es uno de los que se empeñó en desnaturalizar el prístino sentido de la Revolución de Mayo”; el cual, según Alberdi, “só1o se realizó con la noble mira de fundar otro gobierno en su lugar, más provechoso para la finalidad de América. y nada más”. Frente a la política económica morenista de los liberales porteños, que sólo favorecía a los anglosajones y a los comerciantes y hacendados de Buenos Aires en desmedro de los intereses de los habitantes del litoral y del interior, los gauchos argentinos se alistan como rebeldes en las “montoneras” de los caudillos, porque querían ser dueños de su tierra y del gobierno de su patria. Alberdi, en sus “Estudios Económicos”, escribió que “la independencia para los provincianos consistió en dejar de ser colonos de España para serlo de Buenos Aires. Los argentinos vienen a ser tributarios de la metrópoli como los indios lo eran de España. La libertad ha sido para ellos un cambio de esclavitud y de amo: han sido libres dentro de la cárcel. Sólo Artigas ha sido excepción de esta regla; de ahí proviene el odio implacable que Buenos Aires le profesa” [18] . Artigas fue el primer caudillo popular que se alzó con sus tropas colecticias gaucho-indígenas contra el grupo anglófilo porteño y contra el avance portugués. Intransigente, frente a las desmembraciones. de la patria consentidas por la camarilla porteña que acaba de firmar el ominoso armisticio de Montevideo, se subleva contra el Primer Triunvirato, que así lo engañaba al renunciar a los derechos argentinos al Uruguay y parte de Entre Ríos, y que nombra a Sarratea en su lugar, cuando ya se disponía a realizar su formidable plan de liberación rioplatense. En aquel armisticio, que Artigas calificó de traición, Rivadavia declaraba que las Provincias Unidas eran parte de España, juraba fidelidad a Fernando VII y prometía auxilios económicos a España en su lucha contra Napoleón. Inglaterra, dueña entonces del mercado criollo, reinó soberana en el Río de la Plata y fue su única prestamista con anuencia del grupo porteño ; obteniendo así, sin esfuerzo, lo que no pudo conseguir militarmente en 1806. Viendo la imposibilidad de la conquista territorial, comienza a intrigar y promover la división del imperio hispánico, aspirando al dominio de su economía. No habiendo podido vencernos por las armas, nos dejó en represalia la masonería. Aludiendo a estos hechos, afirmará Chateaubriand en 1838: “Las colonias españolas, al emanciparse de su metrópoli se han convertido en colonias inglesas… Y en las nuevas repúblicas la supremacía extranjera comprime el desarrollo y el vuelo del genio nacional” [19] . El ministro Ganning escribía en 1825 : “Hispanoamérica es libre, y si nosotros sentamos ‘rectamente’ nuestros negocios, ella será inglesa”. Dice Luis Varela que “el centralismo de Rivadavia obligó a salir de Buenos Aires en veinticuatro horas, en noviembre de 1811, a todos los diputados del Interior, perseguidos con el anatema de “enemigos de la patria”. Estos llevaron a las provincias la voz de alarma contra las usurpaciones del poder cometidas por el Primer Triunvirato y el partido porteño”. Lo mismo repetirá en abril de 1812 con los diputados de la asamblea que reunida en Buenos Aires se declaró soberana [20] . Luego suprime las Juntas Provinciales con todas sus autonomías, fusila a los once militares cabecillas de la rebelión de “las trenzas”, del 6 de diciembre de 1811, y quita el uniforme el número y la antigüedad al regimiento de Patricios. Tales hombres rivadavianos desautorizaron a Belgrano por su “delito” de izar la bandera argentina en las barrancas del Paraná y lo amonestaron severamente por haberla hecho flamear en la heroica Jujuy, después de su solemne bendición. Más tarde, en 1814, Rivadavia aconsejará al Gobierno Supremo de la Nación que devuelva las banderas que, con tanto heroísmo, arrebató Belgrano al enemigo. Por otra parte, siguen las medidas a favor del comercio inglés : “iniciando, con tales decretos de protección a todo lo extranjero y de desestimación y hostilización a lo nacional – dice Juan P. Oliver – la incubación de las futuras reacciones populares de tinte federal”. La “Sociedad Patriótica” formada, en enero de 1812, por un sector del “Club” de los morenistas, creado a principios de 1811, se halla también en desacuerdo con tal gobierno impopular y con su obsecuencia para con el embajador británico. El mismo demagogo Monteagudo escribía el 13 de abril de 1812 contra el gobierno. Y luego, el 25 de setiembre, fustiga el despotismo del Primer Triunvirato que “comete actos, que importan un baldón para la democracia y un azote para el pueblo de las Provincia Unidas del Río de la Plata” [21] . En este tiempo comienza en Buenos Aires la confiscación de bienes con motivo de la conspiración de Martín de Alzaga – el defensor de la Ciudad contra el invasor inglés – que fue ajusticiado en la plaza pública con sus compañeros, el 6 de julio de 1812, sin pruebas ni proceso válido, por hombres de partido, movilizados por Rivadavia. Belgrano y la parte más sana del país condenaron el cruento exceso de este rigor [22] . Mitre escribió que “por un mes y medio se siguió fusilando, desterrando y secuestrando propiedades”. Rivadavia, “el hombre fuerte del Triunvirato”, que inauguró en nuestra patria la era de las “facultades extraordinarias” reinando soberano con su absoluto discrecionalismo, resulta ser – como lo probaremos luego – el responsable de todos los males del gobierno; así como el liberalismo que él fundó en el país ha sido, a lo largo de los tiempos, el factor determinante de todas nuestras desventuras. “Sus contemporáneos – dice García Mellid – abominaron de él, las provincias lo desautorizaron, San Martín lo despreció, Dorrego lo combatió y el pueblo lo repudió tantas veces cuantas pudo expresar libremente sus sentimientos” [23] . IR A CONTENIDO . . 5. San Martín y la Logia Lautaro En este momento aparece como áncora de salvación para la patria, la Logia Lautaro, cuyo programa “Independencia y Constitución”, iba a dar impulso al movimiento criollo de 1810. San Martín, Alvear, Zapiola y Anchoris fundaron en Buenos Aires, en agosto de 1812 – a los cinco meses de su llegada de Europa – esta sociedad secreta, independiente de toda matriz extranjera. No dependía ni de Londres ni de Cádiz. Su local de reuniones se hallaba en la actual calle Balcarce, frente al paredón del convento de Santo Domingo. “No era masónica, ni se derivaba de la masonería – dice Mitre – sino que tan sólo utilizaba algunas palabras, toques y señales, o sea ciertas prácticas rituales de corte masónico a los simples efectos materiales de orden interno, pero su objeto era más elevado”. Sarmiento dice que “no era una masonería como generalmente se ha creído ni menos las sociedades masónicas entrometidas en la política colonial”. Aunque los actuales masones argentinos hayan osado juzgar aviesamente las intenciones de la circular de la Logia Lautaro, cursada a San Martín el 21 de diciembre de 1816, los conceptos allí vertidos sobre el respeto debido a la religión de los pueblos son dignos de especial recordación. Helos aquí: “No atacar ni directa ni indirectamente los usos, costumbres y religión. La religión dominante será un sagrado de que no se permitirá hablar sino en su elogio, y cualquier infractor de este precepto será castigado como promotor de la discordia en un país religioso” [24] . Prestaba su juramento sobre los Santos Evangelios, se obligaba al más riguroso secreto, y su objeto era defender la libertad e independencia. El masón argentino, Martín Lazcano – de antigua y activa militancia en la institución -, afirma que todas las asociaciones políticas y secretas que fueron apareciendo en nuestro escenario patrio, después de 1806 hasta 1856, no fueron masónicas sino político-revolucionarias de carácter meramente profano ; si bien empleaban en su régimen interno y en su acción externa modalidades masónicas, y pudieron contar con algunos masones emboscados entre sus miembros. Ricardo Rojas escribió en “El Santo de la Espada” que la logia de Lautaro era autónoma; no dependía de matrices masónicas y ni siquiera de otras asociaciones secretas ; y el fundador del Instituto Sanmartiniano – José Pacífico Otero – nos asegura en el tomo lº de su “Historia del Libertador Don José de San Martín”, que la logia fundada por San Martín no era en modo alguno masónica sino política. Nuestra Lautaro, fundada por San Martín, fue, pues, una simple sociedad patriótica como sus modelos de Madrid, Cádiz y Londres. La masonería en un primer momento pudo creer en San Martín, pero San Martín jamás creyó en la masonería ; porque él no venía a envilecer al país sino a salvarlo. Dentro de la práctica del lautarismo no entraba la iniciación masónica, y todas las demás sociedades secretas argentinas anteriores al 1856, vivieron siempre al margen de los principios ocultos y las leyes secretas de la masonería [25] . Dice Federico Ibarguren que San Martín y sus compañeros se afiliaron en Cádiz a la Sociedad de Lautaro “con el exclusivo propósito de la independencia política de su patria amenazada, pero que él no endosó sus extremismos ideológicos, su antiespañolismo de fondo ni su sospechosa docilidad a las directivas de la política británica en el nuevo mundo, con que tal sociedad se caracterizó más tarde” [26] . En efecto, la infiltración masónica iniciada en España durante el reinado de Carlos III, persiguió en su intento satánico la sistemática aniquilación del pasado en España y América, por medio de su elenco de déspotas ilustrados con Aranda a la cabeza. El plan borbónico se consumó en 1812 por la acción de las Cortes de Cádiz con intervención directa de la masonería internacional. “San Martín, en cambio, defiende la aplicación de la monarquía, el respeto a la autoridad y el fortalecimiento de la Religión – afirma el historiador José de la Puente – porque no era ni enciclopedista, ni menos jacobino, ni sufrió las ilusiones rusonianas de un Moreno” [27] . Joaquín V. González – afiliado a la masonería en su juventud – dijo el 3 de agosto de 1905 en el colegio de La Salle de Buenos Aires siendo ministro de Instrucción Pública de la Nación : “Los prohombres de nuestra amada patria fueron todos cristianos austeros, como cristiano fue también el ambiente en que se reunieron nuestros primeros congresos” [28] . Con los civiles y militares lautarinos “fraternizan” en Buenos Aires los sacerdotes patriotas argentinos : Castro Barros, Chambo, Chorroarin, Figueredo, Gregorio y Valentín Gómez, Agüero, Grela, Perdriel, Cayetano Rodríguez, Herrera, Aparicio, Sáenz, Zavaleta, Toro, Díez de Rámila, Segurola, Vidal, Anchoris, Pedro Gallo, Amenábar, Fonseca, Salcedo, Rivarola, etc. Y así como hubo numerosos sacerdotes logistas en Buenos Aires, los hubo también numerosos en las logias patrióticas de Mendoza, Tucumán, Montevideo, Chile, Caracas, Bogotá, Lima y México, de preponderante actuación en los sucesos revolucionarios de los respectivos países hispanoamericanos. La logia Lautaro, mientras estuvo a su frente San Martín, cumplió patrióticamente su misión ; decayó luego con Alvear y agonizó durante el gobierno de Pueyrredón, para desaparecer definitivamente con Rondeau en 1820. San Martín estaba decidido a abandonar para siempre el terreno político en que sólo por accidente había entrado, y cedió por entero a su competidor Alvear el campo de la Logia. En su seno se destaca, a fines de 1818, un partido personal – el alvearista – que a la postre la absorbió por completo. Mitre afirmó que “la logia Lautaro, condenable en tesis general, produjo en su origen bastantes bienes y algunos males, que inclinan la balanza a su favor. Sólo accidentalmente sirvió a ambiciones bastardas que tuvieron correctivo en la opinión. Tal institución secreta, por obra de San Martín y Alvear, preparaba entre pocos lo que debía aparecer en público como el resultado de la voluntad de todos. Ella debía ser el brazo que impulsara y la cabeza que orientara el movimiento revolucionario. Su finalidad era “mirar por el bien de América y de los Americanos” ; y su consigna : “Nunca reconocerás por gobierno legítimo de la patria sino aquel que sea elegido por libre y espontánea voluntad de los pueblos” [29] . Mariano de Vedia y Mitre, en la “Vida de Monteagudo”, es más severo en su juicio. Allí sostiene que “tal logia fue un instrumento político al que estuvieron supeditados los gobiernos que contribuyó a formar bajo la fe del juramento y las penas más severas a quienes lo violaran ; por eso San Martín se sometió a sus decisiones, que limitaban su libertad de acción como jefe militar y gobernante, y por eso, Monteagudo, como tantos de sus miembros, fueron víctimas de las decisiones de sus cofrades, reunidos siempre en cónclave secreto e irresponsable ante la ley y ante la historia”. “Las mismas logias lautarinas de Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y Lima del Perú – dice el historiador chileno Barros Arana – estrechamente vinculadas entre sí, fueron víctimas de enconadas rivalidades y cayeron las unas sobre las otras” [30] . A la logia Lautaro se afiliaron luego algunos elementos que habían pertenecido al “club” de los morenistas, fundado por los parciales de Moreno y que ahora – para salvar la profunda divergencia que los dividía con motivo de la política seguida por el Primer Triunvirato – habían fundado la Sociedad Patriótica. A raíz de la ineptitud de Rivadavia, San Martín, con sus tropas, apoya el movimiento revolucionario del 8 de octubre de 1812. Desde este momento la logia Lautaro entra en plena dirección del Estado y por lo tanto, de la Revolución de Mayo. Consta en el acta del Cabildo de Buenos Aires del 8 de octubre de 1812 que los militares José de San Martín, Carlos de Alvear, Francisco Ortiz de Ocampo, etc…, comparecieron en la Plaza con sus tropas “para proteger la libertad del Pueblo, para que pudiese explicar libremente sus votos y sus sentimientos, dándoles a conocer de este modo que no siempre están las tropas – como regularmente se piensa – para sostener los gobiernos y autorizar la tiranía ; que saben respetar los derechos sagrados de los pueblos y proteger la justicia de éstos… suplicándoles solamente (que) se trabajase por el bien y la felicidad de la Patria, sofocando esas facciones y partidos que fueron siempre la ruina de los Estados”. IR A CONTENIDO . . 6. La Argentina quiere seguir viviendo su propia vida orgánica secular San Martín escribirá más tarde a Tomás Godoy Cruz, diputado al Congreso de Tucumán, sosteniendo que “Rivadavia hizo indispensable esta revolución por ser enemigo irreconciliable de la logia Lautaro; pues no la comprendió en su triple “unción de asesorar al gobierno compartiendo su responsabilidad, de vigilar a los díscolos e indisciplinados, y de hacerse eco de las opiniones populares para trasmitírselas oportunamente” [31] . De esta segunda victoria del tradicionalismo criollo emergen las dos figuras próceres de Artigas y San Martín. Ambos buscaban la independencia de toda dominación extranjera sin las componendas y tapujos morenistas y rivadavianos, pero mientras el artiguismo bregaba por una revolución económica y de reivindicación social – escribe Federico Ibarguren – el logismo sanmartiniano, que derrotó al Primer Triunvirato, buscaba una revolución política e ideológica” [32] . Porque, como dijo Juan Zorrilla de San Martín: “América se emancipa de su metrópoli, no para interrumpir su historia sino para continuarla, para seguir viviendo su propia vida orgánica secular”. San Martín, por desgracia, gravitó muy poco tiempo en la logia. Combate en San Lorenzo el 8 de febrero de 1813, marcha hacia el Norte para sustituir a Belgrano, se restablece en Córdoba en su quebrantada salud, y se dirige luego a Mendoza para desempeñar el gobierno de Cuyo. Los “liberales” de la Sociedad Patriótica – que unidos a los lautarinos sanmartinianos habían contribuido a la caída del régimen rivadaviano – se habían embanderado en la logia, con su caudillo, Monteagudo, secretario de Castelli, para luchar contra la política de transacción con España, sostenida por Sarratea y Rivadavia; por eso que esa alianza fue tan sólo superficial, pues, entre San Martín y el versátil demagogo y frenético jacobino, había profundas divergencias filosóficas. Mientras San Martín – escribe Federico Ibarguren – buscaba la independencia para salvar al nuevo mundo del afrancesamiento disolvente, Monteagudo quería romper con la tradición hispana y crear en nuestra patria la “Nueva Humanidad” soñada por los masones enciclopedistas e intelectuales de la dictadura jacobina” [33] . Monteagudo, continuador de Moreno y Castelli, exigía reformas radicales, recurriendo al terror y el exterminio. En junio de 1812 decía en la Sociedad Patriótica: “quiero que se inmolen a la patria algunas víctimas ; quiero que se derrame la sangre de los opresores ; quiero que el gobierno olvide esa funesta tolerancia que nos ha traído tantos males desde que Moreno se separó de la cabeza del gobierno. ¡Sangre y fuego contra los enemigos de la patria! ¡Ahora mismo los aniquilaría con un puñal!”. Y el 18 de diciembre de 1812 sugería al gobierno el tremendo bando que establecía que “en toda reunión pública de más de tres españoles, uno sería fusilado por sorteo y si la reunión era en lugar apartado, todos serían pasados por las armas”. Más tarde se arrepentirá de sus extravíos como lo consigna en su “Memoria”, escrita en Quito en 1823, donde dice : “Las ideas demasiado inexactas que entonces tenía de la naturaleza de los gobiernos, me hicieron abrazar con fanatismo el sistema democrático .. Para expiar mis primeros errores yo publiqué en Chile en 1819, el “Censor de la Revolución” ; ya estaba sano de esa especie de fiebre mental que casi todos hemos padecido; y ¡desgraciado el que con tiempo no se cura de ella!”. Por el cúmulo de expoliaciones y crueldades cometidas durante su gobierno impolítico y por su altanería y despotismo el pueblo peruano pedirá su destitución y arresto. De noche, en Lima, será asesinado y su cadáver aparecerá a la mañana siguiente, en una calle de la ciudad, con un puñal clavado en la espalda. Mientras estos “liberales” porteños declamaban sus discursos filomasónicos individualistas y afrancesados, las huestes criollas y tradicionalistas de Belgrano y Artigas, de cuño hispanocristiano daban su vida en los campos de batalla en lucha frontal contra el régimen del déspota ilustrado y contra el invasor político, social, económico e ideológico. Y mientras las “minorías ilustradas” se equivocan siempre en perjuicio del país, la “plebe” lo salva. Pero para los masones, Artigas seguirá siendo el “personaje anarquista y sombrío que crea el caudillismo federal arrastrado por sus fanáticos delirios de mando y poderío”; y Belgrano, el “visionario fanático e inepto” que, a pesar de las protestas de San Martín, debió bajar a Buenos Aires para dar cuenta de su actuación, a causa de la inicua campaña de descrédito que iniciaron contra él sus enemigos logistas [34] . IR A CONTENIDO . . 7. La Logia Lautaro manejada por Alvear Al retirarse San Martín de Buenos Aires, la logia Lautaro no fue otra cosa que la expresión de la voluntad de Carlos María de Alvear [35] . La logia se caracterizó entonces por la degeneración de todos los principios que eran su honor y se transformó en el partido alvearista. Alvear – llamado el Nuevo Catilina – había falseado totalmente los compromisos de la logia, usurpando el poder en su propio provecho y traicionando a sus amigos. Culpable, con Sarratea y Rivadavia, de la política desquiciadora del Primer Triunvirato, suplanta ahora en la logia a San Martín, su antítesis en ideas y en temperamento. Su influencia se dejó sentir preponderante en la Asamblea de 1813, agrupando a los diputados en alvearistas y sanmartinistas, con natural mayoría de los primeros, debido a la ausencia del jefe de los segundos. El gran demagogo y fanático heterodoxo Monteagudo y el gran oportunista y ambicioso Alvear – que frisaba en los veintiséis años de edad – dirigían a la Asamblea desde la logia, bastardeada por su nefasta dirección [36] . El alejamiento de su rival, San Martín, facilitó la política alvearista, postergando el plan sanmartiniano de “independencia y Constitución”, bandera de los lautarinos. Recién cuando Artigas vence a Alvear en 1815, valiéndose del coronel Alvarez Thomas, sobrino de Belgrano – que en su proclama revolucionaria estigmatizaba a “esa facción aborrecida” – pudo declararse nuestra independencia, el 9 de julio de 1818, en el Congreso de Tucumán; y para completar nuestra independencia de toda dominación extranjera, como exigía el histórico congreso fue necesaria la aparición de un dictador, vaticinado por San Martín, como triste consecuencia del estado caótico a que llevó al país la política liberal antiargentina seguida por el grupo porteño extranjerizante y anticriollista [37] . La ideología que informa las leyes de 1813 es el reflejo del pensamiento de los grupos liberales y regalistas de tipo racionalista, presionados por el alvearismo morenista-monteagudeano. Tal victoria de la línea liberal extranjerizante: Moreno-Castelli-Rivadavia-Monteagudo-Alvear, constituyó una verdadera traición a nuestro ser nacional, que provocó la guerra civil. El pueblo reaccionará por medio de sus caudillos en defensa de los principios populares, nacionales y cristianos en la línea argentinizante y tradicionalista Saavedra-San Martín-Belgrano-Artigas en contra de las reformas planificadas en 1813, realizadas en 1822, sancionadas en forma aparentemente inocua en 1853 y 1860, concretadas luego en las leyes anticristianas de 1884 y 1888, con respecto a la escuela y a la familia, y sostenidas, aún hoy día, en flagrante contradicción con la proclama revolucionaria del general Eduardo Lonardi, genuino intérprete del sentimiento nacional del tradicionalismo criollo. En 1888 se asestará un golpe mortal a la familia, la institución madre de la humanidad, desterrando a Dios de los hogares; así como cuatro años antes se lo había desterrado de las escuelas. IR A CONTENIDO . . 8. No consentir en mutaciones ni aventurar la suerte del Estado Los gobiernos del Interior, para precaverse contra la exaltación “liberal” de la camarilla lautarina que presionaba en la Asamblea, instruyen a sus diputados. Las normas prefijadas por el cabildo de Tucumán son las siguientes : “Este pueblo no reconocerá y no permitirá más Religión que una, la cual es la Católica, Apostólica, Romana”. Luego les ordena que “en manera alguna consientan en mutaciones” ; y pide que “no se aventure la suerte del Estado a la ligereza comprometedora de algunos fanáticos propensos a mover facciones y conducirnos a la ruina”. Por el desenfrenado liberalismo y marcado laicismo de la facción lautarina, la Asamblea resultó cismática, y por lo tanto, impopular. Carente de originalidad y autenticidad, fue una simple glosa de las leyes y declaraciones de las Cortes de Cádiz del año anterior, con el agravante político de negar la legítima representación de los pueblos y de combatir los anhelos de organización autónoma y federal. Por eso el 25 de mayo de 1813, en el discurso patrio ante el Gobierno en pleno, dijo en la catedral de Buenos Aires el gran patriota, asambleísta y prócer argentino, presbítero Domingo de Achega, al legitimar, en su brillante pieza oratoria, la declaración de nuestra soberanía: “El Gobierno velará con igual eficacia sobre el orden público que sobre la observancia y conservación de nuestra Religión; y las virtudes cristianas serán siempre el objeto más interesante de sus cuidados y de su celo. Allí donde llega el tirano de Europa (alusión a Napoleón con su ideario masónico de la Revolución Francesa) domina la irreligión, la inmoralidad y el libertinaje. Pero, a pesar de todos estos males, no hubo ni se conoció en las Provincias Unidas del Río de la Plata, otra religión que la cató1ica. Por lo tanto el trastorno político no perturbará en manera alguna la santidad de nuestro culto”. Estas palabras llevaron la tranquilidad a los espíritus y sirvieron de saludable admonición para los gobernantes. IR A CONTENIDO . . 9. Los caudillos, fieles intérpretes del alma nacional Los diputados artiguistas fueron rechazados de la Asamblea del año 1813 por influencia alvearista-lautarina ; pues venían a defender la tesis sanmartiniana, en oposición a las tendencias racionalistas de la logia porteña. Artigas quería Independencia y República, pero sin liberalismo perturbador. El – escribió Emilio Ravignani – “es el argentino más liberal que el país tuvo en el pasado” ; sin embargo, los hombres de Buenos Aires lo declararán traidor a la patria. Los demás caudillos lo imitarán: López – el patriarca de la federación – en Santa Fe, Bustos en Córdoba, Ramírez en Entre Ríos, Quiroga en La Rioja, Rosas en Buenos Aires, Aráoz en Tucumán e Ibarra en Santiago del Estero. Desprestigiado Alvear, debió recurrir al apoyo extranjero – aconsejado por la élite porteña que se había adueñado del gobierno – y enajenó las riquezas del subsuelo patrio para sostenerse en el poder. Creó leyes que permitían la salida de los metales preciosos sin restricción alguna; pues, “no queda otro recurso al Estado – dice el documento oficial – que el dejar estos artículos librados a la codicia del extranjero” [38] . Envió a su ministro Manue1 García a Río de Janeiro para que por medio del embajador inglés Lord Strangford solicitara de Gran Bretaña nos tomara como colonia. Las cartas dicen textualmente: “Estas provincias desean pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés. Es necesario que vengan tropas y un jefe plenamente autorizado que empiece a dar al país las formas que sean del beneplácito del rey y de la nación. A cuyos efectos espero que V. E. me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene para preparar oportunamente la ejecución. Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver, de un modo indudable, que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por sí mismo y que se necesita una mano exterior que lo dirija. Cualquier gobierno es mejor, aún el más tirano, que la voluntad desordenada del populacho…” Y en la carta a Strangford, en referencia a las gestiones de Rivadavia en España, le decía: “Ha sido necesaria toda la prudencia política para apagar la irritación que ha causado en la masa de estos habitantes el envío de diputados al rey… En estas circunstancias, sólo la generosa nación británica puede poner un remedio a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas provincias que obedecerán su gobierno y recibirán sus leyes con placer [39] . Los hombres del Directorio alvearista, al conocer la vuelta de Fernando VII al trono de España, recurren aterrados como única salvación a Inglaterra, que desde Río de Janeiro transforma a nuestro gobierno central en sucursal vergonzante de monarquías europeas. Según escribió el general Paz, San Martín renunció al mando del ejército del Norte porque sospechaba que Alvear lo sustituiría; así como había hecho con Rondeau en Montevideo. A Alvear le molestaba la personalidad de San Martín y todos sus esfuerzos se dirigían ahora a eliminarlo también del gobierno de Cuyo, como si no fueran bastantes las penurias de la patria : pero felizmente, para bien de la Argentina y de la América toda, las órdenes del Director-dictador, influenciado por la rémora liberaloide que lo secundaba, no fueron acatadas; y con Artigas al Este, con San Martín al Oeste y los gauchos de Güemes al Norte, el mandato de Mayo se cumplió. IR A CONTENIDO . . 10. El verdadero patriotismo Escribió el pensador mejicano Carlos Pereyra : “Es cómodo para los directoriales de Buenos Aires haber desarrollado la política de la cobardía, de la indignidad y de la traición; y escribir después la historia de la calumnia. Ellos afirman que la “gente decente” se vio obligada, por la anarquía que existía en el pueblo, a defenderse de la “canalla”, pactando con el extranjero… Pero esto es infame, falso y absurdo, pues la anarquía fue provocada por ellos que eran los dirigentes. Mientras la “sabiduría” de estas clases elevadas capitulaba miserablemente, los caudillos hacían frente al enemigo. Güemes salva a Buenos Aires, mientras Buenos Aires paga negociadores llenos de torpeza y abyección en Europa y Río de Janeiro. Salta arroja a los soldados del virrey, mientras Rivadavia recibe en Europa un puntapié de Fernando VII ¿Quién impide que el Río de la Plata se pierda? Artigas. Sin embargo Artigas es un criminal. Un criminal porque no trata con los portugueses ; y mientras defiende el territorio de Misiones, la diplomacia de Buenos Aires se halla dispuesta a tratar con todos los enemigos y a inutilizar el esfuerzo de todos los defensores, considerando como delincuencia el patriotismo. El patriotismo debe entenderse como cosa recibida en herencia, como un llamado de la tierra de los padres, como un legado acrecentado por el aporte de las generaciones. Pero la minoría directorial urbana, de espaldas a la tierra, confundía el patriotismo con el esplendor de recetas aprendidas en la farmacopea de la filosofía liberal. Para Artigas cada provincia era una unidad menor en el conjunto federativo de la patria común organizada desde abajo. El fue el que más trabajó para que el Paraguay se incorporara a las Provincias Unidas; y porque él siempre soñó con la Gran República Federal que abarcara todo el territorio del antiguo virreinato del Río de la Plata, no fue obra suya la independencia del Uruguay” [40] . Para Sarratea, Rivadavia, Alvear, Monteagudo, Moreno, Castelli y sus epígonos “liberales”, lo único importante era el puerto y sus intereses y las ideas que por allí entraban, que nos darían la “verdadera civilización de la humanidad futura”. Nosotros, en cambio, dice Federico Ibarguren, “debemos continuar el pensamiento y la política de aquellos patriotas, defensores de nuestra soberanía ; para que renazca en estas tierras metalizadas una nueva era de Civilización y de Fe, siguiendo nuestra tradición, que no es cosa de archivos, sino que actúa en las entrañas de nuestro pueblo como la sangre que irriga nuestro organismo. Esta tradición argentina, desconocida y aún falseada por maestros, profesores, gobernantes y políticos, se resiste a ser enterrada como una momia; ella responde a necesidades reales de los pueblos, está sobre las ideologías y los sistemas con que pretenden suplantarla los teóricos de la política o los testaferros de la hegemonía económica mundial por ellos seguida”. IR A CONTENIDO . . 11. Actividades de San Martín y administración de Rivadavia San Martín trató de remediar el desprestigio de la logia Lautaro, haciéndola resurgir, después de la caída de Alvear. Confió la dirección de la nueva logia a su íntimo amigo y secretario, el general Tomás Guido. En ella se inscribieron Vicente López, Díaz Vélez, el presbítero Antonio Sáenz, Chiclana, Anchorena, Arana, French, Beruti, Paso, Agrelo, Manuel Moreno, Saavedra, Belgrano, Gregorio Tagle, Marcos Balcarce, Larrea, Herrera, Gazcón, etc…. Su política se caracterizó por el sostenimiento del gobierno surgido en Tucumán, apoyando a Pueyrredón que fue el gran colaborador de San Martín. Pero, a pesar de los esfuerzos del Gran Capitán, la logia no se rehabilitará más. Es un hecho histórico que la masonería de Inglaterra y Francia apoyó el levantamiento de las colonias hispanoamericanas con el fin de hundir definitivamente a España; pero al advertir que las Provincias Unidas del Río de la Plata se erigían en nación soberana, evitando caer en sus manos, comenzaron a sembrar la discordia entre los patriotas y a sabotear y boicotear sistemáticamente los planes sanmartinianos. Desgraciadamente, muchos americanos se prestaron inconscientemente para este juego masónico. Emigrantes bonapartistas que llegan al Plata desde 1817 hasta 1819, con sus ideas de liberalismo y romanticismo, influyeron también en el ánimo del equipo directorial y de los hombres rivadavianos. El 6 de setiembre de 1815 escribía San Martín a Pueyrredón : “La causa que arrastra al país a su ruina sin remedio, es el desorden que promueven los discolos… La guerra no la vamos a hacer con libertades sino con disciplina ciega y con soldados sumisos… Es menester obrar con acierto y rapidez en el castigo de los que premediten estorbar la marcha salvadora del gobierno… Nadie debe hablar y pensar, mientras no hayamos salvado a la patria y su independencia”. Mientras San Martín organiza la campaña del Perú, Rivadavia se opone a sus proyectos y se mofa de sus ideas, anulando sus planes con sus contraproyectos que envía a la Sala de Representantes con estas palabras: “Queda autorizado el Gobierno para negociar la cesación de la guerra del Perú”, mientras él se disponía a pactar convenciones con los representantes de España. Era una maniobra del grupo que presionaba a Rivadavia en connivencia con el ministro inglés, mister Parish. Tal decisión asestó un golpe mortal a los patriotas y precipitó el retiro de San Martín” [41] . Por eso el Héroe de los Andes, Protector del Perú y Fundador de nuestra nacionalidad, jamás perdonó a Rivadavia esta traición a la patria y la injuria que hiciera a su persona, al seguir los consejos de los enemigos de nuestra nacionalidad y soberanía. En su carta a O’Higgins del 20 de octubre de 1827 le decía entre otras cosas : “Ya habrá Ud. sabido la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y sólo ha contribuido a dividir los ánimos. El me ha hecho una guerra de zapa. Me cercó de espías, y mi correspondencia era abierta con grosería. Yo he despreciado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona”. En otra oportunidad escribía desde Grand Bourg, el 22 de agosto de 1842: “Seria cosa de nunca acabar si se enumeraran las locuras de aquel visionario que creyó improvisar en Buenos Aires la civilización europea con só1o los decretos con que diariamente llenaba lo que se llamaba Archivo Oficial”. Y en carta al general Tomás Guido del 27 de abril de 1829 le recordaba la guerra a muerte que Rivadavia le seguía desde Buenos Aires, diciéndole: “En mayo de 1823, cuando resolví venir a Buenos Aires para dar el último adiós a mi mujer, se apostaron partidas en el camino para prenderme como a un facineroso”. Por esta razón tuvo que postergar el viaje; pero, cuando lo pudo realizar, su esposa ya había muerto. Entre la acción de Rivadavia y el ostracismo de San Martín – afirma el historiador Palacio – existe una relación de causa a efecto que resulta evidente, aunque nuestros historiadores se empeñen en ocultarlo”. Después del año 1820 ya se perfilan netamente los dos grupos antagónicos de la política argentina. El grupo minoritario de los unitarios, rivadavianos y logistas donde militaban los “liberales” y extranjerizantes; y el grupo mayoritario de los federales, autonomistas, donde militaban, en modo especial, los argentinizantes, los defensores de lo criollo, lo tradicional, lo popular, lo nacional, lo católico, lo auténticamente argentino,-hispano-cristiano. El masón Zúñiga afirma que “dentro del unitarismo predominaba el elemento liberal masónico de Buenos Aires y la masonería, con su influencia, dirigía, como el timón oculto de una nave, los movimientos políticos del partido”. Estrada, a su vez, describe a los unitarios como “partido aristocrático, intransigente, que fanatizado por sus teorías desdeñaba probarlas al contacto de la experiencia ; arrogante como todo utopista saturado de ilusiones” ; y al federal, como al político que “mejor analizaba las realidades de la vida social y consultaba sus resultados”. Rivadavia representaba al primer grupo, pero en realidad loa verdaderos fautores de su política “liberal” y persecutoria de la Iglesia, eran los contados integrantes de la “élite liberal porteña”, manejada por la diplomacia y la masonería inglesas y por los resabios de la política regalista de los Borbones, utilizada por el despotismo ilustrado para mediatizar a la Iglesia, enfeudándola al poder del Estado. Estos fueron los que encaramaron nuevamente en el poder a Rivadavia, los que destituyeron sorpresivamente al general Las Heras, y los que desataron la ignominiosa persecución difamatoria contra San Martín, el cual se vio obligado a expatriarse, perdiendo, además, por resolución ministerial, la pensión de su hija huérfana. Los ministros Rivadavia y García entran en el gobierno de Martín Rodríguez, desde 1821 hasta 1824, por influencia masónica, según informes confidenciales enviados a O’Higgins por el embajador de Chile en Buenos Aires, Miguel Zañartú. Así lo da a entender también el historiador Vicente Fidel López, que fue jefe de la masonería argentina, desde 1873 hasta 1880, cuando escribe que la logia, que aparece durante dicho gobierno, “se componía de los rosacruces que se habían infiltrado en la ya disuelta logia Lautaro”. Rivadavia, apoyado por el apóstata Julián de Agüero, Salvador del Carril, Florencio Varela, Pedro Agrelo, Manuel García, Lafinur, Cavia, Juan Cruz Varela y demás regalistas liberales de su tiempo, se creyó investido de autoridad suprema para legislar en materia de exclusivo resorte eclesiástico, cual si fuera su pontífice máximo. El intento del autoritario Rivadavia y sus adláteres en las llamadas “reformas eclesiásticas”, era a todas luces cismático. Los atropellos perpetrados en Buenos Aires tuvieron imitación en otras partes ; en modo especial en San Juan, al redactar del Carril – a quien llama Castro Barros : “el payaso de Rivadavia” – ¿su impía constitución. Todo el pueblo se levantó indignado al grito de ¡Viva la Religión! ¡Mueran los herejes! y su clamor se hizo escuchar con arrebatadora elocuencia impregnada de intrepidez y patriotismo, por sus auténticos voceros : Mariano Medrano, Pedro Castro Barros, Cayetano Rodríguez, Fray Justo Santa María de Oro y Francisco Castañeda, que interpretaron valientemente la angustiosa queja del alma nacional. En la polémica periodística entablada – como los liberales llevaban las de perder – Rivadavia prohibió al Padre Castañeda que imprimiera sus periódicos, y luego lo desterró de Buenos Aires. ¡Este era el liberalismo de nuestros ilustres liberales! Ante las insolencias de Rivadavia, el provisor de la diócesis, Mariano Medrano, recurrió a la Sala de Representantes con su célebre alegato del 9 de octubre de 1822 – digno de ser leído en toda su extensión – en el cual condena el “odioso despotismo del gobierno, que abusa del poder que se le ha confiado, erigiéndose al mismo tiempo en Soberano Civil y Soberano Pontífice”; y luego señala “el espíritu de impiedad, de irreligión y de libertinaje” del proyecto, y su “espíritu de rapacidad, de fraude y de intriga”. “Os apoderáis de los fondos que sostienen el culto – les dice – y os llamáis reformadores. ¡Hipócritas! Combatís los dogmas y principios fundamentales de la Religión y negáis el primado que corresponde a la Silla Apostólica. Ya os conocemos, fraudulenta intriga ; no alucinaréis al Pueblo. Felizmente él y yo estamos prevenidos de vuestra mala fe, de vuestra falacia, de vuestra tiranía. A pesar de vuestra furiosa rabia, la Iglesia subsistirá; la Santa Religión de nuestros padres no nos abandonará y la fe ortodoxa triunfará de vuestro sacrílego orgullo y necia vanidad”. Tal actitud le valió su destitución, y al año siguiente Rivadavia fusilará a tres de los dirigentes del motín que él mismo provocó con sus arbitrariedades. En descargo de Rivadavia lo más que podemos decir es que fue “un teórico soñador del centralismo napoleónico sin sentido práctico de los medios y del ambiente – según dice Bazán y Bustos – ignorante en todo lo referente a asuntos eclesiásticos y de las costumbres del país que pretendía reformar”, después de haber permanecido ocho años ausente de su patria. Vicente Fidel López escribió que “toda la obra de Rivadavia carece completamente de iniciativa original y propia, pues no pasa de ser una copia de las reformas realizadas en España por el ministro Floridablanca. Espíritu visionario e infatuado que tronchó el lisonjero desarrollo con que el país marchaba, aplastando los gérmenes benéficos con el peso desgraciado de su influjo”. Fue en toda su vida un déspota ilustrado que pretendió borbonizar a la República. “Necesitó dinero y se incautó de los bienes de la Iglesia; quiso echárselas de Pontífice y se olvidó que era un laico; quiso ser el gran organizador de la Argentina – dice Juan Bautista Alberdi – y organizó el desquicio de su gobierno (según lo afirmó San Martín) ; mejoró la superficie pero empeoró el fondo [42] . La nación no le debe sino el perdón de sus agravios en gracia de su buena intención y debilidad”. “El ansia de conservarse en el poder – dijo Mitre – comprometió el honor nacional ; y torció el curso majestuoso de la Revolución para que fuera a caer indefensa y maniatada en las garras de un tirano”. Ricardo Rojas, en su obra “La Argentinidad”, dejó escrito: “Rivadavia renegó de los argentinos y creó la prepotencia del despotismo sobre la libertad”. Vicente López y Planes en carta a San Martín le decía: “Rivadavia ha hecho la contrarrevolución (de Mayo), restableciendo el colonialismo con una nueva metrópoli (o sea, Inglaterra)”. Su predominio en una hora crucial de nuestra historia, significó una verdadera desventura. Pero así como del Carril reparó sus yerros con su conducta posterior y una muerte ejemplar, nada honra más a Rivadavia que su cristiana muerte, su piadosísimo testamento y la franca confesión de sus errores, con estas palabras que todos los ideó1ogos liberales argentinos jamás deberían olvidar: “¿Qué tormento y qué desesperación experimenta mi alma al tener ahora plena conciencia de haber arrojado al país por caminos extraviados que lo han de conducir a un abismo”. Rivadavia fue uno de esos hombres duales y bifaces de la política argentina, intoxicados de francesismo y liberalismo inglés. Son particularmente católicos, pero públicamente laicistas. Son católicos “resfriados”, que terminan por ser irreligiosos, de mentalidad laica y de sentimentalidad cristiana. El catolicismo y el liberalismo representan en la historia argentina el antagonismo de dos principios soberanos, cuyo imperio ha decidido en el pasado y decidirá en el porvenir, de la grandeza o de la decadencia de nuestra nación. IR A CONTENIDO . . 12. El desenlace fatal de la política rivadaviana Lo que no pudo conseguir Alvear al servicio de la diplomacia y masonería británicas, lo consiguió Rivadavia con su famoso empréstito de un millón y medio de libras esterlinas, convirtiéndonos en una factoría o colonia inglesa. El documento firmado por John Parish dice así: “El Estado de Buenos Aires, con sus bienes, rentas, tierras y territorios quedan prendados al debido y fiel pago de dicha suma”. O sea, en otros términos, la patria hipotecada como un terreno cualquiera a Gran Bretaña que, por otra parte, nos debía un millón v medio de pesos fuertes del tesoro que se había llevado como botín de la primera invasión, y que, a pesar de haber firmado su devolución en el acta de capitulación de la Reconquista del 12 de agosto de 1806, jamás lo hizo [43] . Este embajador británico es el mismo que en 1829 hurtó del Archivo de la Nación Argentina los documentos referentes a las islas Malvinas y los depositó en el British Museum de Londres. Ese mismo año Gran Bretaña protesta por el ejercicio de nuestra soberanía en tales regiones y, cuatro años después, consuma la inicua usurpación de esa parte del territorio nacional [44] . El desastre financiero del gobierno de Rivadavia era desconcertante y el poder presidencial tambaleaba ; pero la camarilla que lo rodeaba prefirió perder los derechos inherentes a la guerra victoriosa del Brasil, antes que el poder se les escapara de las manos, y así el ministro Manuel García pactó la traición de una paz vergonzosa por la cual “se entregaba al Brasil la provincia argentina del Uruguay, y a Gran Bretaña el control del Río de la Plata”; porque Rivadavia había dicho a su embajador que la paz había que firmarla a cualquier precio”. Vencedores en la guerra, admitimos una paz de derrota. Gorriti, al conocer estos vergonzosos hechos, escribía: “García jamás ha sido ni patriota ni republicano, sino godo servil o portugués por sangre e inclinación. Por temor de que lo asesinaran, a causa de su infame traición, debió permanecer oculto por muchos días en una quinta en las afueras de la ciudad” [45] . En Buenos Aires se apedrean las casas del presidente y de su ministro y se profieren mueras a los traidores. Era incontenible el furor popular contra el testaferro del grupillo liberal-masónico-extranjerizante porteño. Rivadavia debió renunciar, el 27 de junio de 1827, y retirarse para siempre de la Argentina. El Congreso acepta su renuncia “como ventajosa a la salvación de la Patria”. Las provincias ya no resisten más la política suicida del grupo rivadaviano, que – según escribió Vicente Fidel López – “había comprometido la suerte y el porvenir del país”. Por ella perdimos la provincia de Tarija, que se incorpora a Bolivia; por ella el territorio nacional quedó hipotecado como garantía a la casa Baring Brothers de Inglaterra, que sólo llegó a pagar algo más de la mitad, pero que recibió como reintegro, sumas cinco u ocho veces mayores ; para llegar a cancelar la cuenta, recién en 1904, con la tremenda desventaja de no poder vender a los criollos nuestra tierra, a fin de que, en vez de pulperos, arrieros, bolicheros y peones, fueran propietarios y estancieros A raíz de este oprobioso tratado y de la legislación de la época rivadaviana, escribía el prócer argentino Juan Gorriti el 26 de febrero de 1825 y el 28 de marzo de 1826: “Todos los americanos estamos excluidos del comercio y condenados a ser miserables chacareros, ovejeros, cabreros, vaqueros, ladrones o pordioseros… Esto es lo que se ha resuelto sobre la suerte de todos los que hemos nacido en este desgraciado suelo; éste es el brillante resultado de la sabiduría de Buenos Aires y de la ilustración del siglo, que con sus leyes – solemne producción del genio sublime destinado a regentear la América – se ha creído en derecho de despojarnos de todo” [46] . Fue una enorme estafa que el coronel Manuel Dorrego se dispuso a poner en descubierto pero la sentencia de muerte decretada por la Gran Logia de Londres y el “triángulo” Agüero-Juan Cruz Varela-del Carril (los cuales pidieron se quemaran todas sus cartas comprometedoras) le hizo guardar silencio para siempre. Además el gobierno argentino tuvo que hacerse cargo de la quiebra escandalosa que promovió Rivadavia por su célebre contrato con la Sociedad Británica de Minas (Ríver Plate Minning Association), de la cual era comisionista y accionista. Dorrego – intérprete del sentimiento popular, nacional y católico – deberá luchar contra la diplomacia inglesa y la masonería internacional que no se resignará a perder el control de un Estado tan importante en Sudamérica y quedar sin la presa codiciada de nuestra patria ; como asimismo deberá enfrentarse contra sus seides – el “grupo selecto” de unitarios liberales-extranjerizantes, mezquinos ideólogos mercantilistas, vinculados con el comercio extranjero – que lucharán para reconquistar el poder, que ya económicamente ejercían los elementos británicos desde el flamante Banco Nacional. Por tal “delito” Dorrego deberá morir. IR A CONTENIDO . . 13. Condenación del liberalismo porteño Engañado por los ideólogos porteños, Lavalle – “ciego instrumento del unitarismo” – fue un simple ejecutor de la sentencia: asesinato espantoso que conmovió al país entero y que la Convención Nacional reunida en Santa Fe calificó de “crimen de alta traición”. La sensibilidad criolla advirtió la maniobra, la cual provocó el levantamiento de todas las provincias con la bandera del caudillo Facundo Quiroga, cuya leyenda “¡Religión o Muerte!” era el grito desesperado del alma argentina que asistía proféticamente al desenlace fatal, al cual nos llevaría el liberalismo suicida si es que no se ponía pronto y adecuado remedio al cúmulo de males que había desatado sobre la patria esta plaga nacional. Salvador del Carril había insinuado a Lavalle que fraguara un acta, la cual – le decía – “redactada con destreza, firmada por todos los jefes y confirmada por Ud., será un documento histórico muy importante”, pero el general sanmartiniano se negó a tal villanía. Entonces insistió del Carril: “Si es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla y si es necesario mentir a la posteridad se miente y se engaña a los vivos y a los muertos”. El 18 de diciembre de 1839 en uno de los aniversarios de aquel crimen, el héroe de Riobamba y Pichincha condenará a sus maquiavélicos consejeros, los liberales porteños de su tiempo, con estas palabras : “Estos hombres, con sus luces y su experiencia, me precipitaron en el camino… Más tarde, cuando varió mi fortuna, se encogieron de hombros”. El almirante Brown, gobernador delegado en Buenos Aires, sugirió a Lavalle la deportación, y al enterarse del fusilamiento de Dorrego, expresó con sumo dolor : “¡Cuánto le pedí que tuviera consideración con los vencidos, pues todo hombre merece ser juzgado antes de condenarsele!” Quiroga escribía a Lavalle el 29 de diciembre de 1828: “El que firma no puede tolerar el ultraje que V. E. ha hecho a los pueblos en general sin hacerse indigno del honroso título de hijo de la patria si esta vez mirase con frente serena la suerte de la república, en manos tan destructoras, sin tomar por su parte la venganza que desde ahora le protesta. No pierda V. E. los instantes que le son preciosos al abrigo de la distancia para escudarse del grito de las provincias. Ellas con justa indignación se disponen a buscar su desagravio, a establecer el orden o perecer, antes que ver afianzado un intruso ministerio que las insulta y provoca” [47] . Y el caudillo López, a su vez, escribía: “V. Excia. en todas partes hallará enemigos que le presenten combates, en los cuales hemos de vencer porque seguimos el torrente de la opinión general contra la cual nada valen ni el poder ni las bayonetas ni las medidas atroces”. Grandes argentinos como San Martín, Las Heras, Dorrego y el almirante Brown, junto a los caudillos, se impusieron en ese momento difícil de nuestra historia; lamentando que un civil como Rivadavia y un militar como Lavalle se prestaran a ese juego antiargentinista de las logias masónicas, que utilizaban la diplomacia y el comercio británicos para cercenar geográficamente a la patria, alejarla de su esencia enraizada en la fe católica, avasallar la económicamente y entregarla políticamente a la dictadura del liberalismo laicista. San Martín, el 13 de abril de 1829, escribía a O’Higgins lo siguiente : “Rivadavia y sus satélites son los autores del movimiento, y a Ud. le consta los inmensos males que estos hombres han hecho no sólo al país sino al resto de la América con su infernal conducta. Si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión (en que me ofrecen el poder de la nación) para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres; pero es necesario enseñarles la diferencia que hay de un hombre de bien a un malvado”. Los gauchos de nuestras pampas interpretarán en su sensibilidad instintiva este sentimiento telúrico de que algo anormal sucede en la Argentina; por eso contra ellos se dirigirán las diatribas de los liberales-extranjerizantes. Rivadavia dirá: “Hay que “civilizar” a palos y sangre a esos gauchos bárbaros”, y Sarmiento añadirá: “Porque su sangre sólo sirve para abonar la tierra”. “La sangre es lo único que tienen de seres humanos”. Pero mientras los ideólogos liberales deshacían la patria, los caudillos, con sus gauchos, la rehacían a punta de lanza. El canónigo Juan Ignacio Gorriti – creador de nuestro federalismo – apostrofará a los culpables con estas severas palabras : “Aquí se juega con los pueblos y se les ata, como mansas bestias, al carro de la fortuna de cuatro docenas de hombres de Buenos Aires. Mi espíritu sufre lo increíble a merced de su ignorancia, imbecilidad y corrupción” [48] . En este momento anárquico de nuestra historia, San Martín, con fecha lº de febrero de 1834, le escribía a Tomás Guido, hastiado de la política liberal antiargentina que no llegaba a sintonizar el sentir popular: “(No me daré por satisfecho) hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja de los “bienes” que me brinda la actual “libertad”. El hombre que establezca el orden de nuestra patria, sean cuales sean los medios que para ello emplee, es el solo que merecerá el noble título de su libertador” porque – según escribía en carta del 26 de setiembre de 1846 al general Pinto – “El mejor gobierno no es el más liberal en sus principios, sino aquél que hace la felicidad de los que obedecen”. Y este hombre, anhelado por San Martín, fue don Juan Manuel de Rosas, a quien los masones apellidan “el más bárbaro y brutal de los tiranos de América latina, el salvaje de la pampa que vomitó el infierno” [49] . IR A CONTENIDO . . 14. Las sociedades secretas antes e inmediatamente después de Caseros En 1834 Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Marcos Sastre, Vicente Fidel López, Miguel Cané, Carlos Tejedor, Thompson, Félix Frías, etc…, fundaron el Sa1ón Literario, sufriendo las continuas pesquisas y amenazas de los “restauradores”. A imitación de la Joven Italia, creada por Mazzini en Marsella en 1832, Esteban Echeverría, a su regreso de Europa, funda en Buenos Aires, en 1837, con Alberdi y Gutiérrez y otros treinta jóvenes más del Salón Literario, como José Mármol, Rivera Indarte, Pastor Obligado, etc…., la Joven Argentina, o mejor, la “Joven Generación Argentina”, que fue disuelta al año siguiente por el gobierno de Rosas. En 1838 Alberdi crea en Montevideo, con los emigrantes argentinos, la Asociación de Mayo, como una prolongación de la Joven Generación Argentina. Aparecen simultáneamente asociaciones similares en San Juan, Tucumán, Córdoba, etc…., en cuyo seno trabajarán Sarmiento, Benjamín Villafañe, Marcos Avellaneda, Vicente Fidel López, Luis Domínguez, etc…. Todas estas sociedades secretas realizan trabajos subterráneos antirrosistas, fomentando las diversas coaliciones para derrocar al dictador. Los miembros de la Joven Generación Argentina que no emigraron de la capital, formaron en Buenos Aires el llamado “Club de los Cinco”, con Jacinto Rodríguez Peña, Rafael Corvalán, Enrique La Fuente, Carlos Tejedor y Santiago R. Albarracín, manteniendo el fuego de la institución en Buenos Aires y en contacto clandestino con la Asociación de Mayo. Los discursos argentinistas y cristianos de Marcos Sastre, Alberdi y Echeverria, pronunciados en 1837, en los cuales se defiende nuestra tradición cristiana, nuestro ser nacional y la enseñanza de la religión cató1ica en la escuela, son dignos de ser leídos – en algunos de sus párrafos más salientes – por todos, aquellos que desean conocer qué pensaban los “santones del laicismo liberal”. Otro tanto puede decirse de las explicaciones dadas por Echeverría en algunas de las “palabras simbólicas” del “Dogma Social o de Mayo” de 1838. Si bien en otros pasajes de los mismos discursos se contradicen y – sobre todo Gutiérrez y Echeverría – suelen delirar por su fobia anticlerical – inconsecuente, por otra parte, con las verdades que sostienen -, sin embargo, la fuerza lógica de sus ideas bien centradas – que no son pocas – sigue siendo un arma poderosa, capaz de destruir la torcida evolución que, en años posteriores, sufrió su ideario, al influjo maléfico del liberalismo masónico de las logias extranjeras. Por obra de algunos miembros afrancesados de esta asociación de Mayo, saldría la plataforma espiritual sobre la cual se levantaría la inautenticidad de la cultura argentina oficial con su esquema liberal postizo de ideas foráneas [50] . Si en algún período de la historia argentina pudieron intentar los masones instalar sus logias en nuestra patria, el menos adecuado fue ciertamente el de la época rosista, durante la cual – según dicen ellos – debieron dormir su “gran sueño” ; porque todas las sociedades secretas, aun las que se inspiraban en fines culturales, sociales, políticos o patrióticos, fueron perseguidos y abolidas, pues se las creyó reducto de masones que disimulaban su filiación para poder subsistir. Después de Caseros, preocupados los porteños por los actos despóticos de Urquiza, y porque creían descubrir en él al árbitro absoluto del país, fundan un centro confabulador integrado por Miguel Estévez Saguí, José Mármol, Adolfo Alsina, Juan José Montes de Oca, José María Moreno, y los militares Pirán, Hornos, Conesa, Emilio Mitre, etc…. Era una sociedad secreta de resistencia al “nuevo tirano”, y se llamó la logia “Juan-Juan”, en recuerdo, tal vez, de los mártires políticos españoles : Juan Padilla y Juan Bravo, que en 1521 murieron decapitados por orden del emperador Carlos V, al defender las libertades de Castilla en la famosa “sublevación de los comuneros” de Villalar. Otros aluden a Juan Manuel de Rosas, cuyo doble sería Urquiza. “Se fue Juan Manuel, pero quedó otro igual. Lo mismo da un Juan por otro Juan”. Los logistas liberales porteños afiliados a esta sociedad secreta y acicateados por Sarmiento desde Chile, se habían conjurado para eliminar criminalmente a Urquiza, que los acusaba de querer hacerse dueños de una revolución que no les pertenecía; pero los disuadieron Valentín Alsina (padre de Adolfo) y Bartolomé Mitre, oponiendo más bien una revolución, la cual tuvo lugar el 11 de setiembre de 1852. “Con inaudita impavidez reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece – decía Urquiza en su Proclama del 21 de febrero de 1852 -, de una victoria en que no han tenido parte, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición y anárquica conducta”. En 1856 aparece una sociedad secreta “Juan-Juanes”, que se constituyó como “control de Estado”, durante el gobierno porteño de Pastor Obligado y sus terroristas liberales, para descubrir todo alzamiento o conspiración contra dicho gobierno separatista.. Debido a sus denuncias, fueron sacrificados por el ministro de Guerra, coronel Bartolomé Mitre, muchos ciudadanos; pasados por las armas los prisioneros de guerra y fusilados, el 2 de febrero de 1856, los jefes que querían la unión con la Argentina; entre ellos 130 oficiales y el “héroe de Martín García”, el general Jerónimo Costa, a quien, en 1838, el comandante de la escuadra francesa le había perdonado la vida en premio al “increíble heroísmo demostrado” en la defensa de nuestro territorio nacional. Comentando tal asesinato dirá Sarmiento “el civilizador” : “Como trofeo del fusilamiento nos queda la ruin y mohosa espada de Costa. El carnaval ha principiado”. Sus epígonos, en ocasión de los fusilamientos por la asonada del 9 de junio de 1956 – ordenados por el general Pedro Aramburu y el almirante Isaac Rojas – dirán por boca del líder socialista Américo Ghioldi : “La letra con sangre entra”. Alberdi, en cambio, condenará estos hechos al afirmar que “el país que fusila como a salteadores a sus generales, tomados prisioneros en guerra civil, se pone en la picota a los ojos del mundo civilizado”. Los emigrados venían dispuestos a imponer su bárbaro despotismo y al “explotar la leyenda de la tiranía – escribe Quesada – ejercieron otra peor”, sacrificando, por puro espíritu de venganza, miles de vidas en las sangrientas jornadas que siguieron a Caseros. Este grupo – representante del tan decantado espíritu de Caseros y que capitaneaban Mitre, Sarmiento, José Mármol, Angel Somellera, Vicente Fidel López, los Alsina, etc….- “dominó la prensa, las cámaras y el gobierno… y los que como ellos no pensamos quedaron excluidos de la vida pública…” Estos mismos fueron los que se apresuraron a incinerar, en el patio de la casa de Rosas, el rico archivo de nuestra historia para que no pudiera oponerse el testimonio de los documentos a las calumnias y falacias que ellos escribían en lo que dio llamarse la “historia oficial”. Este “espíritu de Caseros” de los facciosos del porteñismo liberal y disolvente mantuvo por varios años la tónica de una política de odio y de separatismo que ocasionó gravísimos daños al país y que, a cien años de distancia, se ha renovado en nuestra historia. “Tal grupo gobernante en Buenos Aires – escribe Palacio – hallaba solaz en la vejación sistemática de los sentimientos públicos y de las creencias religiosas ; y la prensa oficial se mofaba de los católicos, injuriaba todo lo español y afectaba un irritante extranjerismo”. Era el grupo que mañosamente había suplantado en el poder a los adictos de Urquiza. Con tal motivo escribía Sarmiento a su pariente Domingo de Oro, el 7 de junio de 1857: “Nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror que, empleados hábilmente, han dado este resultado admirable”, o sea, ganar las elecciones en Buenos Aires en 1857 [51] . “Los gauchos que se resistieron a votar por los candidatos del gobierno – continúa el gran responsable de esta nueva forma de civilización predicada por los doctores liberales de la época – fueron encarcelados, puestos en el cepo, enviados al ejército para que sirviesen en la frontera de los indios, y muchos de ellos perdieron el rancho, sus escasos bienes y hasta su mujer… Pusimos en cada parroquia (o mesa receptora de votos) cantones con gente armada. Bandas de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad acuchillando y persiguiendo… Fue tal el terror que sembramos entre toda esta gente, con éstos y otros medios, que el día 29 triunfamos sin oposición”. El despotismo ilustrado de los “próceres liberales” de Caseros imponía su ley de terror a la ciudadanía. Alberdi escribió entonces : “Dos gobernadores han sido asesinados en San Juan por el partido de Buenos Aires, llamado de la “civilización” : el general Nazario Benavídez primero (el 23 de octubre de 1858) y después el general José Antonio Virasoro (el 16 de noviembre de 1860), que se añaden al de Dorrego. He aquí tres asesinatos de gobernadores que no repugnan a la civilización de Buenos Aires. Sin embargo Dorrego luchó por la independencia en el ejército de Belgrano, Virasoro peleó en Caseros por la libertad, y Benavídez firmó el Acuerdo de San Nicolás, que nos dio la Constitución Nacional”. Más tarde confesará Sarmiento en el Senado de la Nación, el 13 de julio de 1875 : “En estos asesinatos estaba mezclado todo el partido liberal”. Sin embargo, en su momento había declarado que el asesinato de Benavídez fue una “acción santa”, y que “la muerte trágica de Virasoro era necesaria, pues había que deshacerse del tirano a todo trance”. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] Lazcano, Martín. Las sociedades secretas, políticas y masónicas, pássim, Bs. As., 1927. Canter, Juan. Las sociedades secretas y literarias, en Historia de la Nación Argentina, Vol. V, secc. 1º, Bs. As.,1941, pp. 189 a 305. [2] Gutiérrez, Juan María. En Revista de Buenos Aires, tomo X, pág. 131. Núñez, Ignacio. Noticias históricas, Bs. As., año 1825. Núñez, Ignacio. Noticias históricas, tomo I, p. 36, Edición Orient. Cultural Editores S. A., Bs. As., 1952. [3] Bauzá, Francisco. La dominación española en el Uruguay, tomo II, página 484. Palacio, Ernesto. Historia de la Argentina, pág. 133, Bs. As., 1954. Dicc. Enc. de la Mas. (1947), op. cit., tomo III, pág. 342. [4] Frías, Bernardo. Historia de Güemes y de la provincia de Salta. Palacio, Ernesto, op. cit., pág. 131. [5] Zuñiga, Antonio, op. cit., pp. 11 y 618. [6] Lazcano, Martín, op. cit., tomo I, pág. 55. Diccionario HistóricoArgentino (Piccirilli, Romay y Gianello), tomo IV, pp. 219 y 220, Bs As 1955. [7] Rev. Símbolo, set. de 1948. [8] Ibarguren, Federico. Así fue Mayo, pág. 22, Bs. As., 1956. [9] Ibarguren, Íbidem, pág. 65. García Mellid, Atilio. Proceso al liberalismo argentino, pp. 60, 75 y 437, Bs. As., 1957. [10] Núñez, Ignacio, op. cit., Tomo II p. 190 y Memorias de Saavedra. [11] Chaves, Julio César, Castelli, el Adalid de Mayo, pág. 160, Bs.As., 1944. [12] López, Vicente Fidel. Historia de la República Argentina, tomo III. [13] Zuñiga, Antonio, op. cit., pp. 106 y 107. [14] Núñez, Ignacio, op. cit. Tomo II, pp. 207, 208 y 212. Zuñiga, p. cit., pág. 153. Palacio op. cit., pág 168. García Mellid, op. cit., pp. 47, 71 y 354. [15] Ibarguren, Federico, op. cit., pág. 44. [16] Vedia y Mitre, Mariano de. El Deán Funes en la Historia Argentina, año 1910, [17] Ibarguren, op. cit., pág. 63. García Mellid, op. cit., pág. 45. [18] Alberdi, Juan Bautista. Escritos Póstumos, tomo IX, pág. 332. Palacio, op. cit., pp. 177 y 181. [19] Chateaubriand. Congreso de Verona, guerra de España, vol. II, página 219. [20] Varela, Luis V. Historia constitucional de la Argentina. García Mellid, op. cit., pp. 216 y 452. [21] Ibarguren, op. cit., pág. 105. [22] Ibarguren, op. cit., pág. 108. Palacio, op. cit., pág. 171. [23] García Mellid, op. cit., pp. 99 y 102. [24] Lazcano, Martín, op. cit., tomo I, pág. 196. Mitre, Bartolomé, Historia de San Martín, tomo I, pp. 53, 54 y 198. Zuñiga, op. cit., pág. 411. [25] Lazcano, Martín, op. cit., tomo I, pág. 225 y tomo II, pág. 331. [26] Ibarguren, op. cit., pág. 111. Palacio, op. cit., pp. 173 a 175. [27] Puente, José de la. San Martín y el Perú [28] Rev. Ecles. de Bs. As. Año 1905. [29] Mitre, op. cit. Tomo II, pp. 117, 134, 145 y 172. Lazcano, op.cit. Tomo I, pág. 253. [30] Dicc. Hist. Arg., op. cit. Tomo IV, pp. 830 y 831. [31] Lazcano, op. cit. Tomo I, pág. 68. [32] Ibarguren, op. cit., pág. 114. [33] Ibarguren, op. cit., pág. 117. [34] Zuñiga, op. cit., pp. 189 y 190. [35] Lazcano, op. cit., tomo I, pp. 266 y 334. [36] Ibarguren, op. cit., pág. 180. Palacio, op. cit., pp. 176 y 181. [37] Ibarguren, op. cit., pág. 123. García Mellid, op. cit., pág. 88 [38] Ibarguren, op. cit., pp. 140 y 142. Rev. Estudios, dic. 1956 (Bs. As.). [39] Mitre. Historia de Belgrano… Tomo I, pág. 261. Zuñiga, op.cit., página 226. [40] Pereyra, Carlos. El pensamiento político de Alberdi. [41] Pierotti, Edgard. Rivadavia, destructor de la nacionalidad, pp. 20, 21 y 25. Cursillo de Historia Argentina (dos tomos, pássim). García Mellid, op. cit., pp. 110 y 112. Palacio, op. cit., pp. 130, 199 y 235. Zuñiga, op. cit., pág. 360. [42] Bazán y Bustos, Abel. Nociones de Historia Eclesiástica, pp. 66 a 78, pássim, Bs. As., 1915. Palacio, op. cit., pp. 236 a 239. García Mellid, op. cit., pp. 95 a 135. [43] Pierotti, Edgard, op. cit. (Rivadavia…), pp. 51, 52, 54 y 57. [44] Caillet-Bois, Ricardo. Las Islas Malvinas, pág. 313. [45] Vergara, Miguel Angel. Papeles del doctor Juan Ignacio Gorriti, pp. 241 y 242, Jujuy, 1936. [46] Vergara, ibídem, pp. 142, 197 y 210. [47] En Dicc. Hist. Arg., op. cit., tomo VI, pág. 28. [48] Vergara, op. cit., pág. 197. [49] Zuñiga, op. cit., pág. 385. [50] Chávez, Fermín, Civilización y barbarie (Liberalismo y Mayismo), pág. 17, Bs. As., 1956. Palacio, op. cit., pág. 311. García Mellid, op. cit., pp. 215, 280 y 290. [51] Lazcano, op. cit. Tomo II, pp. 307 y 320. Palacio, op. cit. pássim. García Mellid, op. cit., pág. 282.






 

CAPÍTULO XI. DESDE LA INSTALACIÓN OFICIAL HASTA EL FIN DE SIGLO

1. FUNDACIÓN DE LA MASONERÍA ARGENTINA Y PRIMERA ETAPA DE SU GRAVITACIÓN EN EL QUEHACER NACIONAL.
2. EUFORIA LIBERAL DE LA ÉPOCA.
3. ALBERDI DESENMASCARA A LOS LIBERALES ARGENTINOS.
4. LA POLÍTICA Y EL GOBIERNO LLEVAN EL SELLO MASÓNICO.
5. EXPANSIÓN MASÓNICA EN LA ARGENTINA.
6. AMISTAD ANGLOARGENTINA.
7. MASONISMO DE MITRE, URQUIZA, S RMIENTO Y OTROS.
8. UN PRÓCER IMPUESTO POR LA MASONERÍA.
9. LA APOSTASÍA DE LOS GOBIERNOS.
10. EL PUEBLO ARGENTINO HERIDO DE MUERTE.
11. LAS LEYES DE DESGRACIA NACIONAL.
12. EL LIBERALISMO EUROPEIZANTE SANCIONA EL DESTIERRO DE LA RELIGIÓN.
13. LA MASONERÍA EN EL PROCESO ARGENTINO.
14. LA BOCA, BASTIÓN DE LA MASONERÍA.
15. PERSONERÍA JURÍDICA DE LA MASONERÍA ARGENTINA.
16. SERIE DE ARTIMAÑAS HASTA LOGRAR SU INTENTO.
17. OTROS ENTRETELONES DE LA FAMILIA MASÓNICA ARGENTINA.
18. QUEDAN SUBSANADAS TODAS LAS DIFICULTADES.



 
DESDE LA INSTALACION OFICIAL HASTA EL FIN DEL SIGLO I 1. Fundación de la masonería argentina y primera etapa de su gravitación en el quehacer nacional La fundación oficial de la masonería en la República Argentina data del 9 de marzo de 1856, con la apertura de la logia madre “Unión del Plata”, que sesionó en sus primeras “tenidas” en una finca ubicada en la esquina de Brasil y Balcarce, junto al parque Lezama. Su “regularización” la recibió del Supremo Consejo del Uruguay, el 11 de diciembre de 1857. Allí funcionaban logias masónicas que recibieron su regularización del Brasil en 1855, donde a su vez se hallaba constituido el Supremo Consejo masónico regularizado desde 1819, que agrupó las logias ya existentes desde 1821. En la logia francesa “Amis de la Patrie”, que funcionaba en Montevideo desde 1841, se afilió Garibaldi; y en la logia-madre del Uruguay “Asilo de la Virtud”, se reunían, desde 1832, ingleses y rioplatenses. Después de Caseros, los primeros masones que instalan sus logias en la Argentina, son los extranjeros. Los franceses fundan en 1852 la logia “Amie des naufragés” ; y más tarde, las logias “Amis de la verité” y “Humanité Fraternité”. Los ingleses crean la logia “Excelsior” en 1853, y luego “Estrella del Sur”. Tal vez hubo por esos años algunas logias españolas e italianas, y probablemente algún “taller” mixto que funcionaba en 1855 con masones argentinos y españoles bajo la jefatura de Miguel de Valencia. Más adelante los italianos fundarán las logias “Italia”, “Unión Italiana” (a la que perteneció José Ingenieros y su padre), “Roma”, “Sette Colli”, “Leonardo da Vinci”, etc. [1] . Entre los primeros catorce masones argentinos inscriptos en 1856 en la logia madre para la República Argentina, figuran : Do mingo Faustino Sarmiento (iniciado en 1854 en la logia “Unión Fraternal” de Chile), y Santiago y Francisco Albarracín. Dicen los masones que en 1856 “se reinicia la tradición masónica en la Argentina”. Del Gran Oriente de Francia dependía la logia “Etoile du Pacifique” de Chile, fundada en Valparaíso en 1850 y de la cual nació la logia-madre de Chile “Unión Fraternal”. La logia Unión del Plata, a los ocho meses de su creación, dio origen a la logia “Confraternidad Argentina”, nacida a raíz de las luchas políticas de la época entre los intransigentes “pandilleros” (unitarios) y los moderados “chupandinos” (federales), que hicieron forzosa la separación de los “hermanos” porteños. En el curso del año 1857 se fueron creando en Buenos Aires las logias: Consuelo del Infortunio, Tolerancia, Regeneración, Lealtad, Constancia, Verdadera Iniciación y Fraternidad ; y en el interior: Unión y Filantropía de Gualeguaychú, Jorge Wáshington de Concepción del Uruguay y San Juan de la Fe de Paraná ; donde se iniciaron José Roque Pérez, Justo José de Urquiza, Antonio Zinny, Adolfo Saldias, Carlos Urien, Juan Andrés Gelly y Obes, Mariano Billinghurst, Emilio Mitre, etc….1′. Con tales “columnas” o logias generadoras del Supremo Concejo y Gran Oriente Argentino se constituyó el 22 de abril de 1858, la Potencia masónica de la República con su Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo y Gran Maestre del Gran Oriente, el abogado José Roque Pérez, de destacada actuación en la masonería nacional. José Roque Pérez, iniciado en la masonería en agosto de 1856 y elegido para la “veneratura” de la Unión del Plata en mayo de 1857 – en sustitución de Miguel de Valencia, promotor del primer cisma masónico -, había recibido el grado 33 del Supremo Consejo del Uruguay, a quien solicitó, el 18 de setiembre de 1858 – en nombre de todos los “hermanos” argentinos – la “regularización” del Gran Oriente y del Supremo Consejo para la República. El Supremo Consejo Uruguayo, constituido oficialmente en 1855, por carta patente que le concediera el cuerpo similar brasileño, otorgó carta constitucional a la masonería argentina, el 21 de setiembre de 1858 ; incorporándose de esta manera a la familia masónica universal. “Después de la larga noche de la tiranía rosista – dicen los masones – la masonería, que vivió oculta o semioculta, reabre sus “trabajos” ; para replegarse luego en el silencio de sus “talleres” al terminar el período inquieto de la organización nacional” [2] . En 1904 eran 190 las logias en la Argentina, que formaban el Gran Oriente del Rito Azul, el Gran Oriente del Rito Argentino, el Gran Oriente del Rito Confederado y otros seis grupos más. IR A CONTENIDO . . 2. Euforia liberal de la época La euforia liberal de la época y el esnobismo tentador llevaron a las logias a muchos hombres públicos argentinos – como sucedió en Francia en el período prerrevolucionario -. La novedad del momento cautivó a los vacilantes en su fe, carentes de só1ida formación religiosa ; y se afiliaron a la masonería, cuya finalidad última desconocían completamente, pero de la cual fueron dóciles instrumentos desde las altas esferas del gobierno. Porque una es la masonería ordinaria o de aparato : la de los banquetes, fiestas y reuniones, y otra la alta masonería oculta, la principal, la gran responsable. La experiencia históricamente ha comprobado que a veces se han afiliado a la masonería verdaderos patriotas. los cuales, cuando aparecieron los fines reales de la Orden, creyeron que eran desviaciones, y entonces reaccionaron. Es innegable que la masonería ejerce una considerable fuerza de atracción, porque fomenta la natural tendencia mística del espíritu humano hacia el encanto del misterio y lo secreto ; halaga el orgullo del hombre, prometiéndole la quintaesencia de la sabiduría; se muestra a las almas ansiosas de verdad y certeza – pero apartadas de Dios – como la religión universal del porvenir, de la cual todas las religiones pasadas y presentes no serían más que etapas históricas o pasajeras; y se presenta a los ojos de todos con las más atrayentes apariencias, ocultando, bajo su disfraz e hipocresía, los designios más aviesos. Al hablar de este período de nuestra historia, dice Atilio García Mellid : “Después de Caseros y Pavón se inició la ofensiva destinada a abatir las substancias católicas de nuestra vida ; programa compacto de abatimiento de nuestras bases religiosas. El liberalismo asimi1ó los principios naturalistas y positivistas, constituyéndose en una verdadera filosofía que negaba al ser y a la nacionalidad y a todo el conjunto de sus valores espirituales. Esta etapa dio primacía a los intereses materiales y coincidió con el auge del liberalismo económico y la penetración del capitalismo imperialista. Era la pérdida irremediable de nuestra soberanía. Para disimularlo, la oligarquía concibió su plan laico como una forma de defensa de la soberanía del Estado frente a los “abusos” que en materia de matrimonio y educación consumaba la Iglesia… El liberalismo desfiguró nuestra fisonomía tradicional, violentó nuestras convicciones espirituales, comprometió nuestra independencia, dilapidó nuestras riquezas, traicionó las justas aspiraciones del pueblo, abatió las columnas que defendían nuestra soberanía y falsificó los hechos históricos para desalentar toda posible empresa recuperadora… Los liberales de hoy están en la misma línea de pensamiento que sus antecesores liberales de ayer o de hace un siglo… Siguen empacados en la vieja huella en que se atascaron sus abuelos…” [3] . Uno de los acontecimientos masónicos de mayor trascendencia nacional fue, sin duda, la “Magna Tenida” del 21 de julio de 1860, realizada bajo la presidencia de Roque Pérez, en el local del antiguo Teatro Colón – donde tenía su sede la masonería, y que corresponde actualmente al sitio que ocupa el edificio del Banco de la Nación Argentina. En esa histórica reunión el Supremo Consejo de la masonería argentina confirió el grado 33 – según reza el acta o “plancha” labrada en tal ocasión – “a los ilustres hermanos Santiago Derqui, presidente de la República Argentina ; general Bartolomé Mitre, gobernador del Estado de Buenos Aires; Domingo Faustino Sarmiento, ministro de gobierno de Buenos Aires, y coronel Juan Andrés Gelly y Obes, ministro de guerra del mismo Estado; y regularizó en el mismo grado al gobernador de Entre Ríos, general en jefe de los ejércitos de mar y tierra de la República, ilustre hermano Justo José de Urquiza” [4] . Urquiza había recibido el grado 33 del “escocismo masónico” en la logia Jorge Washington de Concepción del Uruguay. El masón Martín Lazcano bautizó este acto – que epilogó el 27 de julio en la logia Unión del Plata con el juramento sobre la escuadra y el compás por parte de Mitre y Urquiza -, con el sugerente nombre de “compromiso de honor Urquiza – Mitre” ; que tendrá su explicación histórica inmediata en la “misteriosa” y “milagrosa” retirada de Urquiza en la batalla de Pavón del 17 de setiembre de 1861, dejando el triunfo fácil a Mitre, que fue el primer sorprendido de la “victoria”. Poco antes de Pavón, el 20 de abril de 1861, Urquiza escribía al general Rudecindo Alvarado : “El círculo pérfido de Buenos Aires traiciona todas mis esperanzas y todos mis esfuerzos. Están decididos a no traer a Buenos Aires a la unión, sino a condición de someter a las demás provincias al capricho, a la ambición y a la voluntad de ese mismo círculo… El plan es manifiesto. Se proponen hacer del Liberalismo lo que Rosas hizo de la Federación: el ariete para destruir, para dividir las provincias y para construir el despotismo absurdo de ese círculo a que deben sacrificarse”. Desde tal fecha, Urquiza es un juguete en manos de Mitre. Podemos creer también que Urquiza, por una parte, quiso demostrar que había triunfado, y por otra, que cedía el triunfo para que finalmente hubiera paz en la patria. Pero la paz fue efímera, pues los agentes de Mitre memoraron el terror en las provincias, regaron el territorio patrio con la generosa sangre criolla y “convirtieron el país en un vasto osario”, según leemos en los periódicos de la época [5] ; de acuerdo con la consigna de Sarmiento de “no economizar sangre de gauchos”, a quienes apodaba “chusma criolla, incivil y ruda”. La única paz que se consiguió fue la de los cementerios. Ya en 1844 desde Chile aconsejaba Sarmiento cuáles debían ser los “métodos civilizadores”, a saber : “Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos. Es preciso desplegar un rigor formidable. Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin vacilación”. Las provincias se levantaron indignadas, estrechando filas junto al general Angel Peñaloza, llamado el Chacho, el cual morirá a manos de los sicarios de Mitre y de Sarmiento en 1863. Otras sublevaciones se produjeron luego en 1867 y 1868„pero también fueron sofocadas por los procónsules extranjeros del ejército nacional, encargados por los despóticos señores de la “ilustración del progreso”, de la “limpieza o cura de brutalidad de la civilización sanguinaria”. Ambrosio Sandes – que enlutó las provincias por donde pasó con sus hordas – comunicaba a Mitre : “Todos han sido pasados por las armas según la orden de V. Excia.”. Así se cumplía el plan de la guerra punitiva que llevaron al Interior los ejércitos mitristas comandados por los generales uruguayos, a sueldo de los liberales porteños [6] . El 22 de enero de 1862 Sarmiento escribía a Mitre comunicándole que tal obra de arrasar toda resistencia provincial, sólo era posible por medio de un ejército nacional “compuesto de extranjeros enganchados, pues los criollos no son seguros”. “A nombre de la “libertad” y de los “principios” – dice Julián Victorica al hablar de la presidencia de Mitre – se cometieron los mayores excesos. En todo el país se hablaba, como de lo más natural, de exterminio y de muerte”. Y refiere que el diario de Sarmiento, “El Nacional”, insistía en que los mismos métodos debían aplicarse a los indios. “Apliquemos estos principios al indio – escribía el “gran educador” -. Llevémosle la guerra de exterminio. Sin ni siquiera perdonar al pequeño que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado. Indios como Lautaro y Caupolicán son canallas y asquerosos, cuyo providencial exterminio es muy útil, pues son incapaces de progreso y cultura” [7] . El mismo método aconsejará el general Roca : “Es necesario hacer un escarmiento con todos los indios, y no quiero que queden de ellos por allá” – le ordenaba al comandante en campaña el 30 de setiembre de 1878 ; para que, cuando él llegara, ya se hubiera hecho el “desierto” que él iba a conquistar. Finalmente la inicua, impopular y desastrosa guerra del Paraguay – la Polonia de América – en la cual inútilmente se sacrificaron en la sola batalla de Curupaytí, nueve mil vidas argentinas, concitó el clamor popular y cerca de ciento veinte revoluciones tuvo que soportar Mitre en su ajetreada presidencia, de la cual dijo Sarmiento, en carta a Sarratea el 15 de junio de 1869, que “por la ineptitud de su caudillo, sólo vergüenza ha traído a la República”. Al terminar la guerra en 1870 con la muerte de Francisco Solano López, Sarmiento – presidente de la República – escribía a la educadora protestante norteamericana Mary Mann : “Es providencial que un tirano (López) haya hecho morir (en esta guerra) ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana”. (!) Sarmiento decía que había que acabar con la “barbarie” y el “salvajismo” de todo lo hispano y autóctono y abrir las puertas al “progreso” y a la “civilización” que – según él – sólo nos podía llegar del extranjero, por vía de Francia, Inglaterra y Norteamérica. Alberdi, en nombre de nuestro ser nacional herido y de nuestra estirpe hispana vilipendiada, le contestó : “Se puede ser bárbaro sin dejar de ser instruido… Hay una barbarie “letrada” mil veces más desastrosa para la civilización “verdadera” que la de todos los salvajes de América desierta”. Los principios liberales terminan en las mayores tiranías, y en aras de la deidad masónica se sacrifican también la fe de la más pura amistad y el culto supremo de la verdad. Veamos un ejemplo. Los masones. Sarmiento y José Roque Pérez, disentían políticamente en la Convención de Buenos Aires de 1860, acerca de la oportunidad de reformar la constitución de 1853; pero bastó que el convencional católico Félix Frías – compañero de sector de Pérez – rompiera el mutismo preestablecido y propusiera una modificación al artículo 2º para que se volviera a redactar como en las constituciones nacionales y provinciales anteriores, a saber: “La Religión Católica, Apostólica, Romana es la Religión del Estado de la República Argentina, cuyo gobierno costea su culto. El gobierno le debe la más eficaz protección y sus habitantes el mayor respeto y la más profunda veneración” ; para que inmediatamente se unieran los adversarios políticos Sarmiento y Pérez, y éste abandonara a su correligionario del sector minoritario anti-reformista, para sostener con Sarmiento y otros masones de la Convención la redacción del artículo en conformidad con la constitución nacional de 1853. El masón Mac Keller, comentando este hecho histórico, dice : “Pérez interviene en el debate para oponerse a su compañero de banca (el doctor Frías) y acercarse a su “hermano” de la logia (Sarmiento), que militaba en el bando contrario” [8] . IR A CONTENIDO . . 3. Alberdi desenmascara a los liberales argentinos El coronel Felipe Varela decía en 1866 : “Los argentinos de corazón hemos estado siempre del lado del Paraguay” ; y al caudillo riojano no le faltaba razón para afirmarlo, pues la guerra la promovió la oligarquía mercantil porteña extranjerizante, aliada con los liberales brasileños y orientales. El mismo caudillo en su proclama decía que la patria “ha sido vilmente enlodada por el general Mitre; muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes, Paunero, Arredondo, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre ; y que la Constitución democrática y federal “ha sido violada y mutilada desde el año 1861 hasta hoy por Mitre y su circulo de esbirros”. Durante la administración de Mitre – a quien el poeta Olegario Andrade llama “el déspota porteño” – se sacrificaron más vidas argentinas que en toda la época de Rosas y aún antes de ella. 24.500 murieron en combates civiles ; 10.000 en hospitales de sangre ; 5.000 fusilados o alanceados ; 80.000 en la guerra del Paraguay y cerca de 10.000 debieron emigrar u ocultarse en los montes o en las islas del Paraná, por ser sus adversarios políticos [9] . Juan Bautista Alberdi fue uno de los patriotas sinceros que – rectificando los errores liberales de su mocedad – puso en descubierto a estos “tartufos de gorro frigio – liberales burgueses de la generación organizadora y constituyente – hermanos del convento político que gobernaba Buenos Aires”, a espaldas del pueblo. El lº de octubre de 1863 llamaba “demagogos fatuos en su saber tenebroso” a estos liberales que “se atrevían a innovar sacrílegamente en nuestras instituciones fundamentales”. En sus numerosos escritos condenatorios del liberalismo argentino, que desconocía en la práctica al ser real de la Nación, impugna las tesis sarmientinas y las posiciones mitristas, del “ídolos de los liberales” por una parte, y del “jefe del partido liberal y de la burguesía mercantil pro-británica aliada con los liberales brasileños y orientales”, por otra. De esa copiosa literatura alberdiana, llena de elocuencia y verdad, pero totalmente desconocida en nuestras antologías para uso de las escuelas, extractamos estos párrafos: “Ser libre para los liberales argentinos consiste en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. En cualquier participación dada de él a los otros ven un adulterio.. El liberalismo, como hábito de respetar el disentimiento de los otros en nuestra contra, es cosa que no cabe en la cabeza de un liberal argentino”. “El primer inconveniente que hallamos en Mitre para ser jefe del partido Liberal es que no entiende con precisión lo que es la libertad…” “En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales: Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política, en la biografía de los argentinos… Ellos tienen un Alcorán que es ley aceptar, creer y profesar, so pena de excomunión… Sus textos son un código de verdad histórica, refutarlos es violar la ley, es un crimen de Estado… No todos tienen el derecho de escribir la historia ; al menos que no sea conforme a los tipos históricos grabados por los liberales oficiales. De tal historia han deducido una política que es su fabricación…” [10] . Mitre escribirá a Vicente López: “Usted y yo hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones por aquellas a quienes hemos enterrado históricamente”. Y Sarmiento manifestará algo semejante cuando le escribía al general Paz al ofrecerle su libro “Facundo” : “Lo he escrito con el objeto de favorecer la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, para ayudar a destruir un gobierno y preparar el camino a otro nuevo”. “El Chacho era inexcusable a los ojos de Sarmiento – continúa Alberdi – porque era su antagonista en poder… Con todos los recursos del gobierno provincial y nacional no pudo vencer al héroe popular, cuyo poder consistía únicamente en la adhesión libre y absoluta de su pueblo; y, de temor, lo hizo asesinar. (De esta manera) la decapitación de Peñaloza en 1863 es la célebre aplicación de las máximas sarmientinas” [11] . Ante este crimen escribirá el autor de Martín Fierro en su “Vida del Chacho” : “El partido que invoca la ilustración y el progreso acaba con sus enemigos cosiéndolos a puñaladas. Maldito, mil veces maldito sea, el partido envenenado con tales crímenes”. Ellos fueron los predicadores y los aplicadores de las libertades liberticidas. Lo que no consiguió Rivadavia lo obtuvieron Mitre y Sarmiento con sus compañeros los “procónsules pacificadores” que derrocaban a los federales e imponían a los liberales. El presidente masón Santiago Derqui decía a su “hermano” Bartolomé Mitre en carta fechada el 7 de octubre de 1860 : “Ya comuniqué a usted mi resolución de gobernar con el partido Liberal, donde están las inteligencias, y por eso tengo que trabajar en el sentido de darle mayoría parlamentaria, sin lo cual no podría hacerlo; y tengo la seguridad de dársela”. “La Prensa”, el 23 de marzo de 1880, dirá de Sarmiento: “Dondequiera que ha puesto la mano, ha dejado los rastros de su carácter procaz y sanguinario. El ha ordenado a sus subalternos el degüello de los prisioneros. El ha mandado clavar en picas las cabezas de los que combatían contra su autoridad y colocarlas en el trayecto de las vías públicas. El dictaba la sentencia de muerte de un centenar de soldados amotinados y mandaba tomar a un jefe sublevado y por toda instrucción decía al general encargado de esa comisión que lo fusilara sobre un tambor…” “Uno no se explica que semejante fiera ande por las calles libremente”, había dicho el mismo diario el 15 de julio de 1876. De él escribirá en 1872 el masón francés Alejo Peyret, radicado en Entre Ríos : “Fue un Robespierre, un partidario de la intolerancia política, un civilizador a cañonazos y bayonetazos”. IR A CONTENIDO . . 4. La política y el gobierno llevan el sello masónico Desde la instalación del Gran Oriente Argentino la masonería comienza a actuar como una fuerza de primer orden en la política y en el gobierno de la nación ; y, desde Pavón, ya nada importante se cumplirá en el orden público sin que lleve el sello masónico. La República en sus manos se irá conformando a los moldes masónicos ; primero con Mitre (1862-1868) y Sarmiento (1868-1874) ; y luego con Roca (1880-1886), su ministro Eduardo Wilde y su concuñado el presidente Miguel Juárez Celman (1886-1890). Onésimo Leguizamón, grado 33 – que fue ministro de Instrucción Pública de la Nación, gobernador de Entre Ríos, presidente del Congreso Pedagógico en 1882 y promotor, luego, del laicismo escolar en el Congreso Nacional -, pertenecía, en 1873, al Supremo Consejo Masónico, y al año siguiente ocupó la presidencia de la asamblea que dictó la nueva constitución para la masonería argentina, siendo Gran Maestre Nicanor Albarellos, senador y presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Los acompañaban en la mesa directiva de la asamblea masónica los grados 33 Manuel A. Montes de Oca y Alvaro J. de Alsogaray, y eran miembros honorarios del Gran Oriente los “poderosos e ilustres hermanos” Mitre y Sarmiento [12] . Al inaugurarse en Buenos Aires el primer templo masónico, el 8 de marzo de 1873, el orador de la logia “Unión del Plata” pudo afirmar con verdad : “Ya la excomunión que el fanatismo religioso lanzara sobre nuestra institución ha sido echada en olvido, y es por eso que la masonería argentina no oculta su existencia y se presenta orgullosa a la contemplación de los profanos…” Por otra parte, el Gran Maestre y diputado nacional Daniel María Cazón, al homenajear a Sarmiento en el banquete del 28 de setiembre de 1868, próximo a asumir el mando presidencial, le había pedido en nombre de los masones : “Ayudadnos a remover los obstáculos que opone la superstición en el suelo argentino. Que se acrisole, al fuego intenso de nuestro programa, todo pensamiento que nazca en Vos como gobernante y como masón” [13] . El “trabajo” de la masonería explica la orientación decididamente laicista que tomó el país con su carácter centralizador que la acompañó; la hegemonía que adquiere Buenos Aires sobre las provincias y el predominio creciente de los hombres de la capital sobre Urquiza hasta anularlo. Los ideólogos liberales, apoyados por los brasileños – instrumentos de imperialismo internacional – comenzaron a intrigar contra Urquiza; pues el fin que ellos perseguían en el derrocamiento de Rosas era implantar el régimen de tendencia “liberal; extranjerizante” tan impopular para los criollos y tantas veces fracasado ; y Urquiza resultaba un estorbo para sus siniestros planes. Ya habían sucedido hechos semejantes durante las coaliciones contra Rosas, en que no era tanto la “libertad” y la “democracia” lo que buscaban al complotarse con las potencias extranjeras, sino más bien que no se menoscabaran. los intereses financieros de los estancieros llamados “Libres del Sud”. Estos mismos “liberales” no tuvieron reparo en cooperar con Inglaterra y Francia, que pretendían avasallar nuestra soberanía nacional. Pero San Martín, desde su ostracismo, los condenó con estas terribles palabras, escritas el 10 de julio de 1839: “Tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Anteriormente había anatematizado “la infernal conducta de esos cuatro demagogos que, con sus locas teorías – son sus palabras – han precipitado a nuestro país en los males que lo afligen”. Felizmente fueron muy Pocos los que se mantuvieron en esta posición antipatriótica. Los generales unitarios Paz, Lavalle y Lamadrid manifestaron su indignación y su repudio, y la mayoría de los unitarios expatriados ofrecieron sus servicios a Rosas para luchar todos unidos junto al pabellón nacional. Lavalle, en carta al coronel Chilavert, el 6 de diciembre de 1838, le decía: “La causa (de Rosas) es nacional, y no podemos trastornar las leyes eternas del patriotismo, del honor y del buen sentido”. Pronto se olvidó Lavalle de lo que había escrito, no así Chilavert – el primer artillero de Ituzaingó – que deberá pagar con su vida, después de Caseros, el no haberse prestado para traicionar a su patria. El siguió el mandato sanmartiniano, quien el 21 de setiembre de 1839 había escrito : “No aprobaré jamás que ningún hijo del país se una a una nación extranjera para humillar a su patria”. Y más que a la muerte temió el juicio y la execración eterna de sus conciudadanos, que el prócer Narciso Laprida había compediado en esta frase escrita el 30 de octubre de 1813 : “Cuan do se sabe de cierto que un jefe se halla de acuerdo con los enemigos para vender la patria, no hay quien no esté autorizado para ser impunemente su juez y su verdugo”. Estos ideólogos del liberalismo argentino, cegados por la pasión partidista, no titubearon en ofrecer a Francia, por media de Florencio Varela, las provincias de Corrientes y Entre Ríos ; y de pactar secretamente la separación de Corrientes, Entre Ríos y Misiones para formar con ellas una nación, unidas con Uruguay y Paraguay, bajo el protectorado de Brasil y Gran Bretaña. Paz y Urquiza manifestaron indignados su total repudio a tan inicua traición. En 1835 ofrecen al general Andrés Santa Cruz, presidente de Bolivia, la incorporación de Salta y Jujuy a su nación con estas palabras : “será necesario se encargue usted de estos pupilos en obsequio a la humanidad y a la civilización, (pues) ya no (les) queda (a estas provincias) otro destino que el de ponerse bajo la protección de Bolivia”. Sarmiento dijo que se sentía más chileno que argentino y que Chile debía hacer valer sus derechos sobre las provincias de Cuyo. Pensó, además, entregar el Chaco a los colonos yanquis para facilitar en nuestro suelo “la reproducción de tal rama, a fin de mejorar la nuestra” (sic). Por su campaña periodística, en 1842, incitó al gobierno de Chile para ocupar la Patagonia y adueñarse del Estrecho de Magallanes ; pues – según decía – “la Argentina es muy extensa, su gobierno es bárbaro y no puede civilizar la Patagonia; y Chile necesita un camino más corto para comunicarse con Europa. Magallanes puede ser una provincia chilena. Nunca creí que nuestras posesiones australes fueran dignas de quemar un barril de pólvora en su defensa”. Para salvar esta ignominia declaró, como presidente, que “lo dicho por el periodista no comprometía al mandatario”. Pero la verdad es que “Sarmiento fue el abogado de una nación extranjera contra su país”, según lo publicó “La Nación” los días 4 y 6 de octubre de 1868; y que “él ha sugerido y ha hecho triunfar la idea de hacer despojar a la República Argentina de sus territorios”. Luego, siendo presidente, dirá al capitán Piedrabuena: “¿Para qué discutir a los chilenos la Patagonia? ¡No vale la pena pelearse como perros y gatos por un puñado de tierra!”. Tanto Sarmiento en “El Nacional” del 9 de diciembre de 1856, como Mitre en “Los Debates” del 9 de julio de 1857, sostuvieron la traidora idea de lesa patria de declarar independiente del resto de la nación a la provincia de Buenos Aires, creando la “República del Plata”. Con tal de imponer su idealismo “civilizador”, nuestros libe tales extranjerizantes estuvieron dispuestos a desmembrar el territorio nacional sin ninguna consideración [14] IR A CONTENIDO . . II 5. Expansión masónica en la Argentina Las logias se van instalando por todo el territorio nacional y se agrupan alrededor de los “orientes” provinciales dependientes de la Gran Logia Argentina y luego también – a partir de 1935 – del Gran Oriente Federal Argentino (G. O. F. A.), rama irregular de la masonería nacional. La masonería argentina, en su siglo de vida, tuvo que soportar otros varios cismas políticos y doctrinarios. El primero fue el encabezado, en 1857, por el Soberano Gran Comendador de la Gran Logia Nacional y fundador de la masonería argentina, Miguel de Valencia, que se separó del grupo que seguía al Gran Maestre José Roque Pérez. Luego sucedieron otros cismas de suma importancia, como los provocados, desde 1873 en adelante, por los grandes maestros en disidencia : Nicanor Albarellos, Carlos Urien, Daniel M. Cazón y Alvaro Barros, que fue gobernador de Buenos Aires. Las tres potencias masónicas existentes en 1876 se hacían “guerra fraternal”, a tal punto que debió intervenir la policía allanando la sede de sus reuniones, La Revista Masónica Americana, órgano oficial de la institución, suspendió su publicación – según el aviso de su editor y cronista Pedro Piqueras, grado 33, asentado en el último número del 29 de febrero de 1876 – por “el estado de desquicio en que hoy se encuentra la masonería en este Oriente y por la mala voluntad de los masones en abonarnos el importe de la publicación” (sic). Mientras el G. O. F. A., por medio de sus órganos profanos de Acción Laica Argentina, Liga Argentina de Cultura Laica, etc., hacía campaña laicista en contra de la enseñanza religiosa implantada por la revolución de 1943 y sostenida luego por el gobierno surgido en 1946; la Gran Logia Argentina permanecía aparentemente inactiva, infiltrando y luego imponiendo sus hombres en el gobierno peronista. El G. O. F. A. fue el refugio de los masones exiliados españoles, residentes en la Argentina. Su adogmatismo de tipo masónico francés, que suprimió la Biblia y la invocación del GADU, unido a su anticlericalismo y anticatolicismo, la diferencia del deísmo anglosajónico, teórico o formulista de la Gran Logia. Los principales integrantes del GOFA eran : Aristóbulo Soldano, Adolfo Tacus, Aquilino León, Diego García Loydi, Dionisio Latorre, Carmelo Yero, Domingo Branda, Emilio Perrot, Eugenio Rey Sotelo, Emilio García Pérez, Elías Meilij, Francisco Fraga, Francisco Cleville, Francisco Vera, Jorge Cohen, José Cristiano, José M. Sánchez, José González Míguez, Juan Pérez Outerial, Luis Zampini, Manuel Casas, Manuel Rodríguez, Luis Savigni, Mauro Naselli, Miguel Servera, Pedro Oliveri Larrosa, Wáshington Lalanne, Virgilio A. Lasca, Ricardo A. Bassi, Osias Kodvaloh, Pablo Barrenechea… [15] Actualmente, estos dos organismos supremos han firmado un pacto del mutuo acuerdo masónico, cuyo preliminares fueron suscritos el 30 de agosto de 1956. El G. O. F. A., en su declaración de Principios, establece lo siguiente : “…Si el “hermano” quiere merecer el titulo de masón debe libertar su mente de la “ignorancia”… La masonería condena la “intolerancia”, abomina el “fanatismo”… recomienda a sus adeptos la propaganda con el ejemplo, la palabra y el escrito, con la reserva de que guarden los “secretos establecidos”… y vive trabajando sin descanso para el logro de sus fines…” Y en el prólogo del libro del masón Chaparro sobre la vida de Roque Pérez escribía en 1951 Fabián Onsari, el Gran Maestre de la Masonería Argentina : “La masonería jamás actúa como institución ; son sus hombres los que, colocados en distintas esferas sociales, hacen sentir la influencia de sus enseñanzas”. Siendo cerca de noventa las logias de la masonería en la Argentina – treinta en el Gran Buenos Aires, veinte en el Interior y otras treinta de origen británico – con seis mil afiliados aproximadamente (veinte mil según los cálculos masónicos) resultaría muy extenso indicar la nómina de todas ellas con su respectiva ubicación. En 1873 había 41 logias “azules” y 6 capítulos, ubicados en Buenos Aires, Paraná y Rosario, según referencias de la Revista Masónica Americana, tomo I, Nº 11. A titulo de curiosidad añadiremos a las ya nombradas, las siguientes logias elencadas en las revistas masónicas : En Buenos Aires (Sol de Mayo, Non Plus Ultra, Unión Argentina, Beneficencia, Obediencia a la Ley, Verdad, Dios y Libertad, Humánitas, O’Higgins, Buenos Aires, Lautaro, Estrella del Oriente, Sócrates, Panamérica, Pindos, Estrella del Mar, Sol de Rumania, Roque Pérez, Zúñiga, Eureka, Unión Nacional, El Fénix, Agustín Alvarez, Belgrano, La Paz, Hugo Bassi, José Manini, Minerva, T. G. Masarik, Teodoro Herzl, Pitágoras, Unión Justa (fundada en 1900), Primera Argentina, Moralidad, Caridad, América, Egalité, progress, Ciencia y Trabajo, Germania (fundada por el alemán Roberto Hempel que fue inspector de escuelas de la provincia de Buenos Aires y murió en 1875) 15′; Lux ex ténebris, Floridablanca (de los masones españoles exiliados), Estrella de Versalles, Cedro del Líbano, Los Eloím, Hijos del Trabajo, Rivadavia, Democracia, Aghataura, Los Compañeros del Silencio, Alianza (que era de los italianos de la Boca, regularizada en 1873), Porvenir Social, Juventud Siria, Aranda, Alem, Moreno, etcétera…) ; en Rosario (Unión, Unión-Libertad, Libertad y Perseverancia, San Martín, Federico el Grande) ; en Santa Fe (Armonía, Belgrano) ; en Casilda (Luz de Oroño) ; en Cañada de Gómez (Rivadavia) ; en Tucumán (Estrella de Tucumán) ; en Pergamino (Fraternidad) ; en Bahía Blanca (Liverpool, Estrella Polar) ; en Bragado (San Martín) ; en Tandil (Luz del Sud) ; en San Fernando (Unión de San Fernando) ; en Villa Ballester (Sarmiento) ; en Azul (Estrella del Sur) ; en La Plata (La Plata) ; en Lanús (San Martín) ; en Villa Domínico (Aureola) ; en San Nicolás (Unión y Amistad) ; en Lomas (Mazzini) ; en San Luis y Mercedes (Sarmiento y Savonarola) ; en Salta (Belgrano) ; en Paraná (de la fusión de Santa Fe y Asilo del Litoral fundada en 1860, Unión y Trabajo) ; en Concordia (Rectitud) ; en Concepción del Uruguay (Jorge Wáshington que fraternizaba con las de Salto del Uruguay) ; en Gualeguay (Lincoln) ; en Corrientes (Constante Unión) ; en Goya (Fraternidad) ; en Paso de los Libres (Estrella de Misiones) ; en San Juan (San Juan de la Frontera, fundada en 1870) ; en Mar del Plata (7 de junio de 1891 y Estrella del Mar) ; en Mendoza (Alvarez, Lautaro, Hernández, Luz de Hiram) ; en Posadas (Roque Pérez) ; en Olavarría (Primitivos Obreros de Olavarría) ; en Córdoba (Piedad y Unión) ; en Villa María de Córdoba, en Pigüé, en Salto, en Campana, en Ensenada, en San Pedro, en Lincoln, en Trenque Lauquen, en Colón, en Cipolletti (Río Negro) la logia Araucania y… en las más importantes ciudades de la República [16] . Las logias Sarmiento, Estrella Flamígera, La Escuadra e Hiram de Buenos Aires se especializan en la formación de aprendices, compañeros y maestros ; en Humánitas y Sócrates se reúnen los alemanes ; en Pindos, los griegos ; en O’Higgins, los chilenos, etc…. Además de las logias primarias funcionan dos consistorios, cuatro areópagos y doce capítulos. En esta reseña, muy incompleta por cierto, no hemos indicado ni el número de orden que corresponde a las logias por su fundación (son más de cuatrocientas las ya fundadas), ni la distinción de logia simbólica, capítulo, areópago o consistorio, distinciones, estas tres últimas, que atañen sobre todo a los “talleres” de Buenos Aires, si bien los hay en Mendoza y otros lugares. Entre los veintiún Soberanos Grandes Comendadores del Supremo Consejo Grado 33 del escocismo o masonería filosófica, y los treinta y cinco Grandes Maestros de la Masonería Argentina que se han sucedido en la alta dirección de la Orden, figuran : Roque Pérez (1858-1867), coronel Carlos Urien (1875-1877), Vicente Fidel López (1873-1880) (venerable de la logia Caridad de Montevideo en 1858 y autor del Manual masónico del aprendiz) [17] . Domingo Faustino Sarmiento, que ocupó los dos cargos (1882-1886), Leandro Alem (1887-1889) (que con anterioridad fue Secretario General y Pro Gran Maestre), Bartolomé Mitre (1893-1894), Emilio Gouchón (1902-1912), Fabián Onsari, que ocupó los dos cargos (1928-1945 y 1950-1956), Alberto Mazziotti (1945-1951), Domingo Regino Sanfeliú (1951-1956), Mauro Nasselli, Gran Maestre del G. O. F. A., siendo su antecesor el español Miguel Servera, director de la revista “Verbum” ;. Alcibíades Lappas, Gran Secretario desde 1956, secretario del Ateneo Liberal Argentino y director de la revista masónica “Símbolo” – órgano oficial de la Gran Logia Argentina – y Ricardo Carrasco, Soberano Gran Comendador, desde la muerte de Onsari, acaecida en 1956. Al renunciar Sanfeliú en octubre de 1956, ocupó su cargo el pro Gran Maestre Luis San Luis 17′. Fueron también supremos mandatarios de la masonería en el siglo pasado: Pedro Díaz de Vivar, Daniel M. Cazón, Nicanor Albarellos, Agustín P. Justo, coronel José N. Romero, Manuel Langenheim, Valeatín Fernández Blanco, José F. Soler, Juan Soneyra, coronel Enrique Bachmann, general Rudesindo Roca (hermano del presidente), José B. Casás, Joaquín V. González (ministro de Instrucción Pública), Juan Larsen, José Montero, Faustino Jorge (presidente de la Suprema Corte y ministro de Gobierno en la provincia de Buenos Aires con Dardo Rocha), etc… Y desde el año 1900 hasta la fecha: José C. Soto, general Liborio Bernal (suegro del presidente Justo), Pablo Barrenechea, Agustín Alvarez, Juan Balestra, Carlos Conforti (diputado nacional y líder del ateísmo argentino), Alejandro Sorondo, Arístóbulo Soldano, José Madariaga, Alfredo Martínez, Luis Rarrenechea, Enrique Jorge, ingeniero naval Carlos González, etc…. En la asamblea anual realizada el 24 de junio de 1957 resultó elegido para ejercer la Gran Maestría de la Orden el doctor Agustín Jorge Alvarez, ex Gran Maestre del GOFA e hijo del ex Gran Maestre Agustín Enrique Alvarez. En ocasión de su promoción al supremo cargo directivo de la masonería simbólica argentina el Gran Maestre expresó en su Mensaje lo siguiente : “…Es menester que estudiemos y conozcamos bien el alcance y los métodos de la abierta o solapada penetración de las fuerzas oscurantistas y reaccionarias que intentan detener la marcha progresiva de la humanidad, retrotrayéndonos a las épocas de la intolerancia, del pensamiento aherrojado por la teología y la superstición, etc., etc.” [18] . Ya conocemos perfectamente qué significan estas frases en el lenguaje masónico ; como también a qué se refieren las rituales advertencias de “liberarse de los prejuicios y de los dogmatismos”, que inserta el novel gran maestre al fin de su discurso. IR A CONTENIDO . . 6. Amistad angloargentina Actualmente la masonería argentina sigue en sus “trabajos” las orientaciones de la “Gran Logia Unida de Inglaterra de los antiguos masones libres y aceptados” (United Grand Lodge of ancient, free and accepted masons of England) cuya amistad centenaria fue firmada en 1856 y luego ratificada en 1860 en el “Tratado de Paz y Amistad” que suscribieron el venerable maestro de la Logia Excelsior, Federico Hughes, Roque Pérez y Mariano Billinghurst por el Gran Oriente Argentino, y que permanece en pleno vigor, después de diversas alternativas sufridas a través de los años ; según lo testificó el ex Gran Maestre Horacio Hale ante Fabián Onsari, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo y Domingo Sanfeliú, Gran Maestre de la Gran Logia Argentina, al poner en su cargo, en 1951, a James Williams Sharpes, el nuevo Gran Maestre de las veintiséis logias inglesas instaladas en la Argentina, depedientes directamente de Inglaterra. En tal oportunidad dijo Hale que las masonerías angloargentinas se hallan “en franca amistad de mutua y fraternal comprensión”, y que los “hermanos argentinos e ingleses sabrán mantener invariablemente en lo futuro esta feliz fraternización para el engrandecimiento de los sublimes ideales masónicos” [19] . El artículo 2º del tratado, protocolizado definitivamente en 1903, dice : “Desde ahora y para siempre existirá una estrecha e indisoluble unión entre las dos altas potencias signatarias de este tratado” [20] . Las más antiguas logias inglesas radicadas en nuestro país son : Excelsior (1853 ó 1854), Estrella del Sur (1865), Victoria (1890), Eduardo VII (1911-Remedios de Escalada), Pampa (1920-Haedo), Luz del Sur (1876-Rosario), Cruz del Sur (1878-Córdoba), Quilmes (1893-Quilmes), San Juan (1894-Lomas de Zamora), Alejandría (1903-Rosario), Albión (1907-Bahía Blanca), Acacia (1908-Tucumán), Campana (1909) y Aconcagua (1911-Mendoza). La lista completa de las veintiséis logias, de los ocho capítulos, dos preceptorías, seis logias especializadas para maestros masones y de sus seiscientos miembros – muchos de ellos de destacada ubicación en nuestros centros financieros, industriales, económicos y bancarios, compañías de seguros, sociedades anónimas, etc.- puede verse en la guía masónica de 1959 para el “distrito” de Sudamérica de la Gran Logia Unida de Inglaterra. (Masonic Guide and Calendar-1959). Desde 1953 es su Gran Maestre Reginaldo W. Haxell. Como dato ilustrativo de la “mutua ayuda y recíproco apoyo de los hermanos tripuntes”, bastará decir que sólo la familia masónica de Ian Drysdale – Gran Maestre de la masonería argentina en 1960, figuraba en la “Guía de Sociedades Anónimas” de ese año como integrante del directorio de un centenar de sociedades, cuyo capital revaluado a la fecha sobrepasa los 50.000.000.000 de pesos. Para trabajar en mayor unión angloargentina, de acuerdo con el “Tratado de Paz y Amistad”, anunció últimamente el Gran Maestre argentino, Domingo Sanfeliú, la creación de la logia de enlace “Jorge Canning”, que “mancomuna a los hermanos elegidos de ambas jurisdicciones dispuestos a trabajar bajo las disciplinas del nuevo organismo por los sagrados principios que son la base de la masonería universal; pues hoy, los masones ingleses y argentinos compartimos unidos nuestros trabajos” [21] . El venerable de esta logia de la masonería argentina es al mismo tiempo el Gran Secretario de distrito de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Estos supremos organismos masónicos en la Argentina tienen sus reuniones en el “templo” de la calle Cangallo número 1242, de la Capital Federal ; el G. O. F. A., en cambio, se reunía en Sarmiento 1872, y los ingleses en Cochabamba 223. De la Guía Masónica británica para la República Argentina, recogemos los siguientes datos correspondientes al año 1959. Gran Maestre, Reginaldo Haxell, avenida de Mayo 645; vice Gran Maestre, Guillermo Bush, Sucre 3365; asistente del Gran Maestre, Erico Seward, Paseo Colón 221 ; tesorero, Cirilo Soane, Galería Güemes, Casa Tow; Gran Secretario, Horacio Wolley; asistente del Gran Secretario, Carlos Allen; Notario, Eduardo Carr. Oficinas, lugares de reunión y templo masónico : Cochabamba 223. Principales funcionarios de cada una de las 26 logias británicas para la República Argentina: Ronaldo Bruce Martín, Daniel Lewis, Frank de Mello, Juan Davies, Cirilo Soane, Wálter Ephgrave, Guillermo Carr, Horacio Wolley, Eduardo Bonner, Frank Vincent, Reginaldo Caldwell, Cirilo Green, Federico Butler, Ernesto Middleton, Heberto Jessap, Reginaldo Rabbetts, GuyMansfield, Frank Gledhill, Carlos Allen, Tomás Pratt, Eduardo Turner, James Kelly, Roberto Lawson, Jorge Wilson, Ernesto Thomas, Allan Ramsay. Las logias se reúnen en los lugares que se indican a continuación : Excelsior, Star of the South, Trevor Mold, Campana, Santa Rosa, San Jorge, San Andrés, San David, Pampa, San Patricio, United Gauges, Columbia, Old Georgian, Emulation, Patron Saints, en Cochabamba 223; Belgrano, en Conesa 2224; Victory, en Lácar 4232; Light of the South y Alexandra en Laprida 1019 (Rosario) ; Southern Cross, en Corrientes 38 (Córdoba) ; Quilmes, en Rivadavia 421 (Quilmes) ; San Juan, en Colombres 146 (Lomas de Zamora) ; Albión, en Almafuerte 109 esquina Gorriti (Bahía Blanca) ; Acacia, en 9 de Julio 365 (Tucumán) ; Aconcagua, en Perú 1410 (Mendoza), y King Edward VII, en General Paz 161 (Témperley). El Comité de Caridad funciona en 25 de Mayo 316. Otros personajes de gran figuración entre los 600 miembros de la masonería británica en la Argentina son : Alberto Johnson, Ormond Steven, Arturo Leadbetter, Guillermo Benzimra, Roberto Mitchell, Carlos Thompson, Lorenzo Sherowitz, Lorenzo Harris, Edgardo Sharpe, Francis Whitton, Douglas Murison, Ritehie Murray Drysdale, AIexander Monteih Drysdale (Canciller de las Ordenes Unidas del Temple, de San Juan de Jerusalén, de Palestina, de Rodas y de Malta) y Tan Gellispie Drysdale (auditor y Gran Custodio de la Gran Logia Británica, Gran Administrador de las logias “Mark Master Masons” y Gran Maestre de la Gran Logia de la Masonería Argentina). Una de las principales finalidades de la masonería inglesa en nuestro país es afianzar su hegemonía en todos los sectores de la sociedad. Las instituciones que integran la maquinaria imperialista de la dominación británica en América latina son : la Iglesia Anglicana, que pretende someter los pueblos al poder espiritual del monarca inglés ; las logias británicas y probritánicas, que tratan de minar la cohesión espiritual y moral de los no sajones ; la prensa “seria, consciente y siempre bien informada”, sobre la cual la embajada inglesa ejerce la fiscalización de la publicidad; Agencia Noticiosa Reuter, que selecciona las informaciones que favorecen los intereses británicos; el British Community Council, que asocia a la comunidad británica las oligarquías corrompidas y entreguistas del país ; el Dun y la Bradstreet Company, que son tipos diversos de espionaje económico y político para conquistar y adoctrinar colaboracionistas ; la Banca Inglesa que financia y fiscaliza las empresas por medio de la mano invisible de Baring Brothers, personeros del capital de la Corona de Inglaterra; y, en fin, la doctrina del liberalismo que todo lo invade con su coima institucionalizada y su prebenda regimentada. De esta manera la democracia, sustentada por tal doctrina liberal, es tan totalitaria como el fascismo, el nazismo y el comunismo. Los diez Grandes Maestres de la masonería inglesa, desde la unión definitiva de 1813, fueron : el duque de Sussex (1813-1843), el conde de Zetland (1844-1870), el marqués de Ripon (1870-1874), el rey Eduardo VII (1874-1901), el duque de Connaught, hermano de Eduardo VII (1901-1939), el duque de Kent (1939-1942), el sexto conde de Harewood (1941-1947), el décimo duque de Devonshire (1947-1950) y’el conde de Scarbrough desde 1951 hasta el presente como lugarteniente del duque de Edimburgo – príncipe-consorte de la reina Isabel II de Inglaterra – iniciado en la Real Logia de la Marina Británica en 1952 y que es el jefe nato de la masonería inglesa por depender ésta de la Familia Real. Vale la pena consignar aquí el hecho, por demás significativo, que el Gran Maestre Lord Ripon, elegido virrey de la India en 1880 por la reina Victoria, había sido encargado por la secta para escribir un libro que demostrara, en nombre de la civilización y de la historia, que el catolicismo era la suprema rémora de la sociedad; pero, al hacer el estudio concienzudo de la materia, se vio obligado, por la evidencia de la grandeza histórica de la Iglesia Católica, a abjurar de la masonería y del protestantismo y hacerse católico. Comentando tal hecho escribía el cronista de la Revista Masónica Americana, el 30 de diciembre de 1874: “Tanto da uno más o uno menos. Ya ha sido reemplazado por el Príncipe de Gales”. En la Argentina siguieron su ejemplo los Grandes Maestres Emilio Gouchón, Liborio Bernal, Rudesindo Roca, José Roque Pérez y muchos otros masones distinguidos. Roque Pérez reeibi6 los sacramentos en su lecho de muerte, según escribió el masón Héctor Varela en el diario La Tribuna del 28 de marzo de 1871. El 8 de octubre de 1903 enferma gravemente el general Rudecindo Roca, Gran Maestre de la Masonería argentina, se confiesa con monseñor Mariano Espinosa, arzobispo de Buenos Aires, y recibe luego de sus manos la extremaunción. Su deceso se produjo el 18 de noviembre de ese mismo año [22] . La noche del 2 de febrero de 1901 “muere en Quilmes en el seno de la Iglesia Católica y fortalecido con los santos sacramentos el general de brigada don Liborio Bernal, Gran Maestre de la masonería argentina. Los santos sacramentos le son administrados por el señor cura de la Concepción, canónigo Luis de la Torre y Zúñiga, llamado por el enfermo, el cual le dijo: “Quiero morir en el seno de la Iglesia Católica y reconciliado con mi Dios”. Antes de la confesión el cura exige de los tres médicos presentes la declaración expresa de que el paciente se halla en pleno uso de sus facultades intelectuales”. El general era devoto de la Virgen de la Merced, y la Santa Iglesia realizó sus solemnes exequias con misa de cuerpo presente en la parroquia de la Concepción [23] . También Emilio Gouchón expresó su deseo de morir en el seno de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana; por eso tuvo misa de cuerpo presente y sobre su cadáver el crucifijo, el rosario y un medallón de la Virgen de Luján. Le administró los sacramentos el teniente cura de la Merced, presbítero Benito Barbarrosa, “recibiendo antes la abjuración de todos sus errores” [24] . El 14 de junio de 1875 el Gran Maestre y Soberano Gran Comendador de la masonería argentina, Carlos Urien, comunicaba a los masones de Londres, que se quejaban de no tener noticias masónicas de Buenos Aires, que esto era debido a que el delegado de la Gran Logia Unida de Inglaterra, don Bernardo de Irigoyen, “hacía años que se había retirado de la masonería”. Bernardo de Irigoyen, el 18 de marzo de 1890, visitó con su familia el santuario de Luján y dejó escrito en el libro de oro : “Esta visita a Nuestra Señora de Luján es un testimonio de amor y veneración y una manifestación de nuestra fe religiosa mantenida entre nosotros como tradición sagrada”. Luego solicita al cura párroco, Jorge Salvaire, envíe un sacerdote a su estancia de San Fermín para rezar misa en su capilla el día de Pascua de ese año, 6 de abril de 1890 Y el 9 de abril de 1899, siendo padrino de la consagración episcopal de monseñor Francisco Alberti, besó los anillos de los obispos consagrantes a su ingreso en la iglesia de San Ponciano de La Plata, ante la admiración de los funcionarios públicos presentes y con general aprobación del pueblo creyente que colmaba el atrio y las naves del templo [25] . IR A CONTENIDO . . 7. Masonismo de Mitre, Urquiza, Sarmiento y otros Dice el masón argentino Martín Lazcano, que Mitre nunca fue sincero masón, sino que lo fue únicamente por compromiso político; y que el Gran Oriente sufrió una gran decepción con él, pues sólo hizo una parodia de iniciación masónica y nunca se consideró obligado con la masonería. Nunca asistió a las “tenidas” de la logia “Confraternidad Argentina”, a la cual pertenecía; y una vez que entregó la presidencia a Sarmiento, mantuvo con la masonería simples relaciones de etiqueta [26] . Se recuerda principalmente su asistencia a las magnas “tenidas” de 1860, cuando recibió el grado 33; la de 1865, en ocasión de la guerra del Paraguay y la del 10 de octubre de 1868, en vísperas de la transmisión del mando a Sarmiento. En esta ocasión dijo, entre otras cosas, la frase siguiente: “¿Qué es Sarmiento? Un pobre hombre como yo, un instrumento como éste” ; y señaló el compás. ¡A tal condición se reducen los gobernantes que, al proclamar el lema sagrado de la “democracia” y la “libertad”, sólo obedecen a las logias! Luego añadió : “Daré mi mensaje a las logias masónicas. Se ha dicho que era tiempo que los hermanos masones conquistasen en la sociedad los derechos que les fueran negados. Señores, los masones están conquistando esos derechos en la vida y más allá de la muerte”. No obstante Mitre respondió a las sugestiones del poder invisible en sus trabajos históricos. Su abjuración final de la masonería y su cristiana muerte reconciliado con la Iglesia y asistido por los monseñores Gregorio Romero y Antonio Rasore, que le administraron los Santos Sacramentos, no modifica el carácter de su obra ni el sentido de la influencia ideológica que viene ejerciendo sobre las generaciones argentinas. Monseñor Romero estuvo dos horas con él y lo confesó. Al día siguiente celebró la misa en el aposento del enfermo y le dio la comunión, comulgando también las hijas del general Finalmente le impartió la bendición papal que le enviaba San Pío X, y buitre respondió: “Llueven las bendiciones. Demos gracias a Dios”. Luego Monseñor Rasore le administró la extremaunción cuatro días antes de morir. La declaración antiliberal que firmó Mitre, a pedido de monseñor Romero, fue entregada por éste a monseñor Espinosa con destino al archivo secreto de la curia [27] . Por otra parte, el Soberano Gran Comendador Fabián Onsari, en su libro “Mitre y las ideas masónicas en la organización nacional a través de su actuación”, exalta el fervor masónico de Mitre, nos dice que inició a sus hijos en la masonería; que siendo presidente fue nombrado, el 9 de junio de 1865, Gran Comendador y Gran Maestre honorario y que al fundarse la logia “General Mitre”, el 17 de julio de 1903, aceptó la veneratura de honor que se le ofreció y la medalla de oro que en tal oportunidad le obsequiaron los masones presididos por el doctor Emilio Gouchón, co-redactor de La Nación. Finalmente, la masonería argentina adhirió oficialmente a los festejos jubilares de 1901, cuando cumplió Mitre los ochenta años ; y en 1906 – año de su muerte celebró con gran pompa funerales masónicos en su honor [28] . En el día del sepelio La Nación publicó los avisos fúnebres de los Grandes Orientes nacionales y extranjeros, los cuales siempre lo consideraron como un “hermano”. A cierta señora de la sociedad porteña, que le echó en cara su carácter de masón, contestó el general : “Eso fue en otro tiempo, pero ahora estoy de todo eso retirado” [29] . La recepción de Urquiza en el Gran Oriente Argentino “no fue más que una escaramuza política”, a la cual se prestó para favorecer la unión nacional, consiguiendo, dos meses después, que se aceptara la Constitución de 1853. Mitre había enviado a Entre Ríos a Vélez Sársfield para convencerlo de que, tal acto, en nada comprometía su conciencia católica. Sin embargo no consiguieron que pronunciara el juramento masónico, al cual accedieron Derqui, Mitre y Sarmiento. El, por el contrarío, se resistió diciendo : “La virtud de mi cristiana fe no se complica con el juramento masónico, ni he de cambiar por otro mi credo católico, apostólico, romano”. Recordemos de paso, que el Syllabus de Pío IX es de 1864 y que las numerosas condenas subsiguientes rematarían en la terminante y definitiva encíclica “De secta massonum” (La secta de los masones) de 1884 de León XIII. Muchas veces Urquiza “se reiría de aquella “magna tenida” de 1860, como de una verdadera pantomima”. El jamás se preocupó de ser masón, es decir, de servir a los intereses contrarios a su conciencia patriótica y religiosa. Esta actitud contra el circulo de Buenos Aires obedecía a su tenaz campaña por la defensa de los derechos de las provincias y a su espíritu católico. Por eso, los liberales porteños se acordarán de él recién en 1864; y – con atraso de cuatro años – le remitirán su diploma del grado 33, para recabar del “ilustre y poderoso hermano” su adhesión a la Triple Alianza en contra del Paraguay; pero no lo pudieron conseguir con el fervor que lo deseaban. Ya en 1862 les había mandado decir por del Carril : “El Sr. general (Mitre) y todos los argentinos deben saber que el general Urquiza está resuelto a ser víctima indefensa de las facciones políticas… Dígales Ud. que soy argentino ante todo”. Y Urquiza morirá asesinado el 11 de abril de 1870 [30] . Sarmiento ya lo había profetizado en la carta del 20 de setiembre de 1861 cuando le escribía a Mitre después de Pavón: “Urquiza debe desaparecer de la escena cueste lo que cueste”. El 3 de setiembre de 1864 el Soberano Gran Comendador de la rama irregular de la masonería argentina, Miguel de Valencia, vociferaba en la logia a raíz de la protección que Urquiza dispensaba a la Iglesia Católica en la normalización de su jerarquía, y a la enseñanza religiosa en las escuelas cumpliendo un mandato constitucional : “Nuestra patria está bajo el imperio del error y del fanatismo. El clero papista se encuentra altamente protegido. Es un escándalo la indiferencia con que se ve difundir el fanatismo de la Religión por los ámbitos de la República… Es una vergüenza que el maestro (masón) baje servilmente la cabeza para no encontrarse privado de ciertos sacramentos de esa iglesia detestable (alude a la abjuración de los masones convertidos)… Es una irrisión profesar las creencias supersticiosas, intolerantes e inmorales del cristianismo (sic)” [31] . Un caso interesante de presidentes argentinos masones es el del doctor Carlos Pellegrini, al cual, sin ser masón, las dos potencias de la Orden existentes en Buenos Aires le ofrecieron sus respectivos Grandes Maestrazgos. “En cuanto al inconveniente de que el doctor Carlos Pellegrini no sea masón – dice la Revista Masónica de junio-julio de 1904 – ambos Orientes, en caso de aceptación, se proponen iniciarlo e investirlo del grado más elevado del rito respectivo, tratándose de una bandera política de esa magnitud”. Así fue como Pellegrini llegó a ser jefe de la masonería argentina en 1906, año de su muerte. Como en el caso de Mitre, también a Monseñor Rasore y al presbítero Benito Barbarrosa les cupo en suerte la misi6n apostólica de preparar el alma del ilustre estadista para presentarse ante el divino tribunal. Bernardo de Irigoyen supo, en cambio, renunciar a tiempo a su afiliación masónica, como lo hicieron también Joaquín V. González, Leopoldo Lugones y tantos otros. El presidente argentino Manuel Quintana, a quien reclaman para si las logias, pidió el 24 de febrero de 1906 que llamaran al obispo de La Plata, monseñor Terrero. Con él se confesó. Luego recibió la visita del internuncio apostó1ico y de monseñor Espinosa. Después de confesarse y comulgar dijo a sus amigos: “Si me vieran algunos creerían que estoy reblandecido. Pero no; ustedes lo ven y deseo que esto sea conocido. Quiero morir como cristiano. Es menester cumplir con este último deber”. Cuando los médicos le advirtieron que su caso no era desesperante y que aún podía dilatar la recepción de los sacramentos, replicó : “Quiero hacerlo ahora que me siento en la plenitud de mis facultades, porque como procedo así por convicción no desearía que en los últimos momentos de mi vida esta actitud fuera atribuida a una debilidad o a una extorsión”. Y el 11 de marzo el cura del Socorro le administró la extremaunción [32] . Cuando el Gran Maestre de la masonería argentina, Ian Drysdale, incluyó en su declaración del 8 de marzo de 1959 una lista de próceres masones, el señor Marcelo Lynch Gorostiaga publicó en La Nación del 8 de julio de ese año, la siguiente aclaración: “Solicité al señor Drysdale me exhibiera los comprobantes de la iniciación masónica de mi abuelo, el doctor José Benjamín Gorostiaga, a lo que me respondió que tal documentación se hallaba en una caja fuerte bancaria y que demoraría un tanto en procurármela. Acudí entonces al señor Alcibíades Lappas, autor de “La Masonería a través de sus hombres”, donde figura mi abuelo, y me contestó no poseer documentación alguna y que sus afirmaciones sólo tenían por base las manifestaciones del señor Drysdale. Lo cierto es que hasta la fecha las pruebas no han aparecido”. Por otra parte, todos sabemos quién fue el doctor Gorostiaga, a quien los masones reclaman para sus logias. Propuesto como candidato del Partido Católico a la presidencia de la República, el 6 de julio de 1885, nada menos que por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Federico Aneiros, mientras ejercía la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fue presentado luego oficialmente al catolicismo argentino, el 14 de setiembre por el jefe de la iglesia nacional, en estos términos: “El doctor José Benjamín Gorostiaga fue siempre católico ferviente y siempre virtuoso en público y en privado, y ahora se le propone como candidato del partido católico, después de haber hecho ante el país su profesión de fe católica, apostólica romana y de que en el gobierno sabrá cumplir con los deberes que ésta le impone, buscando de instaurar todas las cosas en Cristo” [33] . Otro de los prohombres argentinos reclamados por la masonería en el nomenclador de Drysdale y Lappas es el presidente José Figueroa Alcorta; pero los hermanos enmandilados olvidan que no só1o les negó en 1906 la personería jurídica sino que, al morir en 1931, le decía a monseñor Miguel De Andrea; “Se ha hablado más de una vez de mi liberalismo tildándome de sectario. Nada más inexacto. Siempre fui creyente y profundamente respetuoso de la religión, y me place recordar en estos momentos, en los que nuestra alma está a flor de labios, que jamás me dormí sin haber rezado una “Salve”. El liberalismo de mis primeros años fue el sarampión inevitable de la juventud”. Se confesó con monseñor Gustavo J. Franceschi, quiso que su hija lo acompañara en las oraciones para bien morir, y luego comulgó, recibió la extremaunción y se le impartió la bendición papal en presencia de monseñor Fortunato Devoto y del nuncio monseñor Felipe Cortesi, agradeciendo a todos los auxilios religiosos que le habían dispensado [34] . Decía Joaquín V. González en 1901 que había sentido un gran disgusto al conocer que no se había tenido suficiente fe en su seriedad cuando rechazó de plano cualquier suposición de su afiliación a la masonería. Que si tal suposición “pudo tal vez tener razón de ser cuando daba mis primeros pasos de hombre en la vida, no así desde que absorbieron mi tiempo y mis gustos 1as labores intensas del pensamiento” [35] . Sarmiento, en 1864, en su viaje a Norteamérica, llevó la representación del Gran Oriente Argentino ante el Gran Oriente de Massachussets en el “valle” de Boston, para firmar un tratado de amistad con aquella “Potencia” masónica de la cual dependía la masonería argentina. De su discurso pronunciado el 29 de setiembre de 1868, en ocasión del banquete que le ofreció la masonería en la logia “Constancia”, dos semanas antes de tomar posesión de la presidencia de la nación, extractamos lo siguiente : “Llamado a desempeñar la primera magistratura de una república que es por mayoría del culto cató1ico, declaro que no soy masón, si la masonería ha sido instituida para destruir dicho culto. Si tales designios se ocultan aún a los más altos grados a los cuales fuimos elevados con Mitre y Urquiza, ésta es la ocasión de manifestar que, o hemos sido engañados miserablemente o no existen tales designios. Yo afirmo que no existen porque no han podido existir (sic). No debo disimular que la Santa Sede se ha pronunciado en contra de estas sociedades ; pero los pueblos y los gobiernos cristianos pueden diferir de opiniones con la Santa Sede sin dejar de ser apostólicos romanos”. Luego de hacer estas declaraciones heréticas, el cerebro mágico de Sarmiento va interpretando el Syllabus del Papa a su gusto y paladar y lo acomoda como más le conviene para deshacerse en denuestos y mofarse irónicamente de todas las condenaciones insertas en el solemne documento de Pío IX. Para él – dirá Alberdi – el Papa puede no ser infalible, pero es torpeza negar la infalibilidad de Sarmiento” [36] . En 1880, cuando se propuso nuevamente su candidatura para la presidencia de la República, desmintió públicamente en Córdoba de que fuera masón, al advertir que los cató1icos no lo podían votar. Entonces sus “hermanos” se lo echaron en cara y él con todo cinismo les contestó : “No he hecho otra cosa que cumplir con la consigna masónica de no revelar mi carácter de tal” [37] . En 1882, al ser elegido Gran Maestre y Soberano Gran Comendador, dijo con respecto a la enseñanza sosteniendo su laicismo: “Días de prueba nos aguardan, pues ya se preparan los adversarios de la “libertad” del pensamiento a dirigir la educación por senderos “tortuosos” ; pero nosotros, los masones, trabajaremos para traer la educación al “buen camino”. Luego continuó: “El objeto de la masonería es promover la tolerancia recíproca en materia religiosa y oponerse al predominio que quiere ejercer una creencia sobre otras”. En otras palabras; para él no existe la Verdad Absoluta en religión, todas son iguales, y lo mismo da no tener ninguna. Durante la campaña laicista de 1883 designó a la secular ciudad doctoral con estas antipatrióticas y calumniosas palabras : “Córdoba, en tres siglos de monjas, frailes y clérigos con colegios, universidades y seminarios, fundados por obispos, curas y jesuitas, sólo enseñó a ser con orgullo, ignorantes por principio… Hoy se los persigue en Francia, Bélgica, España, Italia y otras naciones… ¡Oh si se pudieran reunir en Córdoba algunos protestantes metodistas, presbiterianos o de alguna denominación cualquiera, cuánto bien haría al progreso de las ideas!”. No olvidemos que, en la táctica masónica, el primer paso para descatolizar a una nación es protestantizarla. Obtenida la “victoria” en 1884 escribió contra la Santa Sede esta frase blasfema que evidencia su orgullosa apostasía: “Todos se estrellan contra la ceguedad vetusta de la cancillería (romana) : contra aquella roca endurecida por los siglos; contra ese obscurantismo clerical italiano que se llama Curia Romana con su Index, su Inquisición, su Propaganda Fide…” [38] . El masón Raúl Bustos Mac Keller, supervisor y redactor del Diccionario Enciclopédico editado en Buenos Aires en 1947, escribió en el tomo II: “Sarmiento actuó en la Orden como un gran masón, y la acción que desplegara durante sus años de actividades fueron muy fructíferos (respetamos la sintaxis) para la Orden en general y la masonería argentina en particular. Sus “hermanos” levantan “columnas” de logias con su nombre, teniéndolo como símbolo del perfecto masón”. IR A CONTENIDO . . 8. Un prócer impuesto por la masonería El “condottiero” italiano José Garibaldi llegó al Río de la Plata en 1836, y el gobierno del Brasil inmediatamente lo declaró pirata. Fue un aventurero audaz que sólo dejó en estas tierras el recuerdo imborrable de los excesos inhumanos y bestiales permitidos por él a los hombres que capitaneaba. Llegó a hacerse célebre desde Río Grande y Santa Catalina del Brasil hasta la provincia argentina de Entre Ríos, como jefe de una chusma cosmopolita y una turba de carbonarios expatriados ; y vinculó su nombre a los saqueos de Santa Catalina, Imeriú, Salto, Martín García, Colonia y Gualeguaychú, llevados a cabo con extraordinaria crueldad, propia de hombres a los que sólo atraía el botín del pillaje [39] . En su “autobiografía”, al recordar sus “hazañas” en América del Sur, no tiene reparos en escribir lo siguiente: “Como no recuerdo los detalles de todos aquellos atropellos, me es imposible narrar minuciosamente las infamias cometidas… Nadie era capaz de detener a esos insolentes salteadores… Todos vivían permanentemente alcoholizados… Me dan ganas de reír cuando pienso en el honor del soldado… [40] . El gobierno del Uruguay le confió el mando de la marina de guerra, pero debió quitárselo después de la derrota de Costa Brava, que le infligiera el almirante Brown el 16 de junio de 1842. El mismo Garibaldi confiesa que era jefe de una legión de borrachos, homicidas, desertores y canallas desenfrenados. ¡Y ésos eran sus famosos legionarios ! En el parte de la victoria decía Brown : “La conducta de estos hombres ha sido más bien de piratas, pues han saqueado y destruido cuanta casa o criatura caía en su poder, sin recordar que hay un Poder que todo lo ve y que, tarde o temprano, nos premia o castiga según nuestras acciones” [41] . Garibaldi trabó amistad con Mitre en Montevideo en 1841, y fue adversario acérrimo del almirante Brown y del general Uzquiza. Protegido por la escuadra anglofrancesa pudo realizar los inicuos e infames saqueos de Colonia y Gualeguaychú en el mes de setiembre de 1845 ; porque el botín fue siempre el supremo ideal de las tropas garibaldinas. Al tomar posesión de la isla Martín García arrió la bandera argentina e izó en su lugar el pabellón británico. Inscripto en la masonería en Nápoles, se afilió a la masonería del Brasil en Río Grande y a la masonería del Uruguay en Montevideo. El Gran Oriente de Egipto lo honró con el pomposo titulo de “El Gran Masón de Ambos Mundos”, otorgándole el último grado del rito de Menfis. Halagado en su vanidad, fue durante toda su vida, junto con Mazzini, el instrumento de las logias masónicas para sus siniestros fines. En 1860 expulsó a los jesuitas de Nápoles y nacionalizó los bienes de la Iglesia. A pesar de ser enemigo implacable de la Iglesia y del Papado se ofreció hipócritamente a Pío IX, el 12 de octubre de 1847, para sostenerlo en su trono; pero al mismo tiempo se hallaba al servicio de las logias para consumar el robo sacrílego de los estados pontificios. Londres lo recibió apoteóticamente en 1863. En sus “Memorias” dejó escrito : “Siempre he tratado de atacar al clericalismo; he ahí el verdadero azote de Dios”. Cuando Carlos Marx fundó la Primera Internacional en 1864 Garibaldi se declaró internacionalista, y ese mismo año en el Congreso de la Paz reunido en Ginebra exclamó : “¡ Guerra a las tres tiranías política, religiosa y social!” En 1867 en el Congreso Internacional de la Liga por la Paz y la Libertad, dijo: “Declárase caduco el poder del papado por ser la más nefasta de las sectas”; y en 1880 afirmó: “La masonería es la base fundamental de todas las asociaciones liberales”. Tal vez por todo lo que antecede pudo sentenciar muy ufano el “gran” Sarmiento: “Garibaldi es una gloria argentina” [42] . Así se explica por qué a este hombre, hijo predilecto de las logias, los masones argentinos han logrado erigirle una estatua en medio de la plaza dedicada a la noble nación italiana. El general Roca, desde los balcones de la Casa Rosada, presidió el homenaje que los masones le ofrecieron en Buenos Aires el 15 de junio de 1882, año de su muerte; el diputado nacional, Emilio Gouchón, Gran Maestre de la masonería argentina, defendió en el Congreso el proyecto del emplazamiento de la estatua ecuestre en la plaza de Palermo; y la inauguración del monumento, efectuada el 18 de junio de 1904, contó con la presencia del presidente de la nación, general Julio Roca, y del general Bartolomé Mitre; y con el repudio unánime de la ciudadanía, herida en su fibra más íntima de argentinidad y catolicidad [43] . Si no hubiera sido por la masonería de fin de siglo y por sus hijos espirituales los laicistas y liberales de 1957 – año en que se celebró el 75º aniversario de su muerte – a estas horas no existiría en la Argentina ni el recuerdo de su nombre. IR A CONTENIDO . . 9. La apostasía de los gobiernos Los “trabajos” masónicos de la secularización de los cementerios en 1863, de la escuela laica en 1884, del matrimonio civil en 1888, de las diversas tentativas divorcistas desde 1901 en adelante y del desquicio económico nacional preparado por el liberalismo a beneficio de Inglaterra y de la banca internacional, que produjo la sangrienta revolución de 1890, fueron las distintas etapas de un plan siniestro que tuvo por mira la ruina de la nación. Obra de la masonería fue también la profanación de la iglesia de San Ignacio y el incendio del colegio y templo del Salvador del 28 de febrero de 1875, y el asalto a la Curia arzobispal al grito de : ¡Abajo los jesuitas! : hechos vandálicos y sacrílegos que culminaron con la persecución a muerte, hasta el pueblo de Flores, del arzobispo Aneiros por los sicarios de la secta, en su consigna diabólica de ultimar al campeón de la lucha entablada entre la Iglesia Católica y el liberalismo argentino. Aneiros tuvo que renunciar a su banca de diputado, el 12 de mayo de ese año, por resultarle imposible la permanencia en el Congreso Nacional, debido a la incultura ciudadana de varios de sus miembros. Los sacerdotes jesuitas fueron sacados violentamente a la calle y apaleados de la manera más cruel sin encontrar medio alguno de defensa (La Prensa, 2 y 7 de marzo de 1875). En esos días, durante el gobierno de Avellaneda (1874-1880), decía el Soberano Gran Comendador del Gran Consejo y orador de la logia Unión del Plata, grado 30, caballero Kadosch, Bartolomé Victory Suárez : “La ingerencia que en la política ha tomado la primera dignidad del clero católico (monseñor Aneiros), las intempestivas pretensiones que esa misma persona manifestó a los pocos días de sentarse en los escaños del Congreso Nacional en apoyo de la reintegración al clero de ciertas propiedades que en tiempo de Rivadavia le fueron arrebatadas, la probable restauración de frailes mercedarios en la iglesia de la Merced y de jesuitas en San Ignacio, las afinidades que se suponen existen entre varios miembros del gobierno nacional (alusión al presidente, al vicepresidente Mariano Acosta y otros) y los más caracterizados representantes del catolicismo… todo induce a creer que el jesuitismo trabaja con desahogo para hacer asentir con más fuerza su influencia retrógrada al pueblo por medio de disposiciones gubernamentales… La masonería debe, pues, combatir al jesuitismo que amenaza a la libertad y al progreso, a la paz del hogar y a la tranquilidad de las naciones, y evitar que la gente sencilla caiga en manos de los hombres de negro ropaje y de negra doctrina” [44] . “Los avances del jesuitismo, audaz y descarado como siempre – decían los masones una semana antes de los desmanes -, pretenden invadir esta capital debido a la complacencia del actual gobierno que, a pesar de haber en su seno masones que ostentan la banda del grado 33 (alusión al ministro de Instrucción Pública Onésimo Leguizamón, al jefe de Policía Enrique B. Moreno y otros), parece dispuesto a secundar las miras ambiciosas de esos secuaces del oscurantismo, haciéndonos retroceder la mitad de un siglo” [45] . Adolfo Saldías, venerable maestro de la logia “Constancia”, era el presidente de la Comisión de Protesta contra el arzobispo ; Luis V. Varela, de la misma logia, era el caudillo del movimiento anticlerical que, desde las columnas de La Tribuna y El Nacional, envenenaba el ambiente ; y los masones Telémaco Susini de la logia “Libertad” y Pascual Beracochea, presidente del Club Universitario, iban reuniendo sus huestes en el Teatro de Variedades de la calle Esmeralda al 300 (actual Odeón), desde donde partieron luego los forajidos que perpetraron los desmanes. Todas las logias y clubes antirreligiosos, incrementados por la chusma de anticlericales extranjeros capitaneados por el masón Enrique Romero Giménez, del Correo Español, y el venerable maestro Spiro Ungaro, de la logia italiana “Alianza” de la Boca, se dieron cita ese día, amparados por la inoperancia de los guardianes del orden y por la ausencia calculada de las autoridades. El gobernador de la provincia, Alvaro Barros, grado 33, fundador de la logia de Azul y miembro del Supremo Consejo y Gran Oriente para la República Argentina, no se hallaba en la ciudad ; y, como él, todos sus ministros : rara coincidencia. Cuando el presidente de la nación, Nicolás Avellaneda, ordenó al gobernador que hiciera intervenir a la policía, el jefe de la repartición, Enrique B. Moreno, grado 33 y vicepresidente del Supremo Consejo de la masonería, respondió al gobernador: “Es el pueblo que protesta, y mientras yo sea jefe de policía, ésta no irá contra el pueblo”. De esta manera, la ciudad sin gobierno y sin policía, quedó a merced de las turbas incontroladas. Después de los sucesos, la masonería desaprobará los hechos declarándose inocente; el diario El Nacional acusará farisaicamente “la debilidad inaudita de una policía sin organización” ; y el Senado con toda valentía reprobará “avergonzado e indignado tales actos de vandalismo salvaje cometidos”. Por todo lo cual Moreno renunció. Las causas incoadas a los presuntos culpables se sobreseyeron y el crimen quedó impune. Ochenta años más tarde se repetirán los mismos episodios de incendios de templos con los mismos resultados [46] . El diario de Mitre La Nación, en su edición del 1º de marzo de 1875, después de los sacrilegios perpetrados el día anterior, califica de “atentatoria la conducta del arzobispo”, y afirma sectariamente que es “unánime la opinión respecto a los peligros que ofrece la introducción oficial del jesuitismo”. El día 20 de marzo el Areópago de la masonería se quejaba de la aceptación que tenían en el público y del auge que iban tomando los colegios cató1icos, y propiciaba una campaña para “influir, a fin de que la educación del pueblo vaya pasando por convicción a manos de los librepensadores y principalmente a la de nuestros hermanos más liberales e ilustrados. Para conseguirlo los masones deben empeñar todo su poder con los gobiernos, todo su saber en la prensa y toda su persuasión en el corazón de las familias. Esta será en verdad obra larga, de tiempo y de paciencia, que recomendamos al estudio de nuestros más ilustrados hermanos del Areópago” [47] . Hoy podemos afirmar que su triunfo ha sido completo. El laicismo escolar impera en toda la extensión del país, gracias a los “patrióticos servicios prestados” por tan denodados campeones “de la ilustración y el progreso”, los masones argentinos. En 1873 habían escrito : “Una de las preocupaciones más constantes de las sociedades masónicas es, sin duda alguna, la educación. La República Argentina ha entregado casi por completo la educación de sus tiernas generaciones en manos de los jesuitas. (Los masones entienden por jesuitas las instituciones de la Iglesia Católica.) En América del Sud van echando raíces sus hipócritas instituciones y establecen escuelas y colegios, cuya dirección queda confiada generalmente a las Hermanas de la Caridad : instrumentos y agentes del jesuitismo… En Buenos Aires tenemos dos escuelas (particulares) en donde los niños son educados con arreglo a los principios de la masonería (Venezuela al 539 y Chile al 622). En ambos colegios se prescinde completamente de toda enseñanza religiosa, como debiera hacerse en todas las escuelas de la República. Muy pronto la masonería podrá dar mayor ensanche a este sistema de educación. Y cuando las generaciones, de tal modo educadas, lleguen a gozar en la sociedad profana la natural influencia que les corresponde, se saborearán con placer los frutos de tan liberal sistema de educación” [48] . Y a fe que tales frutos ya los hemos saboreado y han resultado muy amargos por cierto. Tal educación laica ha sido, es y será, la causa de todos nuestros males pasados, presentes y futuros. Sesenta años de laicismo escolar harán exclamar al gran poeta y maestro argentino Leopoldo Lugones, inspector de enseñanza: “El delito, la inmoralidad y el izquierdismo prosperan en la Argentina gracias a la instrucción laica” [49] . Tres años antes, al condenar la ley 1420, había dicho : “La ley 1420 es un fracaso moral, verdadera catástrofe, ocasión de corrupción y de delitos, violentadora de la conciencia cató1ica del país, proscripción de la moral, paradoja del ateísmo, contradictoria con la soberanía del pueblo que se rige por la mayoría, esencial contrasentido, engendradora de la escuela sin deber, forjadora de un simple ganador de plata, animal de producción y de consumo” [50] . IR A CONTENIDO . . 10. El pueblo argentino herido de muerte El pueblo criollo, asesinado por los gobiernos liberales, dejó escuchar su queja de agonía en el inmortal poema “Martín Fierro” de José Hernández, nuestro primer poeta épico: palpitante encarnación del gran problema social argentino. El alma de la nación vibra en cada estrofa del poema, y en su lamento vernáculo traduce la angustia de su ser real, herido de muerte por el espíritu liberal de la época. “Yo he conocido esta tierra en que el paisano vivía ; era una delicia el ver como pasaba sus días. …………………………………… Hace mucho que sufrimos la suerte reculativa… …………………………………… Han de concluir algún día estos enriedos malditos. …………………………………… Las cosas que aquí se ven ni los diablos las pensaron. …………………………………… Brotan quejas de mi pecho, brota un lamento sentido… Sólo queda al desgraciao lamentar el bien perdido. …………………………………… Debe el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos… …………………………………… La Provincia (el gobierno) es una madre que no defiende a sus hijos. …………………………………… Y he de decir asimismo, porque de adentro me brota, que no tiene patriotismo quien no cuida al compatriota… …………………………………… Mas, Dios ha de permitir que esto llegue a mejorar… …………………………………… Soy gaucho y entiendanló : naides me puede quitar aquello que Dios me dio… …………………………………… Y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno sino para bien de todos”. En el drama gauchesco Solane de Francisco Hernández, secretario de Urquiza, se repite esta critica a los liberales que querían imponer su ideario masónico a punta de lanza y fusil de repetición. El literato entrerriano hace justicia al sentimiento nacional, que se debate a muerte con el liberalismo extranjerizante de los “puebleros cajetillas de Güenos Aires”, que querían acabar con el patriciado provinciano para substituirlo con su politiquerismo venal. El drama toma como argumento la histórica matanza de los “gringos” del Tandil en 1872, organizada por Tata Dios Solané con sus gauchos fanatizados, a los cuales les había prometido la salvación si derramaban la sangre de los enemigos de la religión. Solané arengó de esta manera al paisanaje: “Dios os ha enviado para curar las dolencias del cuerpo y para salvar las almas religiosas que los herejes masones contaminan, amparados por sus cómplices de frac y de entorchados” [51] . Decía José Manuel Estrada el 22 de julio de 1881 : “En seguida de la borrascosa anarquía del año 1820 se presentó el liberalismo anticatólico que hizo perder rumbo a los hombres fieles a la Fe; los cuales inmolando lo esencial a lo accidental, contribuyeron a acrecentar el prestigio del liberalismo”. El 24 de mayo de 1882 añadía al respecto de estas claudicaciones de católicos por intereses de partido: “No me habéis de confiarnos a la prudencia humana de los “liberales moderados” ni de los católicos “acomodaticios”, que cambian su espíritu de lucha por un “modus vivendi” de tranquilos burgueses” Y terminaba en su discurso del 31 de agosto de 1884 con estas señeras palabras de palpitante actualidad : “Si hay o no hay en las alturas del gobierno una conspiración conscientemente encaminada a desarrollar el programa masónico de la revolución anticristiana, no es punto para discutirse. No estaríamos aquí reunidos si la apostasía de los gobernantes no hubiera estremecido de indignación a los pueblos… Dígalo por mi la crónica del año en que un gobierno insensato ha atropellado a la vez la inmunidad de la Iglesia, la dignidad de la enseñanza, la libertad de conciencia, la fe de los padres, la inocencia de los niños, la libertad electoral, la independencia de las provincias, nuestros derechos de cristianos y nuestros derechos de argentinos”. En efecto, el mitrismo y el roquismo, masónicos y extranjerizantes y más europeístas que americanistas, fueron la encarnación del “partido traidor a las tradiciones patrias y corruptor de la Nación, que impuso su doctrina – según dijo Vicente Quesada – como doctrina nacional”. A favor de las tradiciones argentinas y de los intereses nacionales lucharán los presidentes patriotas y católicos Avellaneda y Sáenz Peña, hombres de conciencia y de ley; este último debió renunciar en 1895, boicoteado sistemáticamente por el Congreso y sus ministros, al no adaptarse servilmente a la consigna masónica. La actual leyenda de Caseros, con todo su programa, se va cumpliendo y todo lo nacional está destinado a desaparecer, por obra y gracia de la “inteligencia” argentina, heredera de los “héroes del panteón sacro e intocable de la organización nacional”. Para Roca “El capital inglés es el mito del progreso” y para su hijo, el vicepresidente del general Justo (1932-1938), la Argentina no es otra cosa que “una parte integrante del Imperio Británico”, según lo manifestó en el banquete oficial de Londres en febrero de 1933. Estas declaraciones eran el eco de aquella otra del ministro de Rivadavia, Manuel José García, cuando escribía a Sarratea el 6 de febrero de 1816 : “En el país no se tiene por traición cualquier sacrificio en favor de los ingleses, y aún la completa sumisión”. Tales sentimientos caracterizaron y siguen caracterizando al liberalismo argentino. Con respecto a la enseñanza laica decía Estrada en 1884 : “La escuela laica nadie la pide en el país; es invención masónica y liberal. Esta es la necedad del liberalismo ; elemento exótico, carcoma de la sociedad argentina, introducido por los destacamentos masónicos aquí acampados”. “Los problemas del país – decía en 1881 – jamás serán resueltos si la política no se inspira en el Evangelio; pues só1o podemos confiar en la restauración cristiana, como fuente para hacer renacer una justa y conveniente libertad”. IR A CONTENIDO . . 11. Las leyes de desgracia nacional El obispo de Salta Rizo Patrón escribía en su pastoral a los católicos argentinos en 1884 : “Mediten en presencia de Dios sobre los males que por causa de no pocos católicos sufre hoy la Iglesia entre nosotros cuya libertad e independencia se pretende sacrificar en obsequio de una secta tenebrosa, recientemente desenmascarada por el Papa León XIII en su encíclica “Humanum genus” ; de una secta que tiene a su servicio elementos poderosísimos de seducción, de fuerza material ; que ha jurado no darse descanso hasta dar en tierra con la cruz de la última iglesia, proponiéndose, como diligencias previas para sus fines ulteriores, el destierro de Cristo, por medio de la escuela laica, del corazón de la infancia y de la sociedad… El Gobierno Nacional abriga un propósito deliberado, cuyos fines son la paulatina descatolización del pueblo, sin renunciarse por ello a medios violentos cuando el caso se presente propicio…” El papa León XIII, al conocer nuestra infausta ley de matrimonio civil, escribió a los argentinos estas paternales y clarividentes palabras, el 19 de febrero de 1889 : “No podemos menos de sentirnos penetrados de un dolor vehementísimo. al ver que en esa República Argentina ha sido impuesta la ley de contraer el matrimonio civilmente. Una cosa nos consuela en medio de tanto dolor, y es saber que muchísimos ciudadanos argentinos se han esforzado por impedir, con todo empeño, se desarrolle en vuestra esclarecida patria ese germen de maldad. Los gobernantes entiendan y reconozcan que la bondad y prosperidad de los ciudadanos en ningún otro fundamento más estable se afianzan que en la confraternidad de las leyes civiles con las doctrinas evangélicas y el derecho eclesiástico” [52] . Estrada, el 16 de mayo de 1889, comentará el hecho en esta forma : “A la ley inicua que condena a las masas populares a ser educadas sin el conocimiento de Dios y sin la comunicación doctrinal de la fe cristiana se ha añadido la ley del matrimonio civil. Nada le queda por hacer al liberalismo en el terreno legislativo. En odio a Cristo, los enemigos visibles e invisibles que nos circundan : el Padre de la Mentira y su ministro exterior, que es la masonería, quieren extirpar, junto con la familia, el principio ordenador de la sociedad. El Gobierno, lejos de expresar la conciencia nacional, representa el poder tenebroso y difuso de las sociedades secretas, y está puesto para ejecutar sus siniestras maquinaciones. Descubro la intención formidable del imperio masónico en el espectáculo de los partidos que, reñidos con el Gobierno a quien censuran y combaten profundamente en todo el radio secundario – aunque grave – de la política y administración, “fraternizan” con él, le aplauden, le estimulan, le ensalzan, y coadyuvan activamente a sus propósitos, cuando atenta contra la Fe, contra la Iglesia, contra Cristo y contra la conciencia cristiana”. El Club Liberal fundado en 1870 por Juan María Gutiérrez, con el propósito de “luchar contra el clericalismo y los predicadores del Syllabus”, iba dando sus frutos. IR A CONTENIDO . . 12. El liberalismo europeizante sanciona el destierro de la religión Así se pudo sancionar el destierro de la Religión de los planes de estudio, convirtiendo prácticamente la enseñanza en laica, neutra y atea – suprema ambición de los masones – ; todo por obra de un grupo de 55 parlamentarios liberales, imbuidos de ideas volterianas, si bien se profesaban católicos como sus colegas opositores de ambas cámaras. Mitre, olvidándose de la promesa de Cristo, escribía en su diario La Nación., el 27 de junio de 1884: “La Iglesia Cató1ica, con tan temeraria pretensión (en la educación escolar) va a comprometer su misma existencia”. Y el presidente Roca, desahogando su bilis anticlerical y masónica, al verse huérfano de opinión y de pueblo, comunicaba al embajador en el Uruguay Enrique B. Moreno, en cartas del 18 y 30 de junio de 1884 : “Estamos en plena lucha con los clericales que quieren sobreponerse a la constitución y a las leyes. Parece que se trata de una verdadera conspiración de la Corte Romana. Conviene que nos rodee el mayor número de simpatías y que la juventud inteligente de Montevideo nos demuestre de algún modo su adhesión… Los jacobinos de sotana pretenden gobernar a los pueblos con el hisopo y la hoguera en plena luz del siglo XIX. ¡Bárbaros! Hemos conseguido un gran triunfo. El camino que el ultramontanismo había hecho en estos últimos tiempos a la sombra del indiferentismo público lo ha perdido en un día” [53] . El liberalismo masónico finisecular impuso una ley absurda, írrita y destructora que ha socavado y sigue socavando los fundamentos espirituales y éticos en que descansa la sociedad argentina. Para reparar tamaña injusticia, el presidente provisional, general Ramírez, y su ministro Gustavo Martínez Zuviría, suprimieron por decreto, en 1943, el malhadado articulo 8º de la ley del 8 de julio de 1884; restituyendo al pueblo de la patria un derecho irrenunciable, del cual injusta e inconsultamente se le despojó. Este decreto se convirtió en ley en 1947 y fue derogado en 1955, durante la persecución religiosa. En su carta pastoral del 13 de julio de 1955 los obispos argentinos pudieron afirmar con razón que “la aplicación de la ley (de enseñanza religiosa) fue confirmada en la práctica (de once años de vigencia) como un plebiscito casi unánime de las familias argentinas, y por la asistencia media de más del noventa por ciento de los alumnos a las clases de Religión”. En el “Discurso – Programa de la Revolución Libertadora”, el 23 de setiembre de 1955, el general Eduardo Lonardi dijo ante el pueblo reunido en la Plaza de Mayo: “Si las leyes que existen son justas, el camino está marcado… si son injustas las enmendaremos… Será mi preocupación constante mantener inalterables el respeto y la garantía de los derechos de la Iglesia y la conciencia religiosa de todos… La educación es uno de los problemas esenciales, porque en ella está involucrada la formación de nuestra juventud y el futuro de la patria…” Su sucesor, el general Pedro Aramburu, escribía, “comprometiendo su honor”, el 2 de marzo de 1956: “Debemos suprimir todos los vestigios de totalitarismo para restablecer el imperio de la moral, de la justicia, del derecho, de la libertad y de la democracia… Desarrollar una política interior que respete la dignidad de la personalidad humana por medio de la vigencia plena de los derechos del hombre… Mantener inalterable el respeto a la conciencia religiosa de todos… Asegurar los derechos de la Iglesia Católica (cuya jerarquía ha emanado – colectiva y singularmente – perentorios documentos que expresan el hondo pesar que la aflige porque no se atienden las legítimas reclamaciones del catolicismo argentino)… Reorganizar la enseñanza con sentido republicano y democrático dentro del espíritu de las tradiciones auténticas del país… Contamos con el apoyo de nuestro pueblo y tenemos por guía a nuestro honor…”. Pero lo cierto es que la enseñanza religiosa no se repone en toda la extensión del territorio nacional, se atropella la conciencia cristiana de la población y se prescinde de las autonomías de las provincias en su legislación escolar. El último documento oficial del episcopado argentino lleva fecha del 15 de octubre de 1957. En él se censura “al laicismo impuesto nuevamente en la escuela estatal” y se deja expresa constancia de “nuestra protesta, tantas veces reiterada, por el desconocimiento del primer derecho de la Iglesia nacido del primer deber que a Ella le impuso su Divino Fundador al confiarle la enseñanza de la verdad eterna en todo el mundo; y del desconocimiento de los derechos de los padres de familia a quienes corresponde primordialmente la educación de los hijos”. A ellos debemos nuestras leyes laicas, que sancionó Roca, y el movimiento liberal argentino que hizo profunda crisis en 1890, bajo la presidencia de su concuñado Juárez Celman. Uno de estos diputados, jefe del movimiento laicista en la Cámara, fue el doctor Onésimo Leguizamón, grado 33 del Gran Oriente Argentino, miembro activo del Supremo Consejo de la Orden. El primer cañonazo en la ofensiva del laicismo escolar había sonado en abril de 1882 al reunirse el Congreso Pedagógico Interamericano – antesala de la ley 1420 y punta de lanza del laicismo en nuestra patria – y que desde el primer momento manifestó un espíritu predominantemente sectario. La masonería dominaba en su seno. Su presidente era Onésimo Leguizamón, el cual dirigiéndose al ministro Wilde en su discurso de clausura, le decía: “Los principios proclamados en el congreso ya pueden sin recelo convertirse en leyes”. El delegado masón Nicanor Larrain presentó el 3 de abril el siguiente proyecto : “Las escuelas del Estado deben ser esencialmente laicas”, En contra de tal incongruencia constitucional, lesiva de la tradición argentina y del auténtico espíritu nacional, veinticuatro diputados se retiran del congreso, “por falta de libertad en las discusiones y por el ataque sistemático dirigido contra las ideas religiosas, mientras resonaban en el recinto – dicen las crónicas – los apóstrofes de Leandro Alem”. En el contraproyecto de los disidentes se declaraba que “la escuela argentina debe dar una enseñanza esencialmente religiosa” ; y lo firmaban, entre otros, José Manuel Estrada, Martín Piñeyro, Emilio Lamarca, Pedro Goyena, Juan Bialet Massé, Joaquín Alarcón, Miguel Navarro Viola, Marcos Sastre, Angel Estrada, Adolfo van Gelderen, Pedro J. Ortiz, Tristán Achával Rodríguez, Julián Ortiz de Rozas, Rafael Igarzábal y Luis V. Varela. Los diputados y senadores católicos : Nicolás Avellaneda, Pedro Goyena, Félix Frías, Tristán Achával Rodríguez, Miguel Navarro Viola, Emilio y Diego de Alvear, Manuel D. Pizarro, Rafael Igarzábal, Rainerio Lugones, etc…. – glorias de nuestro parlamento – el gran sociólogo Emilio Lamarca y el mejor tribuno del pueblo argentino, José Manuel Estrada, lucharon como leones para defender los derechos de los niños y de los padres de familia en 1883 y 1884; pero los “votos eran del amo”, y la masonería con su liberalismo descatolizador triunfó como en Bélgica en 1879 y en Francia en 1882. El gobierno, convertido en gran elector, había suprimido prácticamente la libertad electoral ; y la política de fuerza y de desquicio nacional concitó a la ciudadanía, provocando el clamor popular. El laicismo, con el articulo 8º de la ley 1420, que defendieron el ministro Wilde y el diputado Leguizamón, desencadenó la lucha religiosa en la Argentina. Ciento ochenta mil firmas de ciudadanos argentinos de toda la República, o sea un número mayor al de los electores que se presentaron en los comicios, fueron radicadas en el Congreso para la revisión de la ley ; y la petición de las madres argentinas fue entregada personalmente al vicepresidente de la Nación, Francisco Madero, por intermedio de las damas porteñas que, en varios centenares de carruajes, desfilaron ante el palacio legislativo en señal de protesta por la iniquidad que se cometía, vulnerando la conciencia de sus hijos. Decía el histórico documento de las madres argentinas : “Nuestra presencia en este sitio es un hecho sin ejemplo en la Nación. Pero también es la primera vez que vemos en peligro el alma de los niños que Dios ha confiado a la amorosa solicitud de las madres de familia. Esperamos, Señor, no haber impetrado en vano la protección del Senado y la cooperación a Vuestra Excelencia para el triunfo de una causa que es tan cristiana como argentina”. Los senadores empataron en su votación, por once votos contra once, y la ley fue aprobada, ante la indignación de Avellaneda, a quien no se le permitió pronunciar su magnifico discurso, publicado posteriormente en un folleto bajo el titulo de “La Escuela sin Religión”. Estrada, “por razones de mejor servicio”, fue exonerado de la rectoría del Colegio Nacional Central de Buenos Aires y de su cátedra universitaria de Derecho Constitucional y Administrativo; y los gobernadores eclesiásticos de los obispados de Salta y Córdoba y los vicarios de Jujuy y Santiago del Estero, fueron destituidos, por haber elevado su voz en defensa de los intereses lesionados del pueblo. El procurador fiscal cordobés y varios profesores universitarios de Córdoba y Buenos Aires, fueron también depuestos por haber adherido al sentimiento unánime de repudio que en todas formas, manifestó la ciudadanía argentina ; y al representante del Vaticano, Monseñor Luis Mattera, se le extendieron los pasaportes para que se marchara del país en el perentorio plazo de veinticuatro horas. IR A CONTENIDO . . 13. La masonería en el proceso argentino Al celebrarse el 75º aniversario de la ley 1420, la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones declaraba : “Este es uno de los acontecimientos excepcionales en que la masonería se estima obligada a unir su voz al concierto de voces ciudadanas democráticas, ya que los masones más eminentes de la época contribuyeron, de manera destacada, en la elaboración e implantación de la ley 1420″ [54] . No cabe duda ninguna que el laicismo escolar argentino es una obra eminentemente masónica en su gestación, en su implantación, en su desarrollo progresivo y en su prolongación indefinida. En su pastoral de cuaresma del 2 de febrero de 1914 lo afirmaba ya monseñor Mariano Espinosa, arzobispo de Buenos Aires : “La instrucción pública fue secularizada en la Capital Federal, en los territorios nacionales y en muchas provincias bajo la influencia de la francmasonería”. Sarmiento, al ser elegido Gran Maestre en 1882, dijo en su discurso inaugural que la primera virtud del masón es “guardar el secreto de todo cuanto oyere, viere y experimentare dentro del “templo” y relativo a la orden masónica”. De aquí que la mayor parte de las maquinaciones masónicas en nuestra patria se desconocen en su documentación oficial ; si bien como dijo Jesucristo, las conocemos por sus frutos : “Por sus frutos los conoceréis”; ex frúctibus eorum cognoscetis eos [55] . Es un hecho que el país hasta el presente ha sido dirigido por las logias en política, en economía, en lo social y sobre todo en lo educacional. Los gobiernos se han sucedido a espaldas del pueblo y a merced de las logias. Nada interesa cuál fuere el partido gobernante, porque ellas manejan todos los partidos, aunque éstos no lo sepan. Desde hace un siglo la masonería trabaja en disolver el ser nacional de nuestra patria; inoculando, a través de los mil vehículos de difusión : el liberalismo, el socialismo y el comunismo. El Gran Maestre Emilio Gouchón, confesaba esta ingerencia masónica en nuestra patria y en el mundo entero cuando decía, en setiembre de 1910 – según se lee en el Nº 24 del Boletín Oficial del Supremo Consejo y Gran Oriente de la República Argentina de ese año : “Los esfuerzos de la masonería aparecen durante todo el proceso argentino ; están patentes en todas las leyes liberales ; y después de Caseros, como en Mayo, la masonería trabaja por la “paz” de las naciones y el triunfo de la “ciencia” en todos los pueblos de la tierra”. IR A CONTENIDO . . 14. La Boca, bastión de la masonería Regularizada en 1873 la logia “Alianza” de los masones mazzinianos y garibaldinos de la Boca, se abrieron, al año siguiente, seis nuevos locales masónicos a orillas del Riachuelo. Los “bautismos” de los lobeznos o lobetones se administraron, en el templo masónico, en el nombre de “las dos estrellas más potentes de la secta”, o sea, Mazzini y Garibaldi. Cuando los salesianos penetraron en aquel reducto anticlerical, gobernado por una audaz gavilla de sectarios advenedizos, los masones desataron sus furias infernales para impedir en toda forma el avance cristianizador de los nuevos cruzados del evangelio. A los atentados criminales siguieron las amenazas incendiarias y los ataques periodísticos, calumniosos, soeces y blasfemos. El Padre Santiago Costamagna, superior salesiano en Buenos Aires – y que en 1879 acompañó al general Roca como capellán militar del ejército expedicionario -, escribía a San Juan Bosco el 2 de enero de 1878: “Los francmasones de la Boca han amenazado quemar la casita de madera en que los salesianos dan clase a cerca de un centenar de niños en la Boca y a otro centenar de oratorianos (en su enseñanza postescolar) “. Al año siguiente, a raíz de las conquistas logradas por los sacerdotes salesianos, declaraba el órgano masónico “Il Corriere de la Boca” del 19 de agosto de 1879: “Nosotros discutimos y el cura (Esteban Bourlot) trabaja. El fanatismo invade la Boca toda, su causa injusta y absurda triunfa. Los curas tienen numerosísimo alumnado. Las monjas (salesianas, que atienden a más de doscientas niñas) también han fundado su escuela. ¡Hermanos! Si no nos ponemos de acuerdo, pronto el templo masónico acabará convertido en un Oratorio (salesiano)” (sic). En 1880 el Padre Domingo Milanesio fue bárbaramente golpeado, con un puño de hierro, por un sicario pagado por la secta, la cual había decretado su muerte. Este ilustre sacerdote, años más tarde, en 1883, como misionero de la Patagonia, será el embajador oficial ante el Gobierno argentino para el sometimiento del “soberano del desierto”, el cacique araucano Manuel Namuncurá, a cuyo hijo, el príncipe Ceferino, bautizó en 1888. El Padre Bourlot, en 1892, “se atrevió” a salir a la calle en procesión con los católicos de la Boca, ante las amenazas de muerte de los masones. Como réplica a “tamaño insulto y desafío del cura”, hecho a los liberales garibaldinos y a los masones mazzinianos, acantonados junto al Riachuelo, la Sociedad Anticlerical de la Boca organizó, el 20 de setiembre de 1894, la Fiesta del Diablo en el Ateneo Iris. Se inicia la “magna tenida” con el himno a Satanás de Carducci y luego se lleva en procesión por las calles la bandera negra del demonio con un diablo rojo, accionado a manera de títere. Y al grito de ¡Viva Satanás, abajo Dios, mueran los curas !, llegan hasta el templo de San Juan Evangelista, y todos escupen en el atrio, en señal de supremo desprecio al Dios de los cristianos. Estas procesiones satánicas, organizadas por los masones continuaron en los años subsiguientes hasta los primeros años de este siglo. En 1902 se hizo la parodia del viático y en otras procesiones se llegó a cometer el nefando sacrilegio de llevar como trofeo un cerdo crucificado. El lº de abril de 1906 se profanó la capilla del hospital italiano, erigiéndola en santuario laico en honor de José Mazzini, el ídolo de la masonería. Cuando murió monseñor Aneiros, el 4 de setiembre de 1894, los masones boquenses celebraron jubilosos la muerte del jefe de la Iglesia Argentina con un brindis organizado por el “hermano enmandilado” Defendente Costa, el cual cayó fulminado con la copa de champaña en la mano, mientras decía: “¡Hermanos, hemos triunfado. Nuestro enemigo ha muerto !” [56] . IR A CONTENIDO . . III 15. Personería jurídica de la masonería argentina A medida que los tiempos evolucionan, la masonería va combinando el trabajo secreto de acuerdo con el cambio circunstancial que sufren las libertades fundamentales en las constituciones de cada nación. Pero muchas cosas permanecen ocultas aunque la sociedad haga, públicamente como tal, acto de presencia y se inscriba en el registro de sociedades civiles. El primer pedido formal de reconocimiento oficial de la masonería, bajo el nombre de Gran Oriente Nacional del Rito Argentino, tuvo como respuesta el informe del 14 de setiembre de 1906 y el decreto 2282 del 22 de ese mes y año, denegatorio de la personería jurídica solicitada, publicados ambos en el Registro Nacional de la República Argentina. Dice textualmente el dictamen del procurador general de la nación, doctor Julio Botet, dirigido al presidente de la Nación, doctor José Figueroa Alcorta : “Una agrupación que aspira a ser considerada como persona jurídica necesita, con sujeción al inciso 5 del artículo 33 del Código Civil, tener por principal objeto el bien común, como la condición esencial, aparte de llenar otros requisitos. Desde luego, la asociación recurrente no tiene por principal objeto el bien común y sus estatutos contienen propósitos contrarios a la Constitución Nacional y a las leyes del Congreso. (Luego de analizar los principales artículos de los estatutos en contradicción con la constitución y la legislación nacional y atentatorios a la libertad de los ciudadanos y al orden público, continúa el dictamen). Basta lo expuesto para dejar constancia de que la masonería del Gran Oriente NacionaI del Rito Argentino es una asociación extraña y aún contraria, en lo fundamental de su organización, a la Constitución Nacional y a las leyes del orden público contra cuyos mandatos el Poder Ejecutivo no puede autorizar el carácter de persona jurídica que solicita, porque el artículo 31 de la Carta Fundamental dice claramente que una y otras son leyes supremas de la Nación… En otras palabras, esta sociedad no busca el bien de los ciudadanos, sino que favorece los intereses egoístas de sus miembros… Los estatutos la obligan a oponerse a la libertad de enseñanza a fin de excluir de las escuelas al clero y a los religiosos y esto es contrario a la Constitución de la República, a las leyes del congreso y al orden público… La masonería es anticristiana… La Constitución manda proteger al catolicismo y por lo tanto no puede tolerar la secta masónica… La masonería quita a sus miembros la libertad e independencia política, pues los obliga con amenazas a dar su voto a los candidatos que ella escogiere… La masonería constituye un Estado en el Estado o más bien una falsificación del Estado… Por todo ello opino que V. E. no debe hacer lugar a lo solicitado. Buenos Aires, setiembre 14 de 1906. – Julio Botet. DECRETO: “Buenos Aires, setiembre 22 de 1906. Visto este expediente iniciado por la Sociedad Gran Oriente Nacional del Rito Argentino para obtener el carácter de persona jurídica; oída la Inspección General de Justicia y de acuerdo con las consideraciones expuestas por el señor Procurador General de la Nación en su presente dictamen, el presidente de la República decreta : Artículo lº — No hacer lugar al reconocimiento de la sociedad Gran Oriente Nacional del Rito Argentino. Articulo 2º – Publíquese, dése al Registro Nacional y repónganse los sellos. Figueroa Alcorta, Federico Pinedo” [57] . Al año siguiente, los astutos masones fueron más modestos, e intentaron la aprobación de los estatutos de una sola logia, la llamada “Obediencia a la Ley”, patrocinando ideales educativos; pero nuevamente les fue denegada la personería jurídica. En efecto, el dictamen del procurador general de la Nación decía así : “En el artículo 2º se propone defender la educación civil y moral, pero sus estatutos nada dicen que demuestre, en forma real y concreta, cuales son los procedimientos ni cuál el sistema educativo que esta asociación ha ideado para educar al hombre en la escuela de la ciencia y de la justicia. De igual manera nada prevén ni nada contienen referente a los medios eficaces con los cuales se propone contribuir a los progresos morales y políticos del país, ni a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad”. Por lo que el Superior Gobierno de la Nación DECRETA : “No se hace lugar a la personería jurídica solicitada por la sociedad masónica denominada Obediencia a la Ley, por cuanto de los dictámenes producidos por la Inspección General de Justicia y por el Procurador General de la Nación no ha llenado en su constitución los requisitos exigidos por el artículo 33 del Código Civil” [58] . En vista de los fracasos anteriores, el 28 de agosto de 1908, Antonio R. Zúñiga, presidente del Gran Oriente Nacional del Rito Azul, presentó un estatuto de só1o 20 artículos, en sustitución de los 515 que contenía la Constitución Masónica Argentina. Este reglamento anodino, donde se decía que la masonería “tiene por objeto estudiar y propagar la moral universal, las ciencias y las artes, teniendo por base la fundación de escuelas y la ayuda moral y material a todos los asociados”, podía llevar la firma de cualquier fundador de congregaciones religiosas. La rama masónica del Rito Azul había nacido el 12 de agosto de 1902 y fue su primer presidente el contraalmirante de la Marina argentina Enrique G. Howard. En el informe del 13 de enero de 1908 el Gran Maestre Jorge Reyes anunciaba que “Howard y otros han sido eliminados del Rito Azul después de un sumario incoado por desfalcos y malversaciones de dineros”. Entonces, Howard formó una masonería aparte e inicia su lucha contra Zúñiga para ganarle de mano en la obtención de la personería jurídica solicitada. El procurador de la Nación, Julio Botet, al notar que los nuevos estatutos nada tienen que ver con los presentados en 1906, informó el 12 de diciembre de 1908: “Como no acompaña a estos nuevos estatutos la Constitución (masónica), a cuyo amparo pretende haberse constituido la asociación postulante, considero que debe requerirse, para juzgar si al organizarse se han contemplado las exigencias de la ley y del bien común a que está sometida la personería jurídica que solícita”. El muy ladino de Zúñiga se apresuró a contestar entonces, en su providencia del 19 de diciembre de 1908, con la engañapichanga de que “las constituciones son tales estatutos”. En tal inteligencia se concede la personería jurídica con fecha 7 de enero de 1909 ; pero con la substancial salvedad del ministro Rómulo Naón, a saber : “entendiéndose que la presente constitución equivale a estos mismos estatutos”. Francamente esto resulta muy difícil de entender. De esta manera, con tales estatutos, que nada tenían que ver con la auténtica constitución masónica, esta secta de truchimanes pudo recibir carta de ciudadanía en nuestro país. Sin embargo, nunca cumplió con lo que legalmente correspondía a su condición de persona jurídica. En efecto, cuando en 1920 el Gran Oriente Argentino del Rito Azul debió fusionarse con la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado – porque su estado financiero era desastroso – la Inspección General de Justicia notificó al Superior Gobierno de la Nación que ese Gran Oriente “no ha cumplido en ninguna oportunidad con la obligación que le impone el acuerdo reglamentario y sus estatutos” ; por lo que el Poder Ejecutivo decretó el 22 de diciembre de 1921: “Artículo lº – Derógase el decreto del 7 de enero de 1909 que concede el carácter de persona jurídica a la asociación Gran Oriente Argentino del Rito Azul, constituida en esta capital el 12 de agosto de 1902. – Yrigoyen – J. S. Salinas” [59] . IR A CONTENIDO . . 16. Serie de artimañas hasta lograr su intento Sigamos ahora las andanzas de la masonería argentina del rito escocés antiguo y aceptado. En la reunión del 26 de noviembre de 1913 con su Gran Maestre Francisco Serp, su Soberano Gran Comendador Alejandro Sorondo y sus ilustres hermanos Aristóbulo Soldano, Agustín Alvarez, Francisco Lataina, Santiago R. Gallegos, etc…., determinaron presentar, también ellos, sus estatutos civiles – esta vez camuflados – utilizando la exitosa treta de su avisado hermano Zúñiga. Pero, a pesar de los manejos subrepticios empleados – condensando en só1o 37 artículos, los 515 de la constitución masónica – el inspector de justicia Ruiz Guiñazú debió aún exigir, en su providencia del 3 de enero de 1914, modificaciones fundamentales para su ulterior aceptación. En tal oportunidad salieron a relucir las querellas intestinas de los “hermanos”, pues al presentar Francisco Serp sus Estatutos, Carlos Conforti present6 también los suyos ; lo que motivó el disgusto del primero, que en el mismo expediente trata de falso a su rival y denuncia la nulidad de su presentación. Nuevamente el inspector de justicia, en diez fojas útiles, hace una crítica acabada de los estatutos, por la que resultan inaceptables. En su informe manifiesta lo siguiente : “La Inspección General considera que (en estos estatutos) no se hallan determinados los objetos sociales en la forma que lo requiere el inciso 5 del artículo 33 del Código Civil para apreciar la existencia del bien común. Todo es improcedente y ajeno al reconocimiento, que corresponde al Poder Ejecutivo, a unos estatutos civiles como se los denomina a los presentes. No tiene, pues, ubicación legal que permita el reconocimiento que solicita”. Entonces el inspector general, Diego González, manifestó el 8 de mayo de 1914 : “Concordante con el informe del inspector, señor Ruiz Guiñazú, la Inspección General cree que no debe accederse a lo solicitado, mientras no se subsanen todos los puntos (observados en las diez fojas) que comprende este expediente”. A continuación, en la foja 54, con fecha 10 de junio de 1914, dice el procurador general de la Nación, doctor Julio Botet, en su dictamen elevado al presidente de la Nación : “Excmo. Señor : Los fines de la creación de la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado no se han concretado en la manera que la ley lo requiere, no permitiendo discernir si tales fines o propósitos son reales y si llevan consigo, como principal objeto, el bien común según lo exige el inciso 5 del artículo 33 del Código Civil. El propender al progreso humano y levantar el nivel moral sin cabida dentro de lo real y efectivo, no puede motivar la personería jurídica solicitada ni menos llevar a V. Excia. a una autorización que por implicancia o por tratarse de generalidades indefinidas, podría tener más alcance que el que le es permitido… Estas consideraciones, las que tengo expresadas antes de ahora (en mi dictamen de 1906) y las que ha formulado al respecto la Inspección General de Justicia en su precedente información, me inducen a pensar que no debe prestarse la autorización que se requiere para la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado mientras no reduzca su constitución al carácter y límites que le corresponde, y mientras no concrete sus propósitos dentro de lo real y efectivo, evitando vocablos y designaciones capaces de traer confusión, que dañarían 1a acción de V. Excia….” “Buenos Aires, 21 de julio de 1914. – Exp. M. 147. – Visto este expediente iniciado por don Francisco Serp a nombre de la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para obtener el reconocimiento de ésta como persona jurídica y considerando que los defectos de organización a que se refiere el precedente dictamen del Señor Procurador General de la Nación colocan a la sociedad peticionaria fuera de las condiciones determinadas por el artículo 33 del Código Civil; el vicepresidente provisional de la Nación Argentina DECRETA: Artículo lº – No ha lugar a la autorización solicitada por Don Francisco Serp para el funcionamiento de la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado con el carácter de persona jurídica, mientras la organización y estatutos de dicha asociación no se ajusten a las indicaciones contenidas en las declaraciones de fojas cuarenta y nueve (49) vuelta y cincuenta y cuatro (54). Articulo 2º – Publíquese, dése al Registro Nacional y vuelva a la Inspección General de Justicia a sus efectos. – (Victorino de la) Plaza – Tomás R. Cullen” [60] . Mientras Conforti retiraba los estatutos que había presentado a nombre de la facción que lo seguía, Serp se entregaba de lleno a la ardua tarea de “pulir” los suyos, con habilidad masónica, hasta que al fin fueron aprobados por decreto del 4 de agosto de 1914; pero “con las modificaciones que corren de fojas treinta y nueve (39) a cuarenta y cuatro (44) vuelta, foja cuarenta y siete (47), foja cuarenta y ocho (48) y fojas cincuenta y nueve (59) a sesenta y seis (66)”. En otras palabras, la constitución masónica, a pesar de haber sido previamente amañada, les resultó al fin irreconocible. Pero, por algo había que comenzar y por tal motivo los masones debían estar dispuestos a soportarlo todo para poder vivir y hacer de las suyas al amparo de las leyes del país, imitando al lobo que se cubre con piel de oveja para devastar el rebaño [61] . IR A CONTENIDO . . 17. Otros entretelones de la familia masónica argentina Con tal reconocimiento de sus estatutos civiles, elaborados ex profeso para engaño de los profanos, vivieron los masones sin ser molestados legalmente, a pesar de continuar fuertemente adheridos a su auténtica constitución masónica antipatriótica y anticristiana. Sin embargo, en 1929, la Inspecci6n General de Justicia advirtió al Poder Ejecutivo que estos señores ni siquiera cumplían con las elementales exigencias de toda asociación civil. Es más, el Gran Maestre de la Gran Logia Nacional Argentina, José María González, acusó oficialmente a sus “hermanos” en un expediente radicado en los Tribunales en el cual expresaba que “se veía en la necesidad de llevar a conocimiento de la Inspección General algunos hechos y circunstancias de superior interés para el debido contralor en el funcionamiento de la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado hasta ahora al margen, no sólo de sus propios estatutos, sino también de las reglamentaciones vigentes… (Por otra parte) ha alterado la exactitud de su patrimonio en los balances que ha practicado últimamente por obra del Supremo Consejo Grado 33, cuyos miembros han sido elegidos con flagrante violación de elementales principios de derecho y de equidad para el gobierno y desenvolvimiento de toda sociedad civil”. Por tales razones el Poder Ejecutivo se expidió, el 8 de setiembre de 1929, en estos términos : “Resultando de estas actuaciones que la asociación Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado no ha dado cumplimiento a las disposiciones reglamentarias en vigencia,,a pesar de los requerimientos hechos para que regularizara su situación, etc… El Poder Ejecutivo DECRETA : Articulo lº – Derógase el decreto de fecha 4 de agosto de 1914 por el que se concedía personería jurídica a la mencionada asociación. Artículo 2º – Publíquese, dése al Registro Nacional, anótese, repóngase el sellado, otórguese testimonio y archívese. Yrigoyen. – J. de la Campa”. Llenadas las formalidades legales, sin mayor inconveniente – pues para tales menesteres son muy duchos los hijos de la viuda, que conocen perfectamente qué resortes hay que oprimir en la administración pública para que surta el efecto apetecido – todo se subsanó; y nuevamente la institución, antes de terminar el año, se reintegró al goce de su anterior personería jurídica. El decreto de rehabilitación añadía : “Llámase la atención de la Comisión Directiva de la asociación por no haber cumplido las disposiciones vigentes ni contestado a los requerimientos hechos en este expediente” [62] . Por su parte, los masones de la Gran Logia Nacional Argentina se reunían en 1928 en Asamblea General. Como delegado de la logia “Monteagudo” cabe destacar a Paulino Musacchio y por la de Mar del Plata al diputado nacional José Zaccagnini y al intendente de la ciudad balnearia, Teodoro Bronzini. Musacchio fue elegido presidente de la asamblea, mientras el Gran Maestre saliente, Luis Salessi, hizo manifestaciones en su discurso de “las cordiales relaciones con los Grandes Orientes de España y de Francia”. En tal ocasión la Gran Logia Nacional Argentina extiende poderes a su ex Gran Maestre para establecer negociaciones con Diego Martinez Barrio, grado 33 del Gran Oriente de España ; mientras se continuaban aquí en el país las tratativas “por la unificación y fusionamiento de la familia masónica argentina”, o sea, con los de la calle Cangallo 1242. Ellos eran de la calle Rivadavia 1273 y sesionaban en Río Bamba 48. En 1930 sus tenidas fueron en Perú 345. El 11 de enero de 1930 se realizó la asamblea general presidida por Musacchio. Luego, el 20 de junio de ese año, se propone la reforma de los estatutos, y al solicitar el masón Zaccagnini la inclusión en el artículo 2º del inciso : “Defender la escuela laica y abogar por la sanción de la ley de divorcio y la separación de la Iglesia y el Estado”, el presidente de la asamblea le llamó la atención “con gran discreción masónica”, dado que “el despacho de la comisión era suficientemente amplio, ya que en él se contemplan (tales puntos) en forma más general, pues se ajusta perfectamente a los fines de la institución, dentro de los cuales están incluidos explícitamente”. Por otra parte, hay que tener muy en cuenta – y ésta era la única razón que valía para el grato escaldado – “la absoluta inconveniencia de establecer tales cuestiones en un estatuto civil” (he aquí la madre del borrego). En esta reunión Salessi se despachó contra los de la calle Cangallo, en modo especial contra Alejandro Sorondo y Andrés Supeña, acusándolos de “ejercer el gobierno de la masonería con prepotencia dictatorial y sin apelación. Mientras en otras partes sus enemigos la persiguen, aquí es dispersada y disminuida por sus propios gobernantes” [63] IR A CONTENIDO . . 18. Quedan subsanadas todas las dificultades Con motivo de las reformas que debieron realizarse en los estatutos de las asociaciones civiles en 1955, también la masonería argentina presentó sus estatutos, a fin de ratificar su anterior aprobación. A la asamblea del 6 de mayo de 1955 asistieron los 32 delegados de las logias. La constitución masónica se redujo esta vez a 80 artículos que, cambiada la leyenda de la portada del librito que los contiene, podrían confundirse con los estatutos de la Acción Cató1ica o el reglamento de los Exploradores de Don Bosco. Era presidente de la asamblea el Gran Maestre Domingo R. Sanfeliú, Vice Gran Maestre Luis San Luis y vocales firmantes: Fabián Onsari, Eduardo Ayala (español), Walter Treu (suizo), Alcibíades Lappas (griego), Kurt Kaplus (austríaco) e Ian Drysdale (británico). Antes de renovar la concesión, la Inspección General de Justicia quiso cerciorarse de la honorabilidad de los firmantes, y al recurrir a la Dirección de Investigaciones de la Policía Federal obtuvo la respuesta del 30 de agosto de 1955, en la que se notificaba que el señor Kurt Kaplus estaba procesado por defraudación y que el vice gran maestre San Luis había realizado, en enero de 1945, una visita al Comité central del Partido comunista con motivo del Día de la Victoria [64] . Con el decreto del 7 de noviembre de 1955 se aprobaron simultáneamente los estatutos de 76 asociaciones civiles de todo orden y condición, a saber : Asociación de los Santos Angeles Custodios, Instituto de las Hermanas Esclavas Concepcionistas, Club Atlético San Martín, Circulo de Católicos Polacos en Buenos Aires, Club Harrods-Gath y Chaves, Asociación Criadores de Shorthorn, Club Atlético Chacarita Juniors, Club Social y Deportivo de Barracas, y otras instituciones deportivas, folklóricas, gastronómicas, etc…. En esta general mezcolanza de asociaciones civiles, el doctor Eduardo B. Busso, ministro del general Lonardi y colaborador asiduo de publicaciones masónicas, introdujo “inocentemente” el expediente 50415/55 de la Masonería Argentina, advirtiendo al presidente provisional – a cinco días escasos de su eliminación del gobierno – que sólo se trataba de un mero detalle rutinario de carácter burocrático dentro de la reglamentación vigente, sin trascendencia ninguna. Con todo, la Inspección General de Justicia no dejó de establecer que debían tenerse en cuenta “las modificaciones que corrían de fojas ciento cincuenta y siete (l57) vuelta a ciento .sesenta y dos (162), y de ciento sesenta y seis (166) a ciento sesenta y siete (167)” [65] . Destituido Lonardi, que só1o firmó la insubstancial reforma de tales estatutos ya aprobados por gobiernos anteriores, pues no contenían prima facie nada que los comprometiera – según lo aseguraba el doctor Busso -, los masones dieron un paso más y se atrevieron a solicitar personería jurídica para el Supremo Consejo Grado 33 de la Masonería Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, genuina cabeza directriz de la institución. Se origina el pedido el 17 de noviembre de 1955, o sea, apenas instalado el nuevo gobierno del general Pedro E. Aramburu y contraalmirante Isaac Rojas, surgido el 13 de noviembre. El Supremo Consejo se había reunido el 29 de abril de 1955 con las siguientes autoridades: presidente, Fabián Onsari; vicepresidente, Ricardo Carrasco; secretario, Luis San Luis; fiscal, Benigno V. Hernández Gwyne; canciller, Salvador Dipace; tesorero, Alberto Burton, y vocales, José Stagnaro, Hirán Ca1ógero, Alberto Mazziotti, Fernando S. Tagliaferro, Pedro A. Rome, Francisco A. Aramburu, Walter Treu, José M. Flor Alvarado, Pedro Sánchez Granel, Francisco Kaderabek, Roberto Lambertini, José M. Martínez, Ivon Noya, Juan Dieb Maluff, Carmelo Cello, Félix Pascual, Eduardo Ojea, Luis A. Hourcade y Mauricio Dambert. Para evitar expedientes inacabables, toda la constitución masónica del Supremo Consejo se concentró en 35 artículos, donde sólo se menciona el nombre, objeto, composición y domicilio de la institución. Luego de tratar sobre las elecciones de los socios y del gobierno de la sociedad, concluye el documento con el articulado que contiene las disposiciones generales. Otro magnífico ejemplar de estatuto para las Hijas de Maria, los seminarista de Villa Devoto o las Damas de Caridad. El articulo 2º dice : “El objeto primordial de la institución es promover la fraternidad entre los hombres ; para ello procura la elevación moral de todos sus afiliados por el trabajo, el estudio, la formación del carácter, la tolerancia, la libertad y la justicia, practicando ampliamente la beneficencia y fomentando la educación en todas sus formas”. En tales condiciones, el Poder Ejecutivo le otorgó la personería jurídica el 14 de diciembre de 1955 con las firmas del presidente provisional, general Pedro E. Aramburu y su ministro Laureano Landaburu ; pero con la expresa salvedad que su finalidad es só1o “benéfica y cultural” [66] . Cupo igual suerte a la logia “Hijos del Trabajo” de Barracas de la calle San Antonio 814, cuya aprobación concedió el general Aramburu en 1957, a pedido de Antonio R. Penas. En su petitorio establecen los masones que el objeto general de la sociedad a la que pertenecen es “la educación, la instrucción civil y moral, el socorro mutuo, el predicar la caridad y el perfeccionamiento de la humanidad” [67] . De esta manera, con el rótulo de “sociedades mutualistas” o culturales y de “educación civil y moral”, consiguió la personería jurídica la masonería argentina, respaldando legalmente sus mistificaciones y añagazas con sus innocuos estatutos civiles, que pudieran ser suscritos por cualquier asociación piadosa, literaria o deportiva. IR A CONTENIDO . . NOTAS: [1] El verdadero apellido del joven italiano, recién llegado a la Argentina con su padre don Salvador, era Ingegnieri. Don Salvador, activo militante socialista siciliano, sindicado como furibundo anarquista y anticlerical, fue gran comendador de la Gran Logia de Nápoles. Su hijo José, admirador de Marx y de Lenin, añadía al bolchevismo y anticlericalismo heredado de su padre una gran admiración por Nietzsche y D’Anunzio, que reflejó en su vida libertina y erótica y en sus escritos obscenos y pornográficos. Este sacrílego socialista, profanador de templos católicos y adorador de Cupido, cuya imagen idolátrica llevaba como amuleto pendiente del reloj, fue apellidado en su tiempo : “genio, faro y sabio argentino”; y llegó a ser el líder izquierdista de la época por obra y gracia del liberalismo masónico porteño, aunque después se convertiría en un siquiatra aristócrata de ideas antidemocráticas. En el periódico socialista “La Montaña”, que se publicaba en Buenos Aires, escribió el 1º de junio de 1897: “(El pueblo) debe procurar la eliminación (del ejército, el clero y los políticos de la burguesía). La matanza de tales puercos será siempre una fiesta en todas partes ; pero (como dentro de sí llevan gérmenes patógenos) yo propongo, para evitar el contagio, la cremación”. Gálvez dijo de él: “Por su materialismo militante, su cientificismo y su negación de Dios, Ingenieros ha hecho enorme mal. Ha pervertido intelectualmente a millares de jóvenes. Acaso haya sido en nuestro país el peor maestro imaginable. Carecía en absoluto de sentido religioso como de sentido filosófico”. (Cfr. : Sergi, Jorge. Historia de los italianos en la Argentina, Bs. As., 1940; El Pueblo del 28 de setiembre y 26 de octubre de 1969; Gálvez, Manuel Amipos y maestros de mi juventud: La verdadera historia de José Ingenieros, pp. 145, 159 y 162. Editorial Kraft, Bs. As.). 1′ Lazcano, Martín, op. cit., tomo II, pág. 334. [2] Rev. Símbolo, set. 1948. [3] García Mellid, Atilio, op. cit., pp. 519 y 547. [4] Castro, Antonio. Urquiza y la Masonería, en Rev. “Historia”, Nº 2, año 1955, Bs. As. [5] Chávez, Fermín, op..cit., pág. 93. [6] Palacio, Ernesto, op. cit., pp. 470 a 473. García Mellid, op. cit., pág. 371. [7] Gálvez, Manuel. Vida de Sarmiento, pp. 150 y ss. [8] Dicc. Enc. de la Mas. (1947) op. cit,, tomo III, pág. 347. [9] Chávez, op. cit., pág. 71. Palacio, op. cit., pp. 485 a 488. García Mellid, op. cit., pág. 30. [10] Alberdi, Juan Bautista. Escritos póstumos, tomo X, pp. 155, 157 y 161. [11] Alberdi, ibídem, tomo XI, pp. 349, 350 y 576; y Obras completas, tomo VI, pág. 456. [12] Rev. Mas. Amer., tomo I, Nº 12 y tomo II, Nº 1. [13] Rev. Mas. Amer., tomo I, Nº 9 y Nº 11. [14] Pierotti, Edgard, op. cit. (Cursillo …) pássim. Palacio, op. cit., pássim. García Mellid, op. cit., pp. 250, 325 y 329. Diario chileno La Crónica del 29 de abril de 1849. [15] Rev. Verbum, julio-agosto, 1950. 15′ Miguel Servera Sancho falleció en Buenos Aires el 18 de enero de 1961. Industrial español, socialista y mas6n y ex presidente del Centro Republicano Español, radicado en la Argentina como representante de fuertes casas de tejidos inglesas y norteamericanas. Sus restos fueron incinerados en el crematorio de la Chacarita. En el acto del sepelio hablaron el doctor José Mares Fiorini, gran maestre de la Gran Logia de la masonería argentina, el profesor Esteban Rondanina por el partido socialista democrático, el doctor Justo Prieto por diversos organismos masónicos, y en nombre de la revista “Liberalis”; el doctor Luis Jiménez de Asúa por los socialistas y republicanos españoles, y el profesor Luis A. Panigo en nombre de la Liga Argentina de Cultura Laica. En las participaciones al sepelio se hallan la del Ateneo Liberal Argentino, la de la Liga Argentina de Cultura Laica a su digno ex presidente, la de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones a su ex gran maestre, la del Centro Republicano Español a su ex presidente y la de la ex logia Sarmiento. (La Prensa, 19 de enero de 1961). [16] Rev. Linterna, años 1940 y 1941. [17] Rev. Mas. Amer., tomo I, pp. 201 y 204. 17′ Ricardo Pedro Carrasco falleció en Buenos Aires el 14 de abril de 1958. En los avisos fúnebres del día siguiente aparecieron las invitaciones a la inhumación de los restos del que fuera en vida presidente de la Sociedad Bolivariana, Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Soberano Gran comendador del Supremo Consejo Grado 33 y miembro de los Soberanos Capítulos, del Subconsistorio Buenos Aires Nº 1, del Subareópago A. R. Zúñiga Nº 2 de la logia Armonía Nº 99 de Santa Fe y de la logia Unión del Plata Nº l (La Nación y La Prensa del 15 de abril de 1958). A su muerte fue elegido Alberto Mazziotti, luego Soberano Gran Comendador ; siendo Gran Maestre después Ian Gellispie Drysdale. [18] Rev. Símbolo, junio-setiembre de 1957, pág. 283. [19] Rev. Símbolo, diciembre de 1951. Rev. Verbum de noviembre-diciembre de 1950. [20] Rev. Mas. Amer., tomo II, Nº 12. [21] Rev. Símbolo, diciembre, 1951. Woolf, Guillermo C., Informes sobre la Masonería, Bs. As., 1955. [22] Rev. Ecl de Bs. As., p. 798, año 1903. El Pueblo del 9 de oct. de 1903. [23] Rev. Ecl. de Bs. As., pág. 151, año 1901. La Nación del 4 de febr. de 1901. [24] Boletín Eclesiástico de la Diócesis de La Plata, pág. 320, año 1912. Rev. Ecles. de Bs. As., pág. 936, año 1912. Semana Social, Nº 39, año I, agosto 18 de 1912. [25] Rev. Mas. Amer., año III, Nº 9 del 15 de junio de 1875, p. 243. Rev. La Perla del Plata, Luján, año 1890, pp. 217 y 236. [26] Lazcano, Martín, op. cit., tomo II, pp. 353 y 377. [27] El Diario del 23 de dic. de 1905. Rev. Ecl. de Bs. As., pág. 145, año 1906. El Pueblo del 19 de dic. de 1905. [28] Onsari, Fabián. Mitre y las ideas masónicas…, pp. 52 y ss. [29] Rev. Ecl. de Bs. As., pág. 75, año 1906. [30] Castro, Antonio, op. cit., pássim. [31] Rev. Mas. Amer. Tomo I, Nº 22. [32] Bol Ecl. de la Dióc. de La Plata, pág. 138, abril de 1906. Rev. Ecl. de Bs. As., pág. 209, año 1906. [33] La Unión y Rev. La Buena Lectura, ambos de 1885. Al morir el doctor Gorostiaga en 1891 le administró los últimos sacramentos monseñor Antonio Rasore, según consta en el folio 405 del registro de defunciones de la iglesia de la Merced. [34] Rev. Argentina Cristiana, abril de 1959, Córdoba. [35] El Pueblo, del 9 de enero de 1902. [36] Alberdi, J. Bta. Escritos póstumos, tomo IX, pág. 576. [37] Zúñiga, op. cit., pág. 338. [38] Genta, Jordán B. Sarmiento y la masonería, Bs. As. 1949. Ezcurra Medrano, Alberto. Sarmiento Masón. Dicc. Enc. de la Mas,. (1947) tomo II, pág. 741. [39] Tonelli, Juan Bta. Garibaldi y la masonería argentina, pp. 6 y 12, Bs. As., 1951. [40] Tonelli, ibídem, pág. 5. García Mellid, op. cit., pág. 26. [41] Gaceta Mercantil, 20 de setiembre de 1842. [42] Dicc. Enc. de la Mas., op. cit., tomo I, pág. 441. [43] Tonelli, op. cit., pp. 51 y 61. [44] Rev.. Mas. Amer., año 3, Nº 1 del 15 de enero de 1875, Bs. As. [45] Ibídem, Nº 3 del 15 de febrero de 1875. [46] Furlong, Guillermo. Historia del Colegio del Salvador, pp. 72 a 125; Revista Masónica Americana, Año III (1875) ; Arenas Luque, Fermín V. Enrique B. Moreno – Un gran diplomático argentino. Bs.As., 1946. [47] Ibídem, año 3, Nº 6. [48] Ibídem del 30 de noviembre de 1873. [49] La Nación del 13 de febrero de 1938. [50] La Nación del 17 de mayo de 1935. [51] Chávez, Fermín, op. cit., pág. 117. [52] Etapas del Catolicismo Argentino, pág. 120, año 1962, Bs. As. Palacio, op. cit., pp. 495, 558, 559, 585 y 631. [53] Viale, Carlos, op. cit., pássim. Arenas Luque, Fermín V. Enrique B. Moreno – Un gran diplomático argentino, 1º parte, pág. 308. Bs. As., 1946. [54] La Prensa del 8 de julio de 1959. [55] Evangelio de San Mateo, cap. VII, vers. 15. [56] Archivo Parroquial de la Boca, Juan. En la boca del Riachuelo, pássim, Bs. As., 1958. [57] Boletín Oficial de la Rep.Arg. Nº 3864. Registro Nacional, año 1906, pp.162 y ss. [58] Cit. en EL Pueblo .del 23 de agosto de 1907. [59] Inspección General de Justicia, carpeta Nº 190. Boletín Oficial, diciembre. de 1921. [60] Boletín Oficial, año 1914, pp. 429 y 726. [61] Inspecc. Gral. de Justicia, carpeta Nº 466. [62] Boletín Oficial de la Rep. Arg., año 1929, pp. 270 y 948. Expedientes 22 g/29 y M. 34/28. [63] Inspecc. Gral. de Justicia, carpeta Nº 981. [64] Dirección de Investigaciones de la Policía Federal, Memorandum Nº 2094. [65] Boletín Oficial de lo Rep. Arp. del 21 de diciembre de 1955.Carpeta de la Inspecc. Gral de Justicia Nº 466. [66] Boletín Oficial de la Rep. Arg., decreto 5541 del 14 de diciembre de 1955, expediente 61879/55. Carpeta de la Inspecc. Gral de Justicia, Nº 3355. [67] Inspección General de Justicia, carpeta 204, año 1956.







 

CAPÍTULO XII. ACTUACIÓN CONTEMPORÁNEA DE PROYECCIÓN NACIONAL Y CONTINENTAL

1. DIRECTIVAS MASÓNICAS.
2. CONGRESO NACIONAL DE LIBREPENSAMIENTO Y CONGRESO MASÓNICO SUDAMERICANO.
3. DOCUMENTOS QUE MARCAN RUMBOS. ATAQUES Y CONTRAATAQUES.
4. LA MASONERÍA, EL SOCIALISMO Y EL PROTESTANTISMO SE DAN LA MANO, EN SU FOBIA ANTICLERICAL, CON EL LIBERALISMO Y EL NORMALISMO DE LA ‘INTELIGENCIA’ ARGENTINA.
5. LA ‘REFORMA UNIVERSITARIA’ DE 1918.
6. PERFECTO ACUERDO MASÓNICO FRANCO-CHILENO-ARGENTINO.
7. ÚLTIMAS RESOLUCIONES DE LAS CONFERENCIAS MASÓNICAS INTERAMERICANAS.
8. CONGRESOS DE ACCIÓN LAICA.
9. DAMAS BLANCAS O MASONERÍA FEMENINA DEL ACACISMO CHILENO.
10. RUDO GOLPE DEL EFECTO MOMENTÁNEO.
11. LA IGLESIA FRENTE AL PERONISMO.
12. REGOCIJO GENERAL DE LOS ‘HERMANOS’.
13. ÚLTIMAS RECOMENDACIONES DE LOS ACTUALES MAESTROS ARGENTINOS.
14. SIEMPRE ALERTA.
15. ‘SERÁS LO QUE HAS DE SER O NO SERÁS NADA’.
16. EL EPISCOPADO ARGENTINO CONDENA A LA MASONERÍA.
17. DEMO LIBERALISMO LAICISTA, COMUNISMO O AUTÉNTICO CATOLICISMO.


ACTUACION CONTEMPORANEA DE PROYECCION NACIONAL Y CONTINENTAL 1. Directivas masónicas “Es necesario ponerse de acuerdo con el Gran Oriente del Uruguay y la Gran Logia de Chile – escribían los masones argentinos en 1875 – para armonizar la acción masónica en esta zona americana. (Todo nuestro empeño debe dirigirse a) neutralizar la influencia jesuítica, combatir su propaganda, fomentar la creación de logias en todas las principales ciudades del país y estrechar relaciones internacionales” [1] . En el Mensaje del 10 de junio de 1903 el contralmirante Enrique Howard, Gran Maestre de la masonería argentina del Rito Azul, dijo: “Nuestro objetivo es la dirección de la sociedad, y para conseguirlo debemos mostrarnos de cuerpo entero, tomando una participación directa en la solución de los problemas de carácter económico, social y político que se agiten en el país”. En el informe de 1905 de la comisión encargada de la formación de un programa masónico para la logia Luz de Hiram de Mendoza, con el fin de proponerlo luego para toda la masonería argentina, leemos lo siguiente: “Todos los días recibimos órdenes de nuestros Altos Poderes de trabajar a favor o en contr